Mayordomía en el AT

Este estudio examinará la evidencia bíblica que describe el sistema del diezmo, en un intento por explorar sus características esenciales y el contenido teológico. Los eruditos bíblicos han mostrado poco interés en el estudio del sistema del diezmo Israelita.

La mayoría de los estudios sobre este tema se han llevado a cabo bajo preocupaciones históricos-críticas (e.g. la reconstrucción del desarrollo histórico del sistema y la datación de las diferentes fuentes) más que bajo un interés teológico.

1. Nosotros vamos a abordar el texto en su forma canónica, prestando particular atención a su motivación teológica.

Es un hecho bien conocido que el diezmo no es una práctica exclusiva Israelita. Los registros de la ciudad de Ugarit (Siglo 14 AC), por ejemplo indican que sus residentes pagaban el diezmo al templo, lo que era una especie de impuesto, y que el rey también recibía un impuesto real (un diezmo del pueblo.)

2. Los documentos neobabilónicos del siglo 6to. A.C, revelan que el diezmo era una práctica común en Babilonia. Se daba el diezmo al templo y se esperaba que el mismo rey diezmase. Se recogía el diezmo de todos los bienes, incluyendo la cebada, los dátiles, el sésamo, el lino, el aceite, el ajo, la lana, las ropas, el ganado vacuno, las ovejas, los pájaros, y los productos de plata y el oro.

3. El diezmo era también conocido y practicado entre los Persas, Griegos y Romanos.

4. Los historiadores no conocen el origen de esta práctica tan difundida. La Biblia no lo discute, y cuando se menciona el diezmo por primera vez, parece haber sido una práctica común.

Sin embargo, sabemos que "el sistema del diezmo se remonta mas allá de los días de Moisés... Aún tan atrás como a los días de Adán".

5. El sistema, según se revela en el Antiguo Testamento, es "de origen divino" fue dado por Dios al hombre.

6. El diezmo parece estar asociado a la humanidad en su estado caído.

En lo que sigue, vamos a examinar los pasajes bíblicos que discuten el tema del diezmo o lo mencionan. Enfatizaremos las ideas teológicas que están asociadas al mismo y a su propósito. Luego integraremos las ideas y conceptos a fin de ofrecer un cuadro amplio del entendimiento y práctica bíblica del diezmo.

II. EL DIEZMO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

A. Génesis 14: El diezmo de Abraham.

Génesis 14 es un capítulo único en la historia patriarcal que nos permite familiarizarnos con un importante aspecto de la vida de Abraham como líder militar. Había entre sus siervos un grupo bien entrenado de soldados. No obstante, el propósito de Génesis 14 no es describir las habilidades de liderazgo de Abraham en tiempos de guerra, sino revelar una dimensión más importante de su carácter y de aquellos que se mencionan en el relato.

A través de sus acciones y actitudes, se revelaron los propósitos y motivaciones de sus corazones, de tal forma que podemos percibir un contraste mercado de Abraham y Melquisedec por un lado, y los reyes por el otro.

Las diferencias entre esos dos grupos se determino por su entrega o falta de entrega al Señor Altísimo. Los que no le sirvieron al Señor se describen como codiciosos y centrados en sí mismos, como completamente poseídos y controlados por sus corazones egoístas, sin recocer otra autoridad que la propia.

No hay lugar en sus corazones para la gratitud y mucho menos para el reconocimiento de sus limitaciones como criaturas del Señor.

Abraham y Melquisedec exhiben un espíritu muy desinteresado en el relato.

Ambos tienen algo importante en común: adoran al Señor Altísimo y lo reconocen como el Creador de los cielos y la tierra. Es dentro de esa posición teológica que se introduce el diezmo en la historia.

Génesis 14 trata acerca de propiedades, y de la pérdida y recuperación de bienes.

Por doce años las ciudades de la llanura habían estado bajo el control político de Quedarlaomer. Su política expansionista y ansia de poder lo condujo a conquistar esas ciudades, forzando al pueblo a pagarle altos impuestos anuales. El rey se estaba enriqueciendo a sí mismo al desposeer a otros sus bienes, y en el proceso estaba alimentando su corazón egoísta.

Después de doce años de opresión, los habitantes de las ciudades decidieron rebelarse, pero fueron fácilmente derrotados. El rey Quedarlaomer y sus aliados los atacaron y subyugaron, tomando alimento y bienes del rey de Sodoma y de Lot.

