Restitución

INTRODUCCIÓN

Invito a todos a abrir sus Biblias en el libro de Malaquías 3:7-10. El texto nos dice así: 
“Desde la época de sus antepasados se han apartado de mis preceptos y no los han guardado. Vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes — dice el Señor Todopoderoso—. Pero ustedes replican: ‘¿En qué sentido tenemos que volvernos?’¿Acaso roba el hombre a Dios? ¡Ustedes me están robando! Y todavía preguntan: ‘¿En qué te robamos?’ En los diezmos y en las ofrendas. Ustedes —la nación entera— están bajo gran maldición, pues es a mí a quien están robando. Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde (NVI). 

Para entender correctamente este texto es importante considerar el contexto histórico del libro de Malaquías. El nombre Malaquías significa “mi mensajero”. Él fue el último de los profetas menores en registrar sus mensajes por escrito, pero no escribió nada sobre sí mismo; por eso, casi no tenemos información sobre él. 

Pero eso no es importante, porque cuando se habla de un mensajero, lo que  más importa son sus mensajes y no quién es o de dónde viene. Malaquías es uno más de los profetas pos-exilio; probablemente haya sido llamado cuando Nehemías estaba reconstruyendo Jerusalén y las cosas se estaban desintegrando en el pueblo. En este contexto, Malaquías vino con su mensaje para dejar en evidencia el pecado del pueblo y llamarlo de regreso a Dios. 

En su libro, Malaquías acusa al pueblo de Israel, junto a su sacerdocio, de estar cometiendo varios pecados, entre ellos: 
- Ofrecer sacrificios inmundos, Mal. 1:6-14 
- Despreciar los privilegios divinos, Mal. 2:1-9 
- Matrimonios con mujeres paganas, Mal. 2:10-12 
- Contaminación del sacerdocio, Mal. 1:6 
- Arrepentimiento hipócrita, Mal. 2:13 
- Divorcio de las esposas, Mal. 2:14-16 
- Opresión a los pobres, Mal. 3:5 
- Robo de los diezmos y ofrendas, Mal. 3:7-10 

Vean que se trata de un contexto muy parecido al de los profetas del Antiguo Testamento: rebeldía, pecado, distanciamiento de Dios, etc... El pueblo había regresado del cautiverio, ya estaban establecidos como nación, el templo y la ciudad estaban en proceso de reconstrucción; o sea, todo iba muy bien, pero no estaban felices con Dios. 
Ellos creían que los impíos estaban viviendo mejor que ellos. Creían que Dios no estaba siendo justo, querían recibir más de lo que estaban recibiendo. 
Debido a esa insatisfacción con Dios, fueron distanciándose cada vez más del pacto que Dios había hecho con ellos en el pasado. 
Esta es una historia que se repite cada tanto. Nosotros pecamos y, por eso, recibimos las consecuencias de nuestros pecados, y después culpamos a Dios. 
El ser humano, históricamente, tiene dificultades para asumir la responsabilidad de sus errores. 

I. EL SEÑOR NOS PIDE QUE VOLVAMOS A ÉL. 

El libro de Malaquías es un llamado de Dios para que el pueblo regrese a los caminos del Señor. Ellos habían abandonado el pacto firmado con Dios y escrito en el libro de Deuteronomio. 

1. ¿Por qué el pueblo de Israel necesitaba volver al Señor? 

El pacto que Dios firmó con el pueblo de Israel incluía bendiciones y maldiciones. Las bendiciones eran condicionales a la obediencia. Al no estar en obediencia al Señor, estaban recibiendo las maldiciones del pacto, pero no lograban verlo. Ellos acusaban a Dios de haberlos abandonado, pero la realidad era que ellos habían abandonado a Dios. Cuando Dios les pidió que volvieran, les estaba pidiendo que volvieran a ser fieles al pacto, para que así volvieran a recibir las bendiciones del mismo. Si ellos querían volver a recibir las bendiciones del Señor, debían obedecer, porque esa era la condición que habían firmado en el pasado. 

