Felicidad en la fidelidad
“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” 1 Corintios 2:9.
INTRODUCCIÓN
Muchos piensan que la felicidad radica en “tener cosas” y que el verdadero éxito en la vida son las posesiones, bienes materiales, el estatus. Ser rico no siempre es lo mismo que ser feliz, la verdadera felicidad está en la fidelidad. Ser feliz es agradar al corazón de Dios.
“La búsqueda del bien de los demás es el camino por el que puede hallarse la verdadera felicidad.” CMC, 27.
La teología de la prosperidad ha confundido la mente de muchas personas e incluso ha generado críticas hacia ciertas religiones. Todo esto por un hecho simple: En esta teología, la prosperidad es un fin en sí misma. De esta manera, la felicidad cristiana sólo es completa cuando se evidencia en la prosperidad, ¡lo cual es una falacia, una mentira! Felicidad es estar en paz con Dios en obediencia a su palabra. (Proverbios 29:18).
Un gran ejemplo es la vida de Job, un hombre rico (Job.1:3), que se hizo pobre (Job 1:13-19), acusado por Satanás de ser fiel por su prosperidad, lo perdió todo y permaneció fiel, permaneció feliz (Job 1: 20-21). La historia de Job, José, Abraham, Mateo, Pablo y el mismo Señor Jesús, son ejemplos que anulan la teología de la prosperidad.
“Cuando Dios confía riquezas al hombre, lo hace con el fin de que adorne la doctrina de Cristo nuestro Salvador utilizando sus tesoros terrenales para promover el reino de Dios en nuestro mundo. Debe representar a Cristo, y por lo tanto no ha de vivir para complacerse ni glorificarse a sí mismo, ni para recibir honor a causa de su riqueza.” CMC 31.4
I. OBJETIVOS DE LA PROSPERIDAD
Aunque la prosperidad entraña un gran peligro, existen salvaguardas que pueden convertirla en una gran bendición para el cristiano moderno. Hay que destacar tres puntos importantes.
1. Debemos reconocer que somos administradores de los bienes de Dios y debemos manejar estos bienes como lo haría Él. El Creador es el dueño absoluto de todo.
Job se consideraba apenas un simple mayordomo de Dios, cuando le dijo a su esposa: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” (Job 1:21). Supo sufrir con calma la pérdida de todas las cosas porque no las consideraba suyas.
2. Debemos tener cuidado con nuestros deseos no santificados.
Josué invitó a los israelitas a tomar una decisión: “Escogeos hoy a quién sirváis;” fue el desafío, “si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis.” Josué 24:15.
¡Cuidado! Dice Dios: “… Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. ” 1 Juan 2:15, 16.
3. Los diezmos y las ofrendas deben ser proporcionales a la prosperidad o bendición recibida.
Al dar en proporción a lo que recibimos, podemos convertirnos en conductos abiertos entre el cielo y la tierra. El fiel Job dijo: “Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia.” Job 29:15, 16.
II. LOS AVAROS NO ENTRARÁN AL REINO DE LOS CIELOS - Efesios 5:5
Un ejemplo sorprendente de una actitud equivocada hacia las posesiones materiales se ilustra vívidamente en el episodio del joven rico que fue a Jesús y le preguntó cómo podría heredar la vida eterna. Pensaba que tenía muchas cualidades que lo recomendaban pare el cielo, pues era un miembro reconocido y respetado de la nobleza; vestía elegantemente; pero su actitud enfermiza hacia las posesiones demostró la falsedad de su afirmación de que había guardado todos los mandamientos desde la niñez. Sus posesiones se interponían entre él y un amor sin reservas por Dios, y sus semejantes.
Jesús probó que los bienes materiales fueron la piedra de tropiezo de su profesión de fe – “...Oyendo el joven esta palabra, se fue triste...” Mateo 19:22.
Todos somos mayordomos de Dios y como mayordomos somos “probados”. Si un hombre es avaro y codicioso con respecto a los bienes materiales, nunca se le podrán confiar las cosas imperecederas del Cielo Nuevo y la Tierra Nueva.
III. JOB, VERDADERO EJEMPLO DE LA VERDADERA MAYORDOMÍA
“Solo déjame tocarle su billetera… ¡y verás!”
¡Satanás estaba furioso! Se había colado en una reunión, donde estaban reunidos los hijos de Dios, para estudiar algunos asuntos importantes del Universo. No tenía un cargo específico, pero afirmaba que era dueño del planeta Tierra y se consideraba con derecho a participar.
El Creador no discutió sus credenciales, pero indagó de cierto hombre oriental. “¿No has considerado a mi siervo Job?” Le preguntó a Satanás. “Que no hay otro como él en la tierra. ¡Varón perfecto y recto! ¡Temeroso de Dios y apartado del mal!”
“¡Ahora espera un poco!” El malvado refunfuñó. “Le pusiste un gran cerco a todos los bienes materiales que posee... ¡y todo lo que toca se convierte en oro! ¿Crees que te sirve gratis? Sólo déjame tocar sus posesiones materiales y lo verás”.
El príncipe del mal completamente engañado pensó que sabía dónde estaba el punto débil de Job. Había causado la caída de millones de personas, mediante la acumulación y el uso de sus posesiones, de esta o aquella manera, y era de esperar que Job reaccionara de la misma manera que los demás.
Satanás sabía que, aunque los vecinos de Job lo consideraban un hombre justo y sus amigos lo consideraban temeroso de Dios, había una prueba que resultaría exclusiva para saber si él era o no el hombre que Dios decía que era. Sabía que la actitud de Job hacia sus posesiones sería la piedra de toque de su lealtad incondicional a Dios. De hecho, estaba tan seguro de sus conclusiones que dijo burlonamente: “Espera un poco... y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.”
Job fue fiel en todo. Su carácter era de firmeza inquebrantable. El secreto de la vida de Job residía en el hecho de que, no consideraba que sus posesiones o bienes fueran suyos.
Reconoció que todo lo que poseía: Bienes materiales, habilidades, tiempo y energía, pertenecían a Dios. Por eso, pudo decirle a su esposa, quien insistió en que renunciara a Dios y muriera: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.”
CONCLUSIÓN Y LLAMADO
Qué feliz estaba Job
“Y quitó Jehová la aflicción de Job…, y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero. Después de esto vivió Job ciento cuarenta años…” Job 42:10, 12, 16.
“Bienaventurado el hombre que teme a Jehová... Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre.” Salmo 112:1, 3.
Al poner su confianza en Dios, en todo momento y circunstancias, la persona se libera de la ansiedad por las incertidumbres de la vida.
Esto sólo puede experimentarse reconociendo que Dios es nuestro dueño y que somos meros mayordomos de las cosas que se nos han confiado.
Este es el puesto para el que fuimos creados: Mayordomos.
¿Quiénes aceptan ser fieles mayordomos de Dios? ¿Puedes ponerte de pie? ¡Oremos!
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