Salud emocional - Cómo administrarla
“Lleven mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas” (Mateo 11:29).
La relación que existe entre la mente y el cuerpo es muy estrecha. Cuando uno es afectado, el otro responde. La condición de la mente tiene mucho que ver con la salud del sistema físico. Si la mente está libre y feliz, bajo la conciencia de haber hecho bien, y de un sentido de satisfacción de causar felicidad a otros, creará una alegría que reaccionará sobre todo el sistema, causando circulación más libre de la sangre y vigorizando todo el cuerpo. La bendición de Dios es un agente de salud, y los que benefician a otros en abundancia obtendrán esa maravillosa bendición en sus propios corazones y vidas” (El ministerio médico, 161).
INTRODUCCIÓN
Adriana es una joven talentosa y simpática que se destaca en los estudios y en todo lo que hace. Sin embargo, no logró pasar del segundo año de la universidad. Antes de los exámenes finales abandonó el curso porque no podía lidiar con la ansiedad. Sudaba frío solo de pensar en los exámenes, y era común que se quedara en blanco, olvidando lo que había estudiado. Se sentía mal solo al pensar en salir de casa para estudiar. En su Biblia tiene subrayado Filipenses 4:6-7, que dice: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”. Más recientemente, supe que Adriana sigue firme en su fe, asiste a terapia semanalmente y una vez al mes tiene consultas con el psiquiatra. Su sueño es volver a estudiar. Mientras tanto, ha intentado cuidar de sus emociones y se ha dedicado a la oración intercesora.
Es probable que muchas personas no estén acostumbradas a orar por su propia salud emocional e interceder por la de amigos y familiares. Esta es, por tanto, una oportunidad única: analizar cómo hemos expresado nuestras emociones en las relaciones interpersonales, con nosotros mismos y con Dios. También podemos reflexionar sobre las emociones que nos brindan satisfacción, fortalecen relaciones o generan problemas. Deseo que, a partir de ahora, al expresar nuestras diversas emociones, estas sean intencionales, fruto de reflexión y ponderación, para honrar el nombre de Dios.
DESARROLLO
¿Qué es la salud emocional?
Nunca antes ha habido tanta preocupación por la salud emocional como en la actualidad. Esto se debe al creciente número de personas afectadas por alguna enfermedad o trastorno de origen emocional. En el libro titulado Cómo lidiar con las emociones (White, 2011), leemos que las enfermedades de origen emocional se han vuelto epidémicas debido a las condiciones inherentes a las personas, al ambiente deteriorado y a las relaciones interpersonales complicadas que caracterizan los tiempos en que vivimos.
La salud emocional es lo opuesto al trastorno o enfermedad emocional. Se relaciona con la capacidad de mantener el equilibrio de las actividades mentales, controlar y gestionar las emociones, lo que resulta en sentimientos de bienestar. Una persona emocionalmente saludable es capaz de poner en práctica sus habilidades, manejar factores estresantes de la vida, trabajar productivamente y contribuir a la sociedad (Organización Mundial de la Salud, 2022). También puede decirse que la salud mental tiene que ver con “tener las emociones, pero no dejar que estas nos controlen”. Tomemos como ejemplo la ira: fuera de control, puede causar ofensas, conflictos o incluso violencia. Sin embargo, la misma ira, cuando se expresa de manera asertiva para resolver o disolver un conflicto, puede establecer límites, imponer respeto, generar reflexión o fomentar el diálogo.
Las emociones desempeñan un papel significativo en la vida de todo ser humano y son inherentes a él. Es decir, toda persona nace con una carga emocional y, en consecuencia, con la capacidad de sentir y expresar al menos seis emociones básicas: alegría/felicidad, tristeza, miedo, asco, sorpresa e ira. Con el tiempo, se aprenden e integran muchas otras emociones en la memoria, dependiendo de las características individuales, la historia de vida, el entorno y las relaciones interpersonales más o menos complejas. Entre estas emociones están la culpa, la ansiedad, el orgullo, el alivio, la vergüenza, la satisfacción, la excitación, el contentamiento, entre otras.