Algunas personas, incluyendo a Lot, fueron todos prisioneros.

Se informó a Abraham de estos eventos, y éste decidió intervenir para liberar a Lot. Atacó y derrotó a los reyes, liberando a los prisioneros, y rescatando todos los bienes que habían sido tomados de Lot y del rey de Sodoma. Mientras regresaba, los reyes de Sodoma y Salem salieron a recibirlo. Abraham dio los diezmos del botín a Melquisedec, y al rey de Sodoma todo lo que le había sido quitado.

Se menciona aquí la práctica de diezmar de una manera casi casual, lo que sugiere que el diezmo era ya parte de la vida y experiencia religiosa de Abraham. Esta era ciertamente no la primera vez que devolvía su diezmo al siervo de Dios. A medida que leemos la historia, nos damos cuenta que se traen a colación varios elementos importantes con respecto a la práctica del diezmo.

1. El diezmo está basado en los ingresos
Al haber derrotado al enemigo, los despojos de la guerra le pertenecían a Abraham, incluyendo lo que le habían quitado a Lot, al rey de Sodoma, y aún los prisioneros. Abraham podría haber salido de esta experiencia grandemente enriquecido. Sin embargo, su decisión de ir a la guerra no había sido motivada por una preocupación egoísta sino más bien por el deseo de salvar a Lot.

El espíritu desinteresado de Abraham se manifiesta en el relato. En dos formas:

Primero, devolvió al rey de Sodoma lo que Quedarlaomer le había quitado. Antes de ir a la guerra, Abraham había prometido a Dios que si el tenía éxito, devolvería al rey de Sodoma todo lo que era de él pues no estaba interesado directa o indirectamente en beneficiarse personalmente de esa experiencia.

Segundo, Abraham demostró su espíritu desinteresado al dar un diezmo de todo al rey de Salem. El pasaje establece claramente que ``dio el diezmo de todo ́ ́ (14:20). Es realmente difícil saber lo que se incluye en esa frase.

Parecería correcto, sin embargo, concluir que no diezmo los bienes del rey de Sodoma. Aparentemente nunca consideró esos bienes como suyos. Si éste fue el caso, devolvió entonces los diezmos del botín de guerra que consideró suyo.

Esto constituía un nuevo ingreso para él. Obsérvese que el verbo usado es “dar” (natan). El diezmo no era suyo, y lo devolvió al Señor.

2. El recipiente del diezmo

El relato revela quién debía recibir el diezmo. Melquisedec no era sólo un rey, sino también sacerdote del Señor. El y Abraham adoraban al Señor Altísimo (identificado como Yahvé por Abraham). Había entre los Cananeos quienes adoraban al verdadero Dios, y Melquisedec era uno de ellos.

Mientras Abraham volvía victorioso del conflicto, Melquisedec salió a darle la bienvenida e hizo provisión para él. Le preparó un banquete real a Abraham, y lo bendijo. Melquisedec había sido elegido por Dios para cumplir la función de sacerdote y para ser el mediador de la bendición de Dios. Inmediatamente después de la bendición, Abraham le dio los diezmos. Fue en su papel de sacerdote que Melquisedec recibió los diezmos, y sobre esa misma base Abraham se los dio.

El diezmo se devuelve a un instrumento señalado por Dios para servirle tanto a él como a su pueblo. Al darle los diezmos a este sacerdote, Abraham reconoció implícitamente la santidad del diezmo. Lo devolvió a aquel a quien Dios había elegido para ser su instrumento santo. Solo él podía manejar las cosas sagradas.

3. Base teológica para el diezmo

El relato provee algunos conceptos teológicos que arrojan alguna luz sobre el significado del diezmo. Estos conceptos, que yacen en la base de la práctica del diezmo, sugieren que el diezmo no es un fenómeno aislado en una experiencia religiosa, sino que pertenece a una comprensión teológica particular del mundo que nos rodea y de nuestro papel dentro del mismo.

a. Dios es el creador

Esta idea es tan importante que se menciona dos veces en el relato. Melquisedec y Abraham se refieren a Dios como al “creador de los cielos y la tierra”. El Dios invocado en la bendición es el Creador.

La palabra hebrea traducida “Creador” (qanah), proviene de una raíz que significa “adquirir, poseer”. Alguien puede poseer algo al hacerlo, crearlo, o adquirirlo. En este relato, el término qanah parece expresar las ideas de creación y posesión. Todo en los cielos y en la tierra pertenece al Señor puesto que él lo creó. El derecho de Dios como propietario se basa en su actividad creadora.

