¿Es el dinero el problema?
John Rockefeller fue uno de los hombres más ricos que existió. Luego de su muerte, alguien le preguntó a su contador: “¿Cuánto dejó John D.? Sabemos que era un hombre inmensamente rico”. El contador respondió: “Todo”.
“El dinero nunca hizo feliz a nadie, ni lo hará. Cuanto más tiene un hombre, más quiere. En lugar de llenar un vacío, crea uno” – Benjamín Franklin.
“No me digas dónde están tus prioridades. Muéstrame en qué gastas tu dinero, y te diré cuales son” – James W. Frick.
“El dinero puede ser la cáscara de muchas cosas, pero no el centro. Trae comida, pero no apetito; medicina, pero no salud; conocidos, pero no amigos; sirvientes, pero no lealtad; días de gozo, pero no paz ni felicidad” – Henrik Ibsen.
“El dinero solo es una herramienta. Te llevará a dónde quieras, pero no te reemplazará como el conductor” – Ayn
El verdadero problema
“Algunos aman tanto este mundo que envuelve por completo su amor por la verdad. Mientras sus tesoros aquí se multiplican, su interés en los tesoros celestiales disminuye. Cuanto más poseen de este mundo, más lo abrazan, como si temieran que su codiciado tesoro les fuera a ser arrebatado. Cuanto más poseen, menos tienen para otorgar a los demás, porque cuanto más tienen, más pobres se sienten. ¡Oh, el engaño de las riquezas! No verán ni sentirán las necesidades de la causa de Dios” (2SG, 267).
Satanás sabe que si puede hacer que el hombre centre su atención en las cosas perecederas de este mundo, su punto de vista se volverá borroso y no podrá ver las riquezas eternas del mundo venidero. “Cuando vino a Jesús el joven que le dijo: ‘Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?’ (Mateo 19:16), Jesús le dio a elegir entre dos cosas: o se separaba de sus posesiones y obtenía la vida eterna, o guardaba aquellas y perdía esta. El apreció sus riquezas más que el tesoro celestial. La condición de separarse de sus tesoros y darlos a los pobres, a fin de hacerse seguidor de Cristo y tener la vida eterna, ahogó su buen deseo, y se fue triste” (1TI, 313).
“He visto que Dios puede derramar medios desde el cielo para llevar a cabo su obra, pero nunca haría tal cosa. Es contrario a su plan. Ha confiado a los hombres en la Tierra con medios suficientes para llevar adelante su obra, y si todos cumplen su deber, nada faltará” (2SG, 267).
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).
El problema es el egoísmo
Despierten Satanás dice: “Id, haced que los poseedores de tierras y de dinero se embriaguen con los cuidados de esta vida. Presentad el mundo delante de los hombres en su luz más atractiva, para que depongan su tesoro aquí y fijen sus afectos en las cosas terrenales. […] Cuantos más medios obtengan ellos, más perjudicarán nuestro reino arrebatándonos nuestros súbditos. Preocupadlos más por el dinero que por la edificación del reino de Cristo y la difusión de las verdades que nosotros odiamos, y no necesitamos temer su influencia; porque sabemos que toda persona egoísta y codiciosa caerá bajo nuestro poder, y finalmente será separada del pueblo de Dios” (TM, 480, 482).
La iglesia debe despertar a la realidad y reconocer el verdadero problema tal como es: uno espiritual. La iglesia es una agencia ganadora de almas. El apoyo financiero para su programa espiritual es una bendición cuando es el resultado del compromiso personal. Dar de nosotros es placentero para Dios.
“La devoción abnegada y un espíritu de sacrificio han sido siempre y seguirán siendo el primer requisito de un servicio aceptable. Nuestro Señor y Maestro quiere que no haya una sola fibra de egoísmo entretejida con su obra” (SC, 300).
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen, y donde ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19-21).
