¿Y ahora qué hacemos? - Acción Interna

Hasta ahora ya vimos que:

a) La práctica de la compasión y de la solidaridad en la Palabra no era vista como una cuestión de simple pena del necesitado, o de buenas intenciones futuras, era preciso más que eso. Se necesitaban acciones inmediatas y concretas que cambiasen la situación. Y esos cuidados eran permanentes. Semanalmente por medio del sábado, cada tres años con el segundo diezmo, el año sabático de seis en seis años, el jubileo de 50 en 50 años y la espiga a cada cosecha. Esas iniciativas estaban dirigidas especialmente para las viudas, los huérfanos y los extranjeros.
b) Especialmente para esos segmentos, Dios se presentaba como Padre, protector y defensor. Él creó leyes justas y sagradas con la finalidad de hacer de su pueblo una sociedad nueva, justa, igualitaria, de repartición y de solidaridad, sin esclavizados, marginados, excluidos ni empobrecidos. Se mostró cómo Dios Padre alcanza ese ideal, se mostró que: “El Señor atiende a la viuda y a los huérfanos, no mediante un milagro, como el envío del maná del cielo, ni por cuervos que les lleven de comer; sino por medio de un milagro realizado en corazones humanos, al desalojar de éstos el egoísmo y abrir las fuentes del amor cristiano” (El ministerio de curación, p. 154).
c) Y ayer vimos que “no hay excusa para los cristianos al permitir que los clamores de las viudas y las oraciones de los huérfanos asciendan al cielo debido a sus necesidades apremiantes al paso que una Providencia liberal ha colocado en las manos de esos cristianos abundantes medios para suplir sus necesidades” (MB, 226).
Al reflexionar sobre esas enseñanzas sagradas, naturalmente viene la pregunta: ¿Y ahora qué hacemos? 

Hoy vamos a comenzar con un estudio de caso.

I. Estudio de caso

(Divida la iglesia en grupos de cuatro o cinco personas y en caso que no sea posible en parejas. Dedique unos cuatro o cinco minutos para este estudio de caso.)
Roberto (pseudónimo) nació y se crió en un hogar no cristiano. Absorbió la cultura de que la Biblia y el creyente no son cosas buenas. Fue a vivir en otra ciudad donde formó una familia y se hizo comerciante. Siempre que podía volvía para visitar a los parientes. En una de esos viajes fue a visitar a una tía adventista del séptimo día y ella, como buena misionera, le habló respecto de Cristo. La reacción de él al escuchar acerca del evangelio fue: Tía me puedes hablar de todo menos de creer y de la Biblia.
En el ejercicio de la profesión, cierto día fue atacado terriblemente por un cliente que se rehusaba a pagar una cuenta y para no morir asesinó a aquella persona. Fue preso, juzgado y condenado a 14 años de prisión.

En la cárcel conoció a un obrero bíblico que le dio estudios y comenzó a interesarse por el Evangelio y aceptó a Cristo como Salvador personal. Ya cumplió cinco años de detención, o sea, más de un tercio de la pena, lo que le daría derecho al régimen semiabierto. Como perdió todo después de la prisión, no tiene cómo contratar un abogado para conseguir ese beneficio. Enumere los pasos que daría para resolver este asunto.