Esto sugiere que hay una sola realidad suprema y que no se espera que respondamos a diferentes poderes espirituales, sino sólo al Creador. No debemos dividir nuestra lealtad entre señores diferentes, porque hay sólo un Señor que trajo a la existencia toda cosa que existe.

Sin el concepto bíblico de creación, el diezmo carece de un significado sólido. Abraham diezmó porque su Dios era el Creador de los cielos y la tierra. Reconoció que Dios era propietario mediante la confesión de su boca (“Señor, Dios Altísimo, creador de los cielos y la tierra” [Génesis 14:22] y mediante sus acciones (al devolver el diezmo a Melquisedec).

b. Dios es quien bendice

Como ya lo dijéramos, Melquisedec cumplió su responsabilidad sacerdotal al bendecir a Abraham. Teológicamente, la bendición precede al diezmo. Sin esta bendición preliminar, diezmar genuinamente es imposible. Las bendiciones de Dios son siempre una expresión de su amor y preocupación por nosotros. El diezmo es un reconocimiento de la bondad del Señor y, por consiguiente, siempre es una respuesta y nunca un preludio.

Abraham estaba plenamente consiente del hecho de que Aquel que lo había enriquecido era el Señor. Se había convencido personalmente de que su seguridad financiera no dependía del poder de nadie, sino de las bendiciones del Señor.

Cuando el rey de Sodoma le dijo (en un tono casi demandante), “Dame la gente y guarda los bienes”, la reacción de Abraham no se hizo esperar. “No aceptaré nada” (véase Génesis 14:21-23).

Melquisedec salió al encuentro de Abraham para compartir alimento y bendición; el rey de Sodoma vino requiriendo que por lo menos, le fuesen devueltas parte de sus propiedades. Técnicamente, los bienes del rey de Sodoma le pertenecían a Abraham. Pero Abraham le devolvió todo por dos razones.

Ya hemos mencionado la primera: Abraham pronunció un juramento ante el Señor comprometiéndose a devolver todo lo que pertenecía al rey.

En segundo lugar, Abraham no quiso que el rey dijese: “Yo enriquecí a Abraham”. De esta forma, Abraham estaba protegiendo el honor de Dios.

El patriarca sabía que su riqueza era el resultado de las bendiciones de Dios, y no estaba dispuesto a permitir que nadie debilitase o distorsionase esa convicción.

Rechazó la riqueza antes que recibirla arrojando una sombra sobre la bondad de Dios. La implicación es que la preocupación primaria de Abraham no era su propio bienestar material o económico, sino su relación con el Señor. Allí se originaba su disposición a diezmar.

c. Dios preserva la vida humana

El relato sugiere que el diezmo está motivado teológicamente. En este caso específico, el diezmo de Abraham era “un reconocimiento de que el Dios Altísimo le había dado la victoria” (v.20).


El sacerdote en la bendición, alabó a Dios por derrotar a los enemigos al entregarlos en las manos de Abraham. No se niega el papel de Abraham, pero se acredita la victoria a Dios.

El diezmo se basa no sólo en el hecho de que Dios bendijo a Abraham, sino también en que lo preservó al derrotar a los enemigos.

La implicación es que la vida es tan frágil que no puede preservarse plenamente por los esfuerzos humanos. Hay fuerzas que amenazan la vida humana y sólo Dios puede en forma apropiada y efectiva derrotarlas. Esta convicción fue tan dinámica que se incorporó en el acto de Abraham al diezmar. De allí que el diezmo expresa el hecho de que la vida no es nuestra sino que pertenece siempre al Señor (no simplemente porque nos creó, sino porque nos preserva en un mundo de pecado y de muerte).

Según Génesis 14, el diezmo es un rechazo al egoísmo. Este poder esclavizante gobierna sobre todos los que no están familiarizados con el Señor, y los conduce a explotar y destruir a otros en la búsqueda de riqueza. Abraham dio el diezmo porque había rechazado el egoísmo como la fuerza dominante en su vida.

En un nivel más profundo, la práctica de Abraham de diezmar se basó en la convicción sólida de que Dios es el Creado y Propietario de todo el universo –el único que bendice y preserva la vida. La experiencia de Abraham deja en claro que el Señor eligió a personas específicas para mediar la transferencia del diezmo del adorador a su Dios. Un sacerdote lo recibió en este casi como también en otros casos registrados en el Antiguo Testamento. Abraham devolvió su diezmo a uno de los instrumentos designados por Dios.

