Seguidor y no fan

Introducción

Jesús estaba en camino hacia Jerusalén por última vez. Estaba en una misión, una misión de misericordia para la familia humana que le costaría la vida en la cruz y destinada a nosotros. De repente, su misión fue interrumpida por un hombre que vino corriendo hasta él y cayó de rodillas en una posición de servidumbre. Marcos no dio al hombre un nombre o título, pero Mateo lo describe como “joven” (Mateo 19:22), lo que también está implícito en su “corrida” (Marcos 17:17), algo que un hombre mayor jamás haría. Y Lucas dice que él era un “hombre de posición” (Lucas 18:18), esto es, un miembro del honrado consejo de los judíos. Los tres escritores del Evangelio, todos mencionan su riqueza. Por lo tanto, conocemos a esa persona arrodillada delante de Jesús como “el joven rico y de elevada posición”.

Impresionado cuando vio que Jesús bendecía a los niños, ese joven deseaba ser bendecido de la misma forma. Le hizo a Jesús la pregunta más importante que un ser humano puede hacer: “¿qué haré para heredar la vida eterna? (Marcos 10:17).

En respuesta, Jesús citó varios de los mandamientos de Dios y le indicó su necesidad de guardarlos. El joven afirmó que obedecía esos mandamientos, y después quiso saber que más tenía que hacer (Marcos 19:20). Aunque su vida era moralmente pura y religiosamente ortodoxa, todavía estaba insatisfecho. Había visto algo que sucedió entre Jesús y los niños que lo afectó, y él se sintió incompleto de alguna forma.

El vacío de una vida sin una entrega completa

Si usted creció en la iglesia, tal vez sabe lo que estaba sintiendo ese joven gobernante. Usted nunca se rebeló contra la religión de sus padres. Adoptó la cultura del sistema de fe de sus padres y permaneció en conformidad con las reglas y tradiciones de esa cultura. Usted fue a la Escuela Sabática, memorizó versículos de la Biblia, participó activamente de los Conquistadores, vivió los principios de salud, conoció las veintiocho creencias fundamentales, estuvo en la iglesia fielmente todos los sábados, devolvió el diezmo honestamente. Usted no miente y no comete fraude al dar sus impuestos. Seguramente usted nunca mató a alguien o robó algo que no le pertenece. Sin embargo, siente que le falta algo, ¿qué es?

El joven rico había trabajado mucho por todo lo que había logrado en la vida. Planificó su trabajo y siguió su plan; y la vida lo recompensó. Él se imaginó que Dios y la vida eterna funcionaban de la misma manera. “Solo dime el plan, Jesús, yo lo seguiré y seré recompensado con la vida eterna”.

“Entonces Jesús, mirándole, le amó” (Marcos 10:21). Jesús vio que el joven era sincero en su búsqueda de la vida eterna. Él lo amaba. Lo amaba lo suficiente para decirle la verdad. A veces, el amor debe decir cosas difíciles. Hoy, muchos de nosotros tenemos una noción reducida de lo que es el amor. Creemos que ser amoroso significa que no podemos decir algunas verdades con amor. A veces, pensamos que lo más amoroso que podemos hacer es simplemente dejar que la persona viva una vida de pecado y no confrontarla.

Jesús le dijo la verdad

¿Pero qué haría Jesús? Bien, vea lo que Jesús hizo. Jesús amaba a ese joven rico lo suficiente para decirle lo que necesitaba oír. Jesús le dijo: “Una cosa te falta”. 

¿Solo una? El joven debe haberse animado al oír esto. He hecho muchas cosas. Si me falta solo una, está bien, será fácil. En la rápida revisión de los mandamientos que Jesús citó vemos que, con una excepción, todos son negativos. O sea, todos mencionan cosas que usted no hace. ¿Es así como definimos nuestra fe, por las cosas que no hacemos? 

Cuando el joven afirmó que guardó todos esos mandamientos desde la juventud, básicamente estaba diciendo: “Nunca hice mal a nadie en toda mi vida”. Eso pudo haber sido verdad, pero la verdadera cuestión era: “¿Qué hizo usted de bien?”. Con todas sus posesiones, con todas sus riquezas, con todo lo que podría dar, ¿qué bien hizo a otros? ¿Cuánto se esforzó usted para ayudar, consolar y fortalecer a otras personas?

Como muchos cristianos que guardan los mandamientos y son efectivamente morales, ese joven tenía una religión “respetable” que consistía principalmente en no hacer cosas. Pero si eso es toda su religión, usted es como el siervo que enterró el talento que recibió en la tierra. Mayordomía es más que no hacer cosas; es hacer las mejores cosas con todo lo que se recibe.

“Una cosa te falta”, le dijo Jesús al joven, “vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz” (v. 21).

“Vende todo lo que tienes” (Lucas 18:22). Haz un compromiso total. Renuncia a todo lo que tienes para que recibas todo lo que yo tengo. Jesús quería curar la “visión” del joven. Quería que se diera cuenta de que, aunque pensaba que guardaba los mandamientos, estaba quebrantando el primero: “No tendrás otros dioses delante de mí” (Éxodo 20:3).

