Ofrendas aceptables e inaceptables
Hay muchas indicaciones en la Biblia que implican que el Señor evalúa, valora y califica nuestra ofrenda o su ausencia. El hecho de que Jesús se sentó a propósito frente al arca del tesoro (Marcos 12:41) y que evaluó la ofrenda de la viuda pobre (Marcos 12:43) debería decirnos que aún hoy, él está observando y evaluando nues- tros patrones de ofrendar.
Otra verdad importante es que algunas ofrendas son aceptadas y valoradas por él, mientras que otras, independientemente de su cantidad, no pueden ser aceptadas y se vuelven incluso ofensi- vas para él. ¿Cuáles son algunas de las condiciones para que Dios acepte una ofrenda?
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CUANDO ES PRESENTADO POR UN CORAZÓN QUE ESTÁ BIEN CON DIOS. (Salmo 40:6-8; 51:16, 17; Isaías 1:10-13; Oseas 6:6; Mala- quías 3:2–5; Mateo 9:13; Marcos 12:33).
Según Malaquías 3, Dios acepta aquellas ofrendas que son traídas “en justicia” (vers. 3), es decir, por aquellos que han permitido que Dios los purifique, los refine (vers. 2-3) de pecados como la hechi- cería, el adulterio, el perjurio, el extralimitarse u oprimir a los traba- jadores en sus salarios, y la opresión de los vulnerables extranjeros (vers. 5), por mencionar algunos. Solo entonces “las ofrendas [...] sean agradables al Señor” (vers. 4).
Queda claro que el Señor evalúa al dador antes que al don. La mejor y más grande ofrenda nunca será aceptada si el que la trae no está bien con Dios. Por lo tanto, debemos traer una “ofrenda de corazón” antes de traer una “ofrenda monetaria”. Traemos una “ofrenda de corazón” cuando tomamos tiempo diariamente para permitir que el Espíritu Santo examine nuestros pensamientos e inclinaciones, comparándolos con la Palabra de Dios. Al confesar nuestros peca- dos y creer que la muerte de Jesús fue suficiente para pagar nues- tra deuda, recibimos el poder de aborrecernos a nosotros mismos debido a nuestros malos caminos y obras (Ezequiel 36:31), y luego recibir un corazón nuevo, lleno del deseo de hacer la voluntad de Dios (Ezequiel 36:26-27).
2 CUANDO ES TRAÍDA POR UN CORAZÓN QUE ESTÁ BIEN CON LOS HOMBRES (Mateo 5:23, 24; Hebreos 13:16).
Todos los que están bien con Dios se esforzarán por estar bien con los demás seres humanos. Aquellos que tienen un espíritu conten- cioso o que son ajenos a los sentimientos, derechos o necesidades de los demás muestran que su religión es falsa. Por lo tanto, sus ofrendas no pueden ser aceptadas por Dios.
Por eso, Jesús dice que si traes tu ofrenda a la iglesia (alfolí de Dios) y “te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti”, deja de dar tu ofrenda “ve, reconcíliate primero con tu hermano, y en-
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tonces vuelve y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23, 24).1 ¿He hecho todo lo posible para vivir en paz con todos los hombres y mujeres (Romanos 12:18) y para ayudar a los necesitados que me rodean? Sin esa experiencia santificadora, nuestras ofrendas no pueden ser aceptadas por Dios.
CUANDO ES PRESENTADA POR UNA PERSONA OBEDIENTE (1 Samuel 15:22; Salmo 40:6-8; Isaías 66:2-4).
El rey Saúl estaba ansioso por presentar ofrendas al Señor, pero solo como una forma de cubrir su desobediencia voluntaria al man- dato del Señor. En lugar de confesar su pecado, siguió presentando excusas por hacer lo que estaba en contra de la voluntad de Dios (1 Samuel 15). Algunas personas hoy en día también pueden hacer lo mismo cuando trabajan durante las horas del sábado, prometiendo traer el salario de ese día como una especie de “ofrenda de com- pensación” por hacer lo que no está bien. Pero si un hombre casado tiene una aventura, ¿su esposa aceptará un pastel preparado por la otra mujer como compensación?)
Por tanto, Samuel le dijo a Saúl: “¿Acaso se complace Jehová tanto en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a las palabras de Jehová? Mejor es obedecer que sacrificar; prestar atención mejor es que la grasa de los carneros” (1 Samuel 15:22). Dios nunca aceptará ofrendas como reemplazo de la lealtad a sus mandamientos.
CUANDO EL ADORADOR ESTÁ BUSCANDO UNA RECOMPENSA CELESTIAL, NO TERRENAL (Mateo 6:1-4).
