Vivir para la gloria de Dios

OBJETIVO DEL SERMÓN

Mostrar a través del Salmo 1 el plan De Dios para los que andan con Dios. Demostrar la diferencia entre quien elige seguir a Dios y quien decide obedecerlo.

Un matrimonio que había ido a China como misionero usaba el Salmo 1 para describir su vida después de que los comunistas tomaron China al final de la Segunda Guerra Mundial. A ellos se los conocía como señor y señora Matthews y fueron los últimos misioneros de la Misión Interior de China en escapar de ese país. Vivie- ron con su hija joven Lilah en una pequeña sala. Su único mueble era un banquito. Ellos no podían contactarse con sus amigos cristianos por miedo de ponerlos en peligro. El gobierno dejó de pagarles sus sueldos. El calor provenía de un pequeño fogón que encendían para cocinar arroz y hacer la única comida del día. El único combustible que tenían era estiércol seco de animales, el cual recogían en la calle. Esos eran en realidad tiempos “de sequía”. Después de ese período, ellos tuvieron el incentivo de escribir un libro y dar su testimonio de la gracia de Dios en medio de las privaciones, y titularon al libro: Hojas verdes en tiempo de sequía. Ellos descubrieron que los que se deleitan con la Palabra de Dios no se marchitan, sino que producen el fruto del Espíritu aún en tiempos difíciles.

El tipo de persona que Dios está buscando (vers. 1, 2).

El Salmo comienza presentando al hombre que anda con Dios como “bienaventurado” o “feliz”. Es el mismo término griego encontrado en las Bienaventuranzas en Mateo 5:3-11. Ese es un hombre ideal y se lo co- noce primero por lo que no hace. Hay una espiral descendiente en estas tres descripciones negativas. Un hombre o una mujer se instala en el pecado por etapas: camina cerca del pecado, después se detiene para contemplar el pecado y finalmente, se sienta para disfrutar del pecado.

Primero, recibe la influencia de los pecadores y después se identifica con ellos. La palabra “camino” se refiere a un estilo de vida, un camino que usted sigue a través de su vida y en el cual finalmente refleja el pecado a otros.

Los escarnecedores son graciosos; ellos lo harán reír mientras usted se aparta de Dios. Los escarnecedores son misioneros de maldad. Quieren hacer que usted se sienta estúpido por intentar seguir a Dios. Si usted los escucha durante suficiente tiempo, caminará en los consejos de ellos, tomará su po- sición con ellos y se volverá como ellos.

El estado de bienaventuranza o felicidad no es una recompensa; al contrario, es el resultado de un tipo de vida particular. Así como un árbol que recibe suficiente agua florece naturalmente, la persona que evita el mal y se afirma en la Palabra de Dios prospera naturalmente, pues esa persona está viviendo dentro de las indicaciones establecidas por el Creador.

Cristo fue guiado por la Palabra

Eso fue sumamente verdadero para Cristo. Cuando fue tentado por Satanás en el desierto, Jesús respondió siempre con las Escrituras. Jesús comenzó y terminó su ministerio terrenal enseñando las Escrituras (Lucas 4:14-21; 24:44-47).

Eso también es así para todos los que pertenecen a Cristo. A los que he- redan las bendiciones del Salmo se los conoce por su corazón y su mente. Primero, sus corazones se deleitan “en la ley del Señor”. Una señal impor- tante de que alguien llegó verdaderamente a la fe es que tiene un hambre nueva por la Palabra de Dios.

La bendición de Dios es para los corazones que aman su Palabra. Si su corazón está comprometido, su cabeza también estará comprometida: “y en su ley medita de día y de noche” (v. 2). La palabra “meditar” significa murmurar. Eso tiene el sentido de hablar consigo mismo mientras exami- na la Palabra de Dios. Esa es una acción continua; examinamos la Palabra de Dios “día y noche”.

¿Cómo es bendecido el hombre piadoso? (v. 3)

¿Cómo es la bendición de Dios? ¿Cómo fue bendecido Jesús a través de su obediencia? ¿Y cómo somos bendecidos en él?

El salmista pinta un cuadro de las bendiciones crecientes de los justos. Esas ben- diciones son todavía más convincentes porque contrastan con la tierra vacía de los impíos. La imagen de un árbol florecido es una imagen rica para describir la vida de un creyente. Hay cuatro bendiciones específicas en esa imagen:

Ese árbol no solo crece, sino que también es “plantado”. Los árboles crecen libremente en un bosque; pero se necesita un paisajista o jar- dinero para plantar un árbol. Un paisajista planea dónde plantar sus árboles por altura, por color, por sombras y por una serie de otras razones. De la misma forma, Dios elije dónde ponernos para nuestro bien para dar orden y belleza a este mundo. Hay un propósito y un plan para la vida de cada creyente.

