Buscando cuánto dar
Himno Inicial N. 1
Himno final N. 254
Deuteronomio 16:16,17: "Nadie se presentará ante el Señor con las manos vacías. Cada uno llevará ofrendas, según lo haya bendecido el Señor tu Dios".
Cuando se trata del manejo del dinero se nos pide poner a Dios en primer lugar. Tanto el Antiguo y el Nuevo Testamento contienen este mandamiento. Hoy vamos a examinar el consejo Bíblico en relación con los diezmos y ofrendas. Nunca nos hemos encontrado con una familia que, mirando hacia atrás en su vida ha declarado, "Deseamos no haber gastado todo el dinero de los diezmos y las ofrendas". La mayoría de las familias cristianas fieles espontáneamente responden que confían en que Dios ha bendecido siempre a su familia y de hecho, puede señalar casos determinados en los que Dios intervino en su favor.
Dar a Dios y ser fieles no es financieramente sólo un compromiso espiritual o una elección filosófica. Es, por mucho, la decisión financiera más importante para la gestión de la vida. Dios dice, si me ponen en primer lugar, yo le daré la sabiduría y los bendeciré. Para la confirmación de esto, leer Proverbios 3:5-10, Deuteronomio 28:1-14 y Malaquías 3:6-12.
Ponemos a Dios primero y recibimos su bendición especial cuando reconocemos que Dios creó todo (Génesis 1:1) y por tanto, es propietario de todo (Salmos 24:1). Entendemos que Él nos sostiene y nosotros, a su vez, manejamos lo que Él nos ha dado primero retornándole su parte, el diezmo (Levítico 27:30), y a continuación, llevamos ofrendas proporcionales a nuestro ingreso y a sus bendiciones. Créalo o no ¡este es el principio Bíblico fundamental de la gerencia del dinero!
Al leer los escritos de asesores financieros no cristianos, todos contienen el consejo, "el pago a usted es primero". Lo que entendemos por esto es que su propia situación debería ser su primera consideración. Sin embargo, este plan pone a Dios en el segundo lugar en el mejor de los casos y viola sus mandamientos. La Biblia dice, "Dichoso el hombre que no sigue el consejo de malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!" (Salmos 1:1-3).
¿Por qué damos?
"Odio escribir un cheque de diezmo. Pero voy a dar el diezmo aunque me mate", una mujer insistió. ¿Qué la llevó a esa actitud? ¿Por qué ella continua dando a pesar de que realmente no quiere hacerlo? El dar y las ofrendas significan cosas diferentes para diferentes personas. La gente tiene diferentes razones por qué ponen dinero en un sobre y le llaman diezmo a la ofrenda. Del mismo modo, y por desgracia, incluso los líderes de la iglesia han utilizado diferentes formas de motivar a las personas a dar. Tradicionalmente con frecuencia se utilizan motivaciones humanas.
Por ejemplo, nosotros usamos reconocimiento y elogios cuando recaudamos fondos. A veces usamos culpabilidad. En otras ocasiones, hacemos hincapié en lo que el dar haría por el donador.
Todos estos métodos se centran en los donantes y sus necesidades o deseos. Todos estos métodos se centran en los donantes y sus necesidades y deseos. Todos estos métodos fortalecen el poder del egoísmo.
I. Debemos recordar que el hecho de dar para el cristiano es un acto de adoración.
El principal fin al dar los diezmos y ofrendas es dar gloria a Dios, reconocerlo como Creador, y lo integramos en el aspecto material de la vida. Apelaciones a los humanos pueden llegar a motivar y reforzar las cadenas del egoísmo y el pecado.
Por lo tanto, Debemos hacernos las siguientes preguntas:
¿Qué puede realmente usted dar a Dios?
¿Podemos como cristianos dar algo más que nuestros propios corazones?
¿Qué hace que nuestros diezmos y ofrendas sean una adoración?
Como cristianos que creemos en la Biblia, no damos porque tenemos demasiado. Damos en respuesta al experimentar la gracia y dar gracias por las bendiciones de Dios. Nosotros damos a las opciones que creemos harán avanzar la causa de Dios. Y para nuestra planificación del patrimonio, desde que llegamos a la conclusión de que Dios es el legítimo propietario de todo, cuando hemos acabado con los recursos que Él nos ha confiado, devolvemos a Dios para ayudar a otros o hacemos contribuciones para avanzar su causa.
Verdaderamente, todo lo que tenemos y somos pertenece a Dios. El diezmo es adoración, cuando reconocemos nuestra relación con Dios. Las ofrendas son de adoración cuando, en asociación con Él, invertimos el dinero de Dios en su reino. Se convierte en una extensión de nuestra asociación con Dios. Sin esta colaboración, no podemos adorarlo con ofrendas – son sólo sobornos.
