Petición de Dios
Texto bíblico: Juan 6:1-15
INTRODUCCIÓN
Cierta vez un joven adolescente salió temprano de su casa para escuchar el mensaje de un predicador itinerante muy famoso que pasaba por la región.
Como la reunión se realizaría fuera de la ciudad, y probablemente duraría todo el día, su cariñosa madre, muy previsora, le entregó una cesta con alimento, que seguramente le sería muy útil. Pero pensando en la carga que tendría que llevar, y en la distancia que tendría que recorrer, el joven debe haber mencionado el deseo de dejar la cesta, o por lo menos parte del contenido, pero la madre insistió para que llevara toda la comida. Al final de la primera hora de caminata, el hambre comenzó a surgir, y el joven ya estaba agradecido a su madre por su cuidado. Pero, para no arruinar el apetito, decidió dejar el contenido de la cesta intacto, reservándolo para el momento cuando el hambre se intensificara. “A esa hora, quiero retirarme de la multitud, a un lugar aislado, y entonces disfrutar solo de la merienda”, pensaba el joven.
De vez en cuando, miraba dentro de la cesta, y mientras más caminaba, más hambre sentía, y más parecía que la merienda estaba menor. Lo que creyó que fuera más que suficiente cuando salió de casa, ahora parecía como nada, frente al hambre que aumentaba a causa del desgaste físico.
Por fin, junto con una multitud que encontró por el camino, llegó hasta donde estaba el predicador. El lindo lugar quedaba al pie de una montaña con vistas al mar. El predicador y sus auxiliares ya estaban sentados al frente, mientras llegaba más y más gente. Esta historia completa está relatada en Juan 6:1-15. Por favor, abra su Biblia y participe de esta me- rienda espiritual, comenzando con los versículos 5 al 7.
DESARROLLO
I – Pedidos de Dios: preocupación por los necesitados
Vs. 5 y 7 – “Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” (negrita añadida).
Los pedidos de Dios nos conducen a dos verdades importantes: “Dónde compraremos pan para que coman estos?” Este texto (v. 5, lo subrayado es nuestro) nos revela dos verdades muy importantes.
- Vivimos para suplir las necesidades del mundo (“para darles de comer”) – En primer lugar, el Señor quiso enseñar a sus siervos a pensar, a preocuparse por las necesidades de otros. En Mateo 14:16, donde está registrada la misma historia, Jesús dice a los discípulos: “Dadles, vosotros de comer”. Él desea que nos apartemos de nuestras propias necesidades y que miremos para fuera de nosotros mismos, para cuidar de las otras ovejas de su rebaño. Ese debe ser el propósito de nuestra existencia y será la única manera de encontrar la felicidad. “...La búsqueda del bien de los demás es el camino por el que puede hallarse la verdadera felicidad. [...] Cuanto más desprendido sea su espíritu tanto más feliz será porque está cumpliendo el propósito de Dios para él. Así es como respira la atmósfera de Dios, la que lo llena de gozo” (CSMC, 27).
- El Señor desea que nosotros, los que lo conocemos, estemos comprometidos con su obra de alimentar a los hambrientos, tanto con alimento espiritual como con el material. Esta actitud es fundamental para desarrollar en nosotros la semejanza con su carácter.
Es el Señor quien coopera con nuestro trabajo en favor de los necesitados (“¿dónde compraremos pan...?”) – Cada vez que somos llamados, invitados por Dios a ejercer abnegación, sacrificio o esfuerzo cuando hacemos su obra, podremos tener la seguridad de que él está con nosotros. No mandó que los discípulos se preocuparan solos por el pan. Él estaba involucrado, y el verbo “compraremos”, utilizado en el texto es muy revelador.
Resultados de atender los pedidos:
a. Nosotros mismos somos beneficiados
“El Señor permite que hombres y mujeres experimenten sufrimientos y calamidades a fin de arrancarlos de su egoísmo y para despertar en ellos los atributos de su [Cristo] carácter: compasión, ternura y amor” (CMC, p. 25).
b. Llegamos a ser más semejantes a Cristo
“Cada acto de abnegación realizado en bien de otros fortalecerá el espíritu de generosidad en el donante, y lo vinculará más estrechamente con el Redentor del mundo, quien “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (CSMC, 22).
“Dios nos da para que seamos como él generosos, nobles y benevolentes al compartir lo que tenemos con otros” (CSMC, 24).
La respuesta de Felipe: Volviendo a la historia, tanto para Felipe como para nosotros, una gran necesidad casi siempre representa una imposibilidad. Y Felipe, pensando que Jesús no estaba consciente de la dimensión del problema, trató de informarlo de que “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” (Juan 6:7). Un denario era el salario de un día y, por lo tanto, doscientos denarios sumaban cerca de ocho meses de trabajo. Felipe conocía muy bien la vida financiera del grupo, y por eso creía que la situación no tenía salida. Todavía hoy experimentamos esta lucha entre la visión de la realidad vs. la visión de la fe.