¿Cómo manejar las emociones?
Existen al menos cuatro maneras de manejar las emociones. La última es tremendamente eficaz, de fácil acceso y gratuita para quienes la deseen:
Conocimiento científico: numerosas investigaciones orientan sobre cómo manejar las emociones. Entre ellas destaca el estudio de Daniel Coleman sobre el concepto de inteligencia emocional, considerado una de las grandes innovaciones del siglo XXI. Coleman busca explicar cómo se procesan y desarrollan las propias emociones y las de los demás para gestionarlas mejor, identificando los propios sentimientos, motivándose a sí mismo y gestionando bien las emociones en uno mismo y en las relaciones con los demás. En el contexto intrapersonal, esta teoría prevé el desarrollo del autoconocimiento, la automotivación y el autocontrol. Mientras que, en el ámbito interpersonal, el desarrollo de la empatía y la sensibilidad social.
Búsqueda profesional: la psiquiatría y la psicología han contribuido significativamente a mejorar cómo las personas pueden manejar sus emociones. En algunos casos, las dificultades ya han alcanzado niveles profundos y se requiere intervención farmacológica. En tales casos, los psiquiatras pueden orientar al paciente y a su familia administrando medicamentos adecuados. Por otro lado, los psicólogos pueden ayudar a comprender que muchas emociones son impulsadas por creencias disfuncionales. Al evaluar estas creencias, el paciente puede aprender a reemplazarlas por creencias más funcionales. Por ejemplo, si pasa la mayor parte del tiempo quejándose y exigiendo, puede cambiar este comportamiento por actitudes de gratitud, satisfacción y contentamiento.
3. Uso de los remedios naturales: numerosos estudios demuestran que el uso de recursos naturales impacta directamente en la salud emocional. El ejercicio físico, una buena alimentación, un sueño reparador, agua, luz solar, aire puro, templanza y confianza en Dios son recomendaciones valiosas. Es decir, la salud mental y emocional no puede separarse de la salud física, ya que ambos son una unidad. En 2023, un estudio del Journal of Affective Disorders con 141 pacientes durante 16 semanas mostró que, para la depresión o ansiedad patológica, correr dos veces por semana puede tener un efecto similar al de los medicamentos antidepresivos y ansiolíticos. Esto se debe a que la actividad física libera hormonas que contribuyen a la sensación de bienestar y aumenta la disponibilidad de serotonina y dopamina, regulando el estado de ánimo y la sensación de felicidad. Los beneficios incluyen la liberación de endorfinas y neurotransmisores, reducción del estrés, aumento de autoestima y mejor calidad del sueño (Verhoeven, Han, Levervan Milligen, et al. 2023).
4. La Palabra de Dios y la oración: este recurso ha ayudado a millones de personas en todo el mundo desde que tuvieron acceso a la Biblia. No hay nada que se compare con los recursos que establece la Biblia sobre cómo manejar las emociones. ¡Y usted puede hacer uso de estos recursos increíbles para trabajar mejor sus emociones!
Las investigaciones muestran que el diálogo con Dios a través de la oración proporciona no solo bendiciones espirituales, sino también ayuda a mantener a las personas alejadas de enfermedades físicas y mentales/ emocionales. Además, está relacionado positivamente con el bienestar subjetivo: mayor actividad cerebral, bendiciones espirituales, menos enfermedades físicas y emocionales, calma, serenidad y sanación.
Otro estudio realizado por Leslie Francis, de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, demuestra que cuanto más frecuente es nuestra relación con Dios a través de la oración y la meditación en la Biblia, más bajos son los niveles de tendencia psicótica (Melgosa, 2015. Crer Faz Bem, CPB).