“Si Dios nos ha bendecido con prosperidad, esto no quiere decir que debemos apartar de él nuestro tiempo y atención para dirigirlos a las cosas que él nos ha prestado. El Dador es más grande que el don. Hemos sido comprados por un precio y por lo tanto no nos pertenecemos a nosotros mismos. ¿Hemos olvidado cuál fue el precio infinito pagado por nuestra redención? ¿Ha muerto la gratitud en el corazón? ¿La vida de Cristo no es un reproche para una vida de comodidad egoísta y complacencia?... Estamos cosechando los frutos de este sacrificio de abnegación infinita; y sin embargo, cuando hay que trabajar, cuando se necesita que nuestro dinero ayude a la obra del Redentor en la salvación de las almas, nos apartamos de nuestro deber y oramos para que se nos excuse” (CSMC, 23). Pertenecemos a Dios; somos sus hijos y sus hijas: suyos por creación y suyos por el don de su Hijo unigénito quien nos redimió. “¿Ignoráis... que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19, 20).
"La mente, el corazón, la voluntad y los afectos pertenecen a Dios; y el dinero que poseemos es del Señor. Todo bien que recibimos y que disfrutamos es el resultado de la benevolencia divina. Dios es el magnánimo dador de todo bien, y él desea que el receptor reconozca la procedencia de esos dones que satisfacen toda necesidad del cuerpo y el alma. Dios pide tan sólo lo que es suyo. La primera porción es del Señor y debe utilizarse como un tesoro que él ha confiado. Cuando el corazón es privado de egoísmo despierta a la realidad de la bondad y el amor de Dios, y es inducido a reconocer con entusiasmo sus requerimientos justos”—R&H 8/12/1896.
El egoísmo es una enfermedad que afecta a los pobres y a los ricos por igual. Si nos damos en primer lugar a Dios, entonces será posible hacer morir de hambre al egoísmo a través de un compromiso del tiempo, talentos y tesoros. La responsabilidad de administrar de los mayordomos cristianos involucra todos los aspectos de la vida.
“Dios pide lo que le debéis en diezmos y ofrendas […] Vaciad el corazón de egoísmo y disponed la mente a la actividad cristiana. Si estáis en estrecha relación con Dios estaréis dispuestos a realizar cualquier sacrificio con tal de colocar la vida eterna al alcance de los que perecen” (CSMC, 53).
El dinero puede ser un problema
El dinero se ha vuelto un símbolo de confort y estatus. Vivimos en un mundo de objetos y dinero, todo lo cual debe ser dedicado a Dios.
“El pueblo de Dios es llamado a una obra que requiere dinero y consagración. Las obligaciones que descansan sobre nosotros nos hacen responsables de trabajar para Dios hasta el máximo de nuestra habilidad. El pide un servicio indiviso, la completa devoción del corazón, el alma, la mente y las fuerzas. En el universo hay tan sólo dos lugares donde podemos colocar nuestros tesoros: en la tesorería de Dios o en la de Satanás; y todo lo que no se dedica al servicio de Dios se pone en el lado de Satanás, y va a fortalecer su causa” (CSMS, 39).
El dinero no es el problema; en realidad, la falta de dinero no es la dificultad real de la iglesia. Los fondos insuficientes son un síntoma de un doble problema:
1. Egoísmo.
2. Que resulta en falta de espiritualidad.
“El egoísmo, el pecado del mundo, se ha convertido en el pecado prevaleciente de la iglesia. Al sacrificarse a sí mismo por el bien de la humanidad, Cristo hiere el egoísmo en su misma raíz. No retrajo nada, ni aun su propio honor y gloria celestial” (TI, 190).
“[...] hay suficientes medios en las manos de los creyentes como para sostener ampliamente la obra en todos sus departamentos sin poner en aprietos económicos a nadie, si todos se hacen cargo de su parte proporcional” (3TI, 450).
¿Le permitirá cumplir sus promesas para usted en Malaquías 3:11-12?
Él dice: “Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vida en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Todas las naciones os dirán bienaventurados, porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos” (RV1995).
El Señor nos sugiere que demos de forma proporcional los diezmos y las ofrendas.
¿Ha decidido un porcentaje para apartar como ofrendas? Si todavía no lo ha decidido, puede hacerlo ahora. Ponga a Dios en primer lugar y no al egoísmo.
¿Confiará hoy en Dios?
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