Elementos que ayudarán en la administración financiera

A principio de este año (2017) se publicó: “La fortuna que convirtió a Charles Feeney en uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos, acaba de ser repartida”. 

El hombre estadounidense de 85 años de edad, donó a varias organizaciones de diferentes partes del mundo la no despreciable cantidad de $8,000 millones de dólares. Invirtió en planes de paz, en diferentes partes del mundo; ayudó en planes de establecer y mejorar el sistema de salud pública en otros países, tales como Irlanda del Norte, Vietnam y Sudáfrica. Ayudó a mejorar las relaciones entre Cuba y los EE. UU. También ayudó a programas de estudiantes en diferentes partes; una de las últimas donaciones fue a la Universidad de Nueva York.

La mayor parte de este dinero fue otorgado en forma secreta; cuando se le preguntó porqué lo hacía de esta manera, él dijo: “Porque no tienes que explicar a la gente porqué lo estás haciendo”.

El señor Feeney, en su plan futuro de vida, decidió dejar para él y su esposa Helga sólo 10 millones de dólares, para atender sus necesidades de vida y plan de salud, hasta su muerte. Viven en un modesto apartamento que rentan en la ciudad de San Francisco, California. No tiene auto propio y él porta un reloj de $15.00 (Dlls.). Prefiere comer en restaurantes sencillos y viajar en clase económica; mientras lleva sus periódicos -que lee en forma asidua- en una sencilla bolsa de plástico.

Al dar mayor explicación del motivo por el cual decidió compartir su fortuna, añadió: “No hubo algún incidente en particular que lo motivara a deshacerse de su fortuna, sino un proceso personal que incluyó la lectura sobre filantropía y reflexiones personales. Consideré las alternativas que tenía mi vida y pensé que lo mejor que podía hacer es tender la mano, buscar a las personas menos afortunadas.

“No lo hice para probar nada, excepto que el mundo es con suerte un lugar mejor ahora porque he tomado mi dinero y lo he propagado a mucha gente. Vivir y disfrutar la vida de la manera en que ahora lo hago, está bien. Estoy feliz yo, y también mi esposa. No extraño nada de lo que tuve, porque nunca me he apegado a la riqueza material”.

¡Qué elocuente actuación, de este hombre, que sin duda tenía claro en su mente que todo lo había recibido en calidad de préstamo!

I. Enseñando administración financiera a los niños

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño...” (1 Corintios 13: 11).

“Instruye al niño en su carrera...” (Proverbios 22: 6).

“Cuando los niños son aún muy tiernos, se les debe enseñar a leer, a escribir, a comprender los números, y a llevar sus propias cuentas” (Conducción del niño, p. 351).

"Se debería enseñar a todo joven y niño, no solamente a resolver problemas imaginarios, sino a llevar cuentas de sus propios ingresos y gastos. Aprenda el debido uso del dinero usándolo” (La educación, p. 234).

Ideas prácticas:

- Que los niños aprendan que el dinero tiene dos caras:

a. El deber de ganarlo 

b. El placer de gastarlo

Los padres deben de aprender a resistir la tentación de ceder ante los berrinches del niño.

Hay tareas en casa en las cuales el niño debe participar, sin esperar pago por ellas.

II. El ingrediente de la generosidad

“Mas el liberal pensará liberalidades” (Isaías 32: 8).

“El alma liberal será engordada” (Proverbios 11: 25).

“El mejor legado que los padres pueden dejar a sus hijos es un conocimiento del trabajo útil y el ejemplo de una vida caracterizada por la benevolencia desinteresada...” (Conducción del niño, p. 355).

El ejemplo de María y su ofrenda. “El don fragante que María había pensado prodigar al cuerpo muerto del Salvador, lo derramó sobre él en vida. En el entierro, su dulzura solo hubiera llenado la tumba, pero ahora llenó su corazón con la seguridad de su fe y amor” (El Deseado de todas las gentes, p. 514).

“... Era la demostración exterior de un amor alimentado por las corrientes celestiales hasta que desbordaba” (El Deseado de todas las gentes, p. 217).

