El ejemplo de Pablo

“Y para que no me exaltase desmedidamente por la grandeza de las revelaciones, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” (2 Corintios 12:7).

INTRODUCCIÓN

Había un hombre llamado Pablo, un líder muy respetado en su comuni- dad. Había pasado por experiencias increíbles, más allá de lo común. Un día compartió con sus amigos algunas de estas vivencias notables.

Con cierta cautela, Pablo mencionó que había tenido visiones y revelaciones de Dios. No dio muchos detalles, pero insinuó que fueron expe- riencias grandiosas, del tipo que dejan a cualquiera asombrado.

A pesar de estas experiencias extraordinarias, Pablo enfrentaba un pro- blema persistente en su vida, algo que él describía como un “aguijón en su carne”. No especificó qué era, pero era evidente que le molestaba profundamente, tanto física como emocionalmente. Este aguijón le re- cordaba constantemente que, a pesar de sus revelaciones asombrosas, seguía siendo un ser humano común.

Desesperado, Pablo rogó a Dios, no una, sino tres veces, para que le quitara este aguijón. Sin embargo, la respuesta que recibió cambió comple- tamente su perspectiva. Dios le dijo algo como: “Mi gracia es suficiente para ti; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”

Esta experiencia hizo reflexionar a Pablo profundamente. Comprendió que, en lugar de sentirse frustrado por sus dificultades, podía verlas como una oportunidad para mostrar la fuerza de Dios en su vida. Así, Pablo comenzó a sentirse incluso agradecido por sus debilidades, pues sabía que cuando estaba más débil, era cuando el poder divino se manifestaba con mayor fuerza.

DESARROLLO

Esa historia moderna de Pablo recuerda que, muchas veces, nuestros desafíos son el camino para descubrir una fuerza mayor y encontrar respuestas más allá de nuestras propias capacidades. La historia que ocurrió hace mucho tiempo y está relatada en 2 Corintios 2:1-10 revela lo que Dios hace y cuál es el propósito de Dios cuando somos expuestos a debilidades no resueltas en nuestra vida.

Imagine la rutina de Dulce, una madre que dedicó todo su tiempo y energía a cuidar de su hijo mayor, que luchaba contra la bronquitis asmática. En aquella época, el acceso a tratamientos inmediatos no era tan fácil como hoy, y no existían nebulizadores en los hogares. Cuando las crisis de asma mostraban que los medicamentos orales no serían suficientes, comenzaba una batalla. Dulce tenía que enfrentarse a la maratón de llevar a su hijo al hospital para que recibiera tratamiento adecuado. Esto implicaba tomar un autobús, con toda la preocupación de una madre ansiosa, sin saber qué tipo de atención recibirían al llegar.

Un episodio quedó grabado en su memoria: ni siquiera los tratamientos en el hospital lograron una recuperación inmediata, lo que resultó en una hospitalización. Para Dulce, esos días parecieron una eternidad. Perma- neció junto a su hijo, asegurándose de que estuviera seguro y recibiera la mejor atención posible, a pesar del torbellino de emociones en su mente y corazón. Después de ese período angustiante, llegó una recomenda- ción médica que prometía una mejora a largo plazo: medicación com- binada con natación y actividad física. Este era un compromiso no solo para la salud del hijo, sino también una maratón diaria para Dulce.

Todos los días, se levantaba temprano y jugaba con él al balón antes de la escuela, para que estuviera calentado y preparado. Las tardes estaban reservadas para las clases de natación, verdaderas odiseas en términos de distancia y costo. Pero Dulce no dudaba; cada esfuerzo valía la pena si significaba evitar ver a su hijo luchando por respirar. La dedicación de una madre para garantizar el bienestar de su hijo muestra el amor incondicional y la resiliencia que muchas madres adoptan frente a los desafíos. Yo soy el hijo de Dulce. Hoy tengo 57 años y, gracias a las debi- lidades de mi infancia y las luchas de mi madre, desarrollé el hábito de hacer ejercicio todas las mañanas. En los últimos siete años, he acumu- lado más de 17000 kilómetros de carrera, además de natación, ciclismo, caminatas y ejercicios funcionales. Aquella debilidad de la infancia, por la gracia de Dios, el amor de mi madre y mi propia elección y compromi- so se convirtió en uno de los puntos más fuertes de mi vida.

La Biblia está repleta de textos que nos enseñan que el desarrollo de un cuerpo, mente y espiritualidad saludables requiere, además de la gracia y el amor divinos, la elección y el esfuerzo humanos. Aquí hay cinco versículos que subrayan la importancia de la abstinencia o el dominio propio.

1 Corintios 9:25: “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible”.

1 Tesalonicenses 4:3-4: “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor”.


Gálatas 5:22-23: “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley”.

Tito 2:11-12: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.”

1 Pedro 5:8: “Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”

Estos versículos enfatizan la importancia de vivir una vida disciplinada y controlada, de acuerdo a las enseñanzas bíblicas.

Es imposible tener una vida física saludable, una mente equilibrada y una vida espiritual productiva sin hacer ejercicio diariamente, sin basar la alimentación en frutas, verduras y cereales integrales, y sin dormir la cantidad y calidad adecuadas. ¿Cómo puede un cerebro sedentario, intoxicado por pantallas, cansado y agotado por la irracionalidad de no dormir, inflamado por el azúcar y los alimentos ultraprocesados, generar emociones empáticas y equilibradas, un razonamiento claro y profundo, y una vida espiritual bendecida y poderosa?

