Desarrollar hábitos de salud mental

Mucha gente sabe qué medicina tomar o qué remedio natural aplicar para el malestar estomacal, el dolor de garganta o un esguince muscular. Y si están perplejos por alguna enfermedad física, harán los arreglos necesarios para acudir a un médico o profesional de la salud. ¿Irían a un profesional de la salud mental si tuvieran pensamientos, sentimientos y comportamientos que los perturbaran significativamente? Probablemente no. Y probablemente por el estigma. Estos ejemplos nos recuerdan cuán mal equipados estamos para enfrentar síntomas mentales y emocionales adversos. No podemos olvidar que es nuestro deber, como mayordomos de Dios, cuidar nuestra salud, y no hay salud sin salud mental.

¿QUÉ ES LA SALUD MENTAL?

Al igual que con la salud física, la salud mental no puede definirse como la ausencia de enfermedad. Muchas personas sufren y hacen sufrir a otras con síntomas parciales que no cumplen con un diagnóstico completo.

La salud mental consta de tres áreas principales: los pensamientos, los sentimientos y el comportamiento. Cuando alguien disfruta de bienestar psicológico/mental, utiliza bien sus habilidades; enfrenta el estrés con un éxito razonable; mira el pasado con satisfacción, el presente con calma y el futuro con esperanza; se relaciona agradablemente con los demás; y hace su trabajo productiva y felizmente. Entonces, podemos concluir que son mentalmente saludables. Las personas con problemas mentales y emocionales suelen tener dificultades en una o más de estas áreas básicas de la salud mental: pensamientos, sentimientos/emociones y comportamientos.

Las personas que sufren patrones de pensamiento poco saludables pueden ser negativas en el análisis que hacen de sí mismos, de su entorno, de otras personas y del futuro. También pueden sospechar de los demás, evaluar los problemas como blanco o negro, abordar los desafíos con pensamientos temerosos y pensar ilógicamente para llegar a conclusiones catastróficas. Las personas con problemas a nivel sentimental pueden enfadarse ante pequeñas dificultades; sentir envidia o celos injustificados; ser impacientes; sentirse fácilmente desanimados; experimentar ira, resentimiento, venganza, y falta de empatía.

Las personas con trastornos de conducta pueden evitar el contacto social, mostrar agresividad verbal y/o física, desempeñar mal sus funciones (en el trabajo, la escuela o la familia), sollozar sin razón o reírse fuera de contexto. También pueden ser propensos a las adicciones (químicas o conductuales), pueden tener trastornos para comer y dormir, pueden tener dificultades para disfrutar de la vida e incluso pueden tener problemas con la ley.

Curiosamente, estas tres áreas de la salud mental están estrecha- mente relacionadas entre sí: los pensamientos determinan los estados psicológicos (sentimientos, emociones), que a su vez dan paso al comportamiento. La Biblia señala esta conexión: “Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7),1 y “todo hombre prudente procede con sabiduría” (Proverbios 13:16).

Elena G. de White coloca este problema no solo en el nivel de la salud mental y el bienestar personal, sino que está incrustado en nuestra fibra moral: “Si los pensamientos son malos, los sentimientos también lo serán, y los pensamientos y sentimientos combinados constituyen el carácter moral de la persona. [...] Si cedéis a vuestras impresiones y permitís que vuestros pensamientos se encaucen en dirección de la sospecha, la duda y la lamentación, os contaréis entre los mortales más infelices y vuestras vidas resultarán ser un fracaso” (énfasis añadido).2

MAYORDOMOS DE LA SALUD MENTAL

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19). La mayoría de las veces vemos esta declaración en términos de los alimentos saludables que debemos comer y el alcohol, las drogas y el tabaco de los que debemos abstenernos. Pero, ¿no son nuestros procesos mentales, que constituyen la función ejecutiva de nuestro cuerpo, una parte importante del templo de Dios? En su siguiente carta, el apóstol Pablo escribe a los mismos creyentes de Corinto, exhortándolos a ser limpios no solo en la carne, sino también en el espíritu: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1, énfasis añadido).

Somos mayordomos de todos los bienes que Dios nos ha confiado. Esto incluye nuestra mente, sentimientos/emociones y comportamientos. Estamos llamados a adoptar medidas de mayordomía no solo físicas sino también mentales, como dice la señora White: “Debemos usar todo medio que Dios ha puesto a nuestro alcance para el gobierno y el cultivo de nuestros pensamientos”.3

MAYORDOMOS DE NUESTROS PENSAMIENTOS

La salud mental depende en parte de la forma en que procesamos los pensamientos. Tomemos la preocupación, por ejemplo. Podemos estar muy preocupados por asuntos que son importantes para nuestra vida y la de nuestros seres queridos. Podemos considerar y debatir posibles soluciones. Esto es legítimo. Pero cuando estos pensamientos se vuelven compulsivos, exagerados y preocupados por lo que podría suceder, cruzamos la línea hacia el reino de la preocupación, que es inútil en el mejor de los casos y podría ser un precursor de la ansiedad y la obsesión. Este tipo de pensamiento debe ser rechazado tan pronto como sea posible en la cadena de pensamiento.