“El espíritu de liberalidad es el espíritu del cielo. El espíritu de egoísmo es el espíritu de Satanás” (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 21).

La generosidad no se da al natural en el ser humano, necesita ser cultivada.

III. ¡Acuérdate de los pobres!

“La religión pura y sin mácula delante de Dios...” (Santiago 1: 27).

“Cuando seguéis la mies... No rebuscaréis vuestra viña... para el pobre...” (Levítico 19: 9, 10).

“Si los hombre cumplieran con su deber como mayordomos fieles de los bienes del Señor, no habría el clamor por pan, ni el sufrimiento por la miseria, ni la desnudez y la necesidad” (El ministerio de la bondad, p. 18).

“Para proveer estas oportunidades, Dios colocó entre nosotros a los pobres, los infortunados, los enfermos y los dolientes. Son el legado de Cristo a su iglesia, y han de ser cuidados como él los cuidaría. De esta manera, Dios elimina la escoria y purifica el oro, dándonos la cultura del corazón y el carácter que necesitamos” (El ministerio de la bondad, p. 20).

“Cristo estuvo a la cabeza de la humanidad con la apariencia de la humanidad. Su proceder fue tan lleno de simpatía y amor, que los más pobres no temían ir a él. Era bondadoso con todos, fácilmente accesible para con los más humildes. Iba de casa en casa, curando a los enfermos, alimentando a los hambrientos consolando a los dolientes, aliviando a los afligidos, hablando paz a los desesperados” (El ministerio de la bondad, p. 178).

“No olvidemos que en el juicio final, nuestras actitud hacia los pobres será determinante” (Mateo 25: 34-40).

IV. Principio de economía

“La bendición de Jehová es la que enriquece...” (Proverbios 10: 22).

“Juntad los pedazos... para que nada se pierda” (Juan 6: 1-13).

Pareciera que al mencionar la economía después de generosidad y la atención a los pobres, fuera un marcado contraste, pero no, es una adecuada combinación. Hemos de practicar la economía por principio.

“Por precepto y ejemplo (los padres), deben enseñar a sus hijos a amar y temer a Dios;... a cultivar hábitos de laboriosidad, economía y abnegación” (El hogar adventista, p. 164).

“Agradó al Señor mostrarme los males que resultan de los hábitos de derroche, para que pueda amonestar a los padres a que enseñen estricta economía a sus hijos” (El hogar adventista, p. 339).

“Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada”. Estas palabras significaban más que poner el pan en los cestos. La lección era doble. Nada se había de desperdiciar. No hemos de perder ninguna ventaja temporal. No debemos descuidar nada de lo que puede beneficiar a un ser humano” (El Deseado de todas las gentes, p. 335).

Es importante hacer uso adecuado de todo aquello que hemos recibido de Dios. El devolver a Dios lo que él ha reservado como suyo y entregar nuestras ofrendas, no nos exime de administrar sabia y juiciosamente los recursos que Dios ha confiado en nuestras manos.

Tanto honramos a Dios al entregar un diezmo honrado y una ofrenda generosa, como al invertir juiciosamente aquello que está destinado a nuestro sostén.

CONCLUSIÓN 

Hay muchos hogares y familias que han recibido más recursos de los que necesitan; y en ocasiones la abundancia invita al despilfarro. Si bien es cierto que de esta manera se produce un contraste con aquellos hogares que no tienen ni lo indispensable, hemos de dar cuentas a Dios por lo que hemos recibido. Por eso debemos enseñar a nuestros hijos, para que desde pequeños aprendan estos principios. Hemos de ser generosos con los necesitados; Dios envía la respuesta a las oraciones de otros, por nuestro medio. Por otro lado, como hemos señalado, cuidemos de cada elemento que Dios pone a nuestro alcance a fin de optimizar aquello de lo cual disponemos.

MI DECISIÓN 

Que Dios me haga sabio hoy, aquí, para servirle mañana por siempre, en su presencia. 

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