B. Génesis 28:10-22: el diezmo de Jacob

La segunda referencia al diezmo en la biblia se encuentra en Génesis 28:22, en donde leemos que Jacob salió de su hogar dirigiéndose hacia Harán para preservar su vida. Entre Beerseba y Harán tuvo una experiencia con el Señor que lo sostuvo a lo largo del resto de su vida. El Señor se apareció a Jacob en un sueño, revelándose a sí mismo como un Dios amoroso y protector, dispuesto a bendecir, guiar, y proteger al patriarca. En respuesta a esta revelación divina, Jacob hizo un voto en el que prometía devolver el diezmo de todo lo que Dios le diese. El contexto de esa promesa provee una serie de conceptos básicos y significativos que nos ayudarán a descubrir un número de ideas teológicas que se relacionan con el diezmo.

1. La entrega de Jacob a Dios

Justo antes de que Jacob prometiera diezmar dijo: “Entonces el Señor será mi Dios” (28:21). Durante el sueño, el Señor le prometió a Jacob, movido por su gracia y amor darle un número de cosas. El Señor se reveló a si mismo como el Dios de Abraham e Isaac, aunque su intención real era llegar a ser también el Dios de Jacob (v.13). Pero ahora le tocaba a Jacob tomar esa decisión, y él se decidió por el Señor.

La entrega al Señor en una relación de amor, precede al diezmar debido a que el diezmo está inseparablemente conectado con el Señor pues le pertenece. El diezmo se basa en un reconocimiento de la intervención providencial de Dios en la vida de una persona. Sin esta experiencia y entrega previa, el diezmo carece de propósito, se vuelve irrelevante y pierde su sentido.

2. El interés de Dios por Jacob

En el sueño, Dios se describió a sí mismo como Aquel que proveería para las necesidades de Jacob. Las promesas específicas revelaron de una manera clara lo que el Señor iba a darle al patriarca.

a. Descendientes (véase Génesis 28:14)

Jacob viajaba sólo pero en el futuro cambiaría. Sus descendientes, dijo el Señor, “serán como el polvo de la tierra”. Las promesas hechas a Abraham se cumplirían por medio de él. La implicación parece ser que la procreación humana está en las manos del señor. No bajo el control exclusivo de la ley de la producción humana.

b. Protección (véase Génesis 28:15)

La promesa de protección implicaba que Jacob viviría en un ambiente hostil y que no sería capaz de preservar su vida sólo. Dios le prometió lo que él necesitaba: conducción divina. Así se enfatizan los límites del poder humano y la necesidad de confiar en un poder sobrehumano. La preservación de la vida descansa en última instancia en las manos del Señor.

c. Tierra (véase Génesis 28:13)

La tierra era uno de los más importantes dones que el Señor dio a su pueblo. La tierra les proveía identidad y era, en gran medida, una fuente de riqueza y seguridad financiera. Esta promesa implicaba que la tierra pertenecía al Señor, no al pueblo, y que era Dios quien proveía seguridad financiera.

d. Bienes (véase Génesis 28:20)

Dios prometió a Jacob que le proveería de pan y ropa. Esto tiene que haberle otorgado paz mental al viajero solitario. Mediante estas promesas, el Señor se reveló a Jacob como Aquel que es el mismo centro de la seguridad humana, la fuente suprema y única de bendiciones verdaderas.

El posee todo y lo distribuye a cada persona según su amante voluntad.

Dios es el Propietario, pero tiene una disposición natural a proveer para otros. Nótese cómo esta idea se acentúa en la manera en que se organizan las frases de la promesa: el sujeto es siempre el Señor.

“Yo te daré a ti la tierra”.
“Yo seré contigo”.
“Yo velaré por ti”.
“Yo te volveré a traer a esta tierra”.
“Yo no te abandonaré”.
“Yo haré lo que prometí”.

Dios se describe a si mismo como Aquel que poseía el poder que necesitaba Jacob para realizarse a sí mismo, y llegar a ser lo que debía ser. Este era el poder de la presencia amante de Dios en su vida. Fue entonces Jacob quien dijo: “De todo lo que dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:22).