Objetivos de los pedidos de Dios
V. 9 – “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?”
V. 6 – “Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.”
De esta historia podemos entender el hecho de que los pedidos de Dios generalmente tienen dos objetivos principales:
1. Revelar nuestra impotencia ante los desafíos (“mas ¿qué es esto para tantos?”) – En muchos casos, los siervos de Dios pueden desanimarse cuando miran a sus propias condiciones de atender a los llamados de Dios. Y esto está de acuerdo con los planes de Satanás. Pero, el Señor desea que nuestro desamparo y nuestra necesidad nos lleven a buscarlo de manera más intensa. Y, si a pesar de nuestras limitaciones ponemos con sacrificio ante Dios solo lo que tenemos a disposición, el Señor obrará en nosotros y a través de nosotros.
“Las sumas más pequeñas dadas con gozo por los que tienen recursos limitados, resultan plenamente aceptables para Dios, y aun de mayor valor que las ofrendas de los ricos quienes pueden dar miles de pesos sin ejercer abnegación y sin sentir necesidad” (CMC, p. 34).
2. Revelar y perfeccionar el carácter: (“Pero esto decía para probarle...” v. 6). Las invitaciones de Dios a participar de su obra de ayudar a otros, pueden estar siendo una prueba para el desarrollo de nuestro carácter. Rechazar un llamado de Dios siempre pone en riesgo la salvación.
La manera de que el hombre sea como Dios: “Dios ha establecido el sistema de la beneficencia para que el hombre pueda llegar a ser semejante a su Creador, de carácter generoso y desinteresado y para que al fin pueda participar con Cristo de una eterna y gloriosa recompensa (CSMC, 17).
La indiferencia corroe la espiritualidad: “Pero los que manifiestan indiferencia hacia los que sufren serán culpados de indiferencia hacia Jesucristo en la persona de sus santos necesitados. Nada extrae del alma la espiritualidad con más rapidez que cuando se la rodea con el egoísmo y el cuidado de sí mismo” (CSMC, p. 31).
No atender produce pérdida eterna: “Los que viven para complacer el apetito y los deseos egoístas perderán el favor de Dios y la recompensa celestial. Dan testimonio ante el mundo de que no poseen una fe genuina, y cuando procuren compartir con otros la verdad presente el mundo considerará sus obras como metal que resuena y címbalo que retiñe” (CSMC, 33).
El carácter egoísta: un peligro para la salvación: “...Pero Satanás se ha propuesto interesar a los hombres en primer término en sí mismos, y éstos al ceder a su control han desarrollado un egoísmo que ha llenado al mundo de miseria y lucha, y ha indispuesto a los hombres entre sí” (CSMC, 27).
El egoísmo destruye las relaciones: “El egoísmo es la esencia de la depravación... Las naciones, las familias y los individuos están deseosos de convertirse ellos mismos en la figura central. ... El egoísmo destruye la semejanza con Cristo y llena al hombre de amor propio” (CSMC, p. 27).
La felicidad: al buscar el bien de otros: “...La búsqueda del bien de los demás es el camino por el que puede hallarse la verdadera felicidad... Cuanto más desprendido sea su espíritu tanto más feliz será porque está cumpliendo el propósito de Dios para él. Así es como respira la atmósfera de Dios, la que lo llena de gozo” (CMC, p. 27).
Por su inmensa misericordia, nuestro bondadoso Dios permite eventualmente que los pedidos de recursos nos lleguen a los oídos, solo para que disfrutemos del privilegio de llegar a ser participantes de su obra y su carácter.
Revelar su omnipotencia (“Porque él sabía lo que había de hacer” v. 6). Nuestro Dios sabe todo y puede hacer todo. En su grandeza, nunca es tomado de sorpresa por las aparentes imposibilidades de la obra que nos llama a hacer. En su lugar, se vale de los desafíos y aparentes imposibilidades inherentes a los llamados e invitaciones que nos hace para hacernos notar su infinito poder y, por consiguiente, a tener una experiencia de mayor intimidad y confianza con él.
“El oro y la plata pertenecen al Señor; él podría, si quisiera, hacerlos llover del cielo. Pero ha preferido hacer del hombre su mayordomo, con- fiándole bienes, no para que los vaya acumulando, sino para que los emplee haciendo bien a otros” (CSMC, 17).
El que es el fin y el principio conoce todo el camino y siempre sabe qué hacer. Cuando solo vemos pruebas y puertas cerradas, el Señor ve mil posibilidades, y es nuestro privilegio seguir sus indicaciones y descan- sar en su sabiduría.
Si las invitaciones o pedidos de Dios pueden llevarnos más cerca de él, y a un perfeccionamiento del carácter, entonces, ¿cómo debe ser nuestra respuesta?
