El Plan de Dios para su salud

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabo, porque maravillosa y admirablemente fui hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien” (Salmos 139:13, 14).

INTRODUCCIÓN

Hoy vivimos en un mundo de contrastes:

Génesis 25:7: “Estos son los días de la vida de Abraham, que vivió ciento setenta y cinco años”.

Génesis 49:33: “Cuando acabó Jacob de dar mandatos a sus hijos, recogió sus pies en la cama y expiró, y fue reunido con los suyos”.

En el pasado, la vida se caracterizaba por ser larga y terminaba con una muerte rápida. Hoy, la vida es corta y la muerte, lenta, acompañada de mucho sufrimiento. A pesar de los avances de la medicina, vemos que muchas veces se prolonga la vida a costa de largos tratamientos y gas- tos financieros exorbitantes, sin alcanzar la salud tan deseada.

Nunca fue el plan de Dios que el ser humano sufriera tanto mientras viviera en esta Tierra.

Es imposible separar los temas relacionados con la salud y los hábitos de vida de la verdadera religión y la relación con Dios.

El Creador dejó su huella al formar al hombre a su imagen y semejanza.

El alfabeto de la vida fue diseñado con el amor de Dios por la humanidad, para que viviera una vida plena y abundante. Sin embargo, el pecado entró en el mundo, trayendo consigo la degeneración del ser humano en todas sus dimensiones.

Elena de White escribió en el libro Consejos para el régimen alimenticio, pág. 145:

“La enfermedad no sobreviene nunca sin causa. Descuidando las leyes de la salud se le prepara el camino y se la invita a venir”.

Nuestro cuerpo, para ser saludable, necesita que ciertos principios sean respetados y vividos. Dios, en su infinito amor, nos dejó ocho remedios naturales como guía para mantener este templo en buen estado.

“El aire puro, el sol, la abstinencia, el descanso, el ejercicio, un régimen alimentario conveniente, el agua y la confianza en el poder divino son los remedios verdaderos. Todos debieran conocer los agentes que la naturaleza provee como remedios y saber aplicarlos. Es de suma importancia darse cuenta exacta de los principios implicados en el tratamiento de los enfermos, y recibir una instrucción práctica que lo habilite a uno para hacer uso correcto de esos conocimientos. 

“El empleo de remedios naturales requiere una cierta cantidad de cuidados y esfuerzos que muchos no quieren realizar. El proceso natural de curación y reconstitución es gradual y les parece lento a los impacientes. El renunciar a la satisfacción dañina de los apetitos impone sacrificios. Pero al fin se verá que, si no se le pone trabas, la naturaleza desempeña su obra con acierto y bien. Los que perseveren en obedecer a sus leyes encontrarán recompensa en la salud del cuerpo y la mente” (MC, 89). 

“La enfermedad no sobreviene nunca sin una causa. Al descuidar las leyes de la salud se le prepara el camino y se la invita a venir. Muchos sufren las consecuencias de las transgresiones de sus padres. Si bien no son responsables de lo que estos hicieron, no obstante, es su deber averiguar lo que son o no son las violaciones de las leyes de la salud. Deberían evitar los hábitos malos de sus padres y, por medio de una vida correcta, ponerse en mejores condiciones. Sin embargo, la mayoría sufre como consecuencia de su mal comportamiento. En su modo de comer, beber, vestir y trabajar no hacen caso de los principios de salud. Su transgresión de las leyes de la naturaleza produce resultados infalibles; y cuando la enfermedad les sobreviene, muchos no la achacan a la causa verdadera, sino que murmuran contra Dios a causa de sus aflicciones. Pero Dios no es responsable de los sufrimientos resultantes del desprecio de la ley natural” (MC, 179).

Hoy en día, las investigaciones sobre los factores determinantes de la salud indican que los hábitos de vida representan el 53% de nuestra salud, dejando el 47% restante al medio ambiente, la herencia genética y la atención médica. Sin embargo, muchas personas no comprenden lo efí- mera que es la vida. Hoy estamos aquí y, en un instante, podemos partir.

No todos alcanzarán la tercera edad, ni podrán compartir con su cónyuge, tener canas o jugar con sus nietos, debido a enfermedades crónicas derivadas de un estilo de vida inadecuado.

Mucha gente dice que no tiene tiempo para cuidar de su salud, pero cuando llega la enfermedad, dejan todo y buscan atención médica y hos- pitalaria, gastando grandes sumas para intentar recuperar la salud per- dida. Vivimos tiempos de estrés continuo. Las personas están alejadas de la naturaleza, no hacen ejercicio, no tienen tiempo para los vínculos afectivos y priorizan el trabajo sobre la familia, los hijos y momentos valiosos con quienes realmente importan.

Muchas personas venden sus vacaciones en busca de más dinero y estatus, sacrificando su salud física y mental. Esto conduce al agotamiento, síndrome de burnout, ansiedad y depresión. Las clínicas están llenas de pacientes psiquiátricos cuyos cerebros sobrecargados no logran gestionar sus vidas laborales ni familiares.

El entorno laboral agotador está robando la paz y el equilibrio de muchas personas. El estrés crónico desencadena alteraciones hormonales, me- nopausia precoz (antes de los 35 años), pérdida de memoria, fatiga cró- nica, enfermedades autoinmunes, cáncer y envejecimiento prematuro, entre otros.