Se dio cuenta de que todo lo que pudiese obtener en el futuro sería siempre un regalo de Dios. Nunca poseería ninguna cosa a no ser lo que el Señor le diese. Para él el diezmo sería una expresión de gratitud, un reconocimiento de que no era dueño de nada.

3. Jacob hace un voto

Un voto era un acto solemne por el cual uno determinaba tomar en serio a Dios, encomendándose a su palabra. Era una manera de expresar fe en el Señor. En su voto, Jacob no negoció con Dios ni intentó sobornarlo. “ El Señor le había prometido ya prosperidad, y este voto era el fruto de un corazón lleno de gratitud por la seguridad del amor y la misericordia de Dios”.

A través del voto, Jacob se apropió de las promesas de Dios. De hecho, su “voto cuadra las promesas”

Todo lo que el patriarca menciona en su voto – el cuidado protector de Dios, el alimento y la ropa, su regreso salvo a la tierra – Dios ya se lo había prometido. Estamos en lo cierto cuando concluimos que mediante el voto, Jacob tomó en serio a Dios, y aceptó su ofrecimiento de gracia.

La promesa de diezmar es parte del voto. Pero, si el diezmo pertenece al Señor,

¿Por qué entonces hacer un voto prometiendo devolvérselo?

Se pueden dar varias razones:

a. Al hacer un voto, Jacob reconoció que el diezmo pertenece al Señor. De otra manera, podría haber sido tentado a considerarlo simplemente como parte de sus entradas, devolviéndolo a Dios solamente cuando le placiese. En cierto sentido, este voto era un testimonio de la santidad del diezmo.

b. Al hacer un voto, Jacob expresó en su libre albeldrío la decisión de devolver el diezmo al Señor. Dios no lo había forzado a diezmar. Los votos en la Biblia son siempre actos voluntarios que se basan en la obra del espíritu en el corazón del individuo. El voto de Jacob significa que había elegido voluntariamente devolver al Señor lo que era suyo.

c. Al hacer un voto, Jacob aceptaba el desafío de Dios a confiar en él o a probarlo (cf. Malaquías 3:10).

Dios le hizo promesas específicas esperando que Jacob las aceptase y creyese. Esto requería de Jacob que entrase en una relación de confianza y de intimidad con el Señor.

Un voto es el acto más solemne por el cual una persona expresa confianza en el Señor. En cierto sentido, se trata e una fe que crece en madurez. En el caso de Jacob, el diezmo era una expresión de su entrega de fe al Señor. Su voto deja en claro que las bendiciones de Dios preceden al diezmo y que, por consiguiente, el diezmo no es una manera de obtener el favor de Dios.

4. Jacob adoró

Se menciona el diezmo en esta historia en un contexto de culto. Jacob se confrontó con la presencia radiante de Dios y adoró. La adoración es justamente eso –una respuesta reverente a la presencia de Dios. El lugar en donde tuvo el sueño llegó a ser el lugar de adoración, una casa del Señor.

El diezmo es un elemento en el acto de adoración.

Una lectura de los versículos 21 y 22 del capítulo 28, indica que el voto de Jacob incluyó tres componentes básicos:
(a) entrega al Señor (“el Señor será mi Dios”);
(b) adoración a Dios (el lugar llegó a ser “un centro de culto”);
(c) el diezmo (basado en lo que Dios le dio). El diezmo tiene sentido sólo dentro de ese fundamento teológico.

Un elemento aún más importante en este relato es el hecho de que el diezmo está precedido por una revelación de Dios quien se revela como un ser amante, siempre dispuesto a bendecir y preservar la vida de su siervo. Jacob descubrió que toda bendición espiritual y material se encuentra en el Señor, quien posee una disposición natural a bendecir abundantemente.

Según este relato, sería probablemente correcto concluir que el diezmo se basa en una ética de imitación. Dios es el Gran Dador y Jacob lo imitó cuando diezmo. En cierto sentido, esto es semejante al mandamiento del santuario y el clero. Esta es probablemente una de las razones para redimirlo; mediante su redención, se proveía al santuario con dinero en efectivo (plata).

Esta legislación no establece claramente cómo debía usarse el diezmo en el santuario. Se pone el énfasis en la naturaleza del diezmo y en la responsabilidad de la persona de traerlo al Señor.

2. Números 18:21-32

Números 18 describe la responsabilidad de los sacerdotes y levitas como guardianes del santuario. La guardia del santuario y la ministración de las necesidades del pueblo requerían un servicio de tiempo completo. La tribu de Leví no tuvo herencia entre el resto de Israel; el Señor fue su herencia. Dios era el que proveía para sus necesidades.

