Las ofrendas de los Corintios
Las ofrendas de los corintios
Recomendación y arreglos para la ofrenda (8:10–9:5)
Concluyendo que los corintios no rechazarían su apelación, Pablo ofreció una breve exposición de motivos para la colecta, y una explicación de cómo debía manejarse.
8:10–12. El consejo de Pablo (cf. v. 8) era que llevaran a cabo lo que habían empezado (cf. v. 6). Los mejores deseos—querer y una voluntad dispuesta—no son sustitutos de las buenas obras (Stg. 2:15–16). Lo que un individuo da, debe estar en proporción con lo que … tiene (cf. 1 Co. 16:2). Por medio de ese estándar, la ofrenda macedonia, como la de la viuda pobre (Mr. 12:41–44), sería, en un sentido, fácil de igualar, pero en otro, difícil de sobrepasar.
8:13–15. Un principio básico para el intercambio material entre las iglesias es la igualdad. Pablo no quería que alguna iglesia tuviera alivio (anesis; cf. 2:13; 7:5) mientras los corintios estaban en estrechez (thlipsis; cf. 1:4). ¡Eso sería como robar a Pedro para pagar a Pablo!
Sin duda, Pablo aprobó los primeros esfuerzos de la iglesia de Jerusalén para satisfacer las necesidades de los otros, al tener todas las cosas en común (Hch. 2:44). Esto expresaba su preocupación mutua por todos los miembros del cuerpo de Cristo (cf. 1 Co. 12:25). Este principio seguía el modelo del patrón divino. Cuando Dios alimentó a los israelitas en el desierto, lo hizo de forma igualitaria, de acuerdo a sus necesidades (Éx. 16:16–18). La iglesia no debería hacer menos.
8:16–17. Como Timoteo (Fil. 2:19–20), Tito estaba genuinamente preocupado por el bienestar de aquellos a quienes servía. En un mundo egoísta, tal solicitud era una característica distintiva que Pablo valoraba mucho en sus colaboradores. Sin imponerse (cf. vv. 8, 23), Pablo había pedido a Tito que prestara su apoyo total a un proyecto que al parecer Tito mismo había determinado hacer con vehemencia (muy solícito) e independientemente (por su propia voluntad).
8:18–21. Para acompañar a Tito iba un representante, probablemente de las iglesias de Macedonia, de quien no se da su nombre, pero que era respetado grandemente (cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias). Él llevaría su donativo a su destino en Jerusalén. La motivación de Pablo al organizar esta ofrenda era para gloria del Señor (cf. Mt. 25:40; Gá. 2:10). Para tal fin, trabajó escrupulosamente para evitar cualquier acusación contra su persona en lo referente a la mala administración de los fondos o avaricia (2 Co. 8:20; cf. 12:17–18).
8:22–24. Además del hermano que se mencionó anteriormente (v. 18) y de Tito, compañero y colaborador de Pablo, se designó a un tercer miembro (llamado anónimamente nuestro hermano) para unirse al grupo encargado de la ofrenda. Aparentemente fue designado por las iglesias de Macedonia. Era diligente, y junto con el hermano de quien no se da su nombre (v. 18), eran gloria de Cristo. Su presencia sirvió tanto para ayudar a suavizar las acusaciones en contra de Pablo, de querer beneficiarse personalmente de la colecta, como también para animar a los corintios a terminar su proyecto. Al dar, los corintios podrían demostrar (cf. 9:13) su amor (cf. 8:8).
9:1–2. La necesidad de los corintios de terminar lo que animosamente comenzaron (8:6, 10) preocupaba a Pablo. No creyó conveniente escribirles acerca de la necesidad de brindar ayuda a los cristianos de Jerusalén. Los corintios habían estado de acuerdo con entusiasmo (8:11) en involucrarse en la ministración (diakonias) para los santos (cf. 8:4; 9:12–13). Estaban deseosos de ayudar (cf. 8:4), hecho que Pablo había comunicado a su vez a los de Macedonia el año anterior, y que a su vez animó a los macedonios (vuestro celo ha estimulado a la mayoría). La diferencia entre los macedonios y los corintios estaba en su diligencia para llevar el proyecto hasta su fin. Lentos para empezar, los macedonios terminaron rápidamente. Pero los corintios, dispuestos en espíritu, necesitaban ayuda para disciplinar la carne (cf. Mt. 26:41; Ro. 6:19).
9:3–4. Por tanto, Pablo envió a Tito y a los dos hermanos que se mencionan en 8:18–24 para ayudar a arreglar los detalles para la consumación de la ofrenda de los corintios. Pablo se había gloriado (cf. 9:2) acerca del entusiasmo de los corintios en contribuir (8:10–11), y tenía la esperanza de que las nubes prometedoras realmente produjeran lluvia (cf. Os. 6:3–4; Jud. 12). Si la promesa de los corintios de dar no se cumplía, tanto ellos como Pablo mismo serían avergonzados en la presencia de los macedonios, menos capaces pero más nobles, quienes podrían acompañarlo en su tercera visita (2 Co. 13:1).
9:5. Para evitar esa posibilidad, Pablo había pedido a Tito y a los hermanos (8:23) que ayudaran a los corintios a poner sus asuntos financieros en orden. Los dos “hermanos” que acompañaban a Tito podían haber sido los macedonios Jasón de Tesalónica (Hch. 17:5) y Sópater de Berea (Hch. 20:4; cf. Ro. 16:21). Entonces, cuando Pablo llegara, no habría necesidad de recoger ofrendas (1 Co. 16:2) bajo una presión que parecería explotación (cf. 2 Co. 7:2; 9:7; 12:17–18). Tal motivación es indigna de los siervos de Cristo. En lugar de esto, el dar debería ser una respuesta voluntaria a la gracia de Dios, no algo que se hace por exigencia. A continuación, Pablo aborda este tema.
C. Recompensa de la generosidad (9:6–15)
En la gracia de Dios, los cristianos reciben recompensas en tres formas por su generosidad: (1) los dadores son enriquecidos (vv. 6–10); (2) las necesidades de los receptores se satisfacen (vv. 11–12); y (3) Dios, fuente de toda bendición, recibe alabanza (vv. 13–15).
9:6–7. ¿Por qué deberían dar generosamente los corintios? (v. 5) Pablo dio dos razones. (1) Hay un principio que se cumple tanto en las esferas natural como espiritual: el tamaño de una cosecha corresponde a la amplitud de la siembra (cf. Pr. 11:24–26). Un hombre puede disfrutar todo su grano al comerlo, o puede perder algo de él al sembrarlo, y más tarde levantarlo en una cosecha abundante. Lógicamente, en una cosecha espiritual, lo que se recoge puede ser diferente en clase de la semilla que se siembra. La semilla material puede levantar una cosecha espiritual (2 Co. 9:9; cf. 1 Co. 9:11). (2) Otra razón para dar generosamente es que Dios ama la generosidad. Dios premia, no el tamaño de la ofrenda (cf. Hch. 11:29; 1 Co. 16:2), sino la sinceridad del dador (no con tristeza), su espontaneidad (ni por necesidad), y su disposición gozosa (dador alegre).
9:8. A fin de cuentas, los cristianos sólo pueden dar lo que han recibido, ya sea material (Hch. 14:17), o espiritual (Ro.5:17). La buena obra se hace a través de la capacitación que Dios da (cf. Fil. 1:6). Sin importar qué tan desesperadas sean las circunstancias de uno, una persona que quiere dar, puede hacerlo dependiendo de Dios (cf. Fil. 4:11–13; e.g. la viuda de Sarepta, 1 R. 17:9–16, y los macedonios, 2 Co. 8:1–3). Una vez más, Pablo enfatiza que la incapacidad del hombre, por vía de contraste, pone en evidencia la obra de Dios (4:7). Este v. está lleno de palabras que indican la amplitud de la capacitación que Dios da: toda gracia … siempre en todas las cosas todo lo suficiente … toda buena obra. En las palabras “todas las cosas”, “siempre”, y “todo lo suficiente”, el gr. amontona tres palabras una después de la otra: panti pantote pasan. ¡Dios es realmente suficiente! Su “toda” gracia abunda para que los creyentes puedan abundar “en toda buena obra”.
