Las raíces del desontento
“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:16).
Los álamos son árboles hermosos, que alcanzan entre 15 y 30 metros de altura. Prosperan en climas fríos con veranos frescos. Su madera se utiliza en muebles, y también para hacer fósforos y papel. Los ciervos y otros animales a menudo se alimentan de álamos jóvenes durante los duros inviernos, ya que su corteza contiene muchos nutrientes. Sin embargo, los álamos son más notorios por el hecho de que tienen uno de los sistemas radiculares más grandes del mundo vegetal.
Las raíces se reproducen por brotes subterráneos y forman un entramado que puede extenderse con relativa rapidez, y llegan a cubrir grandes áreas. Los árboles individuales de álamo temblón pueden vivir hasta 150 años, pero el organismo más grande, ubicado debajo del suelo, puede vivir miles de años. En el estudio de esta semana, queremos descubrir algunas de las raíces de nuestro descontento.
Hay muchas cosas que pueden impedirnos encontrar el verdadero descanso en Jesús. Algunas de ellas son obvias y no requieren mucha atención. Otras pueden ser menos obvias para nosotros y, al igual que con el enorme sistema subterráneo e invisible del álamo temblón, es posible que no siempre seamos conscientes de las actitudes y las acciones que nos separan de nuestro Salvador.
I. JESÚS TRAE DIVISIÓN
La intranquilidad a menudo funciona como "la punta del iceberg" en nuestra vida. Sin embargo, es posible que no siempre reconozcamos el problema subyacente que causa esta intranquilidad. Así, obtener una visión 20/20 en nuestra vida espiritual requiere ayuda externa.
Muy pocos disfrutan de los conflictos. Anhelamos armonía y paz. Incluso impartimos seminarios para promover la paz y resolver conflictos en nuestras iglesias o instituciones.
"Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios." Mateo 10:34 al 39.
¿Qué tenía en mente Jesús al decir que no vino para traer paz sino espada? ¿Qué significa esto, considerando que Jesús es “el Príncipe de Paz” (Isaías 9:6)?
Parece que hoy la Justicia es considerada una diosa ciega a quien todo el mundo acude esperando que le dé la razón.
La declaración de Jesús en Mateo 10:34 al 39 parece sorprendentemente contradictoria. El Salvador, que vino como un bebé indefenso –no como un rey poderoso rodeado de guardaespaldas de élite–, quien predicaba el amor al prójimo y a los enemigos, ahora les dice a sus seguidores que él trae división y conflictos.
Los discípulos y la audiencia quizá se hayan preguntado, al igual que nosotros: ¿Cómo puede ser esto? Mateo 10:35 al 39 en realidad trata sobre lealtades. Jesús cita Miqueas 7:6 y desafía a su audiencia a tomar decisiones por la eternidad. Un hijo debe amar y honrar a sus padres. Ese era un requisito legal de la Ley que Moisés había recibido en el monte; era parte del modo de actuar requerido por Dios. Sin embargo, si ese amor superaba el compromiso del oyente con Jesús, requería una decisión difícil.
Un padre y una madre deben amar y cuidar a sus hijos. Sin embargo, si ese amor sobrepasaba el compromiso de los padres con Jesús, requería una decisión difícil. Vayamos por partes, nos recuerda Jesús en este pasaje. Jesús expresa esta decisión formulando tres frases, y en cada una utiliza el término digno. Esta dignidad no se basa en normas morales elevadas; ni siquiera en el hecho de vencer el pecado. Se basa en nuestra relación con Jesús. Somos dignos de él cuando lo elegimos a él por sobre todo lo demás (lo que incluye a nuestra madre, padre o hijos). Elegimos el sufrimiento de la Cruz y seguimos a Jesús.