El joven pensaba que quería ser discípulo de Jesús, pero no comprendió que el llamado al discipulado es un llamado a la mayordomía y que el llamado a la mayordomía es un llamado para vivir negándose a sí mismo.

Jesús quería todo del joven, pero el joven quería solo una parte de Jesús. Él no comprendió que una relación con Dios debe ser exclusiva, no podría servir a dos señores.

¿Qué haría?

“Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Marcos 10:22). Se perdió el mayor milagro de su vida, porque a pesar de todas las cosas que estaba dispuesto a hacer, no estaba dispuesto a hacer lo más importante, no se entregaría completamente a Dios.

¿Qué me hace sentir afligido? ¿Qué pide Dios de mí y qué considero demasiado? 

Ese hombre se fue triste porque tenía muchos bienes. ¿Será que yo me iría triste porque tengo grandes obsesiones? ¿Óptimas diversiones? ¿Excelente moda? ¿Grandes ambiciones? ¿Grandes pasiones por sexo, comida, deportes? 

Para algunas personas, desistir de un programa de TV es pedir demasiado. Para algunos, levantarse de la cama el sábado de mañana es demasiado. Para otros, treinta minutos para orar y estudiar la Biblia es demasiado. Nuestro rostro y nuestra fe pierden el vigor con el llamado de la mayordomía, porque queremos los beneficios de vivir con Jesús sin el sacrifico de vivir negando el yo.

El predicador Kyle Idleman cuenta sobre un llamado para seguir a Jesús que hizo al final de un mensaje que predicó en un viaje misionero al África. Dos jóvenes de unos veinte años aceptaron a Cristo y se comprometieron a seguirlo. A la tarde siguiente esos dos jóvenes aparecieron en la casa donde Kyle se hospedaba, cada uno llevando una bolsa en el hombro. Kyle le preguntó al traductor local por qué ellos estaban allí. Este le explicó que sus familias y su aldea no los recibían más por haberse hecho cristianos. Cuando Kyle escuchó esto, tuvo miedo de que tal vez fuera más de lo que estuvieran dispuestos a aceptar. El traductor le dijo: “Ellos sabían que les sucedería eso cuando tomaron la decisión”.

Estaban eligiendo a Jesús en vez de sus familias. Estaban eligiendo a Jesús en vez de su propia comunidad y conveniencia. Ellos no son fans de Jesús, son seguidores, pues los fans no hacen eso.

Los seguidores están dispuestos a negarse a sí mismos y decir: “Yo elijo a Jesús. Yo elijo a Jesús en vez de mi familia. Yo elijo a Jesús en vez del dinero. Yo elijo a Jesús en vez de las metas de una carrera. Yo soy completamente de él. Yo elijo a Jesús en vez de emborracharme. Yo elijo a Jesús en vez de ver pornografía. Yo elijo a Jesús en vez de una casa bien decorada. Yo elijo a Jesús en vez de mi libertad. Yo elijo a Jesús a pesar de lo que otras personas puedan pensar de mí”. Un seguidor toma la decisión todos los días de negarse a sí mismo y elegir a Jesús... aunque eso cueste todo.

Negarse a sí mismo

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34). Jesús está buscando seguidores, no fans. Los fans son como “admiradores entusiasmados”. Un fan es la persona que va al partido de fútbol local con el cabello pintado de los colores del equipo, agitando los brazos y gritando: “Somos el número uno”. Está allá para divertirse y alentar a su equipo hasta la victoria, pero, además del precio de la entrada, no le cuesta nada estar allá. Él mismo nunca entra en el partido. Y si es un fan de los buenos momentos, él volverá a su casa cuando las cosas se ponen difíciles para su equipo.

La iglesia está llena de cristianos fans, admiradores entusiastas, pero no abnegados. El joven rico era un admirador entusiasta de Jesús, pero no estaba dispuesto a vivir negándose a sí mismo por Jesús.

Mayordomía es vivir en abnegación

Dios lo está llamando de la negación espiritual a la abnegación. Y porque lo ama le pide eso. Porque sabe que el egoísmo será su ruina. Al fin de cuentas, si usted no está dispuesto a decir “no” a sí mismo, estará más dispuesto a decir “no” a Dios.

El autor Dietrich Bonhoeffer escribió las siguientes palabras:

“Gracia barata es la gracia que nos concedemos a nosotros mismos. Gracia barata es predicar del perdón sin requerir arrepentimiento, bautismo sin disciplina en la Iglesia, comunión sin confesión, absolución sin confesión personal. Gracia barata es la gracia sin discipulado, gracia sin la cruz, gracia sin Jesucristo, viva y encarnada. Gracia cara es el tesoro escondido en el campo. Por ella un hombre de buen agrado venderá todo lo que posee. Es la perla de gran precio que tiene que comprar, por la cual el comerciante venderá todos sus bienes. Es el gobierno real de Cristo, por amor de quien el hombre se arrancará el ojo que lo hace tropezar; es el llamado de Jesucristo por el cual el discípulo deja sus redes y lo sigue”.

