Salvo para adorar en el templo vivo

OBJETIVO DEL SERMÓN

Presentar la importancia de conocer y vivir los principios de salud que nos fueron presentados a través de la Biblia y el espíritu de profecía, considerando el momento profético en el que vivimos.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día fue llamada por Dios para restaurar varias doctrinas bíblicas que estaban olvidadas: el santuario, el sábado, la mortalidad del alma, el mensaje de salud y otras verdades. Somos respetados por la teología del santuario, somos conocidos como la iglesia que guarda el sábado, que no cree en la existencia de un infierno en llamas. Pero ¿será que somos conocidos como un pueblo que sigue las orientaciones de salud dadas por el Creador?

Nuestra iglesia sigue la orientación profética bíblica y, por las impresiones que nos fueron dadas por el Espíritu Santo, sentimos que llegó la hora de reavivar el mensaje de salud dentro de nuestra iglesia. El mensaje de salud no solo sirve para llevar al pueblo a evitar la enfermedad y a tener un estilo de vida saludable, sino también busca la conversión y la santificación de la iglesia para el pronto encuentro con el Salvador.

I - Por qué creer y vivir el mensaje de salud:

El cuerpo en el que vivo no me pertenece (1 Cor. 6:15, 19, 20).

La vida que tenemos es un préstamo de Dios. Nuestro cuerpo es pro- piedad de Cristo. ¿Puedo hacer lo que quiero con “mi” cuerpo? Piense bien antes de realizar cualquier acción que perjudique el santuario de Dios, que es “su” cuerpo. Reflexione: “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Cor. 3:17). El Creador me confió el cuidado y el mantenimiento de ese santuario. Tengo que seguir sus orientaciones para alcanzar sus propósitos. No fui creado por casualidad.

Debemos comprender que cada acción que realizamos tiene sus con- secuencias, incluso con relación a nuestro cuerpo. Un poco más adelante, cosecharemos los resultados, buenos o malos, que dependerán de la forma como he cuidado ese santuario que pertenece al Señor.

Fui creado para glorificar al Creador.

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31). Eso significa que vivir para uno mismo es deshonrar a Dios. Vivir para satisfacer el apetito o los placeres de la carne es pecamino- so, pues vivir de tal forma es alimentar el egoísmo. Nuestro cuerpo es po- sesión de Cristo, y no tenemos la libertad de hacer lo que bien nos parezca.

Para preservar la sensibilidad espiritual.

“La intemperancia de cualquier clase adormece los órganos de la per- cepción y debilita el poder nervioso del cerebro de manera que las cosas eternas no son apreciadas, sino que son puestas en el mismo plano de lo común. Las facultades superiores de la mente, designadas para propósitos elevados, son esclavizadas por las pasiones más bajas” (Consejos sobre la salud, p. 104).

Nuestra mente necesita estar pura para poder oír la voz de Dios en todo momento. Él les habla a sus hijos constantemente. ¿Y cómo podemos oírlo con una mente embotada por hábitos alimentares incorrectos?

La moderación es uno de los rasgos de carácter más importantes que un mayordomo puede tener. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim. 1:7). La palabra griega para moderación, sophronismos, solo se menciona una vez en el Nuevo Testamento y tiene que ver con la habilidad de hacer lo que tiene que hacerse con una mente equilibrada y saluda- ble, que no se desviará de los principios de Dios. La moderación nos ayuda “en el discernimiento del bien y del mal” (Heb. 5:14), a com- prender situaciones con calma y humildad y a soportar las presiones y trastornos, independientemente de las consecuencias. Daniel buscó lo que era correcto, a pesar de los leones, al contrario que Sansón, que vivió de manera indulgente y demostró poca moderación y poco juicio saludable. José siguió lo que era correcto en la casa de Potifar, en contraste con Salomón, que adoró otros dioses (1 Rey. 11:4, 5).

“El mundo está entregado a la sensualidad. Abundan los errores y las fábulas. Se han multiplicado las trampas de Satanás para destruir a las almas. Todos los que quieran alcanzar la santidad en el temor de Dios deben aprender las lecciones de temperancia y dominio propio. Las pasiones y los apetitos deben ser mantenidos sujetos a las faculta- des superiores de la mente. Esta disciplina propia es esencial para la fuerza mental y la percepción espiritual que nos han de habilitar para comprender y practicar las sagradas verdades de la Palabra de Dios” (El Deseado de todas las gentes, p. 76).

d. Mi preparación para la venida de Cristo.

¡La venida de Cristo es la mayor de todas nuestras esperanzas! ¡Como arde nuestro corazón al leer, oír o meditar en este tema! Y ese día está mucho más cercano de lo que podemos imaginar. Pero no podemos olvidarnos de que, en nuestra preparación para ese encuentro glo- rioso, la reforma de salud tiene su lugar. Dejar de lado ese tema es colocarnos en un terreno peligroso, pues la práctica de esos principios nos ayuda en la búsqueda por la santificación.

Mire lo que dice la mensajera del Señor: “La reforma de la salud es uno de los aspectos de la gran obra destinada a preparar un pueblo para la venida del Señor. Se encuentra tan estrechamente unida con el mensaje del tercer ángel como lo está la mano con el cuerpo. [...] El pueblo remanente de Dios debe ser un pueblo convertido. La pre- sentación de este mensaje debe tener por resultado la conversión y santificación de las almas” (Consejos sobre la salud, p. 20, 126).

e. Es una recomendación profética.

Fuimos originalmente creados perfectos: física, mental y espiritualmente. El pecado arruinó todo. La buena noticia del evangelio, entre otras, es que Dios está restaurándonos a lo que él originalmente pla- neó que fuéramos.

Cuando estuvo en la Tierra, Cristo trabajó incansablemente en favor de la elevación espiritual, mental y física de la humanidad. Todo eso fue un precursor de la restauración final que él realizará al fin de los tiempos. El ministerio de curación de Jesús prueba que Dios desea que tengamos tanta salud como sea posible hasta que llegue el fin. Por lo tanto, los mayordomos deben desarrollar hábitos que promuevan un estilo de vida saludable para la mente y el cuerpo.

CONCLUSIÓN

Hoy, es común ver personas famosas cambiando el estilo de vida, abstenién- dose de alimentos cárnicos, practicando ejercicios, etc. simplemente por el culto al cuerpo o la búsqueda de la longevidad. Pero, para un pueblo cono- cedor de la verdad, portador de esta bendita luz, la práctica de los principios de salud está asociada con la adoración y la preparación para la eternidad.

El Espíritu Santo que habita en un cuerpo y una mente saludables propor- cionará una alegría presente cuyo resultado será la felicidad eterna con el Señor Jesús. Está profetizado que tendremos una gran alegría al participar de este movimiento profético. Ningún poder terrenal podrá destruir la alegría que el Espíritu colocará en nuestra alma.

LLAMADO

Hoy quiero desafiarlo a tomar la decisión de seguir los principios bíblicos de salud para que la gloria de Dios y la intimidad con él sean claramente vistas en su vida, pero, para que eso sea más objetivo, quiero invitarlo a conversar con Dios en este momento y establecer un hábito saludable. Para algunos, puede ser el hábito de dormir más temprano, para otros, puede ser dejar de comer o beber algo que usted sabe que perjudica el funcionamiento de su cuerpo u otra cosa que Dios le indique. Esa es una decisión individual. Voy a darle algunos minutos para que usted hable con Dios sobre ese hábito y esa decisión y luego voy a orar para pedir que Dios nos ayude a mantener ese hábito saludable cada día.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El símbolo de honor

¿Melquisedec era Cristo?

El Plan de Dios para su salud