Somos un pueblo con un Dios que provee
Introducción
Ciertamente no hay tinta, ni papel, ni palabras que sean suficientes para expresar el amor de Dios por cada uno de nosotros. David sabía de lo que hablaba cuando declaró: “Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo” (Salmos 139: 6). Me atrevo a decir que compartimos ese pensamiento y por eso estamos aquí para agradecer a Dios. Repasemos el Salmo 136. (Leer Salmo) Y justamente estamos aquí por el amor de Dios, que nunca nos ha olvidado, y siempre se ha ocupado de cubrir nuestras necesidades.
1. Dios no olvida (Isaías 49:15)
a) La población mundial es de alrededor de 6,700 millones de personas. Resulta difícil imaginar tal cantidad de gente.
b) Solo en México se calculaba que para diciembre de 2009, seríamos aproximadamente 107.6 millones de habitantes en todo el país. Aún me resulta difícil creerlo, pero esa es la realidad.
c) Y en medio de esa realidad, podemos tener la confianza de que somos importantes para Dios.
I. Sabe dónde vivimos.
II. Conoce nuestras angustias y alegrías.
III. Conoce tus pruebas y dificultades.
IV. Incluso nuestros pensamientos.
d) “En el libro de la providencia divina, el volumen de la vida, se nos da a cada uno una página. Esa página contiene todo detalle de nuestra historia. Aun los cabellos de nuestra cabeza están contados. Dios no se olvida jamás de sus hijos” (Dios nos cuida, 19 de febrero).
e) El Señor conoce a cada oveja por su nombre y cuida de ella como si fuera la única.
f ) Un himno cristiano lo expresa hermosamente: “Oh fiel promesa, tú jamás me olvidas. ¿Qué pondrá en mi alma sombras o pesar? Aunque esclavice negra noche en valle, más allá vislumbro bello alborear. ¡No me olvidaré de ti, no, nunca! Ve mis alas amparar, ve mis brazos custodiar; ¡no me olvidaré de ti, no nunca! ¡Tu nombre en mis palmas Esculpido está!”.
2. Dios provee (Filipenses 4:19)
a) Ahora, piensa en lo que significa administrar una urbe como la ciudad de México, con más de 8.7 millones de habitantes.
I. Que todos tengan agua, luz, alojamiento, alimentos y todos los servicios básicos.
II. Educación, salud, mercados, transporte público, etc.
III. No es una tarea fácil, por eso la Palabra del Señor nos anima a orar por nuestros gobernantes.
b) Entonces, ¿imagina la tarea divina de administrar el mundo?
I. Proporcionar la luz solar, el aire que respiramos, los manantiales de agua.
II. Alimentar a todo ser viviente: hombres, animales, aves, peces, etc.
III. Satisfacer cada necesidad física, social, emocional, económica, espiritual, etc.
IV. Una tarea humanamente imposible.
c) Nehemías se maravillaba al recordar el peregrinaje del pueblo de Dios: “Cuarenta años los sustentaste en el desierto. ¡Nada les faltó! No se desgastaron sus vestidos ni se les hincharon los pies […]. Multiplicaste sus hijos […]. Sus hijos entraron en la tierra y tomaron posesión de ella […]. Comieron y se hartaron y engordaron; ¡disfrutaron de tu gran bondad!” (Nehemías 9: 21-25).
3. Sed agradecidos (Salmos 107:8, 9)
a) Cuando el rey David huía de su hijo Absalón, rodeado de peligros e incertidumbre, hizo una extraordinaria declaración de fe: “Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba” (Salmos 3: 5).
b) Es posible que hayas pasado por momentos difíciles, pero Dios nunca te ha abandonado.
I. He asistido a muchos funerales. Las personas mueren por causa de la edad, de una enfermedad, de un accidente entre otras causas.