9:9–10. La abundante gracia que se mencionó en el v. 8 no sólo hace referencia a la provisión para las necesidades del momento. La caridad cosecha una recompensa eterna (cf. Pr. 19:17; Mt. 25:40). Una persona que “teme al Señor” (Sal. 112:1) y da a los pobres (de Sal. 112:9, que Pablo citó) será reivindicada en el día final (cf. Mt. 6:1). La justicia práctica permanece para siempre, no sólo a través de las obras, sino en el hacedor, en tanto que es transformado progresivamente a la imagen de Cristo (2 Co. 3:18). La recompensa final del creyente es la culminación del proceso (Fil. 3:14, 21). El que provee lo que se necesita solamente es Dios (Fil. 2:13). Dios (que da semilla … y pan) aumenta los frutos (recompensas o bendiciones) que resultan del vivir generoso y en justicia. Las riquezas de justicia son incalculables (cf. 6:10).
9:11–13. Entre más da una persona a otros, más se enriquece. De esta forma, tiene lo suficiente para toda liberalidad (“para que en toda ocasión puedan ser generosos”; NVI95). Un espíritu generoso hacia los otros, resulta en que más y más personas den gracias a Dios.
Una expresión de esta generosidad era la contribución para los santos de Jerusalén, administrada por Pablo. Este servicio (vv. 12–13; cf. 8:4; 9:1) no solamente cubría las necesidades apremiantes de los cristianos de Jerusalén, sino que también abundaría en muchas acciones de gracias a Dios y resultaría en que muchos “glorificaran a Dios”. La participación de los corintios en ese gesto caritativo demostraría la realidad de su profesión de fe, y la vitalidad de sus vidas espirituales.
9:14–15. Debido a que los corintios enviaron ayuda material, cosecharon la oración de intercesión de los cristianos de Jerusalén, quienes al alabar a Dios, pidieron sus bendiciones sobre los hermanos corintios. Este espíritu desinteresado es una consecuencia de la superabundante gracia de Dios (cf. “gracia” en 8:1, 9; 9:8), expresada de manera suprema en el ministerio del Señor Jesucristo (8:9). Esta sección acerca del dar concluye (9:15) donde comenzó (8:1), con la gracia de Dios. Gracias en 9:15 es la palabra j̱aris (“gracia, favor”). Los creyentes deben otorgar “favor” a Dios, porque ellos reciben favores de él. Su más grande don (dōrea) es la salvación eterna, las riquezas espirituales recibidas de su rico Hijo, quien se hizo pobre (8:9). Tal don es inefable (anekdiēgētō, “incapaz de relatarse o contarse plenamente”, se usa sólo aquí en el N.T.). Aquellos que se han beneficiado de un don espiritual así (proveniente de la gracia de Dios), no deberían dudar en beneficiar a otros con los dones materiales. Finalmente, los corintios terminaron esta obra y enviaron una ofrenda a Jerusalén (Ro. 15:26).
Deseos de mayordomía
Desde que los miembros de la iglesia de Jerusalén aprendieron a decir que nada de lo que poseían les pertenecía (Hechos 4:32), se dieron cuenta que Dios era dueño de todo y en consecuencia ofrendaron con liberalidad (Hechos 11:29).
La práctica pasó a otras congregaciones y todas aprendieron a conducirse como mayordomos fieles (2 Corintios 9:12–13) que operaban bajo la gracia de Dios (2 Corintios 8:1–7), por tanto, según el don recibido debemos ministrar a otros (1 Pedro 4:10) con humildad (1 Corintios 4:7).
CONCLUSION
El crecimiento de la iglesia exige una buena dosis de convicción de pecado por parte de todos nosotros. Spurgeon, solía predicar con vehemencia sobre el tema del siguiente modo: “¿Sabéis por qué tantos que profesan ser cristianos se parecen al terreno espinoso? Porque han omitido ciertos procesos. La obligación del labrador era arrancar las espinas o quemarlas allí mismo, cuando hay conversión debe ir acompañada de lo que llamamos convicción de pecado.
Ese gran arado, que es la angustia del alma, era usado para penetrar hasta lo profundo de ella. Pero ahora nos aturden los alardes de las salvaciones rápidas. En cuanto a mí creo en las conversiones instantáneas, me alegro de verlas; pero aún me alegro más, cuando veo una profunda obra de la gracia de Dios, un hombre sentido por el pecado, y una herida causada por la ley. Nunca nos libraremos de los espinos si usamos arados que solamente rascan la superficie. (Del pulpito al corazón, 250)
Comentário Biblico Matheu Henry
"CAPÍTULO 8
Pablo exhorta aquí a los corintios acerca de cierta obra de amor generoso: remediar las necesidades de los creyentes pobres de Judea. I. El apóstol les incita, con el buen ejemplo de los macedonios, a contribuir con generosidad al alivio de tal necesidad (vv. 1–6). II. Sigue urgiéndoles con otras razones al fiel cumplimiento de ese deber (vv. 7–15), y III. recomienda a las personas encargadas de llevar a Jerusalén la ofrenda (vv. 16–24).
Versículos 1–6
1. El apóstol aprovecha la ocasión del buen ejemplo de las iglesias de Macedonia para exhortar a los corintios a esta buena obra de amor.
1. «Y ahora, hermanos, quiero que conozcáis la gracia que Dios ha otorgado a las iglesias de Macedonia» (v. 1. NVI). Comenta R. Tasker: «La liberalidad de los macedonios es una expresión visible de la divina gracia que habían recibido, pues es el Espíritu Santo quien inspira a los cristianos, no sólo a dar espontáneamente, y aun más generosamente de lo que sus medios parecerían garantizar, sino a dar a personas a quienes nunca habían visto, solamente por reconocer que todos los creyentes son uno en Cristo».
2. Nótense las gloriosas paradojas del versículo 2 y compárese con el versículo 9. Los macedonios no sólo abuNótense las gloriosas paradojas del versículo 2 y compárese con el versículo 9. Los macedonios no sólo abundaban de gozo en medio de la tribulación, sino que ese gozo hizo que su extrema pobreza abundara en riquezas de generosidad hacia sus hermanos de Judea (v. 2). El apóstol les da testimonio (v. 3) de que llegaron a dar «más aún de lo que podían» y sin que nadie se lo pidiese, por propia libre decisión (gr. autháiretoi). No sólo eso, sino que, como seguramente se opondría Pablo, al ver la necesidad en que ellos mismos se encontraban, le rogaron insistentemente que les concediese (v. 4) el favor de compartir este servicio que (era) para los santos (lit.). Era un «favor» (gr. kháris) que ellos estimaban como una «gracia» (el mismo vocablo de los vv. 1, 9).
3. La generosidad de los macedonios estaba basada en buen fundamento (v. 5). No es extraño que superara la esperanza del apóstol. «Se dieron a sí mismos (se entregaron en cuerpo y alma) primeramente al Señor (a Cristo), y luego a nosotros por voluntad de Dios (porque eso era lo que Dios quería)». Una persona que se ha entregado sin reservas a Cristo, no conoce límites para su generosidad a favor de los hermanos. Comenta Tasker: «Pablo suponía que los macedonios habían ofrecido ya al Señor aquella sumisión sin la cual no puede haber en absoluto fe cristiana ni amor cristiano. Pero habían hecho algo más. Además de sus ofrendas, se habían puesto sin reservas en manos del apóstol para el servicio de Cristo, y consideraban esta sumisión como asunto de suprema importancia». En efecto, sin verdadero amor a Dios y al prójimo, el reparto de todos los bienes entre los pobres no le aprovecha en nada al generoso dador (v. 1 Co. 13:3).