Primero, promueva una dieta basada en frutas, verduras y cereales inte- grales, que ayudan al mantenimiento del peso y funcionan como antioxi- dantes, protegiendo el cuerpo de enfermedades.

Segundo, impulse la salud cardiovascular mediante una reducción en los niveles de colesterol y presión arterial, gracias al consumo de fibras y nutrientes esenciales.

Tercero, mejore la salud mental y emocional, ya que la práctica de ejer- cicio físico libera endorfinas y serotonina, hormonas que generan bienestar y alivio del estrés.

Cuarto, un sueño de calidad contribuye a la regeneración celular y mejora la memoria y la concentración, siendo esencial para un funcionamiento cerebral saludable.

Por último, cree un ciclo positivo de energía y motivación, fomentando la adopción de hábitos saludables que se reflejan en una vida más equilibrada y productiva.

1 Corintios 9:25 menciona la disciplina de los atletas que dominan sus deseos para alcanzar sus metas. Este concepto se aplica a nuestras vidas, donde buscamos objetivos aún más elevados en nuestro desarrollo físico, mental y espiritual. Aunque el malestar inicial de cambiar hábitos pueda ser difícil, ese mismo malestar construye resiliencia y nos acerca a una plenitud duradera.

El ayuno, aunque sea parcial, es una herramienta poderosa de transfor- mación. Cuando optamos por el ayuno de golosinas, desarrollamos un nuevo gusto por alimentos saludables, educando nuestro paladar para hacer elecciones más nutritivas. De manera similar, ayunar de hábitos nocturnos ayuda a cultivar el hábito de dormir temprano, esencial para un descanso restaurador, permitiendo que nuestro cuerpo y mente se regeneren profundamente.

Además, el ayuno de imágenes que alimentan la mente carnal fortalece nuestro enfoque en cultivar una mente espiritual, alineando nuestros pen- samientos con valores más elevados. Afrontar el malestar inicial de los cam- bios en los hábitos puede ser un desafío, pero es precisamente ese malestar el que construye resiliencia y nos acerca a un placer duradero.

Así como el atleta sufre, entrena y supera límites por el premio final, debemos abrazar el malestar pasajero del ayuno y las disciplinas como un camino hacia el crecimiento real. El placer final reside en una vida equilibrada y llena de propósito, donde cuerpo, mente y espíritu se nutren en armonía, trascendiendo cualquier incomodidad inicial.

Después de que Dios liberó, perdonó y salvó a sus hijos, los condujo al Sinaí, donde les entregó 10 principios que debían guiar su vida para permanecer libres en una sociedad justa y feliz. Para tener una vida saludable y evitar enfermedades, también necesitamos seguir principios de salud que serán nuestra protección y libertad en este mundo enfermo. Aquí hay una adaptación de estos principios de salud:

No tendrás otros alimentos en tu mesa además de frutas, verduras, cereales integrales, nueces, castañas y algunos alimentos mínimamente procesados y de origen animal.

No consumirás alimentos o sustancias estimulantes como golosinas, productos ultraprocesados, carnes impuras, alcohol, tabaco o cafeína.

No tomarás luz solar en exceso, pero mantendrás el equilibrio entre la exposición y la protección, según el tono de tu piel y la temperatura ambiente.

Recuerda descansar antes de las 22:00 y dormir al menos 7 horas por día, porque Dios descansó y nos dejó el ejemplo de que también necesitamos descansar.

Honrarás el ejercicio físico diariamente para que se prolonguen tus días y tengas autonomía en la Tierra.

No matarás tu sed con refrescos o jugos con azúcar y aditivos químicos, sino con agua pura, fresca y en cantidad suficiente

No adulterarás la cantidad de tus alimentos ni para más ni para me- nos, manteniendo siempre el peso adecuado para tu altura

No robarás aire de tus pulmones, manteniendo siempre una respi- ración profunda, facilitando la oxigenación de la sangre y la eliminación de impurezas.

No darás falso testimonio, sino que asumirás tu exceso y descontrol para corregir el rumbo.

No codiciarás el estilo de vida de los demás ni sus alimentos, pero recordarás que tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo, y en esta vida, nada es mejor que tener el espíritu de Dios relacionándose con nosotros.

CONCLUSIÓN

“La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas. Nuestro Padre celestial está más dispuesto a dar su Espíritu Santo a los que se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos. Sin embargo, mediante la confesión, la humillación, el arrepentimiento y la oración ferviente nos corresponde cumplir con las condiciones en virtud de las cuales ha prometido Dios concedernos su bendición” (1MS, 141).

Así como era imposible para aquellos antiguos esclavos en el Sinaí cumplir los 10 principios morales sin el amor y la gracia de Dios, también hoy es imposible para nosotros seguir los principios morales y de salud sin el amor y la gracia de Dios. Sin embargo, con ellos en nuestras vidas todo será posible. Cuanto más invitemos y preparemos el templo de nuestro cuerpo para que el Espíritu Santo habite en nosotros, más real será esto y nuestra vida será feliz y victoriosa. ¿Prepararemos el templo para que el Espíritu Santo more en él?

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