Servicio - La disciplina del discipulado

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David VanDenBurgh,

Seguir a Jesús significa vivir y ser como Él. Los primeros discípulos tomaban esto muy literalmente. Ellos literalmente andaban con él, vivían con él, enseñaban como él. Ellos imitaron todo lo que vieron que Jesús hacía, trabajaron con él y compartieron su ministerio. Ellos le obedecieron y querían ser como él. Ser discípulo de Cristo hoy no es para nada diferente de lo que significaba aquel entonces. Es exactamente lo mismo.

Jesús tenía un enorme sentido de Misión. Él dijo: 
"Yo no vine para ser servido, sino para servir. Porque el hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos" Marcos 10:45.

Jesús no tuvo dudas sobre lo que él vino a hacer en la tierra. Él no vino para favorecerse, sino para servir y buscar a los perdidos. Él no gastó su vida trabajando por apenas una jubilación. Podría ser duro imaginarlo gastando tiempo haciendo las cosas que las personas promedio hacen. No puedo imaginar a Jesús ociosamente sentado frente a la televisión. Él tenía cosas más importantes para hacer con su vida. 

El sentido de propósito y urgencia que tenía la vida de Jesús fueron vitales; no había tiempo que perder. Ni siquiera estaba preocupado por ganarse la vida. Él sabía que Dios podría cuidar de él; así, él podría concentrarse totalmente en su misión.

Porque Jesús vivió como vivió, su propia familia pensaba que estaba loco. Ellos no entendían porque él no se comportaba como sus hermanos. Porque él no se establecía, buscaba un trabajo, tomaba una esposa y formaba una familia.
En cierto momento, vinieron a buscarlo para llevarlo a casa, y forzarlo si fuera necesario, diciendo que él estaba fuera de sí. Pero Jesús claramente se movía al toque de un ritmo diferente. Hasta su madre no lo entendía.

Nadie más que tú
¿Tienes un sentido de llamado en tu vida? ¿Sabes por qué Dios te hizo la persona que eres? ¿Cuál es tu misión en el mundo - algo que solamente tú, y nadie más, puede hacer? 

Este "algo" denominado "llamado" es a menudo misterioso. Muchos hablan sobre "ser llamados al ministerio" o dicen: "Dios me llamó para estar aquí o ir allí" ¿Qué significa esto?

Quiero sugerir que cada cristiano tiene un llamado - que Dios nos llama a cada uno de nosotros a ocupar cierto lugar en el mundo, a llevar a cabo cierto ministerio y a cumplir un propósito. 
Si usted realmente quiere una significativa y abundante vida en Cristo, si usted realmente quiere ser la persona que él quiere que sea, usted necesita saber qué es lo él le llamó a hacer y cuál es su propósito y ministerio y de todo lo que se trata.
¿Cómo sabremos esto?

Intuitivamente, cada uno de nosotros sabe que nosotros estamos aquí por algo más que ir a la escuela, trabajar por cuarenta años, en una carrera que es más o menos satisfactoria, para entonces retirarnos y solo quejarnos de la artritis y los juanetes de la vejez y luego morir ¡Tiene que haber más, y lo sabemos!

He conocido personas, quienes fueron exitosas en sus carreras y admirados por otras; pero, cerca del final de sus vidas, estaban profundamente decepcionadas.

He conocido personas quienes tuvieron éxito en sus carreras y fueron admirados por otros; pero se frustraron cerca del fin de sus vidas. 

Pensaban llegar a lo máximo de sus profesiones mientras pudiesen trabajar, más acabaron sus días preguntándose ¡si todo lo que habían hecho realmente había valido la pena! 
Mientras morían, su sentido de insignificancia salió a flote y las personas quienes los conocieron cuando eran jóvenes y fuertes se preguntan ¿Será que esta es la misma persona que habíamos admirado y respetado, que parecía seguro de sí mismo todos aquellos años?

Nosotros no tenemos que hacer grandes cosas en nuestras vidas, pero necesitamos creer que estamos haciendo aquello para lo cual Dios nos hizo. De otra manera, nos sentiremos frustrados e inútiles, sin importar lo que otras personas digan de nosotros. Nosotros necesitamos escuchar el llamado de Dios, saber porqué el nos hizo y creer que que hemos encontrado el trabajo que él designó para nosotros.