Amigos, lo que sucede hoy no es diferente. Dios realmente quiere bendecir a sus hijos, pero muchas veces, nuestra desobediencia impide que Dios derrame sus bendiciones sobre nosotros. 
Tenemos como ejemplo la historia de Moisés. El sueño de Dios era que él entrara en la Tierra prometida, pero él golpeó la piedra, en vez de hablarle junto a las aguas de Meriba (Números 20); este pecado impidió que Dios cumpliera su sueño en la vida de Moisés. 
Hay muchos sueños que dejamos de vivir a causa de nuestros pecados. El pueblo decía “¡El Señor no nos está bendiciendo!”. Dios decía; ¡“Yo Jehová no cambio”! (Malaquías 3:6) 
Si ustedes no están siendo bendecidos, la culpa es de ustedes. Vuelvan a mí y recibirán las bendiciones. 

2. ¿Por qué dejaron de entregar los diezmos y las ofrendas? 

En el libro de Malaquías, Dios acusa al sacerdocio y al pueblo de estar en pecado. 
El sacerdocio es acusado de haber profanado la adoración al ofrecer sacrificios defectuosos y de adulterio, porque cambiaban a sus esposas por mujeres más jóvenes. Y el pueblo era acusado de ser infiel, pues le estaban robando a Dios en los diezmos y las ofrendas. Ellos dejaron de devolver los diezmos y las ofrendas por dos motivos: 
Primero porque comenzaron a mirar a los impíos (Malaquías 3:15) y llegaron a la conclusión de que estos eran infieles y no sufrían por eso; y 
Segundo porque les faltó fe. Como estaban viviendo una crisis tanto económica como espiritual, y la crisis económica era consecuencia de la crisis espiritual, tuvieron miedo de que les faltara comida. 
Una de las promesas del pacto era que si ellos eran fieles, Dios les mandaría lluvia en el momento indicado (Deuteronomio 28:12), y así plantarían y cosecharían en abundancia, pero la lluvia no llegaba debido a su pecado; por eso, la cosecha estaba comprometida. 

Por eso, tenían miedo de entregarle al Señor su parte, y quedarse sin lo suficiente para cubrir sus necesidades. 

Desgraciadamente, hoy tenemos muchos cristianos que no devuelven los diezmos y las ofrendas por falta de fe. 
La crisis económica es una realidad en muchos países, y en medio de las crisis tenemos falta de fe, pero es exactamente en estos momentos de crisis cuando debemos ejercer nuestra fe con más fuerza. Dios prometió sustentarnos y ampararnos en todos los momentos, dijo que nunca estaríamos solos. 
Aunque no recibamos todo lo que nos gustaría, él prometió que nuestro pan y nuestra agua serían seguros (Éxodo 23:25). 
David, en el Salmo 37:25 dice: “No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”. Así que, tal vez Dios no le de todo lo que usted desea, pero si es fiel, él le dará todo lo que usted necesita. 

3. La infidelidad de Israel ¿estaba justificada? 

Es interesante que, humanamente hablando, la infidelidad del pueblo estaba justificada. Tal vez algunos de ellos habían dejado de ser fieles, debido a la apostasía del sacerdocio. Quizás pensaban así: “No devolveré el diezmo a este sacerdocio corrupto”. 

Hoy las cosas no son diferentes. Muchos creen que pueden dejar de ser fieles dependiendo de la condición del pastor o la iglesia, o de las decisiones de la Asociación, etc. 
Pero con esta historia nos damos cuenta de que no hay justificación para la desobediencia, porque incluso con el sacerdocio corrupto como en el período de Malaquías, Dios les dijo que debían volver a devolver los diezmos y las ofrendas. El pecado de los sacerdotes no les daba libertad para pecar. 
De esta forma, Dios muestra que no devolver el diezmo es un pecado que se comete contra Dios, y no contra el pastor, la iglesia o la Asociación. 