Algunas personas pueden traer grandes ofrendas o hacer dona- ciones significativas mientras se ven obligadas por motivaciones menos que ideales. Algunos, por ejemplo, quieren ser reconocidos como filántropos o benefactores, otros tienen los ojos puestos en un puesto en el liderazgo de la iglesia y otros pueden dar por amor al pastor. Debido a que esas motivaciones terrenales generalmente
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esperan un reconocimiento humano (una especie de recompensa), no pueden ser aceptadas por Dios. Sin embargo, cuando no trato de promocionarme a través de mis ofrendas, entonces lo que Jesús dijo puede cumplirse en mi vida: “Tu Padre, que ve lo que se hace en se- creto, te recompensará” (Mateo 6:4, NVI).2
CUANDO REPRESENTA UNA PROPORCIÓN ADECUADA DE LOS INGRESOS (Deuteronomio 16:17; Marcos 12:41-44; 1 Corintios 16:1-2).
Jesús dijo una vez que la persona que dio menos cantidad dio más que todos los que dieron cantidades mucho mayores (Marcos 12:41- 44). En lugar de carecer de conocimientos matemáticos, el Creador del universo indicó que su estimación de lo que damos no se basa en la cantidad sino en la proporción dada. El 6% de los ingresos que da la persona más pobre significa lo mismo que una ofrenda del 6% de los ingresos de la persona más rica, aunque las cantidades difieran mucho. Al elegir el sistema proporcional para decidir cuándo y cuán- to ofrecer, testificamos que no damos para ganar mérito. En cambio, damos como respuesta a su dádiva porque él siempre es el primero en dar. Él nunca esperará que le demos nada si él no nos ha dado algo (2 Corintios 8:11, 12).
Al no proponer un porcentaje fijo de sus ingresos para dar como ofrenda (2 Corintios 9:7), las personas pueden estar dejando que su propio corazón engañoso (Jeremías 17:9) decida cuándo y cuánto dar. Por el contrario, al elegir en oración una proporción de los ingresos para dar como ofrenda, ponen a Dios al control de cuándo y cuánto dar.
Doy una proporción fija de lo que él me dio, en respuesta a su dá- diva. Como somos socios en su negocio de salvar almas, cuanto más me bendiga financieramente, mayor será la cantidad que le devolveré. Y si él necesita invertir más en su negocio, me dará más, porque sabe que de cada centavo que me da, un porcentaje fijo se invertirá en el avance de su rein.
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CUANDO SE DA DE ACUERDO CON LA ESPECIFICACIÓN (Géne- sis 4:4, 5; Hebreos 11:4).
La historia de Caín y Abel nos muestra que Dios no puede aceptar ofrendas que no sean traídas de acuerdo con sus especificaciones. Caín decidió hacerlo a su manera, y Dios “no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda” (Génesis 4:5). Abel agradó al Señor siguiendo su guía y trayendo “de los primogénitos de sus ovejas, y de la grasa de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda” (Génesis 4:4).
El espacio no nos permitirá explorar todas las especificaciones que se encuentran en la Biblia y el espíritu de profecía acerca de las ofrendas aceptables. Pero además de los elementos ya cubiertos anteriormen- te, podemos agregar que también se deben presentar ofrendas regu- lares al Señor como primicias, respetando el principio de primero Dios (Mateo 6:33).
Las ofrendas de primicias (o primogénitos) eran regularmente lleva- das a Dios por sus hijos en recuerdo de que él es el Proveedor y Sus- tentador de la vida. Solo son aceptadas porque Jesús, el Cordero de Dios, murió como rescate por nuestros pecados, abriéndonos el cami- no para ser aceptados por el Padre.
Este tipo de ofrenda “es motivada principalmente, no por buenos sen- timientos, una necesidad específica, un llamado, la simpatía por un pastor o un líder religioso, ni siquiera por un deseo de proveer para el templo o la obra misionera. En cambio, [eso] debe estar motivado por el acto de Dios de enviar alguna forma de aumento. Son un medio para adorar a Dios, además del diezmo (Malaquías 3:8-10), siempre que haya un aumento de ingresos”.3
CONCLUSIÓN
Antes de cada acto de adoración a través de las ofrendas, Dios nos invita a evaluar nuestro corazón para ver si todavía hay un pecado no confesado que pueda impedir que nuestra ofrenda sea
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aceptada. Pero también debemos evaluar nuestra relación con Dios y con los demás, la motivación que nos lleva a ofrendar, y la regularidad y calidad de la ofrenda. ¿Es lo mejor que podemos traer? ¿Está expresando gratitud y lealtad a él?
¡Aprovechemos la adoración a través de las ofrendas para acer- carnos aún más a aquel que no solo nos rescató con su sangre, sino que también nos sustenta!
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MI COMPROMISO:
Por cualquier ingreso que Dios me dé, prometo un porcentaje (____%) como ofrenda regular.
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