Una de las disciplinas
Esto es lo que entendemos cuando nosotros hablamos de nuestra misión o destino. Hablamos de nuestro ministerio y servicio para Dios. El servicio es una de las disciplinas del discípulo. Hay quienes no quieren hacer el servicio del cual estamos hablando. Prefieren ser servidos. Ellos están primeros en la línea para posiciones de poder e influencia, para decir a otras personas lo que tienen que hacer; ellos aman sentarse en las juntas y tomar decisiones; pero a ellos no les gusta ensuciarse las manos sirviendo. Ellos no entienden cómo hacer discípulos o por qué es necesario. Este no es el servicio del cual Jesús habló. Para ser discípulo de Jesús debes hacer el servicio que Dios te ha llamado para hacer.

Para hacer este ministerio no se precisa ser un ministro ordenado. Los cristianos pueden servir a Dios. Los cristianos pueden servir a Dios también fuera de las filas del clero profesional como cualquier persona puede dentro de él. Yo sé que cuando alguien pregunta, "¿Quién es el ministro de esa iglesia?" Quieren saber quién es el pastor. Pero hay algo mal con esa pregunta. No reconoce que cada miembro de la Iglesia es un ministro para Cristo, porque cada persona ha sido llamada al ministerio. Jesús dice: "Sígueme." Él da a cada creyente una tarea. Si queremos ser discípulos de Cristo, debemos comprometernos con eso.

Un ejemplo de servicio
¿Cómo podrías descubrir tu llamado si tú no sabes qué es eso? 
Aquí es dónde las varias disciplinas del discípulo entran en juego: La disciplina de la palabra, la disciplina de la oración, la disciplina de la adoración, la disciplina de la comunión.
Hoy estamos hablando sobre la disciplina del servicio. Es por medio de la práctica de estas disciplina, especialmente las primeras cuatro, que llegaremos a entender que Dios nos ha llamado a la quinta.
Si pasas tiempo escuchando la Palabra de Dios, si pasas tiempo conversando con él, y considerando cuidadosamente como ser un buen mayordomo de aquello que se le confía a usted, sabiendo que no le pertenece a usted sino a Jesús, si tú estás en medio de una comunidad de discípulos honestos que dicen la verdad; entonces, tú estás justo donde necesitas estar para discernir el llamado de Dios para tu vida.

Cada minuto de cada día debemos ir en busca de oportunidades de servir a Jesús por medio del servicio a los demás. Debemos recordar constantemente que, como el Señor, no estamos aquí para ser servidos sino para servir. Como él, nosotros debemos pasar nuestra vida sirviendo a otros.

La Madre Teresa insistía en limpiar los baños cada día. Ella elegía ser una sirvienta y ella necesitaba recordar lo que significa servir. Así, incluso después de recibir el premio Nobel, ella se mantenía limpiando los baños. Tú podrías pensar que el llamado de su vida - servir a los pobres y necesitados en el nombre de Jesús- habría sido un servicio más que suficiente; pero ella sentía la necesidad de dar un ejemplo de servicio y recordar constantemente que Jesús vino para servir a las personas.
Jesús sorprendió a sus discípulos al lavar sus pies. Hay características de un seguidor de Jesús que preferiríamos olvidar, como la obediencia, humildad y servicio. Pero estas son las mismas cualidades que Jesús instó a sus discípulos. Él dijo:

"Si alguno quiere ser el primero; será el último y el servidor de todos." Marcos 9:35.

En Marcos 10:43-44 Jesús dice:

"Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos." Marcos 10:42-44.

Es fácil decirlo y es duro hacerlo - vivir con la mentalidad de que soy un siervo de toda persona que conozco.

Una vez oí decir: Cada vez que me encuentro con alguién, me digo a mí mismo ¿Cómo puedo agregar valor a la vida de esta persona?
¿Qué puedo decir para ayudar a experimentar más plenamente el valor que Dios le ha dado?
¡Esta es una gran mentalidad! Procuro recordar esto siempre que encuentro una persona; y no pensar en mí mismo ni en lo que ellos piensan de mí; sino en cómo puedo aportar en sus vidas algo que les agregue valor; este es un tipo de servicio.

Columba y los Pictos
En el siglo VII, el cristiano irlandés Columba fue a evangelizar a los paganos celtas y a los Pictos de Escocia. Él tuvo un interesante método para hacerlo. Él estableció una comunidad sobre una isla en la costa de Escocia y reunió personas que querían ser misioneros. Cada uno tenía que tener una habilidad, como ser: trabajar en hierro o en cuero, saber escribir o saber hacer pan horneado.