II - Primero los de la familia de la Fe

a) ¿Qué es lo diferente de la historia de Roberto que más le llamó la atención? Él ahora pertenece a la familia de Dios, y es nuestro hermano. En el caso de que estuviese en su lugar, ¿qué esperaría que yo hiciese por usted? ¿Cuál es la regla de oro de la Palabra?:
“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12).
b) El mundo con sus complejidades parece invadir la iglesia y seducir a los miembros a pensar solamente en sí mismos y en cómo tener más placeres. Con eso se nota que algunas palabras vitales para la vida cristiana están desapareciendo gradualmente de los sermones y del día a día de los mayordomos. ¿Hace cuánto tiempo hace que se predicó en esta iglesia un sermón convincente sobre: la compasión, la empatía, la piedad y el altruismo? Tal vez algunos puedan decir en diciembre del año pasado para promover la ayuda de navidad. Fue interesante, pero recuerde que los necesitados de la iglesia no deben ser ayudados solamente en diciembre o enero.
c) Vamos a pensar por un instante:
Quien tiene hambre, sed; quien está desnudo; quien está preso; quien está precisando comprar remedio para curar una infección que corroyó el cuerpo; quien ve un hijo llorando de hambre, entre otras necesidades ¿tiene o no tiene prisa?
Yo que tengo la solución para muchas de esas necesidades, ¿tengo prisa para ayudarlos?
Esas cuestiones se deben volver a predicar en las iglesias.
d) Algunos se deben estar preguntando: Pero esta no es una semana de mayordomía cristiana, ¿por qué está tratando este asunto? Porque por mucho tiempo el ministerio de Mayordomía Cristiana también fue víctima de esa realidad que infelizmente nos rodea como iglesia. La práctica de la compasión en la vida de un mayordomo es tan sagrada como diezmar y ofrendar. La adoración (diezmar y ofrendar) va de la mano con la compasión por los necesitados de la familia de la fe. Jesús dejó claro que debemos diezmar y ofrendar, pero también ser caritativos. (volveremos a este asunto el último día de la semana).
e) Urgentemente las palabras casi olvidadas, compasión, empatía, piedad y altruismo, deben volver a los sermones y a la práctica diaria de cada mayordomo. Ellas son fundamentales en el proceso de ayuda al necesitado de la familia de la fe. La palabra compasión deriva del verbo compadecer, que en esencia quiere decir: “sufrir con”, colocarse en el lugar del que sufre.
Vale resaltar que no cabe aquí aquella cosa humana y legalista, que muchas veces aflora como excusa para no actuar: Está en esa situación porque hizo esto o aquello, no voy a ayudar para que él aprenda.
Ese no es el momento para juzgar si las razones que condujeron a eso fueron buenas o no, es hora de actuar y no de condenar.
f) La compasión parece llevar a la empatía, o sea, mirar con la mirada del otro, y sentir cómo se sentiría si estuviese en la misma circunstancia. La compasión y la empatía a su vez parecen conducir a la piedad, o sea, sentirse triste con la tristeza del hermano en la fe. Ningún mayordomo debería sentirse bien delante de un hermano necesitado, la pobreza es humillante y degradante y más aun cuando es vista dentro de la iglesia. Además de una visión compasiva, empática y piadosa, creemos que es indispensable también una visión altruista.
g) La visión altruista es la que lleva a la acción en favor del necesitado. Esa visión le impulsa a hacer alguna cosa que esté a su alcance. Ella le dice que usted no puede tener la actitud del levita. Al final es muy fácil seguir de largo y pensar que otro lo hará en su lugar. Es muy fácil tomar la actitud del levita, es muy fácil tomar el camino de “lo voy a pensar” o de lo voy a hablar con mi esposo, esposa, hijo, patrón, socio, es más fácil encontrar una disculpa que actuar. Nunca debemos olvidarnos de que quien tiene hambre, sed, quien está desnudo, quien está preso, quien está necesitando comprar remedio para curar una infección que corroyó el cuerpo, quien ve un hijo llorando de hambre, entre otras, tiene prisa.
h) Está profetizado en cuanto al deber de cada mayordomo ante una realidad que requiera nuestra ayuda: “El Señor atiende a la viuda y a los huérfanos, no mediante un milagro, como el envío del maná del cielo, ni por cuervos que les lleven de comer; sino por medio de un milagro realizado en corazones humanos, al desalojar de éstos el egoísmo y abrir las fuentes del amor cristiano” (MC, 154).