4. El apóstol les dice que, animado por la generosidad de los macedonios y seguro de las buenas disposiciones de los corintios (v. 6), había exhortado a Tito a que llevase a feliz término entre ellos la colecta (lit. la gracia), tal como había comenzado antes. Aunque Pablo no especifica dónde había Tito comenzado a hacer la colecta, se supone que se refiere a la propia iglesia de Corinto, al ser menos probable la opinión de algunos de que podría tratarse de la forma como había comenzado a realizarla en otros lugares; por ejemplo, en la misma Macedonia. En todo caso, era una medida de prudencia encargar de llevar a feliz término una colecta a la misma persona que con tan buen resultado la había comenzado allí mismo o en otros lugares.
Versículos 7–15
1. Les urge ahora a que consideren la abundancia que han mostrado en toda clase de virtudes (y, especialmente, en dones), a fin de que abunden también en la generosidad para con los hermanos necesitados (v. 7). Cuando se desea alguna buena obra de parte de una persona, es buena táctica elogiarla por las cosas buenas que ya lleva hechas. ¿A quién no le agrada y le estimula un cumplido sincero, sin mezcla de insincera adulación, especialmente cuando se le va a pedir un favor? Entre las cosas en que abundaban los corintios, Pablo menciona en primer lugar la fe, porque es la raíz de todas las demás gracias. Los que abundan en fe, abundarán también en buenas obras. A la fe añade palabra, es decir, capacidad para dar expresión a la verdad cristiana; muchos que tienen verdadera fe carecen de habilidad para expresarla. Abundaban igualmente en conocimiento, en facilidad para entender, y también en toda diligencia, esto es, en vigor y celo para desarrollar las actividades que son necesarias en una comunidad cristiana; esto no es muy corriente, pues los mejores habladores no suelen ser los mejores hacedores. Finalmente, sentían afecto hacia los ministros de Dios.
2. Para prevenirles contra cualquier sospecha de imposición autoritaria, Pablo les dice que no impone eso como un precepto (v. 8), sino que se limita a dar su opinión (v. 10), que es, a la vez, como un consejo fundado sobre dos bases: la utilidad que de su generosidad se deriva para ellos mismos, y la conveniencia de llevar a feliz término algo que ellos mismos habían comenzado antes (desde el año pasado, dice), no sólo a querer (gr. thélein, desear; el mismo verbo de 1 Ti. 2:4), sino también a poner por obra, la colecta. En efecto, las buenas intenciones no son de despreciar, pues son como brotes y capullos que dan esperanzas de flores y frutos, pero de nada sirven sin llevarlas a feliz término del modo que más agrada a Dios (v. 12), quien, con tal de que quien da lo de de buena gana, lo acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. Recuérdese cómo alabó el Señor a la viuda que había echado en el tesoro del templo todo cuanto tenía, todo su sustento (Mr. 12:43, 44).
3. El motivo principal era el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo (v. 9. Nótese, una vez más, la acumulación de epítetos). Si el dar de buena gana, por amor a Dios y al prójimo, es una gracia, conforme a todo el contexto anterior, ¿qué gracia podrá compararse con la de nuestro Señor Jesucristo, «que por amor a vosotros se hizo pobre (comp. Fil. 2:6–9), siendo rico antes de la fundación del mundo, al compartir las infinitas riquezas de Dios en el seno del Padre (Jn. 1:18; 17:5), para que vosotros fueseis enriquecidos (comp. con Ro. 8:17; Ef. 1:3–8) con su pobreza», esto es, precisamente por medio de su humillación que le llevó hasta la muerte en Cruz para obtener nuestra redención. Si Cristo dio su vida por nosotros, pecadores, enemigos suyos, ¿qué podrá negar un creyente a sus hermanos en la fe? (v. 1 Jn. 3:16–18). «Al leer este versículo, dice Tasker, el cristiano no puede olvidar el objetivo de la encarnación. El Señor fue manifestado en carne para quitar el pecado (1 Jn. 3:5), y el quitar el pecado implicaba tomar sobre Sí el papel del Siervo sufriente y llegar a ser el Hijo del Hombre que no tenía dónde reclinar Su cabeza (Lc. 9:58) y que había de morir sin poseer ni una sola cosa».
4. El apóstol apoya su argumento final en la necesidad de una distribución equitativa de bienes y en la versatilidad de los asuntos de los hombres (vv. 13–15). La comunión característica de los creyentes (v. Hch. 2:42; 4:32, etc.) requiere cierto equilibrio en el disfrute de toda clase de bienes, sin descartar los bienes materiales (v. 14), de forma que la abundancia de unos supla la indigencia de otros y, si cambian las circunstancias, «la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra». Pablo lo ilustra (v. 15) con una cita de Éxodo 16:18, donde se dice del maná «y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer». El hecho de que el apóstol eche mano precisamente de esta cita da a entender que, puesto que toda buena dádiva desciende del Padre de las luminarias (Stg. 1:17), es deseo de Dios que sus hijos aprendan a compartir generosamente lo que Él mismo les envía.
Versículos 16–24
1. Con una expresión de gratitud a Dios (v. 16), Pablo elogia a Tito por haberle puesto Dios en el corazón la misma diligencia, el mismo celo a favor de los corintios, que el propio apóstol albergaba en su corazón. Estaba presto a partir para Corinto, no sólo por la exhortación de Pablo (v. 17), sino también por el deseo que él mismo sentía espontáneamente de ir a ellos, por lo cual puso en ello todavía mayor diligencia. Los aoristos griegos éxelthen («partió») y sunepémpsamen («enviamos juntamente», v. 18) parecen indicar que Tito y sus acompañantes ya se habían puesto en camino, pero la mayoría de los autores los toman como «aoristos epistolares», e indica que estaban a punto de partir.
2. Para acompañar a Tito en el viaje, Pablo menciona a otro hermano en la fe (v. 18) y, después (vv. 22, 23), a un tercero, a quien también llama «nuestro hermano». Del primero dice (v. 18b) «cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias». Esto indica que dicho hermano era conocido en todas las iglesias como predicador del Evangelio, lo cual, según Tasker, no cuadra bien con lo que sabemos de Lucas. Sin embargo, la mayoría de los autores lo identifican con él, puesto que sólo Lucas, entre los que se nombran en Hechos 20:4, había partido de Filipos, mientras que los demás procedían de Berea y de Tesalónica. A esto se añade el testimonio del propio Lucas, quien se cuenta a sí mismo en primera persona de plural en dicha porción de Hechos 20:4–6. Se ha de descartar a Timoteo, por estar con Pablo (1:1) en el momento de redactar la Epístola. Más difícil es la identificación del otro hermano. Se le suele identificar con Apolos, pero no tenemos ninguna clave que nos permita hacerlo con seguridad ni en el caso de Lucas ni en el de este otro acompañante de Tito. No sabemos por qué no los mencionó Pablo por su nombre, pero lo cierto es que los destinatarios de la Carta debían de saber bien a quiénes se refería.