II. Sin embargo, nunca he asistido a uno en donde digan que la persona murió por causa del hambre.
III. Probablemente ya no tenías para el alimento, pero hubo alimento en tu mesa.
IV. No tenías para el medicamento, y a pesar de eso lo conseguiste.
V. No sabías cómo pagar la renta, pero la pagaste.
VI. No te alcanzaba para la colegiatura, pero tu hijo concluyó sus estudios.
VII. “Los leoncillos se debilitan y tienen hambre, pero a los que buscan al Señor nada les falta” (Salmos 34: 10).
c) Medita en este pensamiento de un autor desconocido: Gracias Dios por lo que tengo Aunque me tapo los oídos con la almohada y grito de rabia cuando suena el despertador... gracias a Dios que puedo oír. Hay muchos que son sordos. Aunque cierro los ojos cuando, al despertar, el sol se mete en mi habitación... gracias a Dios que puedo ver. Hay muchos ciegos. Aunque me pesa levantarme y salir de la cama... gracias a Dios que tengo fuerzas para hacerlo. Hay muchos postrados que no pueden. Aunque me enojo cuando no encuentro mis cosas en su lugar porque los niños hicieron un desorden... gracias a Dios que tengo familia. Hay muchos solitarios. Aunque la comida no estuvo buena y el desayuno fue peor... gracias a Dios que tengo alimentos. Hay muchos con hambre. Aunque mi trabajo en ocasiones sea monótono y rutinario... gracias a Dios que tengo ocupación. Hay muchos desempleados. Aunque no estoy conforme con la vida, peleo conmigo mismo y tengo muchos motivos para quejarme... gracias a Dios por la vida. Aunque el dinero no me alcance para zapatos nuevos... gracias Padre celestial, pues tengo pies... hay quienes no tienen. Cuando veo mis manos maltratadas, por el trabajo, y mi bajo salario... gracias Señor, pues tengo manos... algunos no tienen manos. Cuando me quejo del pago de servicios... y veo que no me alcanza... gracias Padre de los Cielos.... hay muchos hermanos que carecen de todo... Gracias Padre celestial por el aire que respiro... porque sigo respirando... muchos han dejado de hacerlo hoy. Son tantas las cosas que tengo que agradecerte... por cada día que me permites despertar a la vida. Gracias Dios mío. ¡Sí!, sé agradecido por todo lo que Dios ha provisto para tu bendición. Una familia, amigos, vecinos, hermanos en la fe… sol, aire, agua…recursos, alimento, vestido… trabajo, recreación, reposo… protección, salud, fortaleza en la enfermedad… un hogar, una iglesia, una promesa…
Conclusión
Piensa en todo lo que Dios ha hecho por ti este año que casi termina. Haz un recuento reflexivo de tus bendiciones. Recuerdo haber escuchado la historia de un creyente que estaba pasando por serias dificultades económicas. A tal grado que tenía varios días de no probar alimento. Aun así, su fe continuaba firme. Decidió doblar sus rodillas y decirle al Señor cuánta hambre tenía, rogándole le ayudara a calmarla. Mientras él oraba, un vecino incrédulo y burlón atinó a pasar por allí, y escuchó su plegaria. Decidió jugarle una broma. Se dirigió a una panadería, compró un poco de pan y lo arrojó por la ventana de la casa del creyente. Inmediatamente el hombre se alegró y agradeció a Dios por haber suplido su necesidad. Momentos después, su vecino incrédulo toco a la puerta. Le preguntó cómo estaba y el creyente le contó su historia de necesidad y de cómo Dios la había contestado. El vecino comenzó a burlarse y le dijo que el pan se lo había dado él y no su Dios, que él mismo había escuchado su oración y arrojado el pan por la ventana. El creyente contestó: “Bien, pues gracias sean dadas a Dios, que aunque tenga que usar al mismo diablo, atiende mi necesidad”. Causa risa escuchar esta historia, pero lo cierto es que: “En toda dificultad, tiene un camino preparado para traer alivio. Nuestro Padre celestial tiene, para proveernos de lo que necesitamos, mil maneras de las cuales no sabemos nada. Los que aceptan el principio de dar al servicio y la honra de Dios el lugar supremo, verán desvanecerse las perplejidades y percibirán una clara senda delante de sus pies” (El Deseado de todas las gentes, p. 298).
Cuando esperas lo suficiente, de maneras misteriosas y milagrosas, el Todopoderoso interviene. En el desierto no había bancos, supermercados, zapaterías o cualquier otro establecimiento que brindara servicios financieros o básicos. No había empresas que crearan fuentes de empleo. Eso sí, allí estaba presente un Dios fuerte, poderoso. Un Dios que nunca los olvidó, que proveyó alimento cada día durante 40 años, hizo brotar agua de la roca, les suministró calor en la noche y sombra en el día, que no permitió que su vestido o su calzado se desgastara, e innumerables milagros más. En un mundo en que las instituciones financieras están en crisis, la moneda se devalúa, en donde disfrutar de los servicios básicos tiene un costo elevado. En un ambiente que, en lugar de crear fuentes de empleo, cierra espacios. En este mundo en el que tú y yo vivimos; todo este año, Dios una vez más se ha hecho presente. Dios ha suplido nuestras necesidades, Él ha abierto puertas, cuando todas parecían estar cerradas. No tengo duda, “somos un pueblo bendecido” y por eso también “somos un pueblo agradecido”.
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