El principal propósito de Núm. 18 es el de establecer “los medios por los cuales las órdenes del clero... deben mantenerse”.

El Señor asignó a Aarón los dones que el pueblo traía a Dios. Estos incluían una porción de las ofrendas santísimas (Números 18:9-10). Y santas (Números 18:11-19).

Aarón también se beneficiaba del diezmo (Números 18:25-32).

El ingreso de los levitas era el diezmo que los israelitas devolvían al Señor (Núm. 18: 21-24). Se discute el diezmo aquí en el contexto del santuario y se lo vincula directamente con la obra de los sacerdotes y levitas.

a. La naturaleza del diezmo

Números 18 no se refiere al diezmo explícitamente como algo santo al Señor. Probablemente se incluye el diezmo en la frase “Las cosas santas de los israelitas” (Números 18:32), o tal vez se hace allí referencia en forma exclusiva al diezmo, pero esto no es muy seguro. Sin embargo, se describe el diezmo como lo que los israelitas “presentarán a Jehová en ofrenda” (Números 18:24).

El verbo traducido “presentar” (rum) significa “poner aparte, (seleccionar y ) presentar”. “Una ofrenda” (terumah) parece referirse a algo que se designa (pone aparte) como una ofrenda fuera del santuario y que posteriormente se trae al santuario y se lo ofrece al Señor.

Si esta interpretación es correcta, entonces el diezmo era una ofrenda que se ponía aparte en el hogar y más tarde se le traía al Señor al santuario.

Al describir el diezmo como una ofrenda, se está indicando su santidad. El hecho de que es una ofrenda no significa que era voluntaria; el Señor lo requería de su pueblo.Esta legislación no define lo que debía ser diezmado. Hay una mención incidental de “grano” y “vino” (Números 18:28-29).

b. El uso del diezmo

El diezmo pertenece al Señor pero él se lo asignó a los levitas (v.21). Esta decisión se basaba en el hecho de que los levitas no recibieron ninguna herencia entre los israelitas y, por consiguiente, no tenían otro medio de subsistencia. Su función era ministrar en el santuario y proteger su santidad. El Señor les dio el diezmo como compensación (v. 21; heleph) o recompensa (versículo 31; sakar) por su obra en el santuario.

Obsérvese que con el diezmo, los israelitas no pagaban a los levitas por sus servicios. El pueblo estaba devolviendo el diezmo al Señor en forma de ofrenda. Era el Señor quien decidía cómo usarlo y él decidió darlo a los levitas.

El significado de este procedimiento yace en el hecho de que la calidad de los servicios rendidos por los israelitas no afectaba en ninguna manera la práctica del pueblo de diezmar. Ellos devolvían su diezmo al Señor y el Señor lo daba a los levitas. Esta idea se repite tres veces en el capítulo (Números 18:21,24-25).

Este mismo enfoque se usó también con respecto al diezmo que se asignó a los sacerdotes (v. 28-29). Se ordenó a los levitas presentar un diezmo del diezmo

devuelto al Señor, pero fue el Señor quien determinó como debía usárselo. El diezmo de los levitas era para el Señor, y no era un pago hecho a los sacerdotes por sus servicios: “Presentaréis un décimo del diezmo como ofrenda al Señor” (versículo 25).

El sostenimiento de los sacerdotes no estaban en las manos de los levitas, sino del Señor. Se seleccionaba este diezmo de la mejor porción del diezmo de los israelitas (Núm. 18:29), evitándose de esta forma todo intento de los levitas de manipular el proceso.

Según Núm. 18, el Señor asignó el diezmo a los levitas y sacerdotes como compensación por el trabajo de tiempo completo que efectuaban en el santuario a favor del pueblo de Israel. Se traía el diezmo al Señor, y no a los levitas y sacerdotes como un pago por su ministerio. De hecho, nunca aparece el diezmo como pago por servicios recibidos.

3. Deuteronomio 12:6,11,17; 14:22-29; 26:12-15

Deuteronomio 12 trata de la importancia de adorar a Dios en el santuario central – un lugar elegido por el Señor. Se esperaba que los Israelitas trajesen a este santuario sus sacrificios, ofrendas y diezmos (Deuteronomio 12:6,11).

