Un Pueblo Santo

By
Abraham Ramírez

“Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos; a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios como él ha dicho”. (Deuteronomio 28:18,19)

I. EL PLAN DE DIOS PARA SU PUEBLO SANTO

a.- Dios siempre ha tenido representantes: A lo largo de la historia de este mundo, Dios ha tenido representantes suyos. Personas que Él escogió y llamó para una tarea especial. Ejemplo de esto: Abel, Noé, Abraham, Jacob, etc. Todos ellos constituyeron en su momento el pueblo de Dios. Ya con los descendientes de Jacob se forman las 12 tribus que conformaron el pueblo Hebreo o el pueblo de Israel. Y al salir de Egipto esta raza de esclavos se convierte en las huestes de Jehová. Un pueblo que tendrá el alto cometido de representar a Dios en esta tierra. Así se los declaró: “Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud”… “Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día”. (Deuteronomio 10:22,15)
b.- Los planes de Dios para su pueblo: En el versículo ya citado (Deuteronomio 28:18,19) nos podemos dar cuenta de los planes que Dios tenía para su pueblo, quería exaltarlo por sobre todos los pueblos, quería que fuera un pueblo con fama y gloria, santo a Jehová su Dios. “Te confirmará Jehová por un pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduviereis en sus caminos”… “Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti y te temerán”…”Te pondrá Jehová por cabeza; y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedeciereis los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y los cumplas”. (Deuteronomio 28:9,10,13) ¡Qué planes! ¡Qué futuro! ¡Qué perspectiva! Un pueblo que siempre estaría a la vanguardia siendo ejemplo, siendo un modelo para las demás naciones. Y al ver la prosperidad de este pueblo el mundo enaltecería, alabaría a Jehová Dios de ellos. (Este es el propósito de la existencia de un pueblo representante: La gloria de su Dios). ¿Qué es lo que observarían los demás pueblos, para poder darse cuenta de que el pueblo de Israel, era un pueblo especial? Por lo menos existían dos parámetros para distinguir al pueblo de Dios de los demás. 

1. Su prosperidad
“Bendito serás tú en la ciudad, bendito tu en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito en tu entrar, bendito en tu salir. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da”. (Deuteronomio 28: 3-8). En todos los ámbitos de la vida el pueblo de Dios debía notarse, ser una muestra de lo que le sucedería a todo aquel que sirviera al Señor. Dios colocó a su pueblo en el ombligo del mundo, su territorio era paso obligado de los que viajaban de norte a sur y viceversa; era la conexión entre el oriente y occidente; los viajeros al cruzar por ese país próspero, podían exclamar “pueblo sabio y entendido es éste, que tiene a Jehová como su Dios”. 

2. Su salud
El plan de Dios para su pueblo era que no sufriera ninguna de las enfermedades conocidas, el Señor menciona una lista de enfermedades que padecerían si no se mantenían en sus caminos. “Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. Jehová te herirá de tisis, fiebre, de inflamación y ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas… Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu, y palparás a mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve”. (Deuteronomio 28: 21,22,28,29)El pueblo de Dios debía hacerse notar a través de su prosperidad y estado de salud, las naciones circundantes debían reconocer que Dios estaba con su pueblo.

II. EL SECRETO PARA LLEGAR A SER EL PUEBLO SANTO DE DIOS
 
¿Cómo alcanzar ese estado de salud y prosperidad? Los versículos leídos mencionan el secreto para alcanzar esa situación de prosperidad y estado de salud: La obediencia a los mandamientos de Jehová. La observancia de los mandamientos de Dios sería una muestra de la voluntad del pueblo para estar siempre dispuestos a hacer su voluntad y de esta manera el pueblo viviría en santidad. El resultado de esta santidad sería una prosperidad desbordante y un estado de salud sin ninguna afección física y mental. “Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y diereis oído a sus mandamientos, y guardareis todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”. Éxodo 15:26. La obediencia a los mandamientos era el secreto para obtener prosperidad y salud, si el pueblo los guardaba, estarían cerca del Señor, y serían revestidos de la santidad de Dios. Estas bendiciones (prosperidad y salud) estaban condicionadas a la obediencia. Notemos: “Te confirmará Jehová por un pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduviereis en sus caminos”. “Te pondrá Jehová por cabeza; y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedeciereis los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y los cumplas”. “Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y diereis oído a sus mandamientos, y guardareis todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”.

III. UNA RESPONSABILIDAD PERSONAL
 
En la antigüedad el pueblo de Dios tenía un territorio designado y sus componentes vivían todos juntos; ahora el pueblo de Dios se encuentra diseminado en prácticamente todos los países del mundo. Países con diferente cultura; diferente estilo de gobierno; los miembros del pueblo de Dios hablan diferentes idiomas; tienen costumbres diferentes. Esta situación demanda de nosotros (de cada miembro de iglesia) una responsabilidad personal. Como levadura en la masa, como sal en la comida hemos de dar sabor a este mundo. Individualmente hemos de representar a nuestro Dios ante todo aquel que nos rodea. Hemos de distinguirnos, guardando los mandamientos de Dios y demostrando al mundo que los estatutos del Señor traen beneficios terrenales y santidad celestial; como lumbreras hemos de alumbrar a este mundo en tinieblas en cuanto al sano vivir y buscar la santidad. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. (San Mateo 5:14-16).

¡Qué privilegio! ¡Qué honor! ¡Qué distinción! Usted y yo tenemos la bendita oportunidad ser fieles representantes de Dios en este mundo. Tenemos el alto cometido de vivir en obediencia a los requerimientos divinos y así promover su voluntad, que quien nos conoce alabe y glorifique al Señor.