“No tengo mayor deseo que el de ver a nuestra juventud imbuida por el espíritu de la religión pura que los conducirá a tomar su cruz y seguir a Jesús. ¡Adelante, jóvenes discípulos de Cristo, gobernados por los sanos principios, ataviados de vestimentas de pureza y de justicia! Vuestro Salvador os guiará hacia el puesto que se adapte mejor a vuestros talentos y en el que podáis ser más útiles” (5TI, 82).
A veces nos vemos obligados a llevar una cruz que no elegimos; y a veces, voluntariamente, llevamos una cruz. Cualquiera que sea el caso, ¿cuál es la clave para llevar esa cruz fielmente?
II. EGOÍSMO
"La humildad hace de los hombres unos santos ángeles; pero fue la soberbia que convirtió a los ángeles en demonios" Agustín de Hipona.
Como en el caso del álamo y su gran sistema subterráneo de raíces, el egoísmo es parte del enorme entramado subterráneo llamado “pecado”, que nos impide hallar verdadero descanso en Jesús. De todas las expresiones del pecado en nuestra vida, el egoísmo parece ser la más fácil de manifestar, ¿verdad? Para la mayoría de nosotros, el egoísmo es tan natural como respirar.
"Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios." Lucas 12:13 al 21.
Planificar el futuro ¿es egoísta y expresa desprecio por el Reino de Dios? Si no, o al menos no necesariamente, ¿contra qué nos advierte Jesús?
Esta parábola aparece solo en el Evangelio de Lucas y se relata en respuesta a una pregunta anónima de la audiencia. Cuando se le pregunta sobre una herencia, Jesús responde rechazando el papel de árbitro entre hermanos. En vez de eso, opta por señalar con el dedo el problema subyacente más grande; es decir, el egoísmo. Excava más profundo para mostrar la masa de raíces debajo de nuestras acciones individuales.
Piensa en las expresiones de egoísmo en tu vida. ¿Cómo afecta el egoísmo nuestra relación con Dios, con nuestro cónyuge y nuestra familia, con la familia de la iglesia, con nuestros vecinos y nuestros colegas de trabajo?
¿Qué clave se encuentra en Filipenses 2:5 al 8?
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz."
Al centrarse únicamente en sus propias necesidades y ambiciones, el rico anónimo de la parábola de Jesús se olvidó de considerar las realidades celestiales invisibles. Más grande, mejor y más no son los principios fundamentales del Reino de Dios. Pablo nos ofrece un vistazo de lo que motivó a Jesús cuando decidió convertirse en nuestro Sustituto.
Filipenses 2:5 al 8 describe el modelo del altruismo, la humildad y el amor. Si el amor a Dios y a los demás no impulsa nuestras decisiones y prioridades, seguiremos construyendo más “graneros” para nosotros aquí y pondremos menos tesoros en el cielo (Mateo 6:20).
"El orgullo está en el corazón del gran conflicto. Elena de White comenta: "EL orgullo de su propia gloria le hizo desear la supremacía. Lucifer no apreció como don de Dios los altos honores que se le había conferido y no sintió gratitud hacia su Creador. Se gloriaba en su belleza y exaltación, y aspiraba ser igual a Dios" CS, 549
"En la rebelión de Coré se ve en pequeña escala el desarrollo del espíritu que llevó a Satanás a rebelarse en el cielo. El orgullo y la ambición indujeron a Lucifer a quejarse contra el gobierno de Dios, y a procurar derrocar el orden que había ido establecido en el cielo. Desde su caída se ha propuesto inculcar el mismo espíritu de envidia y descontento, la misma ambición por cargos y honores en la mente humana...¿No existen aún los mismos males que fueron el fundamento de la ruina de Coré? Abundan el orgullo y la ambición, y cuando se los cobija, abren. la puerta a la envidia y la lucha por la supremacía; el alma se aliena de Dios, e inconscientemente el alma es arrastrada a las filas de Satanás" PP, 427.
El orgullo y el egoísmo son la raíz del descontento.