Las ofrendas reflejan nuestros corazones y nuestra experiencia con Dios y son el resultado de la orientación del Espíritu Santo en íntima asociación. "Los israelitas debían comparecer ante la Presencia de Jehová con presentes dignos de las bendiciones recibidas" 1CBA, 1024. En nuestra actual economía, se devuelve el diezmo y las ofrendas en forma de dinero o sus equivalentes, tales como las transacciones financieras o de otro tipo. Hoy hablaremos sobre los diezmos y ofrendas desde la perspectiva bíblica y, a continuación, veremos una aplicación práctica actual.
El diezmo bíblico
Cuando se habla de diezmo, no es una cuestión de generosidad o gratitud. Es una cuestión de simple honestidad y sinceridad con Dios. La Biblia declara que el diezmo es sagrado y le pertenece a Dios. "El diezmo de todo... pertenece al Señor...pues le está consagrado" (Levítico 27:30).
Lo primero que establece la Biblia acerca de Dios es que Él es el Creador del cielo y de la tierra (Génesis 1:1), y esto constituye la base para todo lo demás que la Biblia dice acerca de Él, sobre quiénes somos y sobre cómo debemos relacionarnos con Él. De hecho la frase "el cielo y la tierra", utilizado frecuentemente en el Antiguo Testamento, indica totalidad y es, en cierto sentido, la forma hebrea de expresar lo que los griegos comunicaban a través de la expresión Cosmos, la totalidad del universo ordenado.
Puesto que Dios es el Creador del cielo y la tierra, también es el propietario legítimo y exclusivo de todo. Él es el Creador/Propietario Somos las criaturas/mayordomos.
Entonces, ¿Qué es exactamente el diezmo? El diezmo es una décima parte de nuestros ingresos o de nuestras ganancias, si es trabajador por su propia cuenta. Entendemos que ésta es la parte de nuestro Dios y el aumento afirma que son de Él. Sabemos que el diezmo significa décima parte porque en ambos Antiguo y del Nuevo Testamento las palabras de los diezmos y décimo, se utilizan indistintamente. Por ejemplo, la primera mención del diezmo en la Biblia es Génesis 14:20.
Abraham dio a Melquisedec, el sacerdote del Dios Altísimo, "el diezmo de todo" el botín de Sodoma que fueron dadas por el rey de Sodoma. Es interesante mencionar que el último texto de los diezmos en la biblia esta en Hebreos 7:1-10. Esta es el recuento en el nuevo Testamento de la historia de Abraham (En ese momento su nombre se había modificado) y su encuentro con Melquisedec. En esta historia se nos dice, "El patriarca Abraham dio la decima parte del botín". (Verso 4).
Otro punto que debemos observar de esta experiencia es que el diezmo no es sólo judío con la ordenanza del sacerdocio Levítico. En una historia posterior, Melquisedec era sacerdote del Dios que recibió el diezmo antes de que alguna vez hubiese una tribu de Leví, y la última mención del diezmo en Hebreos 7 menciona ``nuestro Señor procedía de la tribu de Judá... Tu eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec ́ ́. (Versos 14:17).
El almacén central
Hasta el momento vemos que el diezmo es una décima parte de nuestros ingresos o del aumento de las ganancias. Es santa y le pertenece a Dios. Así que ahora, ¿Qué se debe hacer con él? Aquí de nuevo la Biblia es muy clara y específica. Se nos dice que debemos "Traigan integro el diezmo [todo el diezmo] para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa" (Malaquías 3:10).
Esto plantea la pregunta, "¿Qué? Y ¿Dónde está el almacén?"
Mediante el estudio de la Biblia podemos ver que el pueblo de Dios en la época del Antiguo Testamento no tenía ningún problema con la identificación de los almacenes ¡Todos ellos iban allí tres veces al año¡
Justo antes de morir Moisés reunió a todo Israel y les dio tres sermones o presentaciones públicas.
Están registradas para nosotros en la Biblia como el libro de Deuteronomio. Él declaró que a pesar de que se asentaran y dispersaran por todo Canaán, tres veces al año, iban a reunirse en la casa del Señor en alabanza, adoración y harían la entrega de sus diezmos y ofrendas.
"Pero ustedes cruzarán el río Jordán y vivirán en la tierra que el Señor su Dios les da en herencia; él los librará de sus enemigos que los rodean, y ustedes vivirán seguros. Y al lugar donde el Señor su Dios decida habitar llevarán todo lo que les he ordenado: holocaustos, sacrificios, diezmos, contribuciones, y las ofrendas más selectas que le hayan prometido al Señor". (Deuteronomio 12:10,11).
Tres veces al año
Tres veces al año todos los varones de Israel iban a comparecer ante el Señor durante la Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos. "Tres veces al año todos tus varones se presentarán ante el SEÑOR tu Dios, en el lugar que él elija, para celebrar las fiestas de los Panes sin levadura, de las Semana y de las Enramadas. Nadie se presentará ante el SEÑOR con las manos vacías. Cada uno llevará ofrendas, según lo haya bendecido el Señor tu Dios " (Deuteronomio 16:16,17). (Véase también Éxodo 23:14-17).