Es importante destacar que en ningún momento la Biblia defiende la idea de reprimir las emociones por temor a parecer débil o falto de espiritualidad. Al contrario, deja claro que Dios las creó como un rasgo característico del ser humano, y depende de cada uno no ignorarlas ni dejarse dominar por ellas, sino administrarlas de manera que honren al Creador y a sí mismos. Además, con la ayuda del Espíritu Santo es posible identificar las emociones, entender cómo nos sentimos e invitarlo a restablecerlas o reestructurarlas para recuperar el bienestar.
La mejor orientación sobre cómo manejar las emociones se encuentra en la lectura de la Biblia. Dios es el único capaz de calmar un corazón ansioso y traer la paz deseada que se transforma en salud emocional. Sumados al poder de Dios, la ciencia (medicina y psicología) ha ofrecido contribuciones significativas para mejorar el manejo de las emociones. Sin embargo, siempre es Dios quien otorga no solo conocimiento a los investigadores y profesionales, sino que establece instrucciones importantes sobre cómo constituirse como un ser saludable, indivisible, en el que lo físico, lo emocional y lo espiritual se evidencian como una unidad.
CONCLUSIÓN
A continuación, daré inicio a una lista de emociones y algunos textos bíblicos puntuales. Hay cientos de otras orientaciones como estas que confirman que Dios conoce y se preocupa por nuestras emociones. Veamos algunos ejemplos:
Cuando tengo ira, la Biblia me aconseja: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad” (Proverbio 14:29). “El hombre iracundo promueve contiendas, pero el que tarda en airarse apacigua la rencilla” (Proverbio 15:18).
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:26-27).
Cuando tengo ansiedad, la Biblia me recuerda: “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica, con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6- 7). También me recuerda que “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).
Cuando siento envidia, la Biblia me advierte: “Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:14-16).
Cuando tengo miedo, la Biblia me fortalece: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9). “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Mateo 6:25).
Cuando siento alegría, la Biblia declara: “Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmos 118:24). También enfatiza que “... gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” (Romanos 12:15). Además, recuerda que “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).
"Nunca deben olvidar que, porque reciben el amor de Dios, están bajo la más solemne obligación de impartirlo a los demás. De este modo podrán ejercer una influencia de regocijo que sea una bendición para todos los que estén a su alcance e ilumine su senda” (2MCP, 379).
Cuando siento o demuestro amor (que también es un acto de voluntad y decisión), la Biblia me orienta: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:4-7). Además, la Biblia destaca “el amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Romanos 12:9).
Cuando siento tristeza, la Biblia me dice: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (Salmos 34:18). También destaca que “el corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate” (Proverbio 15:13).
“Cualesquiera que sean tus angustias y pruebas, expón tu caso ante el Señor. Tu espíritu encontrará sostén para sufrirlo todo. Se te despejará el camino para que puedas librarte de todo enredo y dificultad. Cuanto más débil y desamparado te sientas, más fuerte serás con su ayuda. Cuanto más pesadas sean tus cargas, más dulce y benéfico será tu descanso al echarlas sobre el Portador de tus cargas... Las circunstancias pueden separar a los amigos; las aguas intranquilas del dilatado mar pueden agitarse entre nosotros y ellos. Pero ninguna circunstancia ni distancia alguna puede separarnos del Salvador. Doquiera estemos, él está siempre a nuestra diestra para sostenernos, afirmarnos, elevarnos y alentarnos. Más grande que el amor de una madre por su hijo es el amor de Cristo por sus redimidos. Es nuestro privilegio descansar en su amor y decir: ‘En él confiaré, pues dio su vida por mí’". (MC, 48).
¿Por qué no continúa usted mismo esta lista de emociones y reflexiona en cómo la Biblia ha impactado su vida, ayudándolo a confiar y creer que estas emociones pueden ser sanadas y fortalecidas? Vamos, ahora es su turno. Que Dios lo guíe en este proceso para que tenga siempre y cada vez más mucha salud emocional.
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