Habilidades que se necesitaban y habilidades que, preferentemente, la gente de la isla no tenía. Entonces, cuando ellos estuviesen listos tomarían un bote de la isla al continente y podrían moverse dentro de la comunidad; pero no podrían decir una sola palabra sobre su plan misionero.
Como parte de la comunidad ellos se podrían tornarse relevantes por medio de la fabricación de herramientas de hierro; enseñando a las personas a leer y escribir, o por proveer algún servicio que la comunidad necesitaba.

Como parte de la comunidad, ellos comenzarían a agregarle valor haciendo herramientas de hierro, enseñando a la gente a leer y escribir o proporcionando algún servicio que la comunidad necesitaba. Ministrando y sirviendo a las personas, ellos ganarían su confianza y el derecho de tener una conversación con ellos sobre su creencia en Dios - compartiendo la historia del evangelio de Jesús. Así fue como Columba y su misión evangelizaron Escocia. Años más tarde, cuando Inglaterra había perdido el evangelio y nuevamente fueron invadidos por el paganismo, fue Escocia e Irlanda quienes re-evangelizaron a los ingleses. Fue tan exitoso, que incluso, podría ser un buen modelo hoy en día.

Cuando servimos a las personas, nos ganamos el derecho de tener una conversación con ellos sobre cosas espirituales. Es una gran manera de ser misionero y es exactamente lo que Jesús modeló para nosotros y nos llamó a hacer. Supongamos que tuviéramos una forma similar de pensar. Supongamos que pensamos en nuestros trabajos, nuestra participación en deportes, nuestra asistencia a la escuela, nuestra residencia en nuestro vecindario, como una forma de relacionarnos y servir y ganar una audiencia para Jesús. No es un trabajo, no es una carrera, no es la vida, ¡es el ministerio! Jesús dice, el que salvará su vida (es decir, el que la guarde o la proteja), el que intente aumentarla, la perderá. Pero “el que pierda su vida por mí [y por el evangelio], la salvará” (Marcos 8:35).

Esto sugiere que cuanto más doy de mí mismo para servir a los demás, más crece mi vida. Y cuanto más pienso en mí mismo y en mis deseos y placeres, más disminuye mi vida. Santiago dice “sed hacedores de la Palabra y no sólo oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:21). No necesitamos una lista más larga de cosas que hacer. Queremos ser hacedores. Es autodestructivo centrarse en lo que sabes. Debes enfocarte en lo que Dios te ha llamado a hacer.

Aquí hay algunas preguntas para ayudarte a saber lo que Dios quiere para ti. 
Primero, ¿sabes lo que Dios te ha llamado a hacer? ¿Has escuchado su llamado? 
Segundo, ¿sabes qué ministerio te ha asignado Dios? 
Tercero, ¿cuánto tiempo le está dando al ministerio? Esto se vuelve un poco difícil de resolver. Hágase la pregunta: "¿Qué haría si no tuviera que hacer nada?" Si ganaras la lotería, por ejemplo, ¿mantendrías tu trabajo? Si la respuesta es no, entonces probablemente solo esté haciendo su trabajo porque lo necesita, y no como un medio de ministerio. 
¿Cuánto tiempo cada semana dedica al ministerio? 
No me refiero a que si eres un trabajador de una fábrica, te dedicas a un día completo de trabajo. 
¿Cuánto tiempo cada semana dedica usted realmente al ministerio de servir?

¿Tiempo de diezmar?
La siguiente pregunta es, ¿cuánto tiempo está dispuesto a reservar para el ministerio? Suponga que usted fuera a crear una asignación para el ministerio al dar el diezmo. ¿Qué pasaría si diezmáramos nuestro tiempo? Si dijéramos: “Aquí hay un tiempo que voy a reservar específicamente para el ministerio”. 
Una vez más, esto se complica porque gran parte del mejor tipo de ministerio tiene lugar en el contexto de la vida. No es algo que salimos a hacer; es algo que hacemos sobre la marcha. Si no somos intencionales, podemos encontrarnos simplemente viviendo la vida, ganándonos la vida, volviendo a casa, acostándonos, levantándonos y haciéndolo todo de nuevo, sin ningún pensamiento consciente de que estamos sirviendo y ministrando al hacer esto. Y probablemente no lo somos. Solo estamos viviendo.

