Nuestra misión
Texto bíblico: Apocalipsis 14:6-12.
INTRODUCCIÓN
Estamos frente a un texto bíblico muy adventista: el mensaje de los tres ángeles. Esta mañana, nuestro objetivo no es hacer un estudio exhaustivo de estos versículos, porque no tendríamos suficiente tiempo para eso, sino solo estudiar la relación entre la fidelidad del pueblo remanente y el cumplimiento de la misión.
Tres ángeles con tres mensajes distintos vuelan en medio del medio cielo. El hecho de que estén volando sugiere la urgencia con la que el mensaje debe ser proclamado. ¿Cuál es el contenido de estos mensajes?
DESARROLLO
El mensaje del primer ángel – (versículos 6 y 7)
El primer ángel tiene el evangelio eterno para proclamarlo a los que se sientan en la tierra. No es un evangelio espurio. No es un evangelio ba- rato. Llama la atención de la humanidad sobre el juicio inminente y la invita a adorar a aquel que hizo el Cielo, la Tierra, el mar y las fuentes de aguas. Aquí está implícito el mensaje de la observancia del sábado. Nótese que el lenguaje es el mismo que usó Dios cuando mandó a su pueblo a santificar el sábado. El sábado fue establecido como un monumento en la semana de la creación para que nunca olvidemos que hay un Creador. Cada día de reposo debía ser guardado en compañía del
NUESTRA MISIÓN
Padre. Una reunión de adoración profunda e ininterrumpida debe ser la culminación de la adoración cada día de la semana. Por lo tanto, el men- saje del primer ángel invita a toda la humanidad a adorar a Dios porque él es el Creador y sustentador de todas las cosas.
El mensaje del segundo ángel (versículo 8)
El segundo ángel denuncia la caída de Babilonia. No la Babilonia literal, porque para el tiempo del apóstol Juan ya no existía como nación. Babi- lonia representa aquí todo el sistema de confusión religiosa, de engaño, de falsas doctrinas, que durante tanto tiempo sedujo a los hombres, dán- doles de beber del vino de su fornicación. Sí, estos sistemas que van en contra de las afirmaciones de la Palabra de Dios no durarán para siempre.
El mensaje del tercer ángel (versículos 9 -11)
El tercer ángel trae consigo la advertencia del castigo divino para los adoradores de la bestia y su imagen y para cualquiera que reciba su marca en la frente o en su mano. Experimentarán el cáliz de la ira del Señor. No se quedarán sin recibir el castigo que merecen; no porque Dios se deleite en castigarlos, sino porque han rechazado deliberada- mente la invitación de la salvación.
El remanente fiel (versículo 12)
Sin embargo, en el versículo 12, Juan presenta el contraste entre los adoradores de la bestia y los adoradores del Dios verdadero. Dice: “Aquí está la paciencia...”. Este texto es muy similar a Apocalipsis 12:17 (leer). Mientras que una gran multitud prefiere ponerse del lado de la bestia, un grupo de creyentes, el resto de la descendencia de la mujer, el remanente, se pone del lado de Dios y sus mandamientos, sin impor- tar las consecuencias.
Este remanente sería responsable de hacer el último llamado de Dios a la humanidad, invitándola a arrepentirse de sus pecados y a volverse al Señor en preparación para su pronto regreso. Este llamado es de alcance mundial; es decir, debe llegar a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos.
Llegados a este punto, tenemos una pregunta: ¿qué clase de personas son éstas a las que Dios les ha confiado tal responsabilidad? Creemos que Apocalipsis 12:17 y 14:12 se refieren al movimiento adventista que surgió en el siglo XIX, y que un poco más tarde, se organizó como la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Sí, queridos, la Iglesia Adventista del Séptimo Día no es una iglesia más entre tantas otras que existen en nuestros días. No surgió como resul- tado de una facción o de los intereses personales de los posibles líderes que querían mercantilizar la Palabra de Dios. ¡No! ¡La Iglesia Adventista del Séptimo Día surgió como parte del plan de Dios, en el tiempo desig- nado por Dios, para cumplir el propósito de Dios! ¿Y cuál es el propósi- to de Dios para su Iglesia? La predicación del evangelio sempiterno, no solo en nuestra geografía, sino en toda nación, tribu, lengua y pueblo.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día es la iglesia visible de Dios en el momento profético en el que estamos viviendo. Esto no quiere decir que solo los adventistas del séptimo día se salvarán. Lejos esté de nosotros pensar así, porque Dios tiene su iglesia invisible; es decir, Dios tiene a sus fieles en todos los credos religiosos que, a su debido tiempo, escucharán el llamado del Señor y vendrán a su rebaño; y entonces habrá “un rebaño y un pastor”, según Juan 10:16.