En Deuteronomio 12:17 encontramos instrucciones que se relacionan con el uso del diezmo que no encontramos en otra legislación. Se ordenaba a los israelitas a no comer el diezmo en sus propias ciudades sino llevarlo al santuario central. Ellos junto a toda su familia podían comer del diezmo en la presencia del Señor (Deuteronomio 12:18).

La legislación que se registra en Deuteronomio 14:22-27 desarrolla aún más esas ideas. Deuteronomio 14 trata de “lo que se puede o no se puede comer”.

Se menciona el diezmo del grano, del vino nuevo, y del aceite entre los sábado. El descanso en el día de sábado se basa en el hecho de que Dios descansó en ese día. Al cumplir el mandamiento, lo imitamos.

Esta ética de imitación es posible únicamente después que la persona acepta a Dios como su Señor personal. Esta incluye un rendimiento completo de la vida individual y de las posesiones al Señor. El diezmo perpetúa esa experiencia en la vida de la persona. Si está presente un voto, se debe a que la relación con el Señor es formal y la entrega permanente. Como un acto de culto, el diezmo renueva nuestra disposición a rendir nuestra vida a la Fuente de todas las bendiciones, reafirmando nuestra entrega incondicional a Dios, En este sentido, el diezmo es una representación concreta de nuestro pacto con Dios.

c. La legislación del diezmo

El Señor incorporó el diezmo en la ley de la alianza Israelita, haciéndolo parte de la experiencia religiosa del pueblo como nación. Varias leyes en el Pentateuco abordan la práctica del diezmo. El intento de esas regulaciones era definir lo que debía ser diezmado, explicar el proceso que debía seguirse al diezmar, definir el uso del diezmo, y establecer la función teológica y social del diezmo. Procederemos examinar esa legislación.

1. Levítico 27:30-33

Levítico 27 trata con dones dedicatorios – esto es, dones prometidos al Señor mediante un voto o al consagrárselos a él. Esos dones incluyen ofrendas votivas de personas fijadas en cantidades de plata (Lev. 27: 1-8); animales prometidos como ofrendas (Levítico 27:9-13); consagración de propiedad o tierra (v. 14-24); y leyes de exterminio (Lev. 27:28-29).

El capítulo también incluye leyes que regulan la redención del primogénito y del diezmo (versículos 26-27, 30-33).

El capítulo tiene como propósito básico definir las principales fuentes de ingresos para los servicios del santuario y de los sacerdotes.

Dar fondos para el santuario era una parte extremadamente importante del sistema israelita de culto debido a que por su medio el pueblo demostraba su gozo y gratitud a Dios por tenerlo morando entre ellos.

Aunque el diezmo no era una ofrenda voluntaria, se lo incluyó entre las ofrendas dedicatorias debido a que eran también una fuente de ingreso para el clero. Además, las ofrendas dedicatorias eran redimibles y, hasta cierto punto, también lo era el diezmo. Por consiguiente, era lógico incluir el diezmo en la discusión de las ofrendas dedicatorias. Esta legislación específica del diezmo establece varios hechos significativos.

a. El diezmo está basado en una convicción teológica El diezmo pertenece al Señor y por consiguiente es santo; no llega a ser santo mediante un voto o un acto consagratorio. Es simplemente santo por su misma naturaleza; pertenece al Señor.

Nadie sino Dios tiene derecho al mismo. Ninguno puede conságralo al Señor puesto que el diezmo nunca es parte de una propiedad personal.

En cierto sentido, el diezmo es semejante al sábado.
Para el Señor son santos al Señor (Qodesh la YHWH; Éxodo 16:23; Levítico 27:30), pues Dios los invistió con santidad.


Ambos pueden ser una prueba de lealtad al Señor y al pacto debido a que el Señor los puso a nuestra disposición aunque ninguno de los dos son nuestros. Podemos desacralizarlos al usarlos en forma profana.

b. El diezmo está basado en el aumento de bienes

La legislación requiere diezmar todo el producto de la tierra: granos y frutos. También se aplica al incremento del “ganado y el rebaño” (Levítico 1:10).