3. Para prevenirles contra cualquier rumor o sospecha (v. 20) de que Pablo y sus colaboradores no actuaban con integridad o con imparcialidad, el apóstol deja bien claro que el hermano al que alude en el versículo 18 había sido designado por las iglesias para acompañarle a él mismo en el viaje para entregar en Jerusalén la colecta (v. 19), a la que llama literalmente «gracia», como ha hecho en el contexto anterior. Testifica asimismo de su rectitud de intención en la administración de la ofrenda, pues sólo piensa en que sea «para gloria del Señor mismo y para demostrar nuestra (no, vuestra) buena voluntad» (gr. prothymían; más bien, «prontitud de ánimo»), y añade (v. 21): «porque nos esmeramos en hacer lo que está bien (gr. takalá, lo digno, excelente, etc.), no sólo a los ojos del Señor, sino también a los ojos de los hombres» (NVI).
4. Concluye con una descripción elogiosa de los hermanos que ha mencionado (v. 23), por lo que les exhorta a mostrar su generosidad hacia estos mensajeros de las iglesias, a fin de que ellos mismos y las iglesias que los envían, puedan ver una prueba del amor de los creyentes de Corinto y de las buenas razones que el apóstol tenía para gloriarse respecto de ellos (v. 24). (1648)
2 Corintios 8
"Para estimular a la iglesia relativamente rica de Corinto, Pablo les pone como ejemplo a las iglesias de Macedonia. Estas fueron establecidas por el apóstol en su segundo viaje misionero y estaban en Filipos, Tesalónica y Berea. Ellas eran el objeto de la gracia de Salvadora de Dios y por eso ejercían la gracia de ofrendar.
Pablo usa la palabra gracia (caris) diez veces en 2 Corintios 8 y 9. En 8:4 se traduce “privilegio”, en 8:6 “obra de gracia”, y en 8:19 “donativo”. Es claro que usa el término para referirse a la ayuda monetaria. El que participa de la salvación por gracia debe de ofrendar en gratitud motivado por ese favor inmerecido. Esta regla incluye al que quiere tener éxito en el ministerio." (Estudios Bíblicos ELA, 80)
"A pesar de esas circunstancias, los macedonios ofrendaban. La pobreza y la persecución no son excusas válidas para dejar de contribuir a la causa del Señor. La ofrenda tiene también una triple descripción.
Fue generosa, v. 2d. “Abundaron en riquezas de su generosidad”. Esta última palabra se vierte “liberalidad” en 9:11 y 13. Quiere decir literalmente “con sencillez o simplicidad”. Esta palabra tiene que ver primeramente con la actitud con que daban. La única motivación que poseían era socorrer a los hermanos necesitados. No buscaban alabanza para sí mismos. Con el paso del tiempo, la palabra adquirió matiz de cantidad. La suma de la contribución era grande comparada con su profunda pobreza. Esto nos enseña que también los pobres pueden ser generosos.
Fue voluntaria, v. 3a. Habían dado “con agrado”. Pablo no tuvo que presionarlos o rogarles para que dieran. Su ofrenda era completamente voluntaria. “Con agrado” en el versículo 3 y “propia voluntad” del 17 son traducciones de la misma palabra griega. En el contexto Pablo usa otra palabra cuatro veces para indicar que la ayuda debía ser voluntaria. En el versículo 11 se traduce “prontos a querer”, en el 12 “voluntad dispuesta” y en 8:19 y 9:2 “buena voluntad”. La enseñanza es clarísima, nuestras ofrendas han de ser voluntarias.
Fue sacrificial, v. 3b–4. Dieron según sus fuerzas, y más allá de ellas (v. 3b). Ofrendaron lo que pudieron dar humanamente hablando, y después dieron lo que no podían dar. Siguiendo el ejemplo de David, no ofrecían al Señor lo que no les costaba nada (2 Samuel 24:24).
El sacrificio era tal, que Pablo no quería recibir su ofrenda. Tomando en cuenta su situación, el apóstol consideraba el sacrificio demasiado grande y se rehusaba a aceptar su donativo; no lo hizo sino hasta después de escuchar sus muchos ruegos. Le insistieron en que recibiera la ofrenda a pesar del sacrificio que representaba. Consideraban que privarse de sus pocos bienes era un privilegio. De esta manera demostraban la comunión que existía entre ellos y los santos necesitados de Judea. Esta es una forma correcta de servir a los hermanos desconocidos (v. 4)." (Estudios Bíblicos ELA, 81)
"Qué fue lo que los motivó a dar a pesar del sacrificio que representaba? Todo surgió de su entrega total al Señor. “A sí mismos se dieron primeramente al Señor”. El resultado de esta dedicación fue la ofrenda dada, “y luego a nosotros”. Se dieron cuenta de que la contribución para las necesidades de los santos era parte íntegra de “la voluntad de Dios”. Cuando un creyente está totalmente consagrado al Señor no tendrá problemas con la mezquindad. Más bien, estará presto para colaborar cuando se presente la necesidad." (ELA, 82)
INSTRUCCION ACERCA DE LA OFRENDA 8:6–15
La instrucción de Pablo no fue por medio de mandatos autoritarios que los hermanos tenían que obedecer (v. 8). La verdad es que en el griego existe un solo imperativo en los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios. Se encuentra en 8:11, “llevad … a cabo”. Más bien, su método es la exhortación (8:6, 17; 9:5) y el consejo (8:10–15).
La exhortación de Pablo 8:6–9
A Tito, v. 6. La primera exhortación se dirige a Tito. Durante el tiempo que permaneció en Corinto, antes de encontrarse con Pablo en Macedonia (2:12–13; 7:5–6), Tito había dedicado parte de su tiempo a recolectar la ofrenda para los santos. Ahora, el apóstol lo exhorta a regresar a Corinto para terminar de recogerla. El comisionado aceptó la sugerencia y por su propia voluntad (v. 17) decidió regresar a concluir el trabajo que había comenzado.
A los corintios, vv. 7–9. Las exhortaciones a los corintios encierran tres principios que nos pueden ayudar a decidir sabiamente en relación con nuestras ofrendas:
1. Que sean abundantes, v. 1. Pablo elogia a los corintios porque eran poseedores de una abundancia de dones y de frutos del Espíritu Santo (compare 1 Corintios 1:5–7). Ahora les tocaba ser abundantes en sus ofrendas (“esta gracia”).
2. Que sean una manifestación de su amor, v. 8. El amor sincero hacia el Señor, hacia Pablo, y a los hermanos necesitados sólo podía expresarse concretamente por medio de las ofrendas; no la cantidad, sino la calidad. El que no ofrenda, no ama. El donativo es la evidencia del amor (v. 24).
3. Que sigan el ejemplo de Cristo, v. 9. No podemos olvidarnos del sacrificio hecho por Cristo al abandonar la gloria y venir a este mundo. Se hizo tan pobre como los macedonios y murió por nosotros en sacrificio por nuestros pecados. Este texto, Juan 1:14 y Filipenses 2:6–8, son los textos claves sobre la doctrina de la encarnación de Cristo. Su sacrificio fue completo. ¿Qué de nuestro sacrifício?
El consejo de Pablo 8:10–15
Son cuatro los consejos que el apóstol da a los corintios:
Terminen lo que comenzaron, vv. 10–11. “Desde el año pasado” los corintios habían decidido participar en la ofrenda y habían comenzado a apartar sus contribuciones, pero con el tiempo habían perdido el ánimo. La frase cronológica no es tan definida como quisiéramos que fuese. Los expertos dicen que puede significar tan poco como “desde hace un mes”, como podría significar hasta 23 meses antes. Sea cual fuere el lapso, ya era tiempo de cumplir con la promesa.
Ofrenden voluntariamente, v. 12a. La voluntad tiene que estar dispuesta.