El servicio comienza en tu mente. Encontré esto en el libro de Rick Warren, The Purpose Driven Life. Warren lo hace muy bien al hablar de vivir la vida con un propósito. Desarrolla hábilmente la idea de servidumbre y lo que significa. Repasemos algunas afirmaciones que hace: Los siervos piensan más en los demás que en sí mismos. Los sirvientes no se despiertan por la mañana y dicen "¿Me pregunto qué haré hoy?" Los sirvientes se despiertan por la mañana pensando: "Me pregunto qué tiene el Maestro para que yo haga hoy". Los sirvientes dedican la mayor parte de su tiempo y energía a pensar en servir, en lo que los demás les piden, en lo que significa ser un sirviente.

Una figura, un fuego y un pez.
Característico de Jesús, Pablo dice “Se despojó a sí mismo” (Filipenses 2:7). Renunció a todos los pensamientos sobre sí mismo, lo que podía obtener o lo que quería, para servir, porque eso es lo que era. ¡Dios es un siervo! 
El siguiente punto dice: Los sirvientes piensan como mayordomos, no como dueños. Los sirvientes no son dueños de nada. Se les han confiado cosas que pueden usar sabiamente por el bien de su Maestro. Jesús dice que nadie puede servir a dos señores (Lucas 16:13). No se puede servir a Dios y al dinero a la vez. Si mi vida está controlada por la necesidad de ganar dinero o de acumular mi cuenta de jubilación, inmediatamente tengo un conflicto. Si Jesús tiene razón, y nadie puede servir tanto a Dios como al dinero, entonces todo cristiano que intente vivir en cualquier parte de una sociedad como la nuestra que gira tanto en torno al dinero, tiene un verdadero desafío en sus manos.
¿Qué significa vivir en nuestra sociedad y no servir al dinero, no preocuparse por el dinero y cómo pagar las cuentas, cómo ahorrar lo suficiente para la jubilación y proveer para la educación de los niños? ¿Qué significa servir a Cristo en lugar de servir al dinero? 
La respuesta parece estar en el área de la administración. Cuando entendemos que no somos dueños de nada, sino simplemente mayordomos que usan lo que Dios nos ha confiado para los propósitos que Él tiene en mente, entonces es más fácil de entender.

En tercer lugar, los sirvientes piensan en su trabajo, no en lo que hacen los demás. Una de las grandes historias que ilustra esto viene al final del evangelio de Juan. Es después de la resurrección de Jesús y Pedro dice: “Voy a pescar”. Y los otros discípulos dicen: “Iremos contigo”. 

Mientras bajan al lago, comienza a amanecer y ven una figura en la orilla y un pequeño fuego ardiendo allí. La figura en la orilla les dice: "¿Tienes algún pez?" ¡Ese fue un comentario interesante! Eventualmente se dan cuenta de que es el Señor. Pedro salta al agua y nada hasta la orilla. Jesús enciende un fuego—carbón y pescado—y les sirve el desayuno.
Después del desayuno, Jesús le pregunta a Pedro: “Pedro, ¿me amas?”. Pedro responde: “¡Señor, tú sabes que lo hago! Jesús le hace la misma pregunta tres veces y cada vez Pedro responde: “¡Señor, tú sabes que te amo!”. Jesús está recomponiendo a Pedro después de su fracaso y traición. Jesús está reincorporando a Pedro a su cargo. Debe haberse sentido bien para Pedro saber que él y Jesús estaban bien, que todavía tenían una relación y que todavía había algo que él podía hacer.

