Poner primero a Dios

Observe la naturaleza que nos rodea. Escuche los cantos de los pája- ros. Contemple con asombro el pintoresco jugueteo de las ardillas y los ciervos. Admire la intensidad de los colores de las flores, su exqui- sito perfume y la suave textura de sus aterciopelados pétalos. ¿Quién diseñó una naturaleza tan hermosa? El único y verdadero Dios, nuestro Creador, Proveedor y Redentor.

En relación con eso, Juan escribió: “En el principio era el Verbo, el Ver- bo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Este estaba en el principio con Dios. Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho” (Juan 1:1–3). “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre” (Juan 1:14). “Al siguiente día vio

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Juan [el Bautista] a Jesús que venía a él, y dijo: ‘¡este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!ʼ” (Juan 1:29). “Andrés, hermano- de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Aquel encontró primero a su hermano Simón, y le dijo: ‘Hemos encontrado al Mesías’, que significa Cristo” (Juan 1:40-41, énfasis añadido). “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). La Palabra de Dios y la naturaleza nos presentan, sin lugar a duda, la obra maravillosa del Diseñador Inte- ligente, Creador y Jesucristo nuestro Redentor.

Además, David compartió la respuesta humana apropiada: “Las rique- zas y la gloria proceden de ti, y tú dominas, sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el dar grandeza y poder a todos. Aho- ra pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nom- bre. Porque ¿quién soy yo y quién es mi pueblo, para que pudiéramos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Crónicas 29:12–14).

Qué cosmovisión tan extraordinaria proporciona la Sagrada Escritura para el viaje de nuestra vida. El Señor, nuestro Dios, es el Creador (por lo tanto, es dueño de todo el universo), y provee para que podamos po- nerlo a él primero. Sin embargo, seguimos siendo humanos y frágiles, y nuestras decisiones y promesas a menudo fallan.

Entonces, ¿cómo podemos tomar la decisión duradera y feliz de poner primero a Dios en nuestras vidas, así como ponerlo a él en primer lugar en la administración de cuánto nos provee para administrar?1

Cinco elementos pueden ayudarnos a poner primero a Dios. Usaremos la palabra “primero” (por sus siglas en inglés) como un acrónimo:

“F”-FE. Para poner primero a Dios, necesitaremos fe. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Finalmente es una cuestión de confianza. Él es Dios. Es el Creador. Él es el que provee para nuestras necesidades (Filipen- ses 4:19). Él es nuestro Salvador, y “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), a usted y a mí. Por lo tanto, a medida

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que lo conozcamos a través de la lectura de las Sagradas Escrituras, la fe crecerá (Romanos 10:17), y podremos tener fe en él.

Salomón también lo explica claramente: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en to- dos tus caminos y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6).

He reflexionado sobre la gran verdad que se encuentra en esta de- claración de Elena G. de White: “La verdad y la gloria de Dios son in- separables, y nos es imposible honrar a Dios con opiniones erróneas cuando tenemos la Biblia a nuestro alcance. Muchos sostienen que no importa lo que uno cree, siempre que su conducta sea buena. Pero la vida es modelada por la fe. Si teniendo la luz y la verdad a nuestro alcance, no procuramos conocerla, de hecho, la rechazamos; y preferimos las tinieblas a la luz”.

Quiero elegir la luz. Quiero elegir a Jesús. Quiero poner primero a Dios por fe, en todas las áreas de mi vida, incluyendo el manejo de lo que me ha dado. ¿Y usted?

2 “I”-INVISIBLE. Para poner a Dios en primer lugar, no solo ne- cesitaremos fe, sino también fijar la mirada en lo “invisible”, como la experiencia de Moisés: “Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey, porque se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27). ¿Podemos elegir libremente cada día y decidir poner nuestra mira- da en Jesús? (Hebreos 12:2). El Señor es invisible pero real. Moisés también declaró: “Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4, énfasis añadido). ¡Él quiere iluminar nuestro ca- mino! “El Señor la llama [...] para que vea estas cosas con ojos ilumi- nados, no por consejeros mundanos, sino por su Espíritu. Tome la Palabra tal como está escrita [...]. Colóquese donde las riquezas de la gloria del cielo brillen delante, detrás y a cada lado de su persona, porque usted es toda luz en el Señor”. — Carta 110, 08 de agosto de 1899, a una mujer de fortuna.2

Confiar en el Único. Decidir diariamente venir a su presencia (en nues- tro tiempo, el devocional diario, para orar, meditar en sus promesas y estudiar la Biblia), y tener un deseo de corazón como David: “Una

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cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para buscarlo en su Templo” (Salmo 27:4).