Ofrenden proporcionalmente, v. 12b. La contribución ha de estar de acuerdo con lo que uno tiene (v. 12b), o conforme a lo que uno tenga (v. 11c). Primera Corintios 16:2 enseña que la ofrenda debe de estar de acuerdo con la prosperidad que el Señor ha enviado. A mayor prosperidad, se demanda mayor ofrenda. Del que tiene poco, se espera poco. El principio general es:
NO OFRENDAS IGUALES SINO
SACRIFICIOS IGUALES
Recuerden la reciprocidad, vv. 13–15. La expresión igualdad en estos textos no se refiere a que todos tengan la misma cantidad, sino iguales oportunidades. La meta no es empobrecer a algunos y enriquecer a otros, sino suplir la necesidad de todos.
Cuando Pablo escribió estas palabras, los santos de Judea necesitaban la ayuda de los corintios. Veinte años después, un terremoto hizo estragos en Corinto y los corintios necesitaron del socorro de los judíos. A veces somos objeto de la caridad y a veces somos sus sujetos. A quienes ayudo ahora estarán dispuestos a ayudarme en el futuro porque somos iguales.
LA ADMINISTRACION DE LA OFRENDA 8:16–24
Pablo termina este capítulo con algunas enseñanzas acerca de la forma en que fue administrada la ofrenda para los santos. Esta es el área donde más fallamos en nuestras iglesias. ¡Cuántas de ellas sufren por el mal manejo de sus fondos! Aprendamos del apóstol Pablo algunos principios que nos ayudarán a no tener problemas de esta índole.
Que varios hermanos se encarguen de ellas vv. 16, 18, 22
Pablo envió a Tito (vv. 16–17) y con él a un segundo hermano (vv. 18–21), y con ellos a un tercero (v. 22). Así que había tres hermanos responsables de la buena administración de la ofrenda. ¡Cuidado con tener a un solo creyente manejando las finanzas! Note también que Pablo, el líder principal, no se incluía en el comité financiero.
Que tengan las cualidades de esos tres
Sean voluntarios, v. 17. Que no se designe a hermanos que no quieran ejercer este ministerio. Si sirven a la fuerza no van a realizar un been trabajo.
Sean solícitos o diligentes, vv. 16, 17, 22. La misma palabra griega se encuentra en todos los textos y su idea central es la de ser celoso. Los que manejan los fondos tienen que ser celosos de realizar bien su trabajo. Este ministerio debe ser una de las preocupaciones principales de sus vidas.
Sean conocidos y respetados, v. 18. Su “alabanza en el evangelio” debe ser conocida. Tienen que tener buen testimonio entre las iglesias.
Sean designados por la iglesia, vv. 18, 19, 23, 24. Es interesante notar el énfasis que Pablo pone en “las iglesias”. Varias congregaciones participaron en el nombramiento de los encargados de llevar la ofrenda a Judea. En nuestro contexto tenemos que estar seguros de que los hermanos de la iglesia tienen confianza en los designados, porque si esta confianza no existe, no ofrendarán como deben de hacerlo.
Que tengan en mente los propósitos de la buena administración 8:19–21
Pablo expone por lo menos cuatro propósitos de la buena administración de las ofrendas
Para gloria del Señor mismo, v. 19. Si las ofrendas son mal administradas, el nombre del Señor será blasfemado en vez de glorificado.
Para demostrar la buena voluntad de los donantes, v. 19. Se sabe que había algo de animosidad entre los creyentes gentiles, los donantes, y los hermanos judíos, receptores del donativo. Este serviría para demostrar a los judíos creyentes que en realidad los gentiles les amaban en el Señor.
Para evitar la censura, v. 20. Los opositores de Pablo en Corinto le acusaban de apropiarse de parte de las ofrendas para su uso personal. Por eso no aceptaba la remuneración de parte de la igleisa (12:14–18). El nombramiento de varios administradores evitó que siguieran esas acusaciones.
Para hacer todo honradamente, v. 21. El propósito de Pablo era que todos los involucrados demostraran que eran “intachables” no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres.
Este versículo comienza con la palabra “procurando”. Este verbo significa “pensar con anticipación”, Hoy día usaríamos la palabra “planear”. Para lograr esta meta, tiene que haber un programa bien planeado en cuanto al manejo de los fondos de la iglesia.
¿Qué relación hay entre las ofrendas y el ministerio eficaz? No puede existir éste sin aquellas. Todo ministerio eficaz tiene que tener suficientes recursos materiales. El siervo exitoso es el que personalmente sigue el ejemplo de los macedonios, instruye a sus seguidores en cuanto a los principios bíblicos respecto a las ofrendas, y se asegura de que todos los fondos sean bien administrados. El ministro eficaz siempre procura “hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” (v. 21).
El Dador Alegre
2 Corintios 9:1–15
El capítulo ocho comenzó con el ejemplo de los macedonios. Pablo se valió de él para animar a los corintios a cumplir con su promesa de contribuir para socorrer a los santos pobres de Judea. El capítulo nueve también comienza dando un cjemplo.
EL EJEMPLO DE LOS CORINTIOS 9:1–5
Cronológicamente. Pablo ya había puesto a los corintios como ejemplo cuando animó a los macedonios a ofrendar (v. 2). Después (8:1–5), utilizó a los macedonios como modelo para estimular a los corintios a cumplir con el donativo que habían prometido. El valor del ejemplo es incalculable.
La confianza de Pablo en los corintios 9:1–2b
A pesar de los problemas que existían entre el apóstol y sus hijos espirituales de Corinto, él nunca perdió la confianza en ellos. Aunque esta palabra no se encuentra sino hasta el final del versículo cuatro, el concepto se expresa en los primeros dos versículos del capítulo.
En su aprendizaje, v. 1. Pablo escribe que sería superfluo volver a darles toda la instrucción acerca de la ofrenda para los santos. Durante su primera visita les había enseñado respecto a ese asunto. Parece que los hermanos no entendieron bien su explicación y le pidieron una aclaración (1 Corintios 7:1; 16; 1), por lo que el apóstol les dio instrucciones detalladas en 1 Corintios 16:1–4. Pero explicárselos otra vez sería por demás. Sólo les faltaba poner en práctica lo aprendido.
En su disposición, v. 2a, El apóstol sabía que los hermanos actuaban de buena voluntad y que habían comenzado a reunir la ofrenda con mucho entusiasmo. Los corintios todavía conservaban esa disposición y en ella confiaba Pablo.
En su ejemplo, v, 2b. Esa buena voluntad fue la base de la jactancia de Pablo ante los macedonios. Cuando escribió 2 Corintios todavía se gloriaba en ella (usa el tiempo presente, “me glorío”). Desde el año anterior, el apóstol había usado el ejemplo de la buena disposición de los corintios. Y, ¿cuál fue el resultado?
El fruto del ejemplo 9:2b
La jactancia de Pablo dio el resultado deseado. El celo de los corintios había servido como estímulo a los macedonios, y la mayoría de ellos siguió el ejemplo dado. Este resultado se describe en 2 Corintios 8:1–5.
La preocupación de Pablo 9:3–4
Aun en medio de su confianza, el apóstol expresa preocupación. Tito le había dado la noticia de que los corintios habían comenzado bien, pero que ya no estaban tan animados. Se habían desalentado, y las ofrendas habían bajado notablemente. El apóstol denota inquietud en dos áreas:
De que no estuviesen preparados, v. 3. Si ésto resultara ser verdad, entonces el ejemplo puesto por Pablo quedaría sin validez para la región de Macedonia (“en esta parte”). Por esa razón, él les había dicho repetidamente que estuvieran preparados. La intención no bastaba, tenían que cumplir y apartar su ofrenda completa.
De que fuesen avergonzados, v. 4. ¡Qué vergüenza sería si llegara Pablo con algunos macedonios y encontraran que su donativo no estaba preparado! Se había gloriado tanto en ellos y su buena voluntad de ofrendar, que su confianza defraudada causaría una gran vergüenza primeramente a Pablo y después a los corintios.
