Hay recompensa en la mayordomía fiel

"Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?" Mateo 19:27

I. INTRODUCCIÓN

Desde la entrada del pecado a este mundo, los seres humanos viven con una tendencia natural hacia el egoísmo. Esto provoca que, prácticamente en todas sus actividades, el humano anda buscando en primer lugar en qué le beneficia lo que hace. Incluso en su trato con Dios, con frecuencia el ser humano ha funcionado sobre la base del interés personal. 

Este tipo de actitud la representó muy bien el apóstol Pedro cuando le dijo a Cristo: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿Qué pues, tendremos?” (Mateo 19:27).

La pregunta de Pedro, precedida de un pase de factura al Señor (“lo hemos dejado todo y te hemos seguido”) indica su entendimiento de que, por haber hecho cierta cantidad de trabajo le correspondía cierto tipo de recompensa. 

La respuesta del Señor, como siempre, fue de lo más interesante:

II. UNA RESPUESTA CORTA E INMEDIATA.

Esta respuesta registrada en Mateo 19:28-30 podríamos resumirla así: Sí Pedro, habrá una recompensa. De hecho, en el caso de ustedes que me habéis seguido, tengo planes especiales para el lugar que habéis de ocupar. Pero además, Pedro, habrá recompensa para cualquiera que, por amor a mí, haya dejado casas, o familia, o tierra. Tengo planes de darles cien veces más, y al final la vida eterna.

Pero, sí quiero decirte que mi forma de recompensar no es exactamente como la que tú conoces, por eso en mi reino, muchos que ahora son primeros, serán postreros y muchos que son postreros, serán primeros.

a). Jesús se puso en lugar de Pedro y de todos los que somos representados en Pedro. Jesús, que conoce el corazón humano, siempre necesitado de seguridad; Jesús conoce la naturaleza humana siempre con tendencias a saber en qué le beneficia lo que hace. Ese Jesús le da a Pedro y a todos nosotros esa seguridad, ese beneficio, esa recompensa.

Sí Pedro, hay recompensa, ánimo, hijos e hijas, su trabajo para mí no es de balde. Les esperan las más grandes recompensas que puede dar empresa alguna. Les voy a dar 100 veces más y al final les voy a dar la vida eterna.

Una de las maneras como Dios muestra su amor para con nosotros es dándonos recompensa por cumplir nuestro deber. Es acompañando sus mandamientos de promesas de bendición para animar el corazón de sus hijos e hijas. Mire cómo lo expresa la sierva del Señor:

“El deber es el deber, y debe cumplirse por esa misma razón. Pero el Señor tiene compasión de nosotros en nuestra condición caída y acompaña sus mandatos con promesas. Pide a su pueblo que lo pruebe y declara que sus mandatos con promesas. Pide a su pueblo que lo pruebe y declara que recompensará la obediencia con las bendiciones más ricas” (CMC, 88) 

“Jesús desea que los que trabajan en su servicio no estén ansiosos por recibir recompensas, ni que sientan que deben recibir una compensación por todo lo que hacen.” (CMC, 335). 

En todas las edades el espíritu humano ha necesitado de una esperanza que trascienda su realidad inmediata. Desde siempre los seres humanos hemos sido atraídos por la idea de recibir una recompensa, un premio de parte de Dios. Nuestro Señor es tan bueno, nos conoce tanto, que ha llenado el mensaje de salvación de promesas maravillosas para nosotros. Él ha garantizado que no solo podemos esperar y soñar con la corona de la vida, sino que también podemos esperar recompensas inmediatas por servirle a Él en este mundo.

Veamos algunas de ellas:

1- El ser generosos produce un doble beneficio.

“Los que cultivan la generosidad no solo están haciendo una obra buena a favor de otros, y bendiciendo a los que reciben esas buenas acciones, sino también se están beneficiando a sí mismos al abrir sus corazones a la influencia benigna de la verdadera dadivosidad. Cada rayo de luz derramado sobre otros se reflejará en nuestros propios corazones.” (CMC, 341) 

Como se ve en esta cita, el ser generoso trae a nuestras vidas una serie de influencias, todas positivas, que terminarán siendo una bendición para nosotros. Es increíble comprobar que esto ocurre al mismo tiempo en que estamos siendo de bendición para otros. Nuestro Dios lo ha hecho así para que al servirle seamos inmediatamente recompensados.

2- Servir a Dios ayuda a nuestra salud física.

“El placer de hacer el bien a otros imparte calor a los sentimientos, el que se propaga a los nervios, activa la circulación de la sangre e induce salud mental y física.” (CMC, 341) 

No cabe duda, al servir a Dios nos sentimos felices y esa felicidad se refleja en nuestra salud mental y física. Es la propia Biblia la que dice que el “corazón alegre constituye un buen remedio, pero el espíritu triste seca los huesos” (Prov. 15:13).

Muchas personas que pasan una buena parte de su tiempo enfermas e indispuestas, verían su salud mejorar si tan solo decidieran olvidarse de ellos mismos y hacerles bien a otros. Descubrirían que hay una recompensa inmediata esperando a los que sirven a Dios con alegría y generosidad.

La bendición de Dios tiene un efecto sanador, y los que benefician abundantemente a otros experimentarán esa maravillosa bendición en sus corazones y sus vidas” (CMC, 341)

3- Servir a Dios es indispensable para llegar a ser verdaderamente felices.

“Dios podría haber cumplido su objetivo en la salvación de los pecadores sin la ayuda del hombre. Pero él sabía que el hombre no podría ser feliz sin desempeñar una parte en la gran obra de redención. Nuestro Redentor trazó el plan de utilizar al hombre como su colaborador para que este no perdiese los benditos resultados de la benevolencia.” (CMC, 342)

Muchas personas, como Pedro en el pasado, sirven a Dios y están pensando recibir una recompensa en el futuro. Lo que debemos entender es que el mismo servicio a Dios es ya una recompensa.

