Hacer tesoros en el cielo

OBJETIVO DEL SERMÓN

Enseñar que Jesús nos pide que depositemos nuestro tesoro en el cielo. El tesoro del que Dios habla son personas. Invitar a la iglesia a pedirle a Dios sabiduría para el buen uso de los recursos que disponemos.

Jesús enseña en el Sermón del Monte que hagamos tesoros en el cielo porque es el lugar más seguro para ponerlos.

Jesús dice que no hay que almacenar tesoros en la tierra porque hay mu- chos riesgos. Tu dinero, tus riquezas, tus inversiones siempre están en riesgo. La polilla pudre la madera, el óxido destruye el metal, y los ladrones te roban todo lo de valor. Se meten a tu casa a robar, se roban tu carro, y si eres descuidado... te pueden robar la cartera o la bolsa.

Piensen en esto:

Si invierten en la bolsa de valores, estarán dependiendo de lo fuerte o débil que esté el mercado de la bolsa de valores..

Si pones tu dinero debajo del colchón, te lo pueden robar. Si lo pones en una cuenta bancaria, un estafador te lo puede quitar. Si pones tu dinero en una cuenta de ahorros, tu dinero pierde valor adquisitivo.

Jesús dice: los metales se oxidan, la madera se pudre, los metales preciosos se los roban. En pocas palabras, no hay un lugar seguro aquí en la tierra para ha- cer inversiones. El único lugar seguro para guardar tus riquezas es en el cielo.

¿Qué es lo que quiso decir Jesús acerca de tus inversiones?

¿Existe un banco en el cielo? ¿Hay una moneda celestial?

El depósito del Fort Knox, en los Estados Unidos, es un edificio fortificado que funciona como caja fuerte. En este edificio se almacena gran parte de la reserva de oro de Estados Unidos y, en ocasiones, también sirve para guardar materiales u objetos de enorme valor, como la Constitución de Estados Unidos. ¿Existe un Fort Knox en el cielo donde los ángeles están guardando metales preciosos?

La Biblia es muy clara acerca del dinero. Lo único que hacemos es admi- nistrar riquezas. No son nuestras. No trajimos nada cuando venimos a este mundo y no podemos llevarnos nada (leer Job 1:21 y 1 Timoteo 6:7).

¿Cómo es que podemos mandar nuestro tesoro por adelantado?

Esto es lo que Jesús dijo acerca de su misión: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Cuando usted perte- nece al reino de Dios, su meta en la vida, su propósito y razón de vivir es salvar almas para Cristo. Lo único que podemos llevar al cielo son personas, no cosas.

Los paganos; los mundanos, se preocupan por:

¿Qué ropa me voy a poner?
¿A qué tiendas voy a ir de compras?
¿Qué carro voy a manejar?
¿A qué restaurante voy a ir a comer?

La mayoría de la gente se preocupa por cosas materiales. Y la Biblia me dice que Dios sabe mis necesidades y que él va a suplir todas ellas. No debería preocuparme por cosas materiales. Por lo que necesito preocuparme es por el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas van a venir por añadidura.

El reino de Dios consiste en salvar almas

Juan el Bautista fue un hombre humilde, que no se preocupaba por lo que los paganos se preocupan. Su preocupación era predicar arrepentimiento y bautizar almas. Jesús también era un hombre humilde que no tenía ni donde vivir. La preocupación de Jesús era la misma: predicar y salvar. Noé puso todo su dinero y energía en construir un arca y salvar personas. Elías también era un hombre humilde cuya preocupación no era el tener riquezas, sino que quería iniciar un reavivamiento en el pueblo de Dios.

Dios no está interesado en cosas materiales sino en personas. La manera que usted manda su tesoro al cielo es cuando el dinero es utilizado para ganar almas y ayudar a los necesitados. El dinero no era el centro de la vida de los héroes de la fe registrados en la Biblia, quienes estaban dedicados 100% a la causa de Dios. Todos ellos utilizaron sus tesoros para salvar personas.

Tristemente, la Biblia nos dice que hay hermanos temerosos de Dios, que sus vidas están centradas en codiciar y adquirir riquezas. Uno de los textos bíblicos más llamativos sobre el peligro de tener una visión equivocada sobre las posesiones materiales se encuentra en 1 Tim. 6:9-10.

Algunas personas piensan que este pasaje de la Biblia habla de los paganos. Pero estos versículos hablan de cristianos que creen en Jesús. Pero por amor al dinero y la codicia, se extraviaron de la fe. Si leemos bien este versículo, nos damos cuenta de que va a haber cristianos que, por amor al dinero, van a perder su vida eterna.