CUIDEMOS DE NO DEFRAUDAR LA
CONFIANZA QUE SE PONE EN NOSOTROS
La sabiduría de Pablo 9:5
Con el fin de evitar esta posibilidad, el apóstol despachó a Tito y sus dos compañeros (8:16–24). Esta fue una acción muy sabia. El ministerio de los tres estimularía a los corintios a cumplir con su promesa en forma generosa.
Las palabras “generosidad” en este versículo y “generosamente” en el que sigue, son traducción de un vocablo griego del cual derivamos nuestra palabra “elogio” que significa “palabras de alabanza”. En este contexto, la traducción más correcta es “bendición”. Las ofrendas se constituyen en bendiciones para quienes las reciben. La meta debe ser producir bendición abundante por medio de donativos generosos.
Su sabiduría evitaría que llegara a Corinto para exigir que ofrendaran. El vocablo “exigencia” puede traducirse “codicia”. El quería eliminar toda posibilidad de que lo acusaran de ser codicioso o avaro.
EL PRINCIPIO DE LA SIEMBRA 9:6–11
Tanto en el terreno moral (Gálatas 6:7–8) como en el material, el principio es válido: cosechamos lo que sembramos y hay relación proporcional entre ambos. El que mucho siembra, mucho siega y el que poco siembra, poco siega.
Su declaración 9:6
Este texto contiene la enunciación clara y concisa del principio. Es tan obvio su significado que el apóstol no necesita comentar nada. El que es tacaño en ofrendar cosechará pocas bendiciones, pero el que siembra muchas bendiciones segará lo correspondiente. Nosotros mismos determinamos cuánta bendición recibiremos del Señor.
Su explicación 9:7–11
Aunque el principio es sencillo y no requiere explicación en sí, hay algunos puntos que Pablo tiene que elaborar. Comienza hablando de los dadores (v. 7) y después, del Dios de ellos (vv. 8–11).
Los dadores, v. 7. Pablo aclara por lo menos tres cosas acerca de los que ofrendan:
1. ¿Quiénes deben ofrendar? La respuesta es sencilla, “cada uno”. No sólo los padres, sino también los hijos. Los ricos y los pobres. Cada creyente como individuo tiene el deber de dar.
2. ¿Cuánto se debe ofrendar? “Como propuso en su corazón”. Bajo la gracia, cada quien tiene la libertad de dar la cantidad que quiera. Bajo la ley, estaban obligados a dar el diezmo más otras ofrendas, pero ya no es así en nuestra época. Alguien ha dicho muy acertadamente que dar menos del diezmo estando bajo la gracia sería una desgracia. La cantidad debe fijarse con anticipación para que no preguntemos a la hora de ofrendar: “¿cuánto voy a dar?”.
3. ¿Cómo se debe ofrendar? Pablo enseña primeramente que hay que ofrendar voluntariamente. Esto se ve en las frases “como propuso” y “no por necesidad”. Antes había dicho: “no como exigencia” (v. 5).
En segundo lugar, hay que dar alegremente. “No con tristeza” (de mala gana), sino con alegría. La palabra más enfática en la última frase es “alegre”, la cual en el texto original está al principio y no final como en el nuestro. Hemos de compartir nuestros bienes en esta forma “porque Dios ama al dador alegre”. ¿Es que no ama al que da con tristeza? No. Pero el que da alegremente es objeto de una porción especial del amor que el Señor tiene para los suyos.
EL PRINCIPIO DE LA SIEMBRA 9:6–11
Tanto en el terreno moral (Gálatas 6:7–8) como en el material, el principio es válido: cosechamos lo que sembramos y hay relación proporcional entre ambos. El que mucho siembra, mucho siega y el que poco siembra, poco siega.
Su declaración 9:6
Este texto contiene la enunciación clara y concisa del principio. Es tan obvio su significado que el apóstol no necesita comentar nada. El que es tacaño en ofrendar cosechará pocas bendiciones, pero el que siembra muchas bendiciones segará lo correspondiente. Nosotros mismos determinamos cuánta bendición recibiremos del Señor.
Su explicación 9:7–11
Aunque el principio es sencillo y no requiere explicación en sí, hay algunos puntos que Pablo tiene que elaborar. Comienza hablando de los dadores (v. 7) y después, del Dios de ellos (vv. 8–11).
Los dadores, v. 7. Pablo aclara por lo menos tres cosas acerca de los que ofrendan:
1. ¿Quiénes deben ofrendar? La respuesta es sencilla, “cada uno”. No sólo los padres, sino también los hijos. Los ricos y los pobres. Cada creyente como individuo tiene el deber de dar.
2. ¿Cuánto se debe ofrendar? “Como propuso en su corazón”. Bajo la gracia, cada quien tiene la libertad de dar la cantidad que quiera. Bajo la ley, estaban obligados a dar el diezmo más otras ofrendas, pero ya no es así en nuestra época. Alguien ha dicho muy acertadamente que dar menos del diezmo estando bajo la gracia sería una desgracia. La cantidad debe fijarse con anticipación para que no preguntemos a la hora de ofrendar: “¿cuánto voy a dar?”.
3. ¿Cómo se debe ofrendar? Pablo enseña primeramente que hay que ofrendar voluntariamente. Esto se ve en las frases “como propuso” y “no por necesidad”. Antes había dicho: “no como exigencia” (v. 5).
En segundo lugar, hay que dar alegremente. “No con tristeza” (de mala gana), sino con alegría. La palabra más enfática en la última frase es “alegre”, la cual en el texto original está al principio y no final como en el nuestro. Hemos de compartir nuestros bienes en esta forma “porque Dios ama al dador alegre”. ¿Es que no ama al que da con tristeza? No. Pero el que da alegremente es objeto de una porción especial del amor que el Señor tiene para los suyos.
OFRENDEMOS VOLUNTARIA Y ALEGREMENTE
El Dios de los dadores, vv. 8–11. Según Pablo, el Señor es poderoso hoy, ayer y para siempre. Por ello, puede hacer dos cosas para sus hijos que se desprenden de sus bienes:
1. Hace que su gracia abunde en ellos, vv. 8–9. Esta promesa incluye la gracia de dar. Los macedonios abundaban en ella (8:1, 6–7) y nosotros podemos hacerlo también. Fíjese bien en la promesa divina: “teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente”. Al que reparte liberalmente el Señor promete suplir todas sus necesidades (Filipenses 4:19). ¿Con qué propósito hace esto? A fin de que … “abundéis para toda buena obra”.
En otras palabras, él nos llena de ricas bendiciones materiales para que podamos ser generosos en ofrendar, no para quedarnos con los bienes. En el versículo 9 cita el Salmo 112:9 como respaldo bíblico para lo enseñado en el versículo 8. El que ofrenda liberalmente para ayudar a los pobres tiene la seguridad de que Dios siempre se acordará de su sacrificio. La justicia mencionada en los versículos 9 y 10 es equivalente de la buena obra del versículo 8. Ambos conceptos tienen que ver con nuestras ofrendas.
2. Provee abundantemente todo lo que necesitan, vv. 10–11. No tendrán que preocuparse por semilla ni pan. Proporcionará todo cuanto necesiten. Los colmará de todo tipo de bendición cuando sean fieles en sembrar la justicia. Los frutos de sus ofrendas se equiparan con la siega generosa del versículo 6. ¿Con qué fin multiplica su sementera? “Para que estéis enriquecidos en todo para todo liberalidad”. Dios los enriquece para que puedan tener con qué ofrendar generosamente.
El Señor siempre nos capacita para sembrar generosamente y después nos colma de múltiples bendiciones con el fin de que podamos sembrar más abundantemente. Cuando somos fieles en plantar la semilla de ofrendas para los santos necesitados, siempre se produce acción de gracias a Dios de parte de los beneficiados. Al fin y al cabo el propósito de todo el proceso es la gloria de Dios y no la de los donadores.
