Libertad de dependencia
Texto bíblico: Mateo 26:6-13.
INTRODUCCIÓN
La mayoría de nosotros pasamos una gran parte de nuestras horas de la semana laboral usando nuestro tiempo y talentos para acumular dinero para vivir. Nos esforzamos por ser independientes, por estar libres del control y la influencia de los demás. Queremos controlar nuestro propio destino. Creemos que la libertad suprema proviene de nuestra independencia. El mensaje de independencia es el que recibimos desde que éramos bebés. Nuestros padres aplauden y aplauden cuando empezamos a gatear, luego aplauden y aplauden más cuando nos levantamos y caminamos. A medida que nos convertimos en adultos, se nos anima a “caminar por nuestra cuenta”. Dios ofrece la libertad de la dependencia como una alternativa a la libertad de la independencia. Si Dios es nuestro socio, en todo momento y bajo todas las circunstancias, estaremos libres de preocuparnos por las incertidumbres de la vida.
La pregunta que nos hace la historia de la mujer de la vasija de alabastro es: ¿mi entrega demuestra un amor extravagante, un amor que refleja, en la medida de lo posible, el amor que Dios me ha mostrado? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar por Dios? Todos tenemos una vasija de alabastro. Vienen en diferentes formas y tamaños y representan la suma de nuestras posesiones terrenales.
LIBERTAD DE DEPENDENCIA
De vez en cuando, abrimos el jarrón y compartimos un poco de lo que hay dentro, pero lo hacemos con mucho cuidado y rápidamente volvemos a poner la tapa. Dedicamos gran parte de nuestra vida a preservar y conservar lo que tenemos en nuestra vasija de alabastro. En algún momento de su vida, cada mayordomo debe decidir, como María, qué hacer con la vasija de alabastro. En última instancia, la fidelidad se reduce a responder con amor extravagante al amor extravagante derramado por mí en la cruz del Calvario. Esta concepción transformará nuestras oraciones de “dame, Señor” a “úsame, Señor; todo lo que tengo y todo lo que soy es tuyo”. Esta actitud nos lleva a una dependencia total de Dios y de su providencia.
Libertad de dependencia
Un día, un granjero estaba leyendo su Biblia y se dio cuenta de que Dios nos invita a tener libertad en dependencia de él. Cayendo de rodillas, oró: “Lo siento, Dios. Pensé que yo era el dueño de esta granja. Ahora veo que realmente tú eres el dueño, yo solo soy el administrador. Así que quiero aprender a depender de ti. De ahora en adelante, quiero de- pender completamente de ti”. En el pueblo, sus vecinos pensaron que había permanecido demasiado tiempo bajo el sol cuando les dijo que había devuelto su granja a quien era el dueño, especialmente cuando descubrieron que era Dios. Pero, no permitiendo que la burla lo perturbara, explicó que lo que hizo le quitó toda la preocupación de encima. Les dijo: “Me pongo de rodillas todas las mañanas y le pido a Dios que me muestre cómo quiere que se administre su granja”. Un día, llegó una plaga de langostas y toda la cosecha de este hombre fue destruida por los insectos. Arrasaron su granja y consumieron cada hoja de hierba. Los vecinos estaban ansiosos por verlo. “Apuesto a que lo hará cambiar de opinión sobre que Dios es dueño de la granja”, dijeron. —Pues en absoluto —respondió el granjero con calma—. “Es simple. Dios es dueño de la granja y de las langostas. Si él quiere alimentar a sus langostas en su granja, ¡me parece bien!”
Esta es la libertad en la dependencia. Hay mayor libertad en la dependencia que en la independencia. Si tiene hijos dependientes, pregúntese: ¿sus hijos deben preocuparse por la comida, la vivienda o la ropa? ¿Se preocupan por si les dará o no su próxima comida? ¿O la ropa? Por supuesto que no, porque dependen de sus padres para que los mantengan. Si aceptamos la libertad en la dependencia que Dios nos ofrece, entonces nosotros también podemos tener esa misma libertad: la libertad de depender de un Dios generoso.
Principios de dependencia
Para vivir la bendición de la dependencia de Dios, necesitamos entender y vivir basados en algunos principios bíblicos.
1. El principio del hacer ahora. La dependencia de Dios no significa estancamiento. La verdadera dependencia nos lleva a la acción. Depender de Dios no significa procrastinar. Permítame preguntarle: ¿Cuánto tiempo esperará antes de descubrir cuál es su don espiritual? ¿Cuánto tiempo esperará antes de usarlo? ¿Por cuánto tiempo enterrará los recursos que Dios le ha dado? Tendemos a decir: “Bue- no, un día de estos voy a descubrir cuál es mi don espiritual”. ¿Pero qué estamos haciendo ahora? Dios se preocupa por nuestros recur- sos presentes. Imagínese apareciendo ante Dios, quien le ha dado estos dones. Lo mira y quiere saber qué ha hecho con sus dones.