Este incremento de frutos y animales es el resultado de las bendiciones de Dios a su pueblo (Levítico 26:3-5). Con el diezmo Israel reconoce que todo lo que tienen proviene del Señor y le pertenece a él. Este reconocimiento yace en el mismo corazón del pacto. El diezmo se transforma en un constante testimonio del pacto y de la lealtad del pueblo al mismo.

c. La redención del diezmo

El diezmo de la cosecha del campo puede redimirse mediante un equivalente que lo substituye (probablemente en plata), más un recargo del veinte por ciento. No se redime el diezmo del ganado y del rebaño. Confundirse con la práctica errónea de retener el diezmo con la intención de traerlo más tarde y agregarle un veinte por ciento. Lo que esta legislación establece es que siendo que se paga el diezmo en especie “podría haber casos en los cuales un hombre necesitase trigo para sembrar, y podría pagar mejor en moneda que con grano de trigo. Bajo esas condiciones, podía redimir el diezmo mediante una estimación del trigo y pagar esa suma más un quinto”.

No hay indicación en Levítico 27 de que el diezmo pueda ser retenido.

d. No se debe manipular el diezmo

Se ordena a la persona traer el diezmo al Señor. Esta legislación rechaza todo intento de manipular el sistema en un esfuerzo por obtener alguna ganancia personal. Los israelitas no debían controlar ni influenciar bajo ningún concepto la selección del diezmo del ganado y del rebaño. Cada décimo animal que pasada bajo la vara del pastor pertenecía al Señor. Se esperaba que la persona no mirara “si el animal es bueno o malo, ni lo cambiara” (Levítico 27:33). No se debía en absoluto controlar la calidad del animal.

Levítico 27 define el diezmo como santo al Señor. También asocia el diezmo con los dones dados al santuario como fondos para los alimentos que podían comerse (Deuteronomio 14:22-23). Se requería de los israelitas que llevasen este diezmo al santuario y lo comiesen en la presencia del Señor. Si el santuario central estaba demasiado distante, se le permitía al pueblo intercambiar el diezmo por plata.

Una vez que llegaban al santuario, compraban lo que quisiesen con el dinero. “Tú y tu casa lo comerán allí en la presencia del Señor y se regocijarán” (Deuteronomio 14:26). Al hacer esto, no debían ignorar a los levitas—debían compartir el alimento con ellos.

Es obvio que hay diferencias significativas entre esta legislación y las que encontramos en Levítico y Números. Las diferencias más importantes son:

a. En Deuteronomio se imponía el diezmo sólo del grano, del vino y del aceite, mientras que en la otra legislación debía diezmarse todo el producto de la tierra y el incremento del ganado y rebaño.

b. El diezmo discutido en Deuteronomio era requerido por el Señor, le pertenecía a la familia que lo traía al santuario. Levítico y Números describen un diezmo que pertenecía exclusivamente a Dios, y que Dios lo dios a los levitas y sacerdotes.

c. El diezmo en Deuteronomio era usado por los israelitas en una comida de compañerismo familiar que se comía en el santuario central. Las otras legislaciones no dan lugar a esto. Limitaban la comida del diezmo a los levitas, a los sacerdotes y a sus respectivas familias.

Parece inescapables la conclusión de que estamos tratando aquí con dos clases diferentes de diezmo. No es posible establecer un paralelo entre lo que tenemos en Deuteronomio y las legislaciones de Levítico y Números.

Las tradiciones rabínicas llamaban al diezmo que se registra en Levítico “el primer diezmo” y al de Deuteronomio“ el segundo diezmo”.

Para complicar la situación aún más, Deuteronomio 14:18-29 y 26:12-15 mencionan un diezmo que se daba al tercer año. Este diezmo provenía del producto de la tierra y se esperaba que se lo guardase en las ciudades. Tenía como propósito que “los levitas... y los extranjeros, los huérfanos y las viudas que viviesen en sus ciudades pudiesen venir y comer y saciarse” (Deuteronomio 14:29).

¿Se trata aquí de un tercer diezmo? Algunos lo han interpretado como siendo un tercer diezmo, pero otros han argüido que esta legislación describe un uso diferente del segundo diezmo que se efectuaba cada tres años. Esta última interpretación parece correcta. Por dos años se traía el segundo diezmo al santuario y los israelitas lo comían allí. Pero “cada tercer año... este segundo diezmo se lo usaba en el hogar, al proveer para los levitas y el pobre”

Este segundo diezmo se basaba también en la convicción de que Dios era quien bendecía a Israel (Deuteronomio 12:6-7). Sin embargo, su propósito era enseñar reverencia al Señor (Deuteronomio 14:22). Y proveer para los necesitados (Deuteronomio 26:12). Este diezmo parece haber sido un diezmo de “caridad” dentro de la teocracia israelita.

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