¿Tomamos tiempo diariamente para contemplar la “hermosura del Señor”? Tomemos tiempo cada día, temprano en la mañana (Salmo 5:3), para contemplar “la hermosura de su santidad” (Salmo 29:2) y para admirar las cualidades de su hermoso carácter: amor (Je- remías 31:3; Juan 3:16); eterno (Hebreos 13:8); santo, verdadero y justo (Salmo 75:7; Apocalipsis 6:10); misericordioso, fiel y com- pasivo (Éxodo 33:19; Lamentaciones 3:22, 23; Hebreos 13:5). ¡Qué hermoso Dios tenemos!

“R”-RECTITUD. Para poner primero a Dios, no solo necesitare- mos fe y fijar nuestros ojos en lo invisible, sino que también necesi- taremos experimentar su asombrosa rectitud o justicia. Pablo, cons- ciente de ese hecho, exclama: “Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que es de Dios y por la fe” (Filipenses 3:9). Sí, necesitamos su poder transformador en nuestras vidas (Romanos 12:2), para poder “elegir bien” y “buscar primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33, énfasis añadido).

Cuando elegimos poner a Dios en primer lugar, es porque nos damos cuenta de que tiene un plan para cada uno de nosotros, y Pablo nos está asegurando un privilegio tan extraordinario: “Así que, somos em- bajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que noso- tros seamos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:20-21).

“S”-SERVIR A DIOS. Poner a Dios en primer lugar no solo reque- rirá un acto de fe, fijar nuestros ojos en lo invisible y experimentar su rectitud o justicia, sino que también requerirá lo más importante: ¡responder a su llamado para servirle! Isaías explica esta importante experiencia en su vida, que ejemplifica lo que nuestro Señor quiere hacer con cada uno de nosotros: “Después oí la voz del Señor, que

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decía: ‘¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí’” (Isaías 6:8). Al igual que Isaías, ¿esta- mos listos para responder de buena gana a un llamado tan crucial? “¡Heme aquí, envíame a mí!” (Isaías 6:8, énfasis añadido). Para ex- perimentar el privilegio de poner a Dios en primer lugar y responder diariamente a su llamado, debemos decir con confianza: “Yo Voy”.

Elena G. de White dice en El camino a Cristo:

“Lo que necesitas entender es la verdadera fuerza de la voluntad. Este es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre: el poder de deci- dir o de elegir. Todo depende de la correcta acción de la voluntad. Dios ha dado a los hombres el poder de elegir; de-pende de ellos el ejercer- lo. Tú no puedes cambiar tu corazón, ni por ti mismo dar sus afectos a Dios; pero puedes elegir servirle. Puedes darle tu voluntad; entonces él obrará en ti tanto el querer como el hacer de acuerdo con su voluntad. De ese modo tu naturaleza entera estará bajo el dominio del Espíritu de Cristo; tus afectos se centrarán en él y tus pensa-mientos se pon- drán en armonía con él” (pág. 47).3

Decidir poner primero a Dios rodeará tu vida de paz mientras com- prometes tu vida a servirle. “El alma consagrada al servicio de Cristo tiene una paz que el mundo no puede dar ni quitar.”4

“T”-TESOROS. Poner primero a Dios necesitará de nosotros, no solo de un acto de fe, para fijar nuestros ojos en lo invisible, y experi- mentar su justicia, mientras decidimos servir a Dios, sino que también se reflejará en la forma en la que administramos los tesoros que nues- tro Padre celestial pone en nuestras manos, y si estamos dispuestos a poner a Dios primero al administrarlos. Como buenos mayordomos, queremos escuchar de nuestro Señor las palabras de aprobación: “Su señor le dijo: ‘Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor’” (Mateo 25:21).

En este mundo, estamos peleando una batalla espiritual con las fuer- zas del mal, pero nuestro Señor quiere que tengamos éxito y que ven- zamos todo tipo de tentaciones, y que siempre lo honremos. Pero la pregunta es: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis ro-

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bado. Y aún preguntáis: ‘¿En qué te hemos robado?ʼ. En vuestros diez- mos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la na- ción toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejér- citos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:8–10).

¡Qué bendición será para nuestras vidas, familias e iglesias cuando apliquemos las instrucciones de Dios en nuestra experiencia perso- nal! “Aquellas iglesias que son más sistemáticas y generosas en sos- tener la causa de Dios son las más prósperas espiritualmente”.5

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MI COMPROMISO:

Orar diariamente durante esta semana: “Señor, ayúdame a ponerte en primer lugar. Ayúdame a ser fiel y generoso con los recursos que has usado para bendecir mi vida y mi familia. Quiero ponerte primero en todas las áreas de mi vida y familia, y ser fiel y generoso con el diezmo y las ofrendas regulares, proporcionales y sistemáticas. En el santo nombre de Jesús. Amén”. 




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