La tercera bendición de ese árbol es que da sus frutos regularmente. Por la actuación de Dios, podemos producir frutos en cada estación de la vida. El hombre o la mujer que anda con Dios será capaz de producir fe en períodos de dudas, paciencia en el sufrimiento, paz en el tumulto, misericordia cuando sufre injusticias, mansedumbre cuando es acusado falsamente, fuerza en la tentación, humildad en el liderazgo y oración en todas las estaciones de la vida.

c. Prospera en todo lo que hace. Los predicadores de la teología de la prosperidad leen ese versículo con el símbolo de dinero en los ojos. Pero el verbo hebreo traducido como “prospera” tiene la idea de te- ner éxito para realizar el trabajo que usted se propuso hacer. Jesús, el hombre verdaderamente bendecido, realizó su trabajo a través de la cruz; tuvo éxito a través del sufrimiento y de la muerte.

La realidad del impío (v. 4).

El salmista contrasta las bendiciones de un hombre piadoso con el terreno baldío de los impíos. La vida de los impíos es fútil. La imagen de aquí es la de la era durante la época de la cosecha. Primero, el trigo fue aplastado para separar el grano de la paja. Después, fue lanzado al aire para que el viento se llevara las cáscaras más livianas, mientras el grano caía de vuelta al suelo. Nada podría estar más lejos de la imagen del hombre bendecido. En vez de un árbol sólido, el perverso es una “cáscara hueca”. No produce frutos; su vida es una cáscara. No tiene raíces para mantenerlo firme y alcanzar el agua. Es soplado por el viento. Los impíos no tienen raíces ni valor.

Muchos logran enmascarar bien una vida impía, aunque algunos vayan a la iglesia. Pero, eventualmente, el viento revela la verdad. A veces, una crisis los alcanza o a alguien que ellos aman, y no sobreviven espiritualmente; el viento los lleva lejos.

El Señor conoce el camino (v. 6)

Esa frase contiene un sentido muy profundo. “Saber” en hebreo es mucho más que tener conocimiento. De acuerdo con pasajes como Oseas 13:5; Amós 3:2 y Éxodo 1:8, indica una relación especial, un cuidado con la per- sona. Por lo tanto, Dios cuida y guía el camino del justo. Esa verdad se nota con frecuencia en los Salmos. Así como en el versículo 1, una vez más, el salmo habla de un camino. La vida de quien sigue a Dios es un camino, sig- nifica un modo de vida, es un paseo con Dios. Aquí, la misma palabra se usa para el camino del impío. La senda del impío es también un modo de vida, implica un estilo de vida. Pero ese camino está destinado a la destrucción. Para describir la totalidad de su destrucción, no son solo los propios impíos los que perecen, sino también que “la senda de los malos perecerá” (v. 6).

El escritor y académico británico Thomas Malcolm luchó en la Segunda Guerra Mundial y se desilusionó con la humanidad; por eso pasó buena parte de su vida como agnóstico. Sin embargo, al conocer la Biblia y la persona maravillosa de Cristo, se hizo cristiano; y en 1969 escribió un libro con el título Redescubriendo a Jesús. Una de sus citas más profundas presenta bien la visión del Salmo 1. Él declara: “Puedo decir con toda la verdad que todo lo que aprendí en mis 75 años en este mundo, todo lo que verdaderamente engrandeció e iluminó mi existencia, fue por medio de la aflicción y no de la felicidad, sea ella buscada o alcanzada. En otras palabras, si algún día fuera posible eliminar la aflicción de nuestra existencia terrenal por medio de alguna droga u otra invención médica, el resultado no sería hacer la vida deliciosa, sino hacerla muy banal y trivial para ser soportable. Lo que está claro es lo que significa la cruz. Es la cruz, más que cualquier otra cosa, lo que me llamó inexorablemente a Cristo. El sufrimiento que lleva a la gloria”.

CONCLUSIÓN

Hay dos imágenes drásticamente diferentes delante de nosotros. Por un lado, las bendiciones que Dios promete a los que lo aman y andan en sus caminos. Por otro lado, el vacío y el juicio que les llegan a los impíos. ¿Qué vida quiere usted? ¿Qué decisión tomará?

LLAMADO

Tal vez, el camino del justo sea el menos recorrido en este mundo de injus- ticias e impiedad. Tal vez, las aparentes ventajas del pecado y del mal estén atrayendo su atención y llevándolo lejos de Dios y de sus propósitos para su vida. Hoy es el día de decidir seguir los planes de Dios y permitir que los propósitos de él se cumplan en nuestra vida. ¿Cuántos quieren tomar la decisión de vivir cada día en la presencia del Señor y permitir que las ricas corrientes de su amor bendigan su vida?

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