RESULTADOS DE LA OFRENDA 9:12–14
Cuando hay ofrendas liberales y generosas que surgen de la buena voluntad de uno, siempre habrá resultados muy preciosos. Esta porción enseña que hay frutos que afectan a los receptores, a Dios, y a los dadores.
Los receptores 9:12a
El resultado más obvio es que por medio de los donativos se suplen las necesidades materiales de quienes los reciben. Lo que les faltaba a los santos menesterosos de Judea sería suplido por la “ministración de este servicio”. La palabra “servicio” es traducción del vocablo griego del cual se deriva nuestra palabra “liturgia”. Es un acto de adoración y servicio a Dios. El contribuir materialmente para aliviar las penas de nuestros hermanos necesitados es, desde la perspectiva divina, un acto de adoración a nuestro Señor.
Nuestro Dios 9:12b–13
Hubo dos productos de las ofrendas que se relacionaron directamente a nuestro Dios. En ambos casos fueron los receptores quienes actuaron.
Dieron gracias al Señor, v. 12b. Es interesante notar que no dan gracias a los donadores sino a Dios, quien les había dado la gracia de dar. Sus acciones de gracias son abundantes. Este resultado también se menciona en el versículo 11.
Glorificaron al Señor, v. 13. Las ofrendas servían de prueba (significado literal de “experiencia”) de la obra de Dios en la vida de los dadores. Glorificaron al Señor por la evidencia de que él estaba haciendo una labor en sus vidas. Sus contribuciones confirmaban su obediencia al evangelio. Se sometían a la voluntad de Dios y por ello ofrendaban generosamente. También servían de prueba de su liberalidad en el uso de los bienes que el Señor les había conferido.
“Contribución” es la traducción de la palabra “koinonía”, y se traduce como “de participar” en 8:4 y “una ofrenda” en Romanos 15:26. Su donativo demostraba la “koinonía”, (comunión) que existía entre las iglesias gentiles y la judía de Palestina.
Los dadores 9:14
Los receptores también reaccionaron positivamente hacia los donadores en dos formas:
Oraron por ellos, v. 14a. Los macedonios y corintios se habían sacrificado para ayudar a los necesitados. Habiendo recibido sus ofrendas, éstos se dedicaron a la oración para que Dios supliera lo que les faltaba por causa del sacrificio hecho. Es probable que también pidieran por el bienestar total de las iglesias gentiles.
Les dieron su amor, v. 14b. Literalmente, tuvieron un fuerte deseo para con ellos provocado por la superabundante gracia de Dios en ellos.
En resumen, hemos visto que hay cinco resultados preciosos:
LAS OFRENDAS:
1. SUPLEN NECESIDADES
2. GENERAN ACCIONES DE GRACIAS A DIOS
3. TRAEN GLORIA A DIOS
4. PROVOCAN LA ORACION
5. ESTIMULAN AL AMOR
GRACIAS A DIOS POR SU DON INEFABLE! 9:15
Pablo termina su exposición acerca de las ofrendas con esta exclamación fantástica. Es probable que el don que tiene en mente es el mismo Señor Jesucristo y su muerte por nosotros. No hay suficientes palabras en el vocabulario humano para describir este don: es inefable. En el capítulo 8, versículo 9, el apóstol hizo alusión a este don divino. (97)
Modelos de contribuição
Preocupado com um símbolo efetivo de unidade entre as igrejas de judeus e as de gentios (Ro. 15:25, 26) e em socorrer irmãos em pobreza genuína (Gl. 2:10) Paulo precisa fazer aqui exatamente o que evitou da modo tão zeloso em seu ministério (1Cor 9) - solicitar uma contribuição financeira- Embora, anteriormente tenha informado aos Coríntios essa necessidade (1Cor 16:1-3), alguns talvez se sentissem ofendidos diante do que lhes pareceria uma incoerência. Haviam desejado que paulo aceitasse uma remuneração como mestre de filosofia comum, em vez de se sustentar como artesão de baixo status. (12:13 Cf 1Cor 9). Ao se identificar com os pobres da congregação, Paulo havia arriscado se afastar dos amigos Coríntios prósperos, que desprezavam os artesãos. Paulo então defende a coleta nos capítulos 8-9.
8.1 Os autores morais costumavam oferecer exemplos de vida positivos. Os oradores públicos usavam uma técnica retórica comum chamada comparação, com a qual buscavam com frequência incentivar os ouvintes a competição moral. A rivalidade cívica era comum, e muitos oradores incluindo Paulo, estavam dispostos a recorrer a rivalidade existente entre as cidades antigas e entre outras regiões geográficas para estimular os ouvintes para uma vida de maior zelo. Um exemplo desse tipo de rivalidade é a que existia entre Macedonia e Corinto. Nos documentos comerciais, o termo que aqui costuma ser traduzido por graça (8: 1,4,6,7, 19; 9:14 cf 8:9; 9:8,15) também pode referir-se à generosidade do benfeitor, ao presente em si, ou a gratidão (cf 8:16; 9:15)
8.2 Alguns aristocratas greco-romanos ridicularizavam pessoas que viviam de forma simples, outros autores, contudo, louvavam o modo de vida simples, que permitia aos que o adotavam fazer doações generosas. Filippos, na Macedonia, era cidade próspera; mas essa prosperidade, não havia chegado até os pobres, que em muitos casos eram desempregados. Além disso, é possível que a perseguição e o ostracismo estivessem intensificando as dificuldades financeiras dos cristãos Filipenses.
8.3 Cada um era responsável por fazer doações de acordo com sua condições (Êx 35:24; Dt 15:14) mas os macedônios foram além dessa regra. Expressões como "na medida dos seus bens" ate mesmo acima (de seus bens) eram comuns em referencia a ações de benfeitoria.
8.4,5 O termo traduzido por "assistência" era usado com sentido Tecnico, em documentos comerciais da época de Paulo, em referência a uma parceria. Também poderia remeter a instituição romana de comércio conhecida como societas, em que os membros se comprometiam por contrato Que supriam o que fosse necessário para alcançar seu objetivo. Quer Paulo esteja pensando nessa "parceria" em sentido oficial, que não, está claro que os macedônios consideravam o apoio financeiro, assim como a hospitalidade, um privilégio. O judaísmo usava o termo traduzido por assistência tecnicamente, em referência à distribuição de esmolas aos pobres.
8.6 Tito havia mencionado a questão do apoio, bem como da carta severa, quando esteve entre eles. Como Tito agora havia feito seu relatório a Paulo, a preocupação do apóstolo quanto a se os Coríntios estavam prontos (9.3) provavelmente indica que não estavam. As inscrições com frequência louvavam o benfeitor por completar um projeto que havia se comprometido a realizar.