Dios sabía que el ser humano necesitaría descanso. Por eso creó el día para trabajar y la noche para descansar y renovar fuerzas. También nos dio el sábado como un regalo, un día especial para conectar con él, con la familia y para una restauración física y espiritual.

Entre los ocho remedios naturales está la templanza, que nos enseña la importancia del equilibrio en nuestras actividades diarias. Respetar el ciclo circadiano es esencial para quien busca salud y longevidad. En Brasil, por ejemplo, el 43% de las personas sufren trastornos del sueño, los cuales están asociados a hipertensión, depresión, ansiedad y estrés.

Una noche de descanso insuficiente genera desgaste físico y mental al día siguiente. El mal uso del celular y las redes sociales, especialmente después de las 22 horas, dificulta que el cerebro se prepare para un descanso adecuado.

Dios desea que su pueblo respete las leyes de la salud para evitar enfer- medades prevenibles. Esto incluye ejercicio diario, buena hidratación (2-3 litros de agua al día), exposición al sol por 15 minutos y una alimen- tación equilibrada. La medicina moderna considera el intestino como un segundo cerebro, ya que contiene entre 100 y 500 millones de neuronas, responsables del 90% de la producción de serotonina y el 80% del sis- tema inmune.

El desequilibrio intestinal, conocido como disbiosis, puede agravarse tras diarreas, vómitos o tratamientos con antibióticos, reduciendo la in- munidad. Es vital reponer probióticos al menos una vez al año.

Trastornos emocionales, inseguridad, miedo, angustia, abuso (físi- co/mental) y depresión están afectando la vida de muchas personas. Es imprescindible un tratamiento adecuado para que el paciente tenga una nueva oportunidad de cambio.

Todo ser humano debería hacer una verdadera “desintoxicación”:

- Eliminar del cuerpo todo lo que no le hace bien.
- Realizar una desintoxicación física y emocional.
- Alejarse de personas tóxicas, malos hábitos y relaciones dañinas.
- Tener el valor de romper ciclos de situaciones familiares nocivas.

Es fundamental buscar ayuda profesional con médicos, terapeutas, apoyo espiritual y amigos verdaderos. Proverbios 17:17 dice: “En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempo de angustia”.

El apoyo de un amigo verdadero marca la diferencia en el tratamiento de trastornos mentales. La paz no es la ausencia de conflicto, sino resolver el conflicto con paz.

Debemos profundizar más en el estudio de las relaciones humanas. El cerebro del hombre es diferente al cerebro de la mujer; entender estas diferencias podría evitar muchos conflictos.

En la Biblia leemos: “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3).

Amar es un arte, pero no todos son artistas. Para vivir el verdadero amor, se necesita una madurez espiritual que permita comprender que la otra persona piensa y sueña de manera diferente, pero aun así, pueden caminar juntos en esta vida.

Las relaciones actuales son muy superficiales. Las personas tienen muchos seguidores en las redes sociales, pero en el día a día no logran caminar junto a quienes realmente forman parte de sus vidas. La mejor red social sigue siendo mirar a los ojos: cuando hable conmigo, míreme a los ojos... las respuestas que no salgan de mi boca, las encontrará en el fondo de ellos.

Debemos mirar la Palabra de Dios cada día, porque ella nos dirá el camino a seguir y las transformaciones necesarias para encontrar una vida feliz y equilibrada. Si no es posible cambiar el camino, cambia la forma de caminar.

“La vida es una universidad, pero enseña poco a quien no sabe ser alumno”, afirma Augusto Cury.

Dios nos capacitó para vivir juntos, pero es necesario reconocer nuestras limitaciones, enfrentar los desafíos y pedir sabiduría a Dios para manejar los conflictos con paciencia hacia nuestros seres queridos. La felicidad consiste en disfrutar la vida, no en la ausencia de problemas.

El secreto de la vida es desatar los nudos sin romper el envoltorio. Fuimos comprados con sangre preciosa. Jesús vino a este mundo para rescatarnos y mostrarnos que hay un lugar especial donde desea morar con nosotros para siempre. Pero, mientras estemos en esta Tierra, necesitamos apoyo, tratamiento y ayuda. Somos seres relacionales y vivir en comunidad representa un gran desafío.

CONCLUSIÓN

2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. La comunión con Dios hará toda la diferencia en la vida de quien sufre y necesita orientación. La Palabra de Dios guía y es luz para iluminar el camino de quienes están en tinieblas y necesitan una verdadera transformación.

El deseo supremo del Padre es dar a cada uno de sus hijos nuevas oportunidades y cambios reales. Jesús vino a esta tierra y dijo:

Juan 10:10 (NVI): “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.

La vida abundante se refiere a una vida plena de alegría y fortaleza para la mente, el cuerpo y el alma.

Hoy es posible alcanzar una salud total, pues la cura que usted necesita sucede del modo en que Dios lo prescribe: respetando sus leyes, que traen energía y fuerza para nuestro cuerpo y mente.

La salud no es un resultado accidental, sino el fruto de decisiones tomadas a lo largo de toda una vida. Necesitamos tener comunión diaria con Dios para experimentar la verdadera transformación física y mental que necesitamos.

Jeremías 29:11: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis”.

Que podamos vivir el plan de Dios para nuestra vida, hacer los cambios necesarios para tener salud física y mental y escuchar sus palabras: “Este es el camino; andad por él”.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El símbolo de honor

¿Melquisedec era Cristo?