Permita que Dios administre su dinero

I. INTRODUCCIÓN

Parte de ese plan divino es una estrategia para tratar con nuestro dinero. 
Cuando el tema es finanzas, tendemos a suponer que tener más es mejor; tal vez, pero no necesariamente. 

Para garantizar librarnos de la ansiedad asociada con asuntos financieros, necesitamos seguir dos principios bíblicos básicos. 


Primero, tenemos que vivir en el nivel que el Señor nos quiere dar. 
Segundo, debemos evitar vivir de préstamos. 
En la parábola de los talentos, Jesús dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré […]” (Mateo 25:21). Por otro lado, Jesús dijo: “a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lucas 12:48).
Si administramos fielmente el dinero que el Señor nos confió, generalmente podremos esperar que él nos confíe más. Pero el objetivo principal para confiarnos más es promover su reino en la Tierra. 
En 2 Corintios 9:11 se nos dice: 
“Para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios”.

II. COMIENCE CON LA FIDELIDAD A DIOS

El primer paso es devolver el diezmo y las ofrendas.

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Los que intentaron descubrir la verdad por detrás de este texto descubrieron que Dios no promete necesariamente proveer más y más dinero. Él puede o no concederlo, pero definitivamente provee más y más de su paz. 
Actualmente mucha gente tiene mucho más que lo suficiente para satisfacer sus propias necesidades y se dedican solo a satisfacer sus deseos egoístas. 
Encuestas realizadas por el Instituto Gallup, revelan una verdad tremendamente vergonzosa: la mayoría de los cristianos no solo no devuelve el diezmo, sino que tampoco da ni 1% de sus ingresos como ofrendas al Señor y su obra.

III. EVITAR LOS PRÉSTAMOS

El segundo principio bíblico que garantiza librarse de la ansiedad en asuntos financieros es evitar los préstamos. A pesar de que los préstamos no están prohibidos, la Biblia claramente los desaconseja. “El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta”, dice Proverbios 22:7.

En nuestra cultura, una forma común de endeudamiento es el uso de tarjetas de crédito. Pueden resultar convenientes, pero quien no paga todo el saldo mensual sería mejor que desistiera de usar las tarjetas, para evitar el préstamo.

Un día, un miembro de iglesia que era soltero y no tenía hijos, vino y me dijo: 
- “Necesito que me dé un consejo financiero. Durante años he estado luchando con problemas financieros, pero hasta ahora no he tenido la valentía de pedir que alguien me ayudara. Usted es un tesorero. ¡Por favor, ayúdeme!
Yo le pregunté: 
- “Después de devolver el diezmo y las ofrendas ¿Cómo gasta mensualmente su dinero? ¿Tiene el control de cuánto gasta para alquiler, servicios públicos, alimentación, vestimenta, combustible, arreglos del auto, productos de higiene personal, seguros, diarios, libros y donaciones?
- “Oh, no tengo idea”- respondió él.
- “Ya me imaginaba”, pensé. Si él no sabe en qué gasta su dinero, ¿cómo puede vivir dentro de sus recursos? Le expliqué la necesidad de tener un plan financiero para cada mes. 
Comenzamos a preparar un plan para los próximos tres meses. Él también tuvo que escribir todos los gastos mensuales fijos.
Después de analizar sus gastos durante dos meses, noté que su problema era que él gastaba de 20 a 25% de su ganancia líquida para el auto (combustible, impuestos, seguros, estacionamientos, etc.). Y no tenía ningún ahorro para depreciación. Después de entender su problema, él vendió el auto y compró un 
vehículo más económico. Trabajamos juntos, y después de algunos otros ajustes, aprendió a controlar sus finanzas sin acumular ninguna deuda. 

IV. HABILIDADES PARA ADMINISTRAR EL DINERO

Administrar sus ingresos es un arte y una gracia de Dios. Eso tiene que ver con (entre otras cosas) nuestra personalidad, la influencia de las propagandas, los amigos y vecinos. Me parece que, en la sociedad actual, cada generación encuentra más dificultad en enfrentar los gastos que la generación anterior. 
Estamos tentados a comparar nuestra vida con el estilo de vida de las familias de nuestro barrio, nuestra iglesia, o los programas de televisión. La generación que vivió la Segunda Guerra Mundial se está muriendo, y con ella, un pueblo que vivió tiempos difíciles. Desde entonces hemos visto 60 años de prosperidad en Occidente. ¿Qué ayudará a planificar el futuro financiero de nuestras familias?

V. POR DÓNDE COMENZAR

Vivienda y transporte (auto) son dos de los mayores gastos de una familia. 
Hacer malas inversiones en esas áreas puede arruinar financieramente a la familia. Es absolutamente esencial calcular el costo de mantenimiento antes de firmar un contrato. Las familias pagan caro por errores en estas dos áreas. 
Jesús dio por sentado que, si alguien quiere construir una torre, se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene dinero suficiente para terminarla (Lucas 14:28). Si su familia paga más de 50% a 60% de sus ingresos líquidos para su casa y transporte (financiamiento o mantenimiento), crearon un gran problema financiero. En algunos casos, una familia puede pagar temporariamente porcentajes más elevados por estas dos áreas, es decir, puede ser aceptable por ciertas circunstancias. A largo plazo, sin embargo, vivir con 30 a 40% es muy poco para sobrevivir sin entrar en deudas.
Los deseos realistas y razonables son señales de una familia que santificó su vida ante Dios. Esta familia tendrá un presupuesto con una estructura financiera saludable. Es sencillo: solo podemos gastar lo que ganamos, no más. 
Nuestras ganancias limitan nuestros deseos. En este contexto, la familia con una abundancia de dinero puede mantener en mente la visión bíblica de la vida: 
“Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar” (1 Timoteo 6:7). Sin embargo, la familia que se queja del poco de dinero que posee, 
puede considerar el versículo siguiente, “Así que, si tenemos sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:8). 

Observe las siguientes orientaciones sobre el control de los gastos:
1. Autodisciplina. Ponga todos los gastos bajo el control de Dios. Al hacerlo, usted se volverá un gerente de finanzas de Dios, y entonces todos los gastos deben hacerse a partir del punto de vista de Dios. Con la orientación de Dios cualquier mal hábito puede romperse. Además, debe limitar el número de salidas a negocios o shoppings y nunca hacer compras cuando está con hambre o deprimido. 
2. Tenga un presupuesto mensual. Determine cuánto debe gastar cada mes en cada área. Asuma el compromiso de mantenerse dentro del presupuesto. Mire su presupuesto de manera realista. El presupuesto es la manera como las personas pueden organizar y controlar sus recursos financieros, definir y realizar objetivos, y decidir con anticipación cómo administrará el dinero para el bien de la familia.
Si hay rendición de cuentas, estará más inclinado a ser cauteloso en sus gastos habituales. 
¿Cómo puede ayudar su iglesia a conocer y vivir esos principios?

CONCLUSIÓN

¿Le gustaría hoy pedirle ayuda a Dios que él dirija sus finanzas de acuerdo con los planes y orientaciones que él nos dejó? Si ese es su deseo, me gustaría invitarlo a ponerse de pie para orar

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