8.7 Os Coríntios têm dons espirituais importantes (1Cor 1:5-7; 12.28) e outras expressões da obra de Deus entre eles. Paulo usa o louvar como base para a exortação, como os moralistas costumavam fazer. O autor poderia remeter ao amor do leitor por ele para exorta-lo algo que beneficiaria ó próprio leitor (Frontão, Ad M. Caesarem 5.1)
Caso Paulo se refira ao amor de seu círculo pelos Coríntios, as declarações de amor superlativas eram uma forma de manifestar afeto. (p. ex. Cicero Epistulaé ad familiares 2.3.2; 13.1.5; 13.45.1)
8.8 Os contribuintes, na antiguidade, eram muitas vezes obrigados a financiar obras públicas (contribuições que as vezes arruinava financeiramente o indivíduo cuja renda na verdade era menor do que oficialmente declarada), o orador ou autor, ao solicitar contribuição, não podia deixar de enfatizar a natureza voluntária da contribuição (mestres judeus de período posterior chegaram a ponto de acusar os sujeitos que faziam coletas de doações, ainda que o fizessem com o fim de distribuição caridosa, de "oprimir os pobres". Paulo alude a técnica retórica de comparação que empregou. (8.1)
8.9 Os moralistas costumavam remeter a pessoas de conduta exemplar. Paulo usa o exemplo supremo nesse sentido. Insistindo em que os Coríntios cristãos deveriam seguir o exemplo de Cristo ao usar sua prosperidade para enriquecer os pobres. Assim como os autores judeus e não judeus da época. Paulo é capaz de usar termos referentes a riqueza tanto em sentido figurado como literal, isto é, por meio da provisão de uns para com os outros (8.14) Os antigos respeitariam o indivíduo que permanecesse pobre para enriquecer outros (cf Plutarco, Lisandro 2.4 30.2)
8.10-15 Contribuir de acordo com que cada um tem
8.10-12 A palavra "entusiasmo" (NTLH A21: disposição no desejar) ocorre com frequência nas inscrições em referencia aos benfeitores generosos. Os cristãos de Corinto já haviam se comprometido, com entusiasmo, a ajudar a igreja em Jerusalém. (1Cor 16:1-3) (Comentaristas observam que a expressão traduzida por "no ano passado" poderia significar nove a quinze meses, a mais do que um ano). No entanto, como a igreja de Corinto era mais próspera do que as outras (8.1.2) eles haviam contribuído mais. Alguns tal vez acreditavam estar contribuindo além do que seria justo para a coleta. Paulo usa um argumento comum para explicar porque deveriam continuar o que haviam começado. Muitos argumentos antigos se baseavam no princípio aqui traduzido por "para o vosso proveito" (A21) ou "convém que vocês contribuam" (NVI) ou melhor (NIV) (veja p. ex. 1Co 6:12) Paulo 'explica' esse proveito em 8.13-15. Normalmente o antigo testamento descrevia as ofertas e os sacrifícios como 'aceitáveis' apenas se fossem, de fato, impelir que a pessoa tinha a oferecer (p.ex. Lev 1-4). Era comum a ideia, no entanto, de que cada pessoa só podia dar na medida da própria prosperidade (p. ex. Tb 4.8.16; Eo 14.13 m. pe'ah 7.8; Dionísio de Halicarnasso. Antiguidades romanas 11.27.7).
8.13 É possível que os cristãos de Coríntios se resistissem de precisar garantir uma grande parte da oferta. Mas Corinto era uma cidade próspera. Uma definição comum de amizade era a "que os amigos compartilham todas as coisas" e "são iguais" (máxima que aparece até mesmo em alguns textos do judaísmo da diáspora (CAR. ARIS 228, 257, 263, 282) mesmo que esse princípio viesse a ser aplicado aos 'patronos' abastados que patrocinavam clientes menos favorecidos. Os antigos autores e oradores enfatizavam tanto a 'igualdade' como a 'concórdia' (veja comentários 5.18,19) Não havia possibilidade de os Coríntios não entenderem o que Paulo estava dizendo. A conversão deles tornou-os amigos dos demais cristãos e exigia uma distribuição mais igualitária das provisões dentro do corpo de Cristo.
8.14 A fome era uma emergência (At 11.28) Os autores judeus exortavam os leitores a lembrar-se da fome em tempos prósperos (Eo 18.25) Os atos do benfeitor, na antiguidade, deixavam implícita a necessidade de reciprocidade (muitas vezes, a retribuição do benfeitor era a própria honra). Embora Corinto fosse uma cidade extremamente próspera e os cristãos ali tal vez não estivessem enxergando a própria pobreza. Paulo os encoraja afirmando que, se eles por ventura alguma vez passarem por necessidade, alguém os suprirá. Deus sempre provê o suficiente para o corpo de Cristo como um todo, mas é papel dos cristãos garantir que esse 'suficiente' seja adequadamente distribuído.
8.15 Caso 8.14 soe bom demais para ser verdade, Paulo apresenta o princípio da provisão do maná divino no deserto, o propósito de Deus era que cada um tivesse somente o que precisava nem mais nem menos (Êx. 16.18) (Outros autores como FILo e JOSEFO, ensinavam o princípio da igualdade com base nessa passagem de Êxodo)
8.16-24
Emissários para a Coleta
8.16-18 Aqui Paulo fornece uma carta de recomendação (3.1) para Tito e seu companheiro. Usando a técnica literária antiga de demarcação de um trecho de uma obra é possível que as ações de graça delimitem (8.16-9.15)
8.19 Assim como as sinagogas ao longo do Mediterrâneo enviavam tributo anual ao templo de Jerusalém por meio de representantes locais de boa reputação (FILO, Leis Especiais, cf m. Seqal 3.2) a oferta nesta passagem precisa ser administrada de forma irrepreensível; os enviados seriam "escolhidos pelas igrejas".
O termo para escolher aqui em geral se referia a eleições, comuns na administração grega.
Os antigos esperavam que a generosidade fosse retribuída com honra- honra aqui ( e em 8.21.23) ao principal benfeitor- isto é a Deus.
8:20-21 Em uma cultura obcecada por questões de vergonha e honra, os autores greco-romanos não hesitavam em enfatizar que líderes e outros beneficiários da confiança pública precisam ser generosos e dotados de credenciais morais irrepreensíveis. O judaísmo também enfatizava que os coletores de doações deveriam agir de forma irrepreensível para impedir até acusações falsas.
O versículo 21 faz alusão à Provérbios 3.4 na Septuaginta e ao ditado que se desenvolveu com base nesse texto. Os mestre judeus destacavam a necessidade de fazer o que é bom aos olhos de Deus e das pessoas. O termo de 8.21 traduzido por 'estamos tendo o cuidado' (NVI) ou 'tomamos cuidado' (A21) aplicava-se nas inscrições, a previdência dos benfeitores. Essa previdência às vezes envolvia enviar representantes honrados.
8.22 Tanto os moralistas judeus como os greco-romanos recomendavam que os líderes em potencial fossem provados em posições inferiores antes de assumir um ofício público. O irmão aqui (diferentemente do mencionado em 8:18) já havia sido testado no ministério, às vezes, quando se tratava de alguém conhecido era possível chamá-lo por um epíteto (Retórica ad Herenium 4.31.42) Geralmente, os mensageiros viajavam ao menos em pares. Questões delicadas poderiam demandar uma delegação mais numerosa.
8.23.24 Como mensageiros (livramento apóstolos) das igrejas, eles eram, de fato, representantes comissionados delas.
Assim, eram como os representantes das comunidades judaicas locais que se reuniam e viajavam a Jerusalém para entregar o tributo do templo anualmente. Tito é o representante de Paulo no grupo. Portanto, eles devem ser recebidos com hospitalidade. Com a mesma hospitalidade com que Paulo e as outras igrejas seriam recebidas.
Ao longo do antigo Mediterrâneo, os enviados deveriam ser respeitados e recebidos com honra.
Quanto a 'orgulho' aqui veja comentário de 7.14. Quando se tratava de demonstração de afeto; era possível pedir que o interlocutor desse provas de amor (p.ex. Frontao Epistulae Graecae 6; ad M. Caesarem 3.2) Era também comum conclamar o benfeitor a demostrar o quão válida era a recomendação em questão.
Ao solicitar ao leitor que provasse seu afeto cumprindo o que se pede na carta. O autor demostrava confiar na amizade que havia entre eles.
Afirmar que um indivíduo é a 'glória' de algo ou alguém poderia ser a forma de dizer que ele trazia honra a essa instituição o pessoa
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