Espero que esta semana de mayordomía cristiana sea una bendición en nuestra vida y nos haga pensar sobre el tiempo, los talentos, el templo y el tesoro. Los mensajes de esta semana nos llevarán a responder las siguientes preguntas: ¿Estamos realmente conduciendo nuestra familia por el camino de la salvación? ¿Vale la pena involucrarse en el reino de Dios? ¿Estamos siendo más consagrados? ¿Más dedicados? ¿Más comprometidos con la misión? ¿Más apasionados en servir a los pobres? ¿Más liberales al dar? ¿Menos mundanos? ¿Mejores vencedores de hábitos y vicios?

Jesús todavía nos mira con amor

Hoy Jesús me mira con amor y lo mira a usted con amor y nos dice: “Una cosa te falta”. Yo no sé lo que significa eso para usted. Para mí es una rendición total. Para mí, es que me encuentro agarrado con mucha fuerza a lo que pienso que es mío cuando todo le pertenece a él. ¿Usted y yo nos vamos tristes hoy porque amamos nuestras cosas más de lo que amamos a Dios? ¿Porque queremos el cristianismo como fans en vez de algo real?

No se trata de obras. Jesús no dijo al joven que venda todo porque ese acto le daría puntos suficientes para ganar el Cielo. Si parece que Jesús pidió lo imposible cuando dijo: “Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, [...] y ven, sígueme, tomando tu cruz” (Marcos 10:21), entonces considere lo que Jesús dijo a los discípulos en el versículo 27: “Para los hombres es imposible, pero para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios”. Eso es por gracia, pero no es barato.

La mayordomía se resume en una cosa: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

Conclusión

"El Padre celestial tiene derechos sobre ustedes, pues sin que se lo soliciten y sin que haya méritos de parte de ustedes, les da la plenitud de su providencia, y más aún, les ha dado todo el cielo en una dádiva: la de su amado Hijo. Como retribución por este don infinito, les pide obediencia voluntaria. Por cuanto son comprados por precio, la misma preciosa sangre del Hijo de Dios, él requiere que hagan el debido uso de los privilegios que disfrutan. Las aptitudes intelectuales y morales son dones de Dios, talentos que se les han confiado para que los aprovechen sabiamente, y no tienen la libertad de dejarlos latentes por falta del debido cultivo, o que sean mutilados o atrofiados por la inacción. A ustedes les toca decidir si habrán o no de hacer frente fielmente a las pesadas responsabilidades que descansan sobre ustedes, si sus esfuerzos serán o no bien dirigidos, y si serán o no los mejores de que son capaces". (MJ, 28).

"Nadie puede practicar la verdadera benevolencia sin sacrificio. Solo mediante una vida sencilla, abnegada y de estricta economía podemos llevar a cabo la obra que nos ha sido señalada como representantes de Cristo. El orgullo y la ambición mundana deben ser desalojados de nuestro corazón. En todo nuestro trabajo ha de cumplirse el principio de la abnegación manifestado en la vida de Cristo. En las paredes de nuestras casas, en los cuadros, en los muebles, tenemos que leer esta inscripción: ‘A los pobres que no tienen hogar acoge en tu casa’. En nuestros roperos tenemos que ver escritas, como con el dedo de Dios, estas palabras: ‘Viste al desnudo’. En el comedor, en la mesa cargada de abundantes manjares, deberíamos ver trazada esta inscripción: ‘Comparte tu pan con el hambriento’ (ver Isa. 58:7).
“Se nos ofrecen miles de medios de ser útiles. Nos quejamos muchas veces de que los recursos disponibles son escasos; pero si los cristianos tomaran las cosas más en serio, podrían multiplicar mil veces esos recursos. El egoísmo y los malos deseos nos impiden ser más útiles. “¡Cuántos recursos se gastan en cosas que son meros ídolos, cosas que embargan el pensamiento, el tiempo y la energía que deberían dedicarse a usos más nobles! ¡Cuánto dinero se derrocha en casas y muebles lujosos, en placeres egoístas, en manjares costosos y malsanos, en perniciosos antojos! ¡Cuánto se malgasta en regalos que no aprovechan a nadie!” (MC, 157, 158).

Quiero invitarlo a orar ahora. Al hacerlo, considere al joven rico y pregúntese a sí mismo si usted está dispuesto a vivir una vida de renuncia y abnegación. Si usted está dispuesto a tomar su cruz y seguir a Jesús. Si usted está luchando para encontrar la respuesta, la gracia de Dios es suficiente para usted. No es barata, pero está disponible si usted extiende la mano para tomarla. No permita que su rostro o su fe pierdan el vigor. “Con Dios, todo es posible”. Esta es la hora de vivir negándose a sí mismo”

Comentarios

Entradas populares de este blog

El símbolo de honor

¿Melquisedec era Cristo?

El Plan de Dios para su salud