III - Qué hacer

a) Con el crecimiento de la iglesia muchas veces se escucha que es imposible identificar a todos o por lo menos la mayoría de los necesitados. Ese problema ya no es de ahora, también existía en la iglesia primitiva, pero ella actuó y encontró una solución inmediata. Porque quien tiene hambre, sed o está preso... tiene prisa. Veamos lo que ocurrió y qué solución se tomó en Hechos 6:1-4. (abrir y leer la Biblia)
b) Como se puede notar, el asunto era urgente y de gran importancia en la lista de la iglesia. Se eligieron para componer la comisión hombres de buena reputación y llenos del Espíritu Santo y por lo que se sabe del contexto el asunto fue resuelto.
c) ¿Qué orientación profética fue dada para lidiar con los necesitados de cada iglesia? Aquí está la orientación sagrada: “Algunos hombres y mujeres de Dios, algunas personas de discernimiento y sabiduría, debieran ser designadas para atender a los pobres y menesterosos, en primer lugar a los de la familia de la fe. Dichas personas deben dar a la iglesia su informe y su parecer acerca de lo que debe ser hecho” (2JT, 516).

IV - Cómo hacer

a) Sería interesante tener en mente que de un modo general los problemas son resueltos cuando se descubre el método correcto de actuar. El gran desafío de quien lidera es encontrar el método adecuado para lidiar y resolver el problema. Es por ese motivo que las personas escogidas para lidiar con esas cuestiones del planeamiento efectivo para ayudar a los necesitados no pueden ser cualquiera, sino personas llenas del Espíritu Santo. Personas que tengan discernimiento espiritual para entender la relevancia de ese ministerio dentro de la iglesia.
b) Lo que se debe hacer depende del contexto de su iglesia. Cada realidad requiere diferentes acciones, en línea general diría que los siguientes pasos serían bien apropiados:
- Hacer un balance de las personas que ya son atendidas por la Acción Social Adventista (Dorcas);
- Buscar identificar otras personas que tienen necesidades, pero que no están siendo atendidas;
- Identificar las dificultades comunes de esos necesitados;
- Cuáles son las necesidades de emergencia (“dar el pez”) y cuáles necesitan de ayuda sostenible (“enseñar a pescar”);
- Identificar el potencial interno de la iglesia para hacer frente a la realidad identificada;
- Buscar ayuda externa: ONGs, Secretaría de bienestar social de su estado o municipio, organizaciones que fomenten el emprendedurismo (Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas)... Investigar otras fuentes.
- Descubrir otros pasos...
c) Muchos podrán decir: yo quiero ayudar pero no sé cómo. Ese es el primer y más importante paso, comience con esas ideas simples que fueron sugeridas u otras que le vengan a la mente. El instrumento que el Espíritu Santo utiliza no es aquel que se juzga sabedor de las cosas, sino aquel que siente el deseo de hacer el trabajo de Dios, a ese Él capacita.
d) En caso de que su realidad no encaje en ninguno de los pasos sugeridos, busque identificar al hermano más pobre de su congregación y comience el trabajo a su manera y el Espíritu Santo le irá enseñando. Lo que no se puede hacer es tomar la actitud del levita.

Conclusión

El ministerio de Mayordomía Cristiana ha ayudado a miles de miembros a desarrollar y consolidar el hábito de buscar a Dios a primera hora de cada mañana. Ese movimiento ha sido una bendición para las iglesias, las estadísticas de los últimos años demuestran que los diezmos y ofrendas crecieron significativamente. Ahora la pregunta será: ¿cuánto creció el sentimiento de compasión entre esos mayordomos? ¿Disminuyó la cantidad de personas necesitadas dentro de nuestras iglesias? ¿Qué ha hecho cada diezmista y pactante en favor del hermano necesitado? Hemos aprendido hasta aquí que la práctica de la compasión es tan sagrada como la devolución de los diezmos y de las ofrendas.
Dios hace un fuerte llamado para que la iglesia congregacional y la iglesia individual adopten y cuiden de cada necesitado. La pobreza es humillante y degradante y dentro de nuestro medio es mucho peor.
Cada miembro son los ojos, las piernas y las manos de Cristo, Él no manda ángeles, sino a cada uno que lo conoce. Entonces ¿Quién irá?

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