En cuanto al abordaje de cuestiones entre los miembros de la iglesia, “la conversación se prolongaba por horas entre las partes interesadas, y no solo habían malgastado su tiempo, sino también habían retenido a los siervos de Dios para que los escuchasen, cuando el corazón de ambas partes no estaba subyugado por la gracia. Si se pusieran a un lado el orgullo y el egoísmo, cinco minutos bastarían para eliminar la mayoría de las dificultades” (PE, 50).
¿Por qué es tan fácil quedar atrapado en el deseo de riquezas y posesiones materiales? Aunque todos necesitamos una cierta cantidad de dinero para sobrevivir, ¿por qué parece ser que, sin importar cuánto tengamos, siempre queremos más? ¿Cómo podemos anticipar e imaginar grandes cosas de Dios sin caer en la trampa de ser consumidos por la ambición?
Pensemos en formas prácticas de superar el egoísmo. ¿Cómo podemos cuidarnos los unos a los otros para que estas ideas se conviertan en realidad?
III. AMBICIÓN
Estudiar la última semana del ministerio de Jesús en la Tierra ofrece una instantánea de cómo la inquietud y la ambición llevan a la gente a hacer y decir cosas desacertadas.
"Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: !!Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero !!ay de aquel hombre por quien es entregado! Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto. Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel." Lucas 22:14-30
Escucha discutir a sus discípulos, durante esta comida solemne, sobre quién de ellos debería considerarse el más grande (Lucas 22:24). ¿Por qué los discípulos se desviaron de esta ocasión trascendental y se centraron en la grandeza humana? Rara vez hablamos con otros sobre quién es el mejor en la iglesia, la familia o nuestro lugar de trabajo. Podemos pensar mucho sobre ello, pero ¿quién, en realidad, habla abiertamente de eso?
La frase "naturaleza vs crianza" resume bien el dilema humano. ¿Somos realmente buenos o relamente malos en el fondo de nuestro corazón? ¿Somos malvados desde el momento en que nacemos, o venimos al mundo como una hoja en blanco y nuestra experiencias y decisiones de la vida nos hacen bueno o malos? Aunque para algunos hoy lo bueno y lo malo solo se trata de una construcción social; el holocausto y los muchos horrendos genocidios del siglo xx han hecho que sea difícil ignorar la presencia del mal.
La Biblia tiene la respuesta. Fuimos creados a imagen de Dios; sin embargo, el pecado, abierta o silenciosamente, destruye la imagen de Dios en nosotros hasta que no queda nada de bueno. Los efectos del virus del pecado son mucho más evidentes en algunos que en otros por la forma en que se comportan, pero en realidad, todos somos pecadores. Por ello, nos damos cuenta de que no tenemos que seguir mirando dentro de nosotros mismos para descubrir quiénes somos. Lo que realmente necesitamos saber es quién es Dios. Y aunque sabemos que nacemos con el virus del pecado, también podemos saber que Jesús pagó por la curación y que ve un potencial en nosotros que muchas veces nos cuesta comprender. Solo cuando reconozcamos e interioricemos esta verdad cesará nuestra intranquilidad.
El hecho es que la naturaleza humana caída divide a la humanidad. El egoísmo, la ambición y el orgullo conducen al conflicto y a la división. Estamos divididos por género, raza, situación económica y educación. Estas divisiones no solo afectan las relaciones entre naciones y tribus, sino también influyen en las parejas y en las familias. Mientras buscamos construir puentes y reparar el dolor de la separación, nos damos cuenta de que esto requiere de un esfuerzo que va más allá de las capacidades humanas.
Esta no era la primera vez que se planteaba esta cuestión en la comunidad de seguidores de Jesús. Mateo 18:1 nos informa que los discípulos presentaron el tema a Jesús y lo formularon de una manera más abstracta: “¿Quién es el mayor en el Reino de los cielos?” La respuesta de Jesús conlleva una lección objetiva. Después de llamar a un niño, lo coloca en el centro del grupo. La acción de Jesús requiere una explicación, y en Mateo 18:3 el Maestro la ofrece también: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos”.