"Antiguamente el Señor dio instrucciones a su pueblo de reunirse tres veces al año para su adoración. Para estas santas convocatorias los hijos de Israel traían a la casa de Dios, sus diezmos, ofrendas de su pecado, y sus ofrendas de gratitud. Ellos se reunían para contar las misericordias de Dios, dar a conocer Su maravillosa obra, y ofrecer elogios y gracias a su nombre. Y se unían en sacrificio en el servicio que apuntaba a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Así iban a ser preservados del poder corruptor de la mundanalidad y de la idolatría. La fe y el amor y la gratitud que se mantiene viva en sus corazones, y a través de su asociación en este sagrado servicio que iban a ser ligados más cerca a Dios y los unos a los otros". 6TI, 39.
"El pan hecho con levadura no debía ofrecerse como oblación, pues la levadura representa fermentación y descomposición y, por ende, corrupción." 1CBA, 1024.
Aquí está el punto principal: Los Israelitas dieron al menos una cuarta parte de sus ingresos a Dios en la forma de diezmos, en las ofrendas de apoyo del templo y regalos a los pobres. Además, la mayoría de estas donaciones fueron entregadas personalmente por cada familia en algún tipo o en efectivo equivalente, a los lugares centrales de depósito, en un primer momento en Siloé (Shiloh) Y luego a Jerusalén. Este sistema de presentación de servicios personales les obligaba a estar lejos de casa y del trabajo por lo menos un mes cada año. Sin embargo, el 25% en dar y un mes fuera de casa eran en realidad la base de su prosperidad y bendición- y ¡lo sabían¡
David prometió, "Cumpliré mis votos al Señor en presencia de todo su pueblo, en los atrios de la casa del Señor, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya¡ ¡Alabado sea el Señor¡" (Salmos 116:18,19). Esta fue la práctica de todos los fieles en Israel. (Véase también el Salmo 122:1-4).
"Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová, tu Dios, y cargarías con un pecado. Si te abstienes de prometer, no habrá en ti pecado" Deuteronomio 23:21, 22. "no es obligatorio hacer votos a Jehová. Lo que si es obligatorio es cumplir un voto ya hecho. La violación de un voto es pecado a la vista de Dios. El hacer un voto a Dios es asumir una obligación sagrada. El no cumplir esa obligación es dañar la propia vida espiritual." 1CBA, 1048.
"Y te alegrarás delante de Jehová tu Dios, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita que habitare en tus ciudades, y el extranjero, el huérfano, y la viuda que estuvieren en medio de ti, en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner allí su nombre" Deuteronomio 16:11.
"Debía mostrarse un espíritu generoso hacia los necesitados...Esto traería gozo al que daba, como también al que recibía...Debía ser una ocasión feliz" 1CBA, 1024.
El uso de los diezmos
Una vez más, la Biblia es muy clara y concreta sobre el uso del diezmo. Dios explícitamente en Números 18:21 menciona, ``A los levitas les doy como herencia, y en pago por su servicio en la Tienda de reunión, todos los diezmos de Israel ́ ́. Es evidente que el diezmo pertenece a Dios y Él podría hacer lo que Él quiera con él. También es claro que él ha escogido el objetivo del diezmo como apoyo a los líderes religiosos y sus familias. En consecuencia, en armonía con este principio Bíblico, la organización de Iglesia Adventista del Séptimo Día ha designado a la asociación local como el almacén a donde el diezmo debe ser devuelto y que el ministro del Evangelio recibiría sus salarios. Además, la asociación de apoyo a la promoción del evangelio en todo el mundo. Para la comodidad de los miembros de la iglesia y como parte de su experiencia de adoración, el diezmo es devuelto a través de las iglesias locales donde se encuentra su membresía, y el tesorero local reenvía todos los diezmos al almacén de la asociación a partir de la cual los trabajadores religiosos son pagados. Este sistema, descrito por Dios, ha permitido a su iglesia tener un planteamiento global y cada vez mayor impacto en el mundo.
¿Qué acerca de las ofrendas?
Nuestras ofrendas proceden del 90% que sigue estando en nuestro poder después de que nuestro diezmo es devuelto a Dios. Aquí es donde comienza la generosidad. Hay diferentes tipos de ofrendas dadas a Dios por personas por personas que se registran en la Biblia. Hubo ofrendas por el pecado – dado como respuesta a la experiencia de gracias; ofrendas de gracia – dadas al reconocer la protección de Dios, las bendiciones de la salud, la prosperidad, y mantener el poder; ofrendas para los pobres; y ofrendas para construir y mantener la casa de adoración. Con la posible excepción del impuesto del templo, no recibían ofrendas de acuerdo a un porcentaje como lo era el diezmo. En muchos casos las ofrendas esperaban el diezmo, cuando el corazón fuese tocado en respuesta a las peticiones para construir el tabernáculo, etc. El simple comando de Dios fue, "Cada uno llevará ofrendas, según lo haya bendecido el Señor tu Dios". (Deuteronomio 16:17).
