La Verdad Presente
APOCALIPSIS 14:6-12
INTRODUCCIÓN
En la década de 1840, las revoluciones sociales, políticas, científicas y religiosas comenzaron a cambiar el mundo.
Charles Darwin escribió el borrador de El origen de las especies en 1842, y dudó en publicar sus ideas. Pero, en 1859, sus pensamientos se habían desarrollado lo suficiente para que se dispusiera a revelarlos. El impacto del pensamiento evolucionista en la ciencia, filosofía, psicología y religión es incalculable. Si solo fuimos producto de la casualidad y nada más que una colección de genes y cromosomas, la vida tendría poco significado. La búsqueda imprudente de la felicidad personal se vuelve nuestro objetivo final. La vida tendría poco o ningún significado si los seres humanos fueran simplemente moléculas de proteínas aumentadas.
Simultáneamente, con el desarrollo del pensamiento evolucionista, Karl Marx y Friedrich Engels sacudieron al mundo con El manifiesto comunista, publicado por primera vez en Londres y después traducido a varios idiomas. El socialismo extremo, combinado con la declaración frecuentemente citada de Marx, de que “la religión es el opio de los pueblos”, sumado a la centralización del poder para un selecto grupo que consideraba a los trabajadores, o el proletariado, como nada más que bloques de construcción en la pared del Estado, llevó todavía más a la deshumanización de los seres humanos. Esos movimientos sociales, políticos, científicos e ideológicos prácticamente no valoraban la vida humana, descartando el concepto de un Dios personal como el Creador del universo.
Propósito duradero
Pero el Señor no permitiría que los seres humanos permanecieran sin un tes- timonio acerca de él. Fue también en la década de 1840 cuando levantó un movimiento para proclamar su mensaje para los últimos días a un mundo que ansiaba descubrir su significado y propósito. Un grupo de cristianos de varios orígenes religiosos comenzó a estudiar las antiguas profecías de Daniel y Apoca- lipsis. Con el tiempo, ellos descubrieron un mensaje hecho a medida, algo capaz de responder las grandes preguntas de la generación del tiempo del fin. El centro de ese mensaje se encuentra en Apocalipsis 14:6 al 12. En una visión, Jesús visitó a Juan en la isla de Patmos para revelar este mensaje al mundo. Los tres mensajes angélicos que aparecen en Apocalipsis 14 nos dan un propósito duradero para la existencia. Ellos nos dan una razón amplia de nuestro existir. Bien entendidos, presentan cuestiones morales y espirituales importantes del siglo 21.
Apocalipsis 14 se divide en tres partes. Los primeros cinco versículos describen el pueblo redimido de Dios visto por encima de las pruebas de la Tierra y con Jesús para siempre en el Cielo. Los últimos ocho versículos describen la se- gunda venida de Cristo y la cosecha final. Apocalipsis 14:6 al 12, se encuentra estratégicamente entre los dos eventos, y contiene la instrucción final de Dios para preparar a los moradores de la Tierra para el regreso del Señor.
Evangelio eterno
Con ese contexto en mente, estamos listos para considerar Apocalipsis 14:6 al 12. El primer aspecto que notamos en el versículo 6 es su origen celestial. Es una orientación urgente de significado eterno para la generación del tiempo del fin.
El plan de Cristo para liberarnos del poder del pecado no fue una decisión de último momento. El apóstol Pedro escribió: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Ped. 1:18-20). Sobre ese punto, Elena de White comentó: “El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán. Fue una revelación “del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio (Rom. 16:25)” (El Deseado de todas las gentes, p. 13).
Misión divina
La siguiente afirmación en el versículo 6 transmite que el ángel tiene el “evangelio eterno” para proclamarlo a “cada nación, tribu, lengua y pueblo”. Aquí hay una misión tan grande y desafiante que exige todo de nosotros. Los tres mensajes angélicos nos dan el propósito de vivir por algo más gran- de que nosotros mismos. Nos conducen de la estrechez de nuestro corazón egoísta a la alegría del servicio en el reino eterno de Dios.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día encuentra su fuerza en la misión. Porque creemos en la comisión del evangelio eterno, debemos apoyar gene- rosamente la misión por medio de los diezmos y ofrendas misioneras. Por décadas, hemos hablado fervorosamente de “terminar la obra”. Pero una disminución de las ofrendas misioneras impide a la iglesia un trabajo nuevo, en áreas nuevas, reduce el número de misioneros y restringe nuestra misión.