"No, no hablaba de infantilismo sino de esa visión clara y honesta de la niñez. No hablaba de vestir cosplay o de simplificar el vocabulario hasta los límites de un whatsapp, tampoco de pasar el tiempo enganchado a un cómic o una serie manga. Volver a la niñez es volver al tiempo de la inocencia, un tiempo donde la fe es completa, un tiempo donde la sinceridad es natural, un tiempo donde los ideales son realizables, un tiempo sin dobleces donde siempre habla el corazón, volver a la niñez es volver a nuestra verdadera naturaleza" (Victor Armenteros. Palpitando la eternidad. 28/12/2023.
La conversión es fundamental para hallar verdadero descanso en Jesús. Reconocemos que necesitamos ayuda externa. De repente, nos damos cuenta de que no podemos depender de nosotros mismos, sino que debemos confiar en Jesús. Experimentamos una transformación de nuestros valores y ambiciones. Jesús les dice a sus discípulos: Confíen en mí y dependan de mí como este niño. La verdadera grandeza está en renunciar a sus “derechos” y adoptar los valores del Reino. Lamentablemente, parece que los discípulos aún no habían aprendido esta lección cuando Jesús participó con ellos de la Última Cena. Sus disputas y sus luchas internas arruinaron un momento de perfecta comunión, que nunca se repetiría.
¿Todo esto, incluso después de años de estar con Jesús, de servir con Jesús y de escuchar y aprender a sus pies? ¡Qué triste ejemplo de cuán corrupto continúa siendo el corazón humano! Sin embargo, entre los factores más positivos, piensa en la realidad siempre presente de la gracia del Señor, por la que, a pesar de esta patética discusión entre sus seguidores, Jesús no los abandonó. Mantenernos centrados en Jesús en la Cruz ¿por qué debería ser un poderoso remedio contra el deseo de exaltación propia, del que todos somos presa como seres humanos caídos?
IV. HIPOCRESÍA
Un hipócrita es alguien que actúa, que quiere mostrarse como alguien que no es realmente.
El término se usa siete veces en Mateo 23, en un discurso en el que Jesús avergüenza públicamente a los escribas y los fariseos, el núcleo de la dirigencia religiosa judía (Mateo 23:13, 14, 15, 23, 25, 27, 29). Los evangelios muestran que Jesús ofrecía gracia y perdón a los adúlteros, los recaudadores de impuestos, las prostitutas, e incluso a los asesinos, pero demostró poca condescendencia con los hipócritas (ver muchas otras referencias en Mateo 6:2, 5, 16; 7:5; 15:7-9; 22:18).
"Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Mas !!ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando." Mateo 23:1-13
Cuatro características principales de un hipócrita que Jesús menciona.
Jesús asocia cuatro características con los escribas y los fariseos. En el espectro del judaísmo del siglo I d.C., los fariseos representaban la derecha religiosa conservadora. Se interesaban por la Ley oral y escrita, y enfatizaban la pureza ritual. Tal vez, por eso, a nadie le gusta que le digan fariseo. Porque se había vuelto sinónimo de hipócrita.
En el otro extremo del espectro estaban los saduceos, un grupo de líderes, en su mayoría ricos, a menudo asociados con la clase sacerdotal de élite. Estaban sumamente helenizados (es decir, hablaban griego y se sentían cómodos con la filosofía griega), y no creían en un juicio ni en una vida futura. Los podríamos describir como liberales. ¿Nos consideraríamos en la misma liga moral que las prostitutas, los asesinos, los traficantes de drogas o los abusadores de niños?
Ambos grupos eran culpables de hipocresía.
Según Jesús, somos hipócritas:
- Cuando no hacemos lo que decimos;
- Cuando hacemos que la religión sea más difícil para los demás y no aplicamos esos mismos estándares para nosotros mismos;
- Cuando queremos que otros aplaudan nuestro fervor religioso; y
- Cuando exigimos honor y reconocimiento que solo pertenecen a nuestro Padre celestial.