Es posible designar nuestras ofrendas a fines específicos tales como las necesidades actuales de la iglesia, la labor de nuestra asociación, y las necesidades de la iglesia mundial, pero aún se basan en nuestra gratitud por las bendiciones de Dios para nosotros. La incapacidad de llevar ofrendas, además del diezmo, al depósito fue considerado por Dios como un robo hacia él. Obviamente es donde las ofrendas por el pecado y el templo irían. A diferencia de los diezmos, algunas de nuestras ofrendas pueden ser discrecionales. En otras palabras, se puede designar una parte para ayudar a los pobres, los huérfanos y las viudas y dar apoyo a los proyectos que creemos va apoyar el trabajo de Dios en la tierra.
La motivación en dar
Nuestro primer reto es crecer espiritualmente de modo que nuestra dadivosidad sea una extensión de nuestra fe al caminar con Dios. Sin dar una relación de fe no puede de adoración. Teniendo como la base otra cosa que no sea una relación de fe y la seguridad de la salvación se convierte en adoración falsa.
La mejor forma de dar sigue una visión, no un deber. Esta visión debe tener un origen bíblico. No tiene que preguntarse sobre la visión de Dios. Podemos ir a las Escrituras para descubrir y luego
articularlo en el contexto contemporáneo. Nos encontramos con esta visión en proporción a la capacidad de Dios y su capacidad de ser involucrados con lo que la iglesia esté haciendo. Una visión Bíblica para el ministerio y la iglesia ofrece una base potente para ver lo que Dios está haciendo.
La mejor forma de dar sigue una misión, no una estructura. Entendemos que la estructura y organización son necesarias para asumir con realismo nuestra comisión como cristianos. Mateo 28,18-20 proporciona la misión más clara y potente que una iglesia puede encontrar. Dios promete estar con nosotros siempre, aun hasta el fin del mundo. Esto nos asegura que al unirse a esta misión, caminamos en íntima asociación con Dios.
La mejor forma de dar sigue personas, no programas. Dios es, ante todo, un Dios personal, y necesitamos un toque personal al trabajar por Él. Por lo tanto, tenemos que estar implicados personalmente y no dar sustitutos de esa participación.
La mejor forma de dar sigue una pasión, no una presión. Esto significa que nuestros corazones han de participar, y debemos tener un compromiso personal. El cristianismo es apasionado al participar con el Señor del universo. Es cierto que para un cristiano el fruto de un compromiso personal con la participación y el corazón con este increíble Dios, es la esencia de dar verdaderamente. La Biblia llama a este tipo de dadivosidad regalos de disposición (Éxodo 35:5) y regalos alegres (2 Corintios 9:7).
La mejor forma de dar sigue el crecimiento y progreso, no el mantenimiento. El terreno que ha conquistado por Cristo debe mantenerse; una importante parte de nuestro tiempo y recursos debería utilizarse para seguir avanzando el trabajo de Dios en la tierra.
La mejor forma de dar sigue la información, no promoción. Sólo el Espíritu Santo tiene el derecho para condenar a las personas en relación con sus donaciones. Podemos ayudar al Espíritu Santo mediante el suministro de información. Esa información debe ser completa, transparente, y comprensible. En el mundo de hoy, lo que es desconocido, no comprendido o ocultado es automáticamente sospechoso. Información precisa de lo que Dios está haciendo y cómo podemos unirnos con Él en su misión nos ayudará en nuestra dadivosidad.
La mejor forma de dar sigue la convicción, no manipulación. Sólo el Espíritu Santo puede traer convicción. Sólo Dios puede crear el deseo y cuando Él lo hace, El da el poder y el deseo para seguir la convicción.
Recordemos que Dios es el dueño y socio. Nosotros somos socios gerentes. Todo pertenece a Dios y nosotros manejamos sus inversiones en conjunto. Reconocemos esta relación al devolver el diezmo a Él y nosotros invertimos directamente en su reino. Manejamos sus activos y los invertimos en su reino a través de ofrendas y en la manera en que cuidamos nuestras familias.
Jesús demuestra claramente el dinero como competencia de Dios y habla de la imposibilidad de servir a Dios y el dinero (Mateo 6:24). El diezmo es una de las principales herramientas que Dios utiliza para establecerse a si mismo como el Señor en nuestras vidas. Cómo nosotros tratamos con el dinero, y más concretamente, cómo nosotros tratamos con el diezmo, es un reflejo de dónde esta Dios en nuestras vidas.
Cuando nuestros corazones están bien, nosotros adoramos a Dios cada vez que devolvemos los diezmos y ofrendas a Él. El diezmar es una experiencia de adoración que demuestra nuestra aceptación y relación con Dios. Es una experiencia de adoración donde nosotros aceptamos a Dios como creador y aceptamos su posesión sobre nosotros y sobre lo que tenemos.