En los últimos años, millones de personas de regiones desafiantes del mundo encontraron la salvación en Jesús y se unieron a la Iglesia Adventista del Sép- timo Día. Miles de nuevas congregaciones fueron establecidas en áreas nuevas. ¿Cómo se mantienen esos nuevos miembros? ¿Cómo reciben recursos, mate- riales y programas para fortalecer su nueva fe? ¿Cómo reciben cuidado pastoral permanente? Las ofrendas misioneras que dan vida, dadas regular y sistemática- mente, ayudan a sostener y desarrollar trabajos nuevos en todo el mundo.
Santificación
Temer a Dios revela nuestras actitudes; darle gloria, nuestras acciones. Por lo tanto, temer a Dios está relacionado con lo que pensamos, mientras que darle gloria tiene que ver con lo que hacemos. Además, temer a Dios trata del compromiso interno de hacerlo el centro de nuestra vida; a su vez, darle gloria revela como nuestras convicciones se traducen en un estilo de vida que honra al Señor en todo lo que hacemos.
El apóstol Pablo explicó lo que significa dar gloria a Dios: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Cor. 10:31). Cuando Dios es el centro de nuestra vida, nuestro único deseo es glorificarlo en todos los aspectos, ya sea que esté relacionado a nuestra dieta, a la ropa que vestimos o a nuestro entretenimiento.
Creación
Dios no puede ser sorprendido. Por siglos, Satanás planeó atacar la ense- ñanza bíblica de la creación. Apocalipsis 14:7 termina con un llamado: “y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. Se trata de un llamado para adorar al Creador en una época en la cual la mayor parte del mundo científico y gran parte del mundo religioso acepta el evolucionismo de Darwin.
La creación habla de nuestro valor a los ojos de Dios. No estamos solos en el universo ni somos un accidente genético. En vez de eso, fuimos creados. La creación está en el centro de toda adoración verdadera. El sábado nos expre- sa el cuidado del Creador y el amor del Redentor. El santo día de descanso indica que Dios nos creó para un propósito magnífico y nos amó tanto que no nos abandona cuando nos apartamos de ese objetivo.
Cada semana, el sábado nos recuerda quién proveyó todas las cosas buenas para nosotros. En vez de ser una exigencia legalista arbitraria, nos revela que el verdadero descanso de la justicia por las obras lo encontramos solo en Dios. El sábado es el eslabón eterno entre la perfección del Edén en el pasado y la gloria de los Cielos nuevos, y la Tierra nueva en el futuro.
Confusión religiosa
¿Qué podemos decir sobre los mensajes del segundo y del tercer ángel? ¿Cuál es el significado de las expresiones “ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad” y “la marca de la bestia”? En esencia, ambas hablan de la arrogancia egocéntrica y del orgullo humano, no del amor abnegado que viene de Dios.
Babilonia representaba los orgullosos logros de la humanidad. Era un sím- bolo de las obras humanas, no de la gracia divina; de las tradiciones hu- manas en vez de los mandamientos del Señor. En Apocalipsis, la Babilonia espiritual representa las enseñanzas confusas de todos los grupos religiosos. Ella minimiza y marginaliza la autoridad de las Escrituras, sustituyéndola por la autoridad humana. El mensaje de Dios en los últimos días llega al clímax en Apocalipsis 14:12, cuando Juan, en visión profética, describe a un grupo de fieles en el tiempo del fin, los que “guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús” (Apoc. 14:12).
CONCLUSIÓN
El autor danés Soren Kierkegaard contó una parábola sobre el fin de los tiempos. Fue más o menos así: un incendio estalló en los bastidores de un gran teatro. Un payaso que formaba parte de la presentación salió para avisar a la platea: “Sal- gan, salgan, el lugar se está incendiando”. La platea creyó que solo era una gran broma, que formaba parte del show, y solo aplaudió. Entonces repitió el aviso: “Salgan, salgan”. Pero cuánto más enfáticamente les avisaba, más fuertes eran los aplausos. Para Kierkegaard, es así como el mundo terminará; o sea, con una ron- da de aplausos general de los que piensan que es una broma. Como sabemos, el fin del mundo y los eventos que llevan hacia él no son nada graciosos. Tenemos que vivir y proclamar el mensaje de Dios para el tiempo del fin.
LLAMADO
Los fieles del tiempo del fin pasarán por el mayor tiempo de angustia de la historia del mundo. Sin embargo, por medio de la gracia y del poder de Jesús, saldrán victoriosos. Los tres mensajes angélicos serán proclamados en cada metrópolis, ciudad, villa y barrio. Decenas de miles de personas acepta- rán el mensaje de Dios de los últimos días. El Señor terminará su obra en la Tierra. Cada persona tomará su decisión final e irrevocable en favor de Cristo o en contra de él, y Jesús vendrá con poder y gloria para llevar a su pueblo a su casa. ¿Cuántos quieren tomar hoy la decisión de que cada día tratarán de vivir a la altura del llamado divino presentado en el mensaje de hoy?
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