Bienes y Actitudes

Mateo 8:5-9

OBJETIVO DEL SERMÓN

Comprender que la fidelidad y la generosidad tienen etapas de desarrollo y madurez. Desafiar a la iglesia a vivir la fidelidad desde la gratitud y el reconocimiento de lo que Dios nos ha ofrecido.

INTRODUCCIÓN

La psicología presenta la teoría de motivación de Abraham Maslow y su pirámide de jerarquía de necesidades fundamentales del ser humano. Maslow dijo que lo primero que tratamos de resolver son nuestras necesidades físicas o fisiológicas. Necesitamos aire, alimento y agua en primer término, y antes que cualquier otra cosa.
El segundo grupo de necesidades tiene que ver con el orden y seguridad.
Luego buscamos amor y pertenencia en la búsqueda de alcanzar la estima propia. ¿Sabe cuál es la necesidad que se encuentra en la cima de la pirámide de Maslow? Respuesta: la autorrealización. A medida que nos desarrollamos, vamos subiendo hacia ese nivel.

Hoy vamos a hablar acerca de los niveles de la motivación para manejar nuestros recursos. Cuando se trata de nuestros bienes y actitudes, todos va- mos madurando a través de estadios de desarrollo. Al hacer un paralelismo con la pirámide de Maslow, en el tema de la dadivosidad comenzamos en el nivel inferior con las motivaciones más básicas para dar dinero a la obra de Dios y a los más necesitados.

Primer nivel: autointerés

El primer nivel de motivación para dar a la obra de Dios tiene que ver con el autointerés – sí, autointerés.

Una iglesia se encontraba en una situación financiera muy estrecha. La con- gregación estaba comprometida casi completamente en la educación de los niños y jóvenes, y no sobraba mucho dinero. Así fue que un adulto joven que pertenecía a la junta de iglesia presentó una sugerencia que para él sería una forma de arreglar el problema. El preguntó: “¿Qué gastos semanales tenemos?”

El pastor respondió que eran cercanos a los mil dólares

“¿Y cuántos son los que asisten a la iglesia?”

La respuesta fue que eran aproximadamente cincuenta personas.

Entonces el joven dijo: “Muy bien, vendamos entradas. Para poder asistir a la iglesia, cada uno deberá pagar 20 dólares”.

Esta propuesta no tuvo apoyo.

Su razonamiento era que muchos de nosotros nos unimos a organizaciones y las apoyamos por intereses personales. Si nos asociamos a un club de tenis, o de navegación o de lo que sea, damos apoyo financiero porque sabemos que si dejamos de pagar, encontraremos las puertas cerradas. Por lo tanto, damos por una razón puramente personal. Es muy simple: pagamos para poder sacar un beneficio personal.

Pero la Biblia no nos enseña este tipo de dadivosidad. Sin embargo, algunos dan únicamente por autointerés. Para ellos, sus ofrendas representan solo lo que deben hacer.

Segundo nivel: obediencia

El siguiente nivel de motivación para dar una porción de nuestras entradas a la obra de Dios es por obediencia espiritual. En este nivel, la persona da para el Reino, porque Dios nos lo ordenó así. Consideremos la historia de Mateo 8:5-9. El centurión estaba recalcando que como él pertenecía al mundo mi- litar, sabía acerca de autoridad y sumisión. Hay quienes adoptan esta actitud cuando se trata de sus bienes. Dado que la Biblia ordena: “trae los diezmos a la casa” ellos dan por un sentido de deber.

Hay un estudio muy interesante llevado a cabo en la Universidad Cornell, que tiene que ver con el cerebro y la dadivosidad. Descubrieron que algunos dan por un sentido del deber. Ellos quieren obedecer a Dios, y dan, pero lo hacen a regañadientes, no con alegría. Lo que descubrieron es que se activa una parte totalmente diferente del cerebro cuando la gente da no por un sen- tido del deber, sino con un sentimiento de altruismo genuino. Escuchemos lo que dice este informe: “Estos estudios del cerebro muestran el profundo estado de alegría y deleite que surge de dar a otros. No proviene de ninguna acción sin sentido donde la acción obedece estrictamente al cumplimiento del deber. Por el contrario, proviene de cultivar y desarrollar una cualidad de generosidad al interactuar con la gente. Hay una sonrisa, un tono de voz especial. Estamos hablando de un amor motivado por el altruismo” (Jeanie Lerche Dacis, “The Science of Good Deeds” webmd.com (11-28-05)).

Esto indica que es bueno dar cuando estamos ubicados en este nivel, pero es mucho mejor ir más allá en nuestra dadivosidad y llegar al nivel de la “comprensión bíblica”. No seguimos únicamente las palabras de la ley, sino que abrazamos en nuestros corazones el espíritu que está por detrás de la ley.