Entrega humana: ¿Motivada por impulsos o principios?
V. 8, 9 – “Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos [...]”
Ahora trate de ponerse en el lugar de ese joven. En ese momento probablemente su hambre estaba en su auge. Había hecho una larga caminata y pasado mucho tiempo escuchando el discurso de Jesús. Cuando de vez en cuando el hambre hacía que sus pensamientos volvieran a la pequeña cesta con cinco panes y dos pececitos, él los apartaba pensando retirarse después para un lugar solitario y comer SOLO todo lo que su madre le había preparado. Tal vez se imaginaba que TODO, el 100% de la cesta no sería suficiente. ¿Será que no quedaría con hambre en el camino de regreso? Seguro que por lo menos por algunos momentos el joven debe haber pensado en sus propias necesidades, en contraste con la necesidad de la obra de Dios, o sea, del pueblo. Se estaba trabando una lucha en su interior entre la seguridad material y la seguridad espiritual. Vea lo que Dios tiene para decir sobre esta lucha.
Lucha desigual: “El egoísmo es el impulso humano más poderoso, y más generalizado, y debido a esto la lucha del alma entre la simpatía y la codicia constituye una prueba desigual; porque mientras el egoísmo es la pasión más fuerte, el amor y la benevolencia son con mucha frecuencia los sentimientos más débiles, y por regla general el maligno gana la victoria” (CSMC, 28).
Seguir impulsos es peligroso: “Por lo tanto, al dar nuestro trabajo y nuestros dones a la causa de Dios, es peligroso dejarse controlar por los sentimientos o el impulso. [...] Si estamos dominados por el impulso o por la mera simpatía humana, en ese caso bastarán unas pocas ocasiones cuando nuestra preocupación por el prójimo sea pagada con ingratitud, o cuando nuestros donativos sean mal empleados o malgastados, para que se hielen las fuentes de nuestra benevolencia” (CSMC, 28).
Actuar por principios fijos: “Los cristianos deberían actuar dirigidos por principios fijos siguiendo el ejemplo de abnegación y sacrificio dado por el Salvador” (CSMC, 28).
El Cielo: no hay lugar para egoístas: “Cristo es nuestro ejemplo. El dio su vida como sacrificio por nosotros, y nos pide que demos nuestras vidas como sacrificio por los demás [...] Cristo no permitirá que ninguna persona egoísta entre en los recintos del cielo. Ningún codicioso puede cruzar las puertas de perla, porque toda codicia es idolatría” (CSMC, 29).
Nuestra reacción ante los perdidos: “No debería ser causa de quejas el hecho de que se nos dirigen cada vez más invitaciones a dar. En su divina providencia Dios llama a su pueblo a salir de su esfera de acción limitada para emprender cosas mayores” (CMC, p.16).
¿Por qué se multiplican los perdidos? “Muchos de los hijos de Dios están en peligro de dejarse prender en la trampa de la mundanalidad y avaricia. Deberían comprender que es la misericordia divina la que multiplica las solicitudes de recursos. Deben serles presentados blancos que despierten su benevolencia, o no podrán imitar el carácter del gran Modelo” (CSMC, 16).
Emprendimientos para la entrega: Tenemos que hacer entregas porque toda entrega comprende SACRIFICIOS y RIESGOS. Pero, cuando resolvemos no correr riesgos, o no hacer sacrificios, elegimos no conocer el poder de Dios; elegimos no ayudar a los demás; elegimos no crecer en la fe y en la gracia.
¿Cuál debe ser la prioridad de la entrega? “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).
Nuestra motivación para la entrega – La seguridad de que el Señor cuida de nuestras necesidades: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmos 37:5). Correr riesgos con Dios es vivir en la única seguridad que existe. Por otro lado, vivir seguro con el mundo es riesgo de perdición eterna. “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). Cuando el Señor nos invita a una entrega, lo hace para bendecirnos. Por eso, la entrega es el camino a la bendición.
“Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, [...]
Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido” (Juan 6:10-13).
El que no está dispuesto a correr riesgos al lado del Señor, no tendrá el privilegio de presenciar los milagros en su vida.
CONCLUSIÓN
¿Cuál es el pedido de Dios hoy?
Renunciar a un noviazgo mundano, abandonar una amistad inapropiada, una comida o bebida inadecuada, impropia, un trabajo en sábado, una amargura, una rebelión, la falta de perdón (u otro pecado), de su casa para un grupo pequeño, de su tiempo para dar estudios bíblicos, de su vida dedicada al servicio por otros, sus diezmos, un porcentaje de ofrenda (pacto) o varias de estas entregas juntas. Si el Espíritu de Dios lo está llamando hoy a hacer alguna o varias de esas entregas, venga al frente mientras cantamos el himno “Salvador a ti me rindo” (HA 261). Me gustaría orar con usted.
(Después del himno, hacer una oración de dedicación por las entregas realizadas).
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