Reclamar propiedad sobre nosotros usurpa el derecho de Dios y su posición. El diezmo nos recuerda que la redención restaura la propiedad de Dios sobre nuestras vidas. ``Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos ́ ́ (Levítico 20:26).
Cuando damos el diezmo, nosotros conscientemente profesamos nuestra confianza en Dios que cuida y provee para nosotros.
Cuándo nosotros diezmamos, confesamos que Él está en nuestras vidas y reconocemos su orientación y el amor.
Cuando diezmamos, deliberadamente escogemos confiar en Él. Por lo tanto, nosotros somos guiados para no preocuparnos y, "busquen primeramente el reino de Dios y su justicia "(Mateo 6:33).
Sólo cuando experimentamos la salvación podemos adorar a Dios..
Sólo cuando nos rendimos a su Señorío nosotros realmente diezmamos.
Comprendiendo el diezmo de esta manera nos lleva a darnos cuenta de que es santo, único, y diferente. Ello pertenece al Santísimo, y es suyo para administrarlo. Parte de nuestra adoración con el diezmo es darlo de regreso a Él para manejarlo. Lo que pasa con el diezmo no es nuestra responsabilidad, porque nuestra única responsabilidad es adorar a Dios. Sin embargo, como parte del liderazgo de la iglesia manejamos los fondos de los diezmos de la iglesia del Señor y debemos recordar que lo que manejamos pertenece a Dios y no a nosotros.
Como un estilo de adoración incluye aceptar la responsabilidad de administrar en sociedad conjunta. Al devolver el diezmo no es una forma de pagarle a Dios el 10% de chantaje, por lo que entonces podemos hacer lo que queramos con el 90% restante. Tampoco el diezmo es una propina a Dios, agradeciéndole a Él por lo que hemos recibido. El diezmo es un signo de nuestra voluntad para administrar en la totalidad lo que pertenece a Dios al tener en nuestra vida un íntimo caminar con él.
Para diezmar y que sea verdaderamente adoración, tenemos que hacernos a nosotros mismos algunas preguntas sobre una base regular:
¿A quién le pertenece la casa en la que vivimos?
¿A quién le pertenecen todas las propiedades que manejamos?
¿Quién tiene prioridad en nuestras elecciones en la vida cotidiana?
¿En quién confiamos cada día?
¿Realmente le permitimos a Dios ser Dios en todos los ámbitos de la vida?
Entonces, ¿Cómo podemos regresar nuestra verdadera adoración a través del diezmo?
La respuesta descansa en nuestras actitudes y acciones. El diezmo como adoración comienza con una aceptación personal de Jesucristo como Salvador y Señor. Luego es una decisión consciente por reconocer a Dios como el Dueño de todo lo que tenemos y somos. Luego viene una actitud de la gestión de nuestra parte más que de una propiedad.
Ahora, esa actitud de los actos de adoración consciente y el diezmo como un acto intencional, no es sólo un hábito: llene su sobre de diezmos con una oración de acción de gracias y alabanza; colóquelo sobre el plato de las ofrendas con la seguridad de la divina sociedad; viva cada momento y reconozca a Jesús como Señor de su vida, y haga cada acto consciente de la alianza divina que usted tiene con Dios.
A medida que continúe estudiando el registro bíblico, se encontrará conectado con el diezmo del llamado reavivamiento (2 Crónicas 31, Nehemías 12-13, y Malaquías 3). La verdadera cuestión es siempre la forma en que adoramos—reconoce nuestra relación con Dios como Propietario y Redentor.
Uno de los puntos más importantes de comprensión de la justificación de Dios se encuentra en el diezmo en lo que Jesús dijo en Mateo 6:25-34. Él puso el dinero y las cosas materiales en competencia directa con Dios en nuestras vidas. Nos enfrenta a la posibilidad de elegir a quién vamos a servir y cómo vamos a servirle. Es interesante observar que el contexto son las necesidades básicas de la vida, y no son un lujo. Una vida enfocada en proveer las necesidades mínimas de alimentos y el vestido se identifica como pagana. En lugar de tal enfoque, Jesús nos desafía: ``Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas ́ ́ (v.33).
Aunque no parece en el inmediato contexto de Mateo 6, el diezmo es uno de los mandamientos de Dios como herramienta básica en nuestro ``viaje de discipulado ́ ́ para ayudar a mantener nuestra atención en Él mientras nos ocupamos del mundo material. A medida que diezmemos, ponemos a Dios primero. Nosotros le reconocemos como el propietario de todo lo que tenemos en nuestras manos. Admitimos que somos los mayordomos delegados. Pasos simples para sentir el gozo de diezmar
Paso 1: Aceptar nuestra relación con Dios
En primer lugar debemos reconocer que la verdadera adoración puede venir solo de un corazón en sintonía con Dios. Así pues, el primer paso es aceptar nuestra relación con Dios. Esto empieza al confesar nuestros pecados, aceptar su perdón, y regocijarnos en nuestra vida eterna. Nosotros estamos ahora en una nueva relación con Jesús, de modo que cuando devolvemos nuestro diezmo, estamos reconociendo nuestra salvación en Cristo y celebrando en Él como nuestro Redentor. Esta redención restablece su propiedad de nuestras vidas.