En el caso del fariseo y el publicano; el fariseo quizá no podía pensar en las cosas malas que había hecho últimamente. Creció en la iglesia y nunca consumió drogas, ni fue a clubes nocturnos ni sufrió resacas graves. En general, buscar en los demás para descubrir quiénes somos o qué se esconde debajo de nuestra superficie es arriesgado, ya que siempre podemos encontrar a alguien que es peor que nosotros. En caso de esta comparación, por defecto, siempre nos veremos mejor. El publicano sabía que el era el más bajo de los bajos. Sabía que no tenía nada de que estar orgulloso. No tenía una lista de cosas buenas que haya realizado para compensar las malas. No tenía con quien compararse. Él sabía quién era.
Más allá de sus palabras incisivas y directas, el compromiso de Jesús con aquellos a quienes llamaba hipócritas estaba lleno de amor y preocupación, incluso por estos hipócritas. Mas bien, ante los ojos de Dios, el mundo no está realmente dividido en buenos y malos. La linea divisoria separa a los que saben que necesitan la ayuda de Dios y a los que se niegan a reconocer que necesitan su salvación, esforzándose incansablemente por lograrlo por sí mismos.
“La compasión divina caracterizaba el semblante del Hijo de Dios mientras dirigía una última mirada al Templo y luego a sus oyentes. Con voz ahogada por la profunda angustia de su corazón y amargas lágrimas, exclamó: ‘¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!’ ” (DTG, 572).
¿Por qué no necesitas ser un líder religioso para ser culpable del tipo de hipocresía que Jesús condena tan rotundamente aquí? ¿Cómo podemos aprender a ver ese tipo de hipocresía en nosotros mismos, si existiera, y cómo podemos deshacernos de ella?
V. CÓMO ERRADICAR LA ANSIEDAD
"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." Juan 14:1-6.
La mayoría de nosotros no muestra ambición, hipocresía, egoísmo o envidia por fuera; somos muy susceptibles de ofrecer una fachada externa más benigna. Sin embargo, como el enorme sistema de raíces de un álamo, todas estas características negativas se esconden debajo de la superficie. ¿Cómo se ve en la práctica la transformación del carácter guiada por el Espíritu? ¿Cómo podemos vencer la raíz de la ansiedad y hallar verdadero descanso en Jesús?
En medio de nuestra ansiedad, ¿qué podemos hacer para que nuestro corazón no se sienta turbado? ¿Cuál es la clave para superar la división, el egoísmo, la ambición, la hipocresía, y hallar el verdadero descanso?
"No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" Zacarías 4:6. Esta transformación impulsada por el Espíritu ofrece un buen punto de partida. Para superar la ansiedad, el punto de partida siempre es Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él conoce la dirección correcta cuando deambulamos sin rumbo fijo en el desierto de nuestro mundo saturado de medios; como Legislador divino, él mismo es la Verdad personificada, y su Espíritu nos guiará a toda la verdad (Juan 16:13). Cuando estamos heridos, cansados, agotados, enfermos y desanimados, él es la Vida. No cualquier vida. De hecho, nos ha prometido vida en abundancia (Juan 10:10).