En la Biblia hay 3 historias de personajes que perdieron la vida eterna por amor al dinero:

• Judas Iscariote. 
• Acán
• El joven rico

Judas Iscariote: traicionó a Jesús por amor al dinero y tenía problemas con la codicia (Juan 12:4-6; Lucas 22:2-5). La Biblia pregunta en Malaquías: “¿Robara el hombre a Dios?”. Judas estaba robando. Estaba gastándose el dinero que era para el avance de la obra de Dios en la Tierra. La codicia no solo lo llevó a robar dinero de la tesorería de Dios, sino también a entregar a Jesús a sus enemi- gos. El amor al dinero y la codicia lo hizo perder su vida eterna.

El pecado de Acán: Muchas veces la gente piensa que, cuando los israelitas invadieron la ciudad de Jericó, la instrucción fue de matar a todos, y destruir y quemar todo. No podían llevarse nada, sino destruir todo. Pero la Biblia nos dice que tenían que llevarse todo lo de valor y ponerlo en la tesorería de Jehová (Josué 6:17-21).

Los israelitas tenían que llevarse todas las cosas de valor y traerlas para uso sagrado. Todo el tesoro era consagrado para Dios. ¿Pero qué es lo que Acán hizo? Acán vio esa ropa, vio esa plata y ese lingote de oro, y los codició. Por amor al dinero, muchos se extravían de la fe. ¿Robará el hombre a Dios? Acán se robó lo que pertenecía a la tesorería de Dios.

El joven rico: La historia del joven rico también es una historia triste. Él guardaba el sábado, y guardaba los 10 mandamientos. El joven rico devolvía su diezmo fielmente, él seguía rigurosamente las leyes de la salud y la dieta bí- blica. Pero el problema del joven rico era el amor al dinero (Mateo 19:16-22).

Cuando Jesús le dijo, ven y sígueme, él le estaba pidiendo que se uniera a su ministerio de salvar almas. Las palabras que Jesús le dijo al joven rico son palabras que Jesús usó para invitar a sus discípulos (Mateo 9:9). El joven rico tuvo la oportunidad de ser parte de los seguidores de Cristo, que mandan “sus tesoros al cielo”; él tuvo la oportunidad de invertir sus tesoros en lo que Dios considera como el verdadero tesoro: personas.

Jesús pagó por su tesoro

Jesús pagó un gran precio para adquirir lo que él considera como lo más pre- cioso: sus hijos e hijas. Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido; y por eso él pagó un precio infinito por nuestra salvación; no con oro ni con plata. Esto es lo que dijo Pedro el pescador, quien dejó todo por seguir a Jesús (1 Pedro 1:18-19).

Depositando sus tesoros en el cielo.

Esto es lo que la hermana Elena G. de White nos dice sobre cuál es el plan de Satanás para sus riquezas: “Id, inducid a los poseedores de tierras y dinero a que se embriaguen con los cuidados de esta vida. Presentadles el mundo en su aspecto más atractivo para que depositen aquí su tesoro y pongan sus afectos en las cosas terrenales. Debemos hacer todo lo posible para impedir que los que trabajan en la causa de Dios tengan medios que puedan usar contra nosotros. Mantened el dinero en nuestras propias filas. Mientras más medios obtengan, más daño causarán a nuestro reino arrebatándonos nues- tros súbditos. Haced que se preocupen más por el dinero que por la edificación del reino de Cristo y la difusión de las verdades que nosotros odiamos, y no necesitaremos temer su influencia; porque sabemos que toda persona egoísta y codiciosa caerá bajo nuestro poder, y finalmente será separada del pueblo de Dios” (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 160).

La abundancia no es la provisión que Dios hace para que yo viva una vida de lujos. Es la provisión que Dios me da para ayudar a otros. Dios me con- fía su dinero, no para construir mi reino en la Tierra, sino para construir su reino en los cielos.

CONCLUSIÓN

Una de las maravillas del sistema de diezmos y ofrendas regulares y siste- máticos de la Iglesia Adventista es que los fondos se reúnen para garantizar que la iglesia también se ocupe de las regiones del mundo que pueden no parecer tan “glamurosas” o no tener la visibilidad de otras regiones. Es como si añadiéramos agua vital a un río misionero que fluye por tierras áridas de todo el mundo. Nos estamos asegurando de que los que no pueden “hacerse oír” reciban atención. Cada vez que devolvemos nuestros diezmos y damos ofrendas misioneras, estamos ayudando a sostener escuelas, hospitales, edi- toriales, medios de comunicación, publicaciones, plantación de iglesias y mucho más. Estamos ayudando a la iglesia a mantenerse viva en zonas don- de muchos miembros ganan menos de cinco dólares al día.

LLAMADO

Un día, todos los que estamos presentes en esta iglesia vamos a estar de pie sobre un mar de vidrio. Y vamos a cantar el cántico de Moisés, y el cántico del Cordero. Pero no solo nosotros... sino también millones y millones de hijos e hijas de Dios a través de todos los siglos. Y entre esta multitud, van a haber personas a quienes usted ayudó e hizo posible que ellos también estén de pie sobre ese mar de vidrio. Le invito para que deposite su tesoro en el cielo.

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