La parte que Dios se reservó
“Y todas las décimas de la tierra,... es cosa consagrada a Jehová” Levítico 27:30.
“¿No sabéis que los que trabajan en el santuario comen del santuario...? Los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” 1 Corintios 9: 13, 14.
“En la economía hebrea, una décima parte de las rentas del pueblo se reservaba para sufragar los gastos del culto público de Dios” (PP, 564).
“Cuando los israelitas estaban por establecerse como nación, la ley del diezmo fue confirmada, como uno de los estatutos ordenados divinamente de cuya obediencia dependía su prosperidad” (PP, 564).
“Un mayordomo fiel hará todo lo que puede en el servicio de Dios; su gran preocupación será la necesidad del mundo. Comprenderá que el mensaje de verdad debe predicarse, no sólo en su propio vecindario sino en las regiones más alejadas” (CSMC, 88).
“Dios quería que sus hijos los israelitas transmitieran luz a todos los habitantes de la tierra. Al sostener su culto público, atestiguaban la existencia y la soberanía del Dios viviente. Y era privilegio de ellos sostener este culto, como una expresión franca de su lealtad y su amor hacia él” (PP, 568).
“La gran comisión dada a los apóstoles les ordenaba ir a todo el mundo y predicar el Evangelio. Esto muestra la extensión de la obra en nuestros días y la mayor responsabilidad que descansa sobre los seguidores de Cristo. Si la ley requería diezmos y ofrendas hace miles de años, ¡cuánto más esenciales son estos ahora!” (CSMC, 73).
“La gran obra misionera a favor de la salvación de las almas debe proseguir avanzando. Mediante el diezmo, los donativos y las ofrendas, Dios ha establecido una amplia provisión para su obra” (CSMC, 76).
“El diezmo es sagrado, y ha sido reservado por Dios mismo. Debe ser llevado a su tesorería para que se lo emplee en la sustentación de los obreros evangélicos” (CSMC, 98).
IV. Bendiciones prometidas a los creyentes obedientes
“Abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” Malaquías 3:10.
“Dad y se os dará... porque con la misma medida con que midieres, os serás vuelto a medir” Lucas 6:38.
“... Y el que siembra generosamente, también generosamente segará” 2Corintios 9:6.
“Nuestro padre celestial no creó el plan de la benevolencia sistemática para enriquecerse, sino para que fuese una gran bendición para el hombre. Vio que este sistema de beneficencia era precisamente lo que el hombre necesitaba” (CSMC, 72)
“Los hombres han perdido mucho a causa de su espíritu egoísta y avaro. Si hubiesen reconocido con plenitud y voluntariamente los requerimientos de Dios y si los hubiesen satisfecho, su bendición se habría manifestado aumentando la producción de la tierra. Las cosechas habrían sido más abundantes. Las necesidades de todos habrían sido ampliamente satisfechas. Cuanto más demos tanto más recibiremos” (CSMC, 95).
“En esta forma se les recordaba constantemente al pueblo que Dios era el verdadero propietario de todos sus campos, rebaños y manadas; que él les enviaba la luz del sol y la lluvia para la siembra y para la siega, y que todo lo que poseían era creación de Aquel que los había hecho administradores de sus bienes” (PP, 565, 566).
“Joven fui y he envejecido y no he visto justo desamparado...” Salmos 37: 25.
CONCLUSIÓN
Dios ha puesto sobre nosotros, su iglesia, un gran desafío: la predicación del evangelio en todo el mundo. Ha generado los recursos para llevar a cabo esta tarea... pero en su sabiduría y misericordia, estos recursos los ha puesto en nuestras manos, a fin de que nosotros disfrutemos de una doble bendición:
MI DECISIÓN
1. Ser elementos activos de esta gran tarea, y
2. Desarrollar nuestra fe en el proceso de reconocer a Dios como el dueño de todo y entregar una parte, la décima, puntual, íntegra y gozosamente, como fieles mayordomos..
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