II. EL SEÑOR DICE QUE LOS QUE VUELVAN A ÉL RECIBIRÁN BENDICIONES HASTA QUE SOBREABUNDEN 

1. ¿Qué significaba esa bendición para el pueblo de Israel? 

Entender el significado de la palabra bendición es fundamental para interpretar correctamente este texto. ¿Qué es bendición para Dios? 
Muchos creen que es aquello que quiero o deseo. Por ejemplo, quiero un automóvil o una casa, o mucho dinero; si lo obtengo es porque fue bendecido. Y si no lo recibo es porque no fui bendecido. Muchos hasta determinan el tipo de bendición que quieren recibir. Por todo eso, algunos creen que ser bendecido es tener éxito en la vida y no tener ningún tipo de dificultad. 

La bendición es un favor divino, una dádiva, un regalo. En el contexto bíblico, la bendición va junto con aquello que Dios hace en favor de sus hijos. Para el pueblo de Israel, en el período de Malaquías, la bendición que ellos deseaban era la lluvia. Ese es un detalle importante, teniendo en cuenta que muchos, con base en el texto de Malaquías, dicen que si somos fieles a Dios en los diezmos y ofrendas, Dios nos dará bienes materiales como un automóvil, casa, dinero o cosas semejantes. 

Pero, Dios no promete nada de eso, simplemente les está diciendo que si volvían a ser fieles, él les daría nuevamente la lluvia en el momento indicado, como lo había prometido en el pacto. Esto está claro en el texto: “...si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). 

Noten el término “abrir las ventanas de los cielos” refiriéndose a lluvias de forma abundante. Dios no le está prometiendo al pueblo casa, carro o ningún bien material, la bendición prometida es la bendición del pacto. 

En Deuteronomio 28:12 Dios les promete lluvia y sobre eso habla él. La palabra ventanas se podría traducir como “compuertas de los cielos”. Es la misma expresión que se usa en Génesis en ocasión del diluvio, donde se dice que Dios abriría las compuertas del cielo. ¿Entienden? Dios está hablando de lluvia, no de dinero. 
Ellos estaban reclamando que la lluvia no llegaba, por eso sufrían. Entonces Dios les dijo: “Yo soy el mismo, yo no cambié. ¿Recuerdan mi pacto? Dice que si ustedes son fieles, yo les mandaré la lluvia en el momento indicado y lo haré de manera abundante; y haré más: reprenderé al devorador (una referencia a los insectos que destruían las plantaciones)”. 

Entonces, amigos, cuando la Biblia habla de bendición, no se trata de algo que usted desea ni algo que usted determina. La bendición es algo que Dios desea darle, y Dios siempre sabe lo que realmente necesitamos y lo que será mejor para nosotros. Felices son aquellos que confían sus vidas al cuidado del Señor. 

2. ¿La bendición precede a la obediencia o la obediencia precede a la bendición? 

Este es otro detalle importante: ¿será que obedecemos para ser bendecidos u obedecemos porque fuimos bendecidos? ¿Qué viene primero: la bendición o la obediencia? 

En el texto bíblico, la bendición siempre precede a la obediencia. Dios primero nos bendice, después nosotros lo obedecemos. En lo que se refiere a los diezmos y ofrendas eso es claro. Mire: ¿por qué devolvemos los diezmos? Porque Dios primero nos dio la bendición del trabajo. Antes de la bendición del trabajo, nos dio la fuerza, la salud física, para trabajar. 
Nadie podría devolver el diezmo si antes Dios no lo hubiera bendecido. Miremos nuevamente al pueblo de Israel. Dios dejó de mandarles las lluvias porque ellos dejaron de ser fieles; o sea, Dios durante años fue fiel al pacto y les mandaba lluvias, pero ellos primero dejaron de obedecer, y por eso Dios dejó de enviarles las lluvias. 

Muchos usan el texto de Malaquías para apoyar la teología de la prosperidad. Esa teología enseña que cuanto más usted entrega, más recibe de Dios. Si usted da 10, recibirá 20; si da 20, recibirá 40, etc. ¡Eso es mentira! Dicha teología no tiene base bíblica. 