¿Y qué está haciendo con sus recursos actuales?
Un día, alguien dijo: “Si ganara una herencia millonaria, lo daría todo a la causa de Dios”. La verdad es que esto es imposible, pues alguien que no es fiel con el 10% hoy, no podrá ser fiel con el 100% después.
Es agotador escuchar clichés espirituales sobre cómo Dios proveerá. Déjeme decirle algo. Dios ya ha provisto. El problema no es la provisión de Dios. La cuestión es cómo aprendemos a administrar los recursos que él ya nos ha dado. Tenemos que ser buenos admi- nistradores de lo que ya tenemos
El principio de la actitud alegre. La fidelidad comienza con amar, no con dar. Podemos dar sin amar, pero no podemos amar sin dar. El fundamento de mi mayordomía y la mayordomía de todos los recursos que Dios me ha dado debe basarse en el hecho de que lo amo con todo mi corazón, alma y fuerzas. Carl Meninger, el famoso psiquiatra, dijo que las personas generosas rara vez sufren de enfermedades mentales. Cuando comenzamos a vivir más allá de nosotros mismos y regalamos nuestro tiempo, talento y todo lo demás, cuando comenzamos a vivir más allá de nuestro mundo del yo, cambia nuestra mentalidad. Nos convertimos en personas sanas emocional, psicológica, física y espiritualmente.
El principio del río. Nuestra vida debe ser como un río, no como un embalse. No debemos retener lo que Dios nos ha dado. En cambio, debemos transmitirlo a otros. Debemos dejar que el poder de Dios fluya a través de nosotros en estas cinco áreas:
(a) a través de nuestra vida, lo que somos;
(b) a través de nuestros labios, lo que decimos;
(c) a través de nuestro ministerio, lo que hacemos;
(d) por medio de nuestro dinero, lo que damos;
(e) a través de nuestras oraciones, las cuales hacemos en el nombre de Jesús.
El principio de quién tiene a quién. Hasta que Dios no tenga el control de mi vida, estoy fuera de control. No es cuánto tenemos del mundo lo que dicta nuestra generosidad hacia Dios, sino cuánto Dios tiene de nosotros. ¿En quién confiaré? ¿Voy a vivir como vive el mundo y confiar en mí mismo, volverme independiente y hacer mis cosas? ¿O realmente confiaré, obedeceré y dependeré totalmente de Dios? El problema no es su talento, su tiempo, sus habilidades o su dinero. La pregunta es muy sencilla: ¿en quién confío?
Cómo convertirse en dependiente
Ahora que entendemos los principios que son la base de la dependencia, necesitamos entender los pasos para que esta dependencia se haga real en nuestras vidas. Los pasos son los siguientes:
Creo que todo lo que tengo llegó a mí por la mano amorosa de Dios.
¿Ha llegado a donde ha llegado solo? ¿Es lo que es por cuenta propia? ¿Tiene lo que tiene solo por su capacidad?
Santiago 1:17 nos enseña que todo lo que tenemos y somos es a través de la acción de Dios en nuestras vidas. Nunca seremos dependientes si no lo admitimos. Dios es el dueño, yo soy su administrador. Pregúntese hoy: “¿quién dirigirá mi vida?” La tierra y todo lo que hay en ella pertenecen al Señor. El mundo y su gente le pertenecen a él (Salmos 24:1). Esta comprensión nos ayuda a depender de alguien más grande de lo que tenemos o somos.
Debo aprender a vivir satisfecho con la provisión actual de Dios para mi vida.
Filipenses 4:12, 13 nos enseña que alguien que está financieramente re- conciliado con Dios acepta con alegría su provisión actual para su vida.
Pero es su responsabilidad, si es necesario, hacer ajustes para vivir contento con lo que tiene hoy, ya sea mucho o poco. Se puede decir que es muy fácil vivir contento con mucho, pero no es fácil vivir contento con poco. Pero, en realidad, el dinero tiene un poder tan grande en la vida que pocas personas están contentas con lo que tienen y siempre viven queriendo más, poniendo en riesgo su familia, su salud, su matrimonio, etc. Muchos parecen no tener suficiente.
No estoy diciendo que no deba desear más, puede desearlo, pero si para adquirir lo que desea tiene que sacrificar su salud, su familia o su vida espiritual, conténtese. Así que: aprenda a vivir contento con la provisión actual de Dios para su vida.