Otro ejemplo es el pensamiento negativo. (“Esta crisis financiera nun- ca terminará” o “No me adaptaré a mi nuevo jefe”). Algunas personas aplican este patrón de pensamiento a la mayoría de las situaciones que enfrentan. Durante décadas, la literatura psicológica ha demostrado que las personas que eligen este patrón de pensamiento tienen un mayor riesgo de tendencias depresivas, obsesivo-compulsivas y ansiosas que la población general.

Como mayordomo de mis pensamientos, debo encontrar formas de disipar los pensamientos erróneos, negativos y tóxicos. Con la ayuda de Dios, puedo poner mis pensamientos a propósito en un contenido que nutrirá mi mente (Filipenses 4:8). Sabemos que las prácticas religiosas, como leer los Salmos o los Proverbios de la Biblia, pueden ayudarnos a disipar pensamientos no deseados y promover el consuelo y las emociones positivas.

Por último, y lo más importante, el tipo de pensamiento equivoca- do traerá contaminación moral. Este fue el punto de Jesús cuando dijo que “del corazón [la mente] salen los malos pensamientos: los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mateo 15:19-20). Este principio puede ser una guía segura para protegernos de los pensamientos que nos conducen a consecuencias inmorales.

MAYORDOMOS DE NUESTRAS EMOCIONES

Las emociones generalmente siguen a los pensamientos; por eso es tan crucial manejar nuestros pensamientos para evitar estados de ánimo nocivos y promover estados de ánimo saludables. Las emociones, a veces, también pueden ocurrir debido a otras personas, al entorno, o pueden surgir sin razón aparente. Incluso cuando son causados por las circunstancias, como mayordomo de mis emociones, debo aprender a manejar y transformar las emociones negativas en positivas. También puedo beneficiarme aprendiendo a soportar experiencias emocionales dolorosas que son inevitables al adoptar una actitud de esperanza, como lo describió Jesús.

Un pasaje útil para lidiar con las emociones negativas (principal- mente la infelicidad) se encuentra en Juan 16:20–24. En este pasa- je, Jesús aborda la injusticia de la vida, como cuando sus discípulos son acosados por hacer lo correcto. Jesús promete que su dolor se convertirá en alegría. Reconoce que habrá dolor, pero le asegura al creyente que la ayuda llegará con la misma rapidez, comparándolo con el dolor agudo de una madre que da a luz, cómo rápidamente da paso a la alegría cuando nace su hijo. Jesús sabía que gran par- te de la miseria humana tiene que ver con emociones dolorosas del pasado, y nos asegura que los recuerdos desagradables del pasado serán borrados. Si bien el dolor a veces es necesario (vers. 22), y el dolor a veces puede tener significado, Jesús nos señala el gozo permanente que les dará a sus hijos a su regreso, y que nadie podrá quitarles (vers. 22).

MAYORDOMOS DE NUESTRO COMPORTAMIENTO

La mayoría de los comportamientos surgen como resultado de los pensamientos y los sentimientos, de ahí la importancia del manejo del pensamiento. Algunos comportamientos también darán lugar a trastornos emocionales y mentales, actuando así, como desencadenantes de la psicopatología. Pensemos en la adicción. Alguien que es adicto a una sustancia pierde el autocontrol. Esto da como resultado antojos, compulsión, culpa, etc. La repetición conduce a una mayor tolerancia a la sustancia, fortalece la adicción y causa serios problemas al individuo, a sus seres queridos y a la sociedad en general.

Muchos creen que no pueden ser víctimas de la adicción, ya que nunca consumen alcohol ni drogas. Pero también existen adicciones conductuales, como la pornografía, las apuestas o los juegos de Internet. Una vez “enganchados”, los individuos experimentan patrones casi idénticos a los de las adicciones químicas. Incluso las cosas necesarias de la vida, como ciertos alimentos, el trabajo, el dinero, las compras o Internet, pueden volverse adictivas si se usan de manera excesiva y obsesiva.

Sí, la salud mental es un activo, al igual que la salud física, los talentos, el dinero o las posesiones. Todos nos han sido confiados para dar gloria a Dios y servicio a los demás. Debemos entender cómo desarrollarlos, cuidarlos y llevarlos al servicio del Señor, que es el servicio a nuestros semejantes, tal como escribió Pedro: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10).

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MI COMPROMISO:

Establecer un nuevo hábito saludable, a fin de servir mejor al Señor con mi mente.

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