Si ser próspero financieramente fuese el resultado de la fidelidad, Jesús se debería haber vuelto millonario, pero no, él solo tenía una muda de ropa. Y vea a los apóstoles, murieron todos pobres. 

3. Entonces, ¿por qué el Señor nos pide que lo probemos? 

Si la bendición precede a la obediencia, ¿por qué Dios nos pide que lo probemos? Cuando él dijo “Probadme en esto”, ¿será que nos está pidiendo que lo pongamos a prueba? Algo como: “Señor, yo estoy siendo fiel, ahora quiero que me des lo que te pedí”. Como si fuera posible hacer un trato de esos con el Señor. ¡Claro que no! 

¿Quiénes somos nosotros para querer probar a Dios? 

Nosotros debemos ser probados por él. Dios no necesita que le hagan pruebas. Lo que Dios les pide aquí es que vuelvan a ser fieles para así experimentar nuevamente las bendiciones del pacto. 
Es un “probar” no de “examinar” sino de experimentar o sentir nuevamente las bendiciones del pacto. Mientras ellos estaban siendo infieles, Dios les quitó las bendiciones. Si ellos volvían a ser fieles, Dios volvería a bendecirlos, y ellos verían eso de forma real. 

III. VOLVER AL SEÑOR ¿INVOLUCRA EL PRESENTE O TAMBIÉN EL PASADO? 

Cuando hablamos de volver al Señor dentro del contexto de diezmos y ofrendas, ¿será que Dios espera que redimamos el pasado, o sea, el período de infidelidad? ¿O para Dios lo que importa es solamente la fidelidad en el presente y lo que quedó atrás no tiene importancia? Con relación a eso, debemos considerar los tres puntos siguientes: 

1. El pueblo de Israel fue acusado de robo. Dios acusa al pueblo de Israel de robo. ¡Esa es una acusación muy seria! Quien no devuelve los diezmos y las ofrendas de manera fiel y sistemática, le está robando a Dios. Esa frase debería causar pavor en cualquier cristiano, pero desgraciadamente parece que algunos no se asustan con ella, y viven dentro de la iglesia, queriendo recibir las bendiciones del Señor, pero sin devolverle lo que le pertenece. 

Tal vez hoy le estoy hablando a alguien que es adventista hace años, pero nunca fue fiel al Señor. Quizás usted esté pensando: “Yo no devuelvo el diezmo, pero aun así estoy recibiendo las bendiciones del Señor”. 

Amigo, recuerde la historia de Israel. Ellos fueron infieles durante mucho tiempo, y las lluvias seguían cayendo, pero llegó un día en el que las lluvias no cayeron más. 
Llegará un momento en el que las bendiciones dejarán de caer sobre usted y, si eso no sucede aquí en la tierra, sepa que la mayor bendición que Dios tiene para nosotros es la salvación, y vea lo que Dios nos dice a través de Elena de White: 
“El tiempo pasa rápidamente hacia la eternidad. No retengamos de Dios lo que le pertenece. No le rehusemos lo que, aun cuando no puede ser ofrecido con mérito, no puede ser negado sin ruina...” (HAp., 452). 
Elena de White está diciendo que nadie será salvo porque devuelve los diezmos, pero que muchos se perderán por no devolverlo. 
Entonces, podemos concluir que el diezmo no es tema de salvación, pero sí de perdición. 

2. Si alguien robó, debe devolver lo que fue robado. Según el diccionario, “robar” es apropiarse de un bien ajeno, mediante violencia, amenaza o fraude. El diccionario también dice que robar es practicar robos, o sea, actuar como ladrón. Yo no conozco ningún país donde un ladrón que es descubierto no tenga que pagar, de alguna forma, por el crimen que cometió. En muchos lugares, los criminales, además de devolver lo que robaron, también pierden la libertad; o sea, van a la cárcel por determinado tiempo, de acuerdo con la gravedad del crimen practicado. ¿Será que con Dios debe ser diferente? 