Tercer nivel: comprensión bíblica

A medida que maduramos en Cristo, logramos entender que la Biblia nos enseña que todo lo que poseemos en realidad le pertenece a Dios. Podemos usar nuestros recursos por un tiempo, mientras ocupamos esta tierra, pero no los podremos llevar con nosotros.

El salmista dice: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan”. (Salmo 24:1). Salomón dice: “Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano” (Eclesiastés 5:15).

¿Cómo llegamos a este mundo? Sin nada. Y nos iremos de la misma manera. Lisa Rogack escribió un libro titulado Death Warmed Over (Muerte tibia).

Cuenta la historia de un anciano que está a punto de morir en la cama de su casa. Él puede sentir el aroma de las galletitas de chocolate –sus preferidas– que acaban de salir del horno. Siente deseos de comer una galletita más antes de morir, así que desliza su cuerpo fuera de la cama y rueda escaleras abajo, llegando a la cocina. Allí, con mano temblorosa consigue asirse de una galle- tita, cuando siente el toque punzante de una espátula que golpea su mano.

–Quita tu mano –se queja su esposa– son para el funeral.
¡Así es la condición humana! Salomón tenía muchas, muchas galletitas, y

pensaba... quiero una más... solo una galletita más antes de morir, y seré feliz. Pero una noche, sintió el toque de la espátula como un golpe: “No te pertenecen, son para el funeral”.

En este nivel comenzamos a entender y seguir lo que la Biblia nos enseña acerca de dar. ¿Tomamos en serio las enseñanzas de Jesús que dijo en Mateo 6:19-21?

Cuarto nivel: gratitud

Vayamos al siguiente nivel de motivación, el de la gratitud. Es cuando la persona se confronta con la realidad de la gracia y da en respuesta a eso. El salmista dice en Salmos 116:12: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?”.

Milo Kauffman escribió: “La mayordomía cristiana ciertamente no es la le- gislación de la iglesia ni un esquema para privar a los humanos de su dinero. Es una consecuencia natural de una experiencia con Dios. Es la reacción natural del corazón humano que ha sido tocado por el espíritu divino”.

Elena White escribió: “Cuando la luz y el amor de Jesús iluminan los cora- zones de sus seguidores, no habrá necesidad de encarecerlos o de rogar para que den su dinero o presten servicio” (Testimonios para la iglesia T 5, p. 265).

CONCLUSIÓN

Quinto nivel: amor sacrificado

Estamos llegando al último nivel al cual podemos acceder a medida que madura nuestra actitud de dadivosidad: el del amor sacrificado. Dios quiere que lleguemos a este punto “de maduración” cuando damos de buen grado.

El apóstol Pablo nos dice en 2 Corintios 9:6, 7...

Veamos: Dios quiere que demos con alegría, en el marco de un espíritu de amor sacrificado. La gracia nos lleva naturalmente al nivel más elevado: el nivel del amor.

Jesús estaba en una fiesta con algunos destacados líderes religiosos. Mientras comían, una mujer que había tenido mala reputación pero que su vida había sido transformada por Jesús, llegó al lugar y entró en el recinto. Traía consi- go un frasco de un perfume muy lindo y de mucho valor. Sin decir nada a nadie, llegó hasta donde estaba Jesús y comenzó a volcar el perfume en sus pies y a masajearlos con su cabello.

Puedo imaginar que, al día siguiente, varios que se enteraron del incidente, la paraban en la calle para decirle cosas como: “¿Qué pensabas? No tienes riquezas, y sin embargo gastaste en este caro perfume, y encima hiciste algo muy necio”.

Y puedo escucharla a ella decir: “Bueno, no espero que usted lo comprenda, pero el amor me motivó. Como Jesús perdonó mi pasado, el presente es para mí una bendición y mi futuro está seguro. A usted le puede parecer tonto o necio, y quizás lo sea, pero lo hice como una demostración de amor”.

LLAMADO

Oh, querida familia de la iglesia, mi sueño es que todos nosotros podamos visualizar una cruz manchada de sangre. Allí veremos lo que Jesús hizo para quitarnos los castigos que cada uno de nosotros merecíamos. Él pagó nuestra deuda. Al ver esto claramente, nos sentiremos abrumados por la amplitud del regalo que él nos ofreció. Y llegaremos a preguntarnos: ¿Por qué me ofreció un regalo tan valioso? ¿Por qué él hizo algo así? Espero que ustedes puedan escu- char la voz de Jesús diciendo: “Por amor. El amor me movió a hacerlo por ti, y por ti, y también por ti... Puede parecer una locura, pero me motivó el amor”.

Y cuando la gente se pregunte: “¿Cómo una iglesia puede dar tanta cantidad de recursos? Es casi increíble”, espero que cada uno pueda responder con humildad: “porque el amor me motivó a hacerlo”.

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