Dios nos da la oportunidad de colaborar con Él no porque nos necesite, sino porque Él sabe que no podríamos ser verdaderamente felices sin experimentar el gozo, el desarrollo y el sentimiento de utilidad que nos provee el ocupar un lugar en la obra de Dios.

Cuando servimos a Dios, inmediatamente comenzamos a recibir la recompensa. Esto no niega que nos esperan cosas que ojo no vio ni oído oyó ni ha subido a pensamiento de hombre, pero esto explica lo que quiso decir Jesús cuando dijo: “...recibirá cien veces más...” (Mateo 19:29).

4- El ser fieles a Dios trae prosperidad a nuestras vidas.

“Cuando quiera que los hijos de Dios, en cualquier época de la historia del mundo, ejecutaron alegre y voluntariamente el plan de la historia del mundo, ejecutaron alegre y voluntariamente el plan de la benevolencia sistemática y de los dones y ofrendas, han visto cumplirse benevolencia sistemática y de los dones y ofrendas, han visto cumplirse la permanente promesa de que la prosperidad acompañaría todas sus labores en la misma proporción en que le obedeciesen” (CMC, 343)

Es increíble cómo a estas alturas muchas personas quieren prosperar siendo infieles a Dios, cuando precisamente la fidelidad es la llave que abre esa puerta. Dios hizo esto así no porque esté negociando con sus bendiciones, sino como parte de su plan de recompensarnos inmediatamente al servirle con abnegación y fidelidad. En este sentido es que comenzamos a disfrutar la nueva vida en Cristo, la salvación asegurada en Él, desde el momento en que le recibimos como nuestro 
salvador.

III. - UNA RESPUESTA MÁS AMPLIA Y FORMATIVA.

Jesús lo hizo a través de la parábola de los obreros de la viña. 
La historia aparece en Mateo 20: 1-16 y es básicamente el relato de la contratación de obreros para trabajar en una viña. Al final del día de trabajo, el dueño decidió pagarles a todos igual aun cuando unos trabajaron mayor número de horas que otros. El relato termina con la reacción de los trabajadores que consideraron el asunto una injusticia y la respuesta del dueño a estos trabajadores. En el verso 16 Jesús dice que esto es lo que significa que los primeros serán últimos y los últimos, primeros.

En fin, no cabe duda de que ciertamente hay maravillosas y tangibles recompensas para los que aman a Dios y le sirven desinteresadamente. Tal como escribió Elena White:

“El Señor mide el espíritu y da la recompensa que corresponde...” (CMC, 336) 

De todas maneras, el Señor también nos contó la parábola de los talentos para que no olvidemos varios asuntos importantes que tienen que ver con el tema de la recompensa.

1- La recompensa no es por obra, sino que se recibe enteramente por gracia.

Esto es así para que nadie se gloríe, o termine atribuyendo a su desempeño lo que ha recibido por pura gracia.

“Todo el trabajo era de gracia, y nadie debía gloriarse sobre otro. Ninguno debía refunfuñar contra otro. Ninguno tenía privilegio sobre otro, y ninguno podía reclamar la recompensa como derecho propio” (CMC, 337)

¿HAY RECOMPENSA EN LA MAYORDOMÍA FIEL?

Nunca debemos olvidar que no merecemos ser colaboradores con Dios. 
Por lo tanto, está fuera de lugar toda jactancia por lo que hacemos o por las capacidades que tenemos, después de todo esas cosas nos han sido dadas por Dios.

También queda fuera de lugar el vivir comparándonos unos con otros, o el pensar que pertenecemos a una clase superior o a un grupo privilegiado debido a lo que hacemos o somos.

Siendo que la recompensa es un regalo de Dios, no tiene sentido ninguna reclamación de nuestra parte.

2- Dios no paga salarios, Dios da dones.

Es evidente que en esta parábola hay algo que nos alarma, que nos inquieta. Es la aparente injusticia de la gracia de Dios.

¿Cómo es que a personas que entraron a la última hora del día se les paga igual que a los que entraron a la primera hora y llevaron todo el calor del día de trabajo? Es evidente que Cristo está invirtiendo el orden de las cosas, con razón dijo que algunos postreros serán primeros, es que sencillamente él acaba de voltear la fila.

Lo que el Señor está tratando de enseñarnos aquí es que Dios no nos da lo que merecemos, porque si lo hiciera ninguno de nosotros recibiría más que muerte. 
En realidad, cuando se trata de la salvación en Cristo no importa a qué hora del día entramos a la viña, todo lo que cuenta es que hayas entrado aun sea en la última hora, porque una vez dentro todo lo que recibes es por gracia, no porque te lo merezcas.

IV. DECISIÓN.

Si Dios nos diera lo que merecemos ninguno de nosotros podría permanecer delante de él. 
En lugar de eso nos trata con gracia, nos regala lo que no podemos comprar de ninguna manera. Prefiere como dueño pagar el precio para vernos recibir lo que no hemos podido ganar.

Sí es cierto, un día muy pronto el Señor nos dará la corona de la vida que ha prometido a todos los que le aman. Pero ese día, las arpas serán tocadas y el coro cantará no para alabanza nuestra, ni para reconocer que somos del grupo que entró a la primera hora. 

Sino para darle toda la gloria y la honra a Cristo porque estaremos ahí, recibiremos la recompensa porque Él fue y es bueno todo el tiempo y para siempre.

Es mi deseo y mi oración final ¡Que estés ahí!

Dios te bendiga.

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