Otro detalle es que cuando digo que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es la iglesia visible de Dios, no quiero decir con esto, por supuesto, que seamos mejores que los demás. Esta fuerte declaración no debe llenar- nos de “santa” arrogancia; por el contrario, debe llamar nuestra atención y despertar nuestras percepciones espirituales frente a la gran responsabilidad que tenemos ante el mundo. Y la otra gran pregunta que surge es: ¿Cómo cumpliremos con una tarea tan grande? ¿Cómo cumpliremos la misión que se nos ha confiado?
¿CÓMO CUMPLIREMOS LA MISIÓN?
1. A través del derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía
Un velero en Sudamérica estuvo detenido durante aproximadamente un mes. El agua se había agotado y la tripulación estaba a punto de perecer de sed. Después de una larga espera, un barco acudió a su rescate.
- “Agua, agua, danos agua”, era la súplica desesperada de quienes llevaban un mes a la deriva en el mar.
- “Sumerge el cubo y saca agua”. Fue la respuesta de los ocupantes de la otra embarcación.
- “No queremos esta agua salada, ya que solo empeorará nuestra sed”. Cuál fue su sorpresa cuando escucharon la respuesta que siguió:
- “Sumerge el cubo y saca agua; estás en la desembocadura del río Amazonas”.
¡Rodeado de agua y casi pereciendo de sed! Este hecho me hace pensar en nuestra realidad como iglesia con relación a la promesa del Espíritu Santo, a través del derramamiento de la lluvia tardía. El Espíritu Santo ha sido el mayor recurso disponible para la iglesia desde Pentecostés. La iglesia ha crecido a través de los siglos como resultado de la obra del Espíritu Santo. Desde el gran chasco de 1844 hasta nuestros días han pasado 171 años; ¡Y cómo ha crecido la iglesia! ¡Estamos presentes en más de 200 países! Pero no tengo ninguna duda de que Dios quiere dar- nos logros aún más grandes. El Espíritu Santo quiere y puede obrar aún más poderosamente. A la luz de lo que se nos ha prometido con respecto al derramamiento del Espíritu Santo en su plenitud, la conclusión a la que llego es que, aunque estamos rodeados de agua, estamos a punto de perecer de sed.
Esta conclusión se acentuó cuando me encontré con algunas citas del Espíritu de Profecía con respecto al derramamiento de la lluvia tardía.
“La dispensación en la cual vivimos debe ser, para los que lo soliciten, la dispensación del Espíritu Santo. Pedid su bendición. Es tiempo de que seamos más ardientes en nuestra devoción. A nosotros se nos ha encomendado la ardua pero feliz y gloriosa tarea de revelar a Cristo a los que están en tinieblas. Se nos ha llamado a proclamar las verdades especiales para este tiempo. Para todo esto el derramamiento del Espíritu es esencial. Debemos orar por él. El Señor espera que se lo pidamos. No hemos emprendido esta tarea con todo el corazón” (TM, 511).
2. Por la fidelidad a Dios en diezmos y ofrendas
Estoy muy seguro de que la fidelidad a los mandamientos de Dios por parte del remanente de Apocalipsis 12:17 y 14:12 incluye la fidelidad a Dios en la devolución de los diezmos y las ofrendas. El octavo manda- miento dice: “No robarás”. Malaquías 3:8 dice que cuando no devuelvo el diezmo y la ofrenda, le estoy robando a Dios. Por lo tanto, ser infiel a Dios, no devolver la parte que él considera como suya, es transgredir el mandamiento de Dios. Pero, afortunadamente, el remanente se distingue por su fidelidad y no por su infidelidad.
Y uno pregunta: ¿qué tienen que ver los diezmos y las ofrendas con la predicación del evangelio? ¡Todo! Considere lo que se nos dice en el Espíritu de Profecía: “Debe llevarse adelante la gran obra de la salvación de las almas. Él ha hecho provisión para esa obra por medio del diezmo y las ofrendas. Él espera que así se sostenga el ministerio del Evangelio” (PVGM, 241).
Los diezmos y las ofrendas eran los medios señalados por Dios para financiar la predicación del evangelio sempiterno. La forma en que la iglesia distribuye los recursos ha permitido que el mensaje de salvación sea llevado a todas las naciones del mundo.
CONCLUSIÓN
¡Qué privilegio es ser partícipes del pueblo remanente de Dios en los momentos finales de la historia mundial!
Nuestra súplica es que permanezcamos fieles, porque pronto veremos el rostro de nuestro Señor. Que seamos llenos del Espíritu Santo con la misión que se nos ha asignado y que a través de nuestra fidelidad a Dios en los diezmos y las ofrendas podamos contribuir con la salvación de muchas personas.
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