¡Olvídate de lo que está haciendo!
Inmediatamente después de eso, Jesús se pone en marcha por la playa. Él y Pedro caminan y hablan. Entonces Pedro se da vuelta para ver a Juan siguiéndolos de lejos, y Pedro le dice a Jesús: “Señor, ¿qué hay de este hombre?” Y Jesús le dice a Pedro: “No te preocupes por él; eso no tiene nada que ver contigo Solo sígueme.
¿No es eso interesante? Esta cuenta es un paradigma, algo más que un informe de una conversación casual. ¡Lo que Jesús nos está diciendo es que seguirlo a Él es algo altamente individualizado! Seguir a Cristo, ser su discípulo, se trata de cómo te relacionas con él. No tiene nada que ver con la forma en que otras personas se relacionan con Jesús, porque otras personas pueden ir a lugares y hacer cosas que Jesús no te permitirá hacer.
Otros pueden eludir responsabilidades que usted no puede eludir. Es posible que te encuentres diciendo: “¡No es justo! No entiendo por qué él puede hacer esto y yo no”. Y Jesús probablemente te diría exactamente lo que le dijo a Pedro: “¿Qué te importa a ti? Solo sígueme. Los sirvientes no se preocupan por lo que hacen los demás. Simplemente se enfocan en lo que se supone que deben hacer. En Romanos 14:4 hay una declaración interesante. “¿Quién eres tú para criticar al sirviente de otro? El Señor determinará si su siervo ha tenido éxito”. Cuando yo era un cristiano nuevo, estaba muy preocupado por lo que otros estaban haciendo. He descubierto que mi preocupación es suficiente, si me enfoco en mí mismo y en cómo estoy sirviendo al Señor.

El siguiente punto: Los siervos basan su identidad en Cristo. La única aprobación que cuenta es la aprobación del Señor (2 Corintios 10:18). Me he dado cuenta de que gran parte de lo que hago, lo hago por el bien de la aprobación de los demás, y estoy tratando activamente de desengancharme de mi necesidad de esto. Lo único que me importa es lo que Jesús tiene que decir. La única aprobación que cuenta es su aprobación. No importa si los demás piensan que soy un buen tipo o una persona capaz o un buen pastor. Lo único que importa es lo que piensa Jesús. Esto es cierto para la servidumbre.

Uno más para Jesús
Por último, los siervos piensan en el ministerio como una oportunidad, no como una obligación. El Salmo 100:2 dice: “Servid al Señor con alegría”. 
Warren cuenta una historia sobre su padre en su sección sobre el servicio en Purpose Drive Life. Él dice: “Mi padre fue ministro durante más de cincuenta años, sirviendo principalmente en pequeñas iglesias rurales. Era un simple predicador, pero era un hombre con una misión. Su actividad favorita era llevar equipos de voluntarios al exterior para construir iglesias para pequeñas congregaciones. Durante su vida, papá construyó más de 150 iglesias en todo el mundo. En 1999 mi padre murió de cáncer. En la última semana de su vida, la enfermedad lo mantuvo despierto en un estado semiconsciente durante casi veinticuatro horas al día. Mientras soñaba, hablaba en voz alta sobre lo que estaba soñando.
“Sentado junto a su cama, aprendí mucho sobre mi papá simplemente escuchando sus sueños. Revivió un proyecto de construcción de iglesia tras otro. Una noche, cerca del final, mientras mi esposa, mi sobrina y yo estábamos a su lado, papá de repente se puso muy activo y trató de levantarse de la cama. Por supuesto, estaba demasiado débil y mi esposa insistió en que se volviera a acostar. Pero él persistió en tratar de levantarse de la cama. Entonces, mi esposa finalmente preguntó: 'Jimmy, ¿qué estás tratando de hacer?' Él respondió: 'Tengo que salvar uno más para Jesús, tengo que salvar uno más para Jesús, tengo que salvar uno más para Jesús'.
“Empezó a repetir esa frase una y otra vez. Durante la hora siguiente, dijo la frase probablemente cien veces: "Tengo que salvar a uno más para Jesús". Mientras me sentaba junto a su cama con lágrimas en las mejillas, incliné la cabeza para agradecer a Dios por la fe de mi padre. En ese momento, papá extendió la mano y colocó su frágil mano sobre mi cabeza y dijo, como si me estuviera comisionando: ‘Guarda uno más para Jesús, guarda uno más para Jesús, guarda uno más para Jesús’”.

Conclusión

Tengo la intención de hacer eso. Tengo la intención de que ese sea el tema del resto de mi vida. Te invito a que lo consideres también como un enfoque para tu vida, porque nada hará una mayor diferencia para la eternidad. Si quieres ser usado por Dios; debes preocuparte por lo que a Dios le importa. Lo que más le importa es la redención del pueblo que hizo. Él quiere que sus hijos perdidos sean encontrados. Nada le importa más a Dios, la cruz lo demuestra. Oro para que siempre estés al acecho para alcanzar a uno más para Jesús, para que cuando estés delante de Dios, puedas decir: “Misión cumplida”. ¡Ese es un propósito, un llamado, un ministerio y un enfoque! Y eso le da un significado real a todo lo que hacemos en nuestras vidas.

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