También piense en lo que es una deuda. La deuda es querer más que la provisión actual de Dios para su vida y encontrar una manera de obtener más provisión con dinero que no es mío.
• Deuda
• Provisión
• Margen
La provisión sube y baja a lo largo de la vida por diversos motivos: desempleo, mudanza, hijos, padres, etc.
Provisión: margen + contentamiento = paz.
No viva por encima de su capacidad. Pero lo que algunos dicen es: Dios, el Señor se equivocó en mi nivel de provisión, no debería estar aquí, sino allí.
Así que, lo que voy a hacer es usar la deuda para lograr un mejor nivel de vida que el que tengo hoy. Esto es deuda. La deuda te da un nivel de provisión mayor que el que Dios te ha dado. Pero a costa de la paz, porque la deuda “siempre” te llevará a un sentimiento de esclavitud y vergüenza.
Hoy quiero invitarlos a romper este ciclo de deudas que no los deja sentir la paz para la cual Dios los salvó.
Esto no solo será una bendición para ustedes, sino también para sus hijos y nietos. Imagínese si tuviera una varita para quitarles las deudas a todos ustedes por un día. Ese día el sol brillaría más, el cielo sería más azul, la gente sería más hermosa y al final del día dirían: “Es tan bueno sentirse libre que no importa lo que tenga que hacer, quiero sentirme así por el resto de mi vida. No importa lo que tenga que vender o adaptarme, pero voy a atacar mis deudas con una motosierra. Viviré satisfecho con el nivel de provisión financiera que tengo hoy”.
3. Honraré a Dios dando la primera parte de mis ingresos para sus propósitos en esta tierra. Proverbios 3:9, 10.
Según la Biblia, el diezmo corresponde al 10% de nuestros ingresos. En cambio, las ofrendas o pactos, son un porcentaje que es decidido según la voluntad de cada uno.
Este es un paso de fe. Piense en dos seguidores de Cristo, que pasan el mismo tiempo en la iglesia. Pero uno tiene más fe en este tema que el otro.
El primero dice:
A ------------- B
Para que yo pueda llegar del punto A en mis finanzas al punto B, necesito el 100% de mis ingresos. Eso es matemática.
El segundo dice:
A ------------- B
Creo, por fe, en las promesas bíblicas hechas por Dios, que él me llevará del punto A al B con el 80% de mis ingresos.
El primer cristiano, sin fe, mira al segundo y le dice: “Caíste en el cuento del pastor en esta invención de los diezmos y las ofrendas”.
Y aunque muchas iglesias y pastores han distorsionado este tema, esto no hace que el tema no sea bíblico.
El segundo cristiano mira al primero y le dice: creo que siendo fiel no solo llegaré del punto A al B, sino que también iré al C, D y E.
Hay promesas que son solo para los fieles: “abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
4. Apartaré una parte de mis finanzas en ahorros para emergencias, oportunidades y para años posteriores.
Proverbios 6:6-8 nos advierte que el invierno financiero siempre llega. Por lo tanto, debemos vivir dentro de un presupuesto financiero y crear el hábito de hacer una reserva financiera durante toda la vida.
5. Viviré con los oídos abiertos y dispuesto a escuchar cualquier susurro de Dios con respecto a mis finanzas.
Cuando se reconcilie con Dios, él enviará algún proyecto o persona para ayudarlo con sus finanzas. Dios ya no le da para que gaste más, sino para servir más. Dios no cambia el nivel financiero de una persona para cambiar su estatus social, sino para cambiar su capacidad de contribuir.
CONCLUSIÓN
Todos vieron lo que dio María como un desperdicio, porque para el ojo carnal el dar es un desperdicio. Podemos pensar: “Pero podría haberme comprado un teléfono nuevo, ropa nueva, hacer ese viaje, etc.” Pero Dios ve el dar como una expresión de gratitud y testimonio (Marcos 14:6-9). Cuando pensaron: “¿Por qué este desperdicio?”, lo que realmente estaban diciendo era: “¿Por qué este desperdicio en Jesús?”
Cuando entendemos la adoración como lo hizo María, cualquier ofrenda, incluso si es el salario de un año, no es nada comparado con lo que ella ofreció en perdón y restauración. La base de la verdadera fidelidad es la comprensión de lo que Cristo ha hecho por mí. Al entender esto, todo lo que haga por él no parecerá una extravagancia, sino una expresión de gratitud y dependencia. ¿No le gustaría expresar hoy su total gratitud y dependencia de Dios y de su amor?
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