IV. YA ES HORA
 
La iglesia Adventista se ha identificado a sí misma como el pueblo remanente de Dios; un pueblo que aparece en un momento profético, con un mensaje que dar; un pueblo destinado al triunfo en el cumplimiento de su misión; un pueblo representante del Dios único. Un pueblo que nació venciendo y para seguir venciendo. Un pueblo con un mensaje que compartir (el pronto regreso de Cristo Jesús en gloria y majestad). Este pueblo ha de proclamar este mensaje a viva voz y a través de un estilo de vida único y distintivo. Ya es hora, de ser un pueblo diferente; ya es hora, de ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor; ya es hora, de buscar la santidad; ya es hora, de obedecer sin condiciones a los requerimientos divinos; ya es hora de convertirnos en el pueblo santo de Dios.

La revista National Geographic en español del mes de noviembre de 2005, muestra un artículo patrocinado por los institutos de salud de los Estados Unidos que presenta los resultados de un estudio realizado del año 1976 a 1988 con 34 mil adventistas del estado de California. El propósito del estudio era ver si el estilo de vida, orientado hacia la salud, incidía en sus expectativas de vida y en los riesgos de enfermedades del corazón y del cáncer. El estudio encontró que el hábito de los adventistas de comer chicharos, leche de soya, tomates y otros frutos disminuía su riesgo de contraer ciertos tipos de cáncer. También sugería que el comer pan de trigo entero, tomar cinco vasos de agua, y, lo más sorprendente, el consumo de cuatro porciones de nueces por semana, reducía el riesgo de contraer enfermedades del corazón. Otra conclusión fue que no comer carnes rojas había coadyuvado para evitar tanto el cáncer como las enfermedades del corazón. Al final del estudio se llegó a la asombrosa conclusión de que el adventista vegetariano vive entre cuatro a 10 años más que el habitante de su mismo estado. Otro de los factores que incidieron a favor de estos resultados fue la observancia del sábado, ya que esta práctica beneficia con un descanso físico y mental y reduce considerablemente el estrés y al hacerlo en compañía de personas que comparten su misma fe y estilo de vida, da un sentido de pertenencia, lo cual ayuda para el bienestar físico, mental, social y espiritual de la persona. Allí lo tiene, un grupo de adventistas que logra su cometido, que alcanza el propósito de su existencia: dar a conocer a otros que existe un Dios maravilloso, que quiere colmar a su pueblo de bendiciones, de tal manera que los demás al constatar los beneficios de un estilo de vida diferente, alaben y glorifiquen al Dios del cielo. Pero qué en cuanto a nosotros (a usted) ¿Vive conforme a los mandamientos de Dios? ¿Guarda las normas del buen vivir? ¿Cuida su salud? ¿Se ocupa de su salvación con temor y temblor? En ocasiones al reparar en estas preguntas, nos escondemos dentro de la “pluralidad” de la iglesia y declaramos “mi iglesia lo hace”; “mi iglesia lo predica” “mi iglesia lo práctica”: ¿Pero dónde queda nuestra responsabilidad personal, nuestra obligación individual? Piense en la siguiente cita: “No nos pertenecemos. Hemos sido comprados a un precio elevado, a saber, los sufrimientos y la muerte del Hijo de Dios. Si pudiésemos comprender plenamente esto, sentiríamos que pesa sobre nosotros la gran responsabilidad de mantenernos en la mejor condición de salud, a fin de prestar a Dios un servicio perfecto”. (Consejos sobre la salud página 43). A la luz de esta cita podemos darnos cuenta que no nos pertenecemos, y es deber sagrado procurar nuestra salud, obedeciendo las normas de salud.

“¿Se dio Jesús por nosotros? ¿Ha sido pagado un precio elevado para redimirnos? Y, ¿no es precisamente por esto por lo que no nos pertenecemos? ¿Es verdad que todas las facultades de nuestro ser, nuestro cuerpo, nuestro espíritu, todo lo que tenemos y todo lo que somos, pertenecen a Dios? Por cierto que sí. Y cuando comprendemos esto, ¡Qué obligación tenemos para con Dios de conservarnos en la condición que nos permita honrarle aquí en la tierra, en nuestro cuerpo y nuestro espíritu, que son suyos! CSS, 43.

Nota usted, “gran responsabilidad”, “¡Qué obligación!”, todo aquel que reconoce la supremacía de Cristo en su vida; todo aquel que considera a Jesús como el único medio de salvación, deberá cuidar su estado de salud y buscar la consagración de su vida a Cristo, guardando los mandamientos y observando las normas de salud. Algunos consideran que su responsabilidad personal, no afecta a los demás, sin embargo Elena de White dice:
“Cuando hemos procurado presentar la reforma pro salud a nuestros hermanos, y les hemos hablado de la importancia del comer y beber, y hacer para la gloria de Dios todo lo que hacen, muchos han dicho por sus acciones: “A nadie le importa si como esto o aquello; nosotros mismos hemos de soportar las consecuencias de lo que hacemos”. Estimados amigos, estáis muy equivocados. No sois los únicos que han de sufrir la consecuencia de una conducta errónea. En cierta medida, la sociedad a la cual pertenecéis sufre por causa de vuestros errores tanto como vosotros mismos.” CSS, 45.

Ya es hora, de aceptar nuestra responsabilidad personal; ya es hora, de reconocer nuestra obligación individual; ya es hora de que en nuestro medio demos a conocer a viva voz y por nuestro testimonio que somos un pueblo diferente, con un estilo de vida único; ya es hora, que procuremos, que otros glorifiquen y alaben a Dios; ya es hora de ser un pueblo santo a Jehová nuestro Dios. “Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos; a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios como él ha dicho”. (Deuteronomio 28:18,19).

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