Esto incluye nuestro hogar eterno y la vida eterna, pero también implica una calidad de vida diferente aquí. El Creador seguramente puede darnos eso en abundancia y sin medida, aun ahora. “No se turbe vuestro corazón” es una invitación a vivir con expectativas. Cuando nos sentimos deprimidos, él puede ponernos en un plano superior. Cuando luchamos contra las tinieblas y el pecado, él es el que no solo comenzó, sino también terminará la buena obra en nosotros (Filipenses 1:6). Por más que las cosas empeoren aquí (algo que bien podemos esperar), considera la promesa que se nos ha dado en Jesús. Él está preparando un “lugar” para nosotros, un lugar donde nuestro dolor, ansiedad y sufrimiento serán desterrados para siempre. Esa es la esperanza que se nos ha dado en Cristo Jesús, y se nos ofrece a todos, sin importar quiénes seamos, sin importar nuestro origen, sin importar cuán miserable haya sido o sea nuestra vida ahora. Sin embargo, la clave es que acudamos a Dios en nuestra debilidad de todos modos, con nuestro dolor, nuestro estado pecaminoso en general, destrozados, sabiendo que él nos acepta a pesar de estas cosas. De eso se trata la gracia, y la razón por la que debemos creer que nos fue dada si la buscamos con fe.
"Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros venimos a ti, porque tú eres Jehová nuestro Dios." Jeremías 3:22.
¿Qué nos pide Dios que hagamos nosotros? Y luego, ¿qué hará por nosotros en respuesta?
Dice Jesús: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3).
¿Qué debería decirnos esto acerca de la importancia de la promesa de la Segunda Venida? Especialmente para nosotros como adventistas (con nuestro conocimiento sobre la muerte), ¿por qué es tan preciosa la promesa de la Segunda Venida? Sin ella, ¿qué esperanza tenemos? Sin ella, ¿de qué nos habría servido la primera venida de Cristo, sabiendo que los muertos duermen hasta la resurrección, que ocurre recién en la Segunda Venida?
CONCLUSIÓN
“No puede haber crecimiento o fructificación en la vida que se centra en el yo. Si has aceptado a Cristo como tu Salvador personal, debes olvidarte de ti mismo y tratar de ayudar a otros. Habla del amor de Cristo, cuenta de su bondad. Haz todos los servicios que se presenten. Lleva la carga de las almas sobre tu corazón, y por todos los medios que estén a tu alcance trata de salvar a los perdidos. A medida que recibas el espíritu de Cristo –el espíritu de amor desinteresado y trabajo por otros–, crecerás y darás frutos. Las gracias del Espíritu madurarán en tu carácter. Tu fe se incrementará, tus convicciones se profundizarán, tu amor se perfeccionará. Reflejarás más y más la semejanza de Cristo en todo lo que es puro, noble y precioso” (PVGM, 47).
Los adolescentes no son los únicos que luchan por saber quiénes realmente son. La Palabra de Dios nos ofrece algunas ideas alentadoras. y Hacemos bien en recordar estas afirmaciones, incluso cuando tratamos de darle sentido al mundo y nuestro lugar en él.
En primer lugar no somos accidentes , ni percances. "Porque tú formaste mis entrañas; tu me hiciste en el vientre de mi madre. te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien" Salmos 139:13, 14.
A pesar de nuestro ADN rebelde, él sigue preocupándose mucho por nosotros. Él nos conoce y nos ama a pesar de lo que hemos hecho.
"Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" 1 Pedro 2:9. Dios nos ha elegido; podemos compartir su santidad (que es lo opuesto a nuestro egoísmo); somos su posesión por creación y salvación. Todos estos hechos están destinados a hacernos alabar a Aquel que transformó nuestra oscuridad en una luz brillante y resplandeciente.
"Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer" (Juan 15:15) Jesús nos ofrece una nueva relación consigo mismo. Les decimos a nuestros hijos que elijan sabiamente a sus amigos. Jesús nos eligió como amigos. Sabiendo muy bien quiénes somos realmente.
"Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis" Jeremías 29:11
Los pensamientos o planes de Dios para su pueblo en el tiempo de Jeremías estaban bien diseñados. Si bien el exilio fue horrible, se limitó a un tiempo relativamente corto. Los pensamientos de Dios veían más allá de la realidad actual y anticiparon muchos comienzos nuevos, que finalmente condujeron a la venida del Mesías.
¿Qué pasaría si pudiéramos convencernos de que los planes de Dios para nosotros son verdaderamente buenos?
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