Vea lo que dice Elena de White al respecto: “Apresuraos, hermanos y hermanas, en devolver a Dios un diezmo fiel, y en llevarle también ofrendas de agradecimiento voluntarias. Hay muchos que no serán bendecidos hasta que restituyan los diezmos que han retenido. Dios espera que redimáis el pasado. La mano de la santa ley alcanza a cada alma que disfruta de los beneficios de Dios. Que los que han retenido el diezmo hagan un cálculo exacto y devuelvan al Señor lo que han robado de su obra. Haced restitución y llevad al Señor ofrendas de paz” (CSMC, 87). 

Restituir es devolver lo que pertenecía al anterior poseedor.
El mensaje es muy claro: aquellos que retuvieron el diezmo del Señor, deben devolverle lo que le pertenece, porque se apropiaron de algo ajeno mediante un fraude. Eso es robo. ¿Todos deben devolver los diezmos atrasados? Ahora ¿será que todos deben devolver los diezmos atrasados? 

Hay dos situaciones en las que esto no se aplica. En primer lugar, a quienes no conocían este mensaje, o sea, vivían en el tiempo de ignorancia (Hechos 17:30). Estos no lo devolvían no porque no querían, sino porque no sabían que era necesario. Dios no les reclamará eso. 

Hay una segunda situación en la que Dios no exigirá la restitución. Vea lo que dice Elena de White: “Si habéis rehusado tratar honradamente con Dios, os ruego que penséis en vuestra deficiencia, y si es posible que hagáis restitución. Si esto no puede hacerse, orad con humildad y contrición que Dios, por amor a Cristo, perdone vuestra gran deuda. Comenzad ahora a actuar como cristianos. No presentéis excusas por haber dejado de dar al Señor lo que le pertenece. Ahora, mientras aún se escucha la dulce voz de la misericordia, mientras aún no es demasiado tarde para corregir los errores, mientras se dice hoy, si oís su voz no endurezcáis vuestros corazones” (CMSC, 105). 

Puede haber situaciones en las que no sea posible la restitución, por ejemplo, alguien que se arrepienta y, por algún motivo no tenga más recursos, o alguien que se arrepintió al final de la vida y, además de no tener más recursos, tampoco tenga más tiempo para adquirirlos, en estos casos, si el arrepentimiento es genuino, Dios lo perdonará. 

Es bueno dejar en claro que son excepciones a la iglesia, Dios juzgará a cada uno de acuerdo con su infinita sabiduría y misericordia. Si hay algún tipo de posibilidad, aunque lleve muchos años, Dios espera que redimamos el pasado y restituyamos lo que le pertenece. 

CONCLUSIÓN 

Queridos, el deseo de Dios es bendecirnos cada día más. Vea qué linda es la promesa que tenemos en el libro de Isaías: 
"Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. Ciertamente el pueblo morará en Sion, en Jerusalén; nunca más llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor te responderá. Bien que os dará el Señor pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus maestros nunca más te serán quitados, sino que tus ojos verán a tus maestros. Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él" (Isaías 30:18-21) 
Este texto dice que primero, Dios es justo. 
Segundo, él tendrá piedad de sus hijos y nunca más permitirá que lloren. 
Tercero, felices son los que en él confían, pues aunque coman el pan de la angustia y el agua de la aflicción, él les mostrará el camino para salir de esa situación. A estos les dirá: “Este es el camino, andad por él”. El llamado del Señor es: “Vuelvan a mí”. 

Amigos, Jesús es el camino, volver a él es estar en el camino. 
¿Dónde está usted en su caminata cristiana? 
¿Por qué camino ha estado andando usted? 
Si por esas cosas de la vida usted ha andado lejos del camino que Jesús quiere que recorra, pare donde se encuentra y vuelva de manera urgente a los caminos del Señor. 
Y Malaquías promete que si usted vuelve a Dios, él volverá a usted. 

¡Que Dios nos bendiga a todos! 

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