Paso 2: Aceptar a Dios como Creador
El segundo paso para devolver nuestros diezmos como adoración es aceptar a Dios como nuestro Creador, Él provee para todas nuestras necesidades. Nosotros reconocemos esto cuando lo adoramos a Él poniéndolo a Él primero en la devolución de nuestros diezmos. Buscando su reino y su justicia primero, nosotros hacemos la elección de vivir una vida nueva. De esta manera, el diezmo es una herramienta que nos ayuda a cambiar nuestras propiedades.
Paso 3: Entregar nuestra propiedad y aceptar la de Él.
Diezmar es adoración cuando viene de alguien que ha aceptado la realidad de Dios como propietario. Este es el siguiente paso. Nosotros elegimos entregar nuestra propiedad y aceptar la de Él. Esto significa que reconocemos que todo lo que tenemos en nuestras manos pertenece a Dios. Nosotros adoramos a Dios con nuestros diezmos para recordarnos a nosotros mismos que todo pertenece a Él, y necesitamos su ayuda para manejar el 100% para su honra y gloria. De esta manera, aceptamos nuestra responsabilidad de supervisar cuidadosamente todos los dones que ha depositado en nuestro cuidado.
Paso 4: Reconocer el cuidado de Dios su orientación y amor.
También nosotros retornamos nuestro diezmo como un acto de adoración cuando reconocemos el cuidado providencial, la orientación y el amor de Dios para nosotros. El diezmo que devolvemos a Dios nos recuerda que Él se preocupa por nosotros, que Él está íntimamente involucrado en todos los detalles de nuestras vidas; y antes de que demos el diezmo, Él ya ha proporcionado para todas nuestras necesidades diarias. Nosotros presentamos nuestros diezmos a Él con corazones agradecido, reconociendo las abundantes bendiciones que Él nos ha dado, porque nosotros podemos dar diezmo sólo si ya hemos recibido sus bendiciones.
Paso 5: Aceptar que debemos ser santos para Dios.
El diezmo como una adoración también ofrece una oportunidad para que podamos aceptar que debemos ``ser santos ́ ́ de Dios (Levítico 20:26). Porque Él es dueño y pertenecemos a Él, somos santos – apartados para su uso especial. En el diezmo podemos reconocer que estamos completos en Él y cada parte de nuestra vida pertenece a Él. Por lo tanto nuestro diezmo llega a ser una confesión que nosotros, también, somos ``apartados ́ ́ para Dios.
Paso 6: Re-consagremos nuestra vida a Dios.
Cuando aceptamos el diezmo como algo santo, que pertenece a Dios, reconocemos que la bendición que es nuestra, es santa al manejarla. Para hacer esto bien, debemos traer nuestros diezmos a Él en el contexto de nuestro diario caminar con Dios. El diezmo se convierte en una oportunidad para una completa re-consagración de nuestras vidas a Dios. Podemos alegrarnos en la realidad de nuestra salvación y aceptación en Cristo. Podemos aceptar nuestra vida nueva en Él. Podemos celebrar las bondades de Dios en el cuidado por nosotros en el mundo material y por lo tanto, reconocer que Él también ha cuidado de nosotros en el mundo espiritual. El diezmo se convierte en un testimonio a Dios y nuestros corazones al aceptar y adorar a Dios en nuestra vida diaria como discípulos.
A los trece años de edad un niño en una de las Islas del Pacífico del Sur demostró su actitud de adoración, trayendo un gran pez que había capturado, él le dijo al anciano de su iglesia que éste era su diezmo y preguntó cómo se debe tratar con él. El anciano explicó lo que debía hacer con el ``pez diezmo ́ ́ y felicitó a al joven en su buena captura de los diez peces. El joven respondió: "¡Oh no¡ Este es el primero. Los otros se encuentran aún en el océano. Voy a ir tras ellos".
En verdad, el diezmo nos proporciona una herramienta para adorar a Dios, poniendo a Él primero en nuestras vidas en todas las formas, porque el diezmo es un reconocimiento tangible de nuestra relación increíble con Él.
Dios provee las ofrendas
Ahora, echemos un vistazo a las ofrendas. Conocemos bien la historia, pero ¿La entendemos? Dios habló a Abraham, enviándole a una montaña y que ofreciera a su hijo como holocausto. Abraham obedeció y comenzó un camino de fe que terminaría con una ofrenda de alabanza. Cuando Isaac preguntó acerca de la ofrenda, respondió que el Dios de Abraham la proporcionaría. Cuando llegaron a la parte superior de la montaña, Abraham explicó el mandato de Dios.
Esta increíble historia desencadena una serie de preguntas. ¿Cómo podría pedir esto Dios a Abraham? ¿Cómo podría Abraham estar de acuerdo? ¿Cómo podría ofrecer a Isaac? ¿Qué haríamos nosotros si estuviésemos en la misma situación? El libro de hebreos nos ayuda a entender la respuesta de Abraham. ``Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos ́ ́. (Hebreos 11:19). Y de alguna manera, la fe de Abraham fue contagiosa. Isaac también confió en Dios lo suficiente para colocarse el mismo en el altar.
Sabemos el resto de la historia. Dios proveyó la ofrenda en forma de un carnero atrapado en un matorral (Génesis 22:13). Esto apunta a la realidad de que Dios siempre ofrece la ofrenda, si se trata de un carnero en la cima de una montaña o un salvador en el Monte Calvario. Dios siempre proveerá.
De hecho, si nos detenemos a pensar en ello, Dios siempre provee cuando damos nuestras ofrendas a Él. Todo lo que tenemos viene de su mano y pertenece a Él. Así que, cuando le ofrecemos algo, sólo podemos regresarle a Él lo que hemos recibido de Él, en primer lugar
¿Qué da sentido a la ofrenda?
Nuestra actitud.
¿Recuerda la historia de Caín y Abel? Cada uno trajo una ofrenda, pero Dios aceptó sólo la ofrenda de un corazón obediente.
"Dios no recibe las ofrendas de cualquiera porque las necesita y no puede tener la gloria y las riquezas sin ellos, sino porque es mejor para Sus siervos hacer para Dios las cosas que son suya. Las ofrendas de libra voluntad de los humildes con corazón contrito, las recibirá y recompensará a los que las dan con las más ricas bendiciones. Él los recibe como un sacrificio de obediencia agradecida. El requiere y acepta nuestro oro y plata como pruebas de que todo lo que tenemos le pertenece a Él. Afirma y acepta lo mejor de nuestro tiempo y de nuestros talentos como el fruto de su amor que existe en nuestros corazones. Obedecer es mejor que el sacrificio. Sin amor puro, la ofrenda más cara es demasiado pobre para ser aceptada por Dios". 2 TI, 652-653.
Las ofrendas sólo tienen sentido cuando reflejan lo que somos en relación con Dios. Ellas expresan nuestra adoración y alabanza a Dios y nuestra disposición a reconocer que Él es el propietario- que todo lo que tenemos proviene de Él. El salmista nos reta a nosotros. ``Tributen al Señor la gloria que merece su nombre; traigan sus ofrendas y entren en sus atrios. Póstrense ante el Señor en la majestad de su santuario; ¡tiemble delante de él toda la tierra¡ ́ ́ (Salmos 96:8-9).
Dios tiene un examen contemporáneo en el mundo actual materialista: las pertenencias como ofrenda, la asociación sistemática, y la asociación con convicción. El diezmo es lo primero y Dios dice que es Suyo. El regresar los diezmos es una prueba de lealtad. La ofrenda viene después, como una prueba de actitud. Es una forma de proporcionar periódicamente, apoyo sistemático como parte de nuestra adoración a Dios. Luego vienen los proyectos especiales.
Cuando se trata de ofrendas, Dios demanda lo mejor. Le pide que le den lo que es más precioso para nosotros, porque cualquier cosa menos sería una forma de la idolatría. Por nuestro propio bien, él debe residir primero en nuestros corazones y vidas. Él nos llama a darnos a nosotros mismos a Él en un estilo de vida de adoración (Romanos 12:1). Solamente después que nos hayamos dado a Él podemos realmente adorarlo con una ofrenda.
¿Qué pasa con las aquellas veces que casualmente hemos puesto una ofrenda en el plato?
¿Es adoración?
¿Nos hemos dado a nosotros mismos, o estamos sólo siguiendo un hábito iniciando en la infancia?
¿Hemos llegado al lugar de confiar en Dios con todo lo que es valioso para nosotros?
¿Hemos reconocido que Él es el propietario y que todo lo que tenemos viene como una bendición de su mano?
Como se ve reflejado en estas preguntas, nos vemos obligados a confesar que con demasiada frecuencia nuestras ofrendas son mecánicas y sin reflexión. A menudo se basa en la necesidad y no como una respuesta a las bendiciones de Dios. A veces, incluso es dada a regañadientes, desde un sentido del deber. Dios tiene una mejor forma: ``¿Cómo puede pagarle al señor por tanta bondad que me ha mostrado? ¡Tan sólo brindando con la copa de salvación e invocando el nombre del Señor! ¡Tan sólo cumpliendo mis promesas al Señor en presencia de todo su pueblo! ́ ́ (Salmos 116: 12-14).
Ofrendas como Adoración y Oración
¿Qué podemos hacer para que nuestras ofrendas sean un verdadero acto de alabanza y adoración?
He aquí algunas ideas para su consideración:
- Podemos mantener nuestro caminar con Dios fresco e íntimo. Podemos pasar tiempo con Él y diariamente recordar que Él nos ha salvado a través de su gracia.
- Podemos reflexionar sobre lo que Dios hizo por nosotros, todo lo que era más preciado para Él, ¡su Hijo¡ Como un hombre dijo: "Cuando Jesús murió en el Calvario, los bolsillos de Dios fueron vaciados".
- Podemos reflexionar en la realidad de que todo lo que tenemos viene y pertenece a Dios. Él nos pide dar sólo después que reconozcamos que Él nos ha dado todo.
- Podemos darle las gracias por las muchas bendiciones que trae cada día y vivir conscientes de su provisión.
- Podemos tratar de alabar a Dios a diario y con alegría reconocer lo que somos a la luz de quien es Creador y Redentor.
- Podemos tener todo lo que es valioso para nosotros y colocarlo en Sus manos, confiando en lo que cuidará mucho mejor de lo que nosotros podemos.
- Pero sobre todo, podemos darle nuestros corazones, porque eso es todo lo que realmente podemos rendir:
``El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido ́ ́. (Salmos 51:17).
Antes de que podamos adquirir la gracia de dar, debemos tener la gracia de recibir: ``Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente ́ ́ (Mateo 10:8). "De tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo". (Juan 3:16). Solamente cuando aceptamos a Cristo, tenemos algo que dar. La gracia de dar está precedida por darnos hasta nosotros mismos, poniendo a Dios primero.
No podemos darle dinero a Dios cuando Él no tiene nuestro corazón.
No podemos comprar a Dios con nuestras ofrendas.
Como un antídoto para el egoísmo, la ofrenda es una expresión de gratitud. Devolver el diezmo es el reconocimiento de quien Él es: las ofrendas son un agente de gracia transformadora, porque cómo damos, participamos en la gracia de Dios mientras simultáneamente combatimos el egoísmo.
Las ofrendas, son una respuesta a la dádiva de Dios. Ellas son una implementación de la sociedad con Dios, trabajando de la abundancia de Dios en el lugar de la escasez de la humanidad. Las ofrendas combaten el corazón egoísta de nuestra vieja naturaleza pecaminosa. ¿Cuánto se debe dar? Sólo usted y Dios pueden saber la respuesta a esta pregunta.
He aquí algunos ejemplos de la gracia de dar: La dadivosidad para la construcción del tabernáculo (Éxodo 36:1-6). Cuando el pueblo de Dios experimento redención, ellos trajeron hasta que Dios dijo, “¡Deténganse! ́ ́ Estamos tentados a decir: ``Dios no tiene suficiente dinero, por lo que se va a utilizar mi dinero ́ ́. Otro ejemplo es cuando Abraham dio a su hijo como un acto de obediencia (Génesis 22:1-14). La viuda de Sarepta (1 Reyes 17:10-16) y la viuda que les dio las dos moneditas (Lucas 21:2-3) son otros ejemplos de la gracia de dar. Las iglesias de macedonia (2 Corintios 8:1-5) también demostraron la gracia de dar cuando ellas dieron de sus necesidades y en muchos casos, de su pobreza, no de su abundancia.
¿Cuáles son los propósitos de Dios para las ofrendas?
Para ampliar la sociedad con la humanidad, para dar testimonio de la alabanza a Dios, para apoyar su misión en la tierra; para fortalecer la unidad de la iglesia, para proveer su iglesia, a fin de ayudar a los necesitados.
Entonces,
¿Cuál es el papel del Espíritu Santo para dar? Para convencer y guiar el dador, a la autonomía o hacer posible que el dador dé y para orientar el cuerpo corporativo y su liderazgo en el ministerio.
Cuando manejamos el dinero de Dios, estamos manipulando lo que es santo. Debemos mantener la plena integridad, la revelación completa, plena apertura, y la plena rendición de cuentas.
Con las ofrendas, el motivo es más importante que la cantidad. Dios opera en máximos, no mínimos. Tenemos que dar como el Espíritu Santo nos convenza y dar sin condiciones – sin control. Cuando tratamos de controlar la ofrenda, incluso después de que le han dado, entonces nunca han dado realmente. Estamos sólo manejando nuestra inversión en otro lugar. Llegamos a la conclusión de que
"El Señor no necesita nuestras ofrendas. Nosotros no podemos enriquecerlo por nuestros regalos. Dice el salmista: `Todas las cosas provienen de ti, y de lo que te pertenece te devolvemos ́. Sin embargo, Dios nos permite mostrar nuestro reconocimiento de su misericordia por esfuerzos de abnegados sacrificios para extender lo mismo a los demás. Esta es la única forma en que es posible para nosotros manifestar nuestra gratitud y amor a Dios. El no ha provisto otra" (Review and Herald, 6/12/1887).
Ahora hemos descubierto lo que significa poner a Dios primero. Estamos listos ahora para obtener su consejo sobre el manejo del resto de nuestras posesiones. Podemos construir sobre esta base una estructura financiera que nos dará satisfacción y la libertad financiera.
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