Sabiduría - Marcas de fidelidad
I. INTRODUCCIÓN
“Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia” (Proverbios 2:2)
a. Una persona puede tener mucho conocimiento pero si no sabe usarlo, de nada le sirve.
Ilustración: Unos días antes de fallecer, don Martín Cáceres, llamó a su hijo Samuel Cáceres al cuarto, en medio de los dolores, y sosteniendo la mano de su único hijo varón, le dijo:
– Sé sabio hijo mío. Coloca a Dios en primer lugar y todo te irá bien.
– ¿Qué quieres decir? –preguntó el muchacho, intrigado, porque su padre no era un hombre religioso. Nunca lo había visto ir a la iglesia, ni cosa parecida.
- Dios nos ha bendecido porque sin que tu madre sepa, yo siempre le he devuelto los diezmos.
– ¿Diezmos?
– Sí. La décima parte de nuestras entradas le pertenece a Dios, y yo he respetado lo que es suyo.
La súbita aparición de la madre en aquel momento, interrumpió el diálogo, pero las últimas palabras de su padre nunca se borraron de su mente. Se hicieron marcas indelebles de fuego en su corazón.
Lo interesante de esta historia es que Samuel, al igual que su padre, tampoco es un hombre religioso. No frecuenta iglesia alguna, no conoce mucho la Biblia, pero, es fiel en la devolución de los diezmos. – Eso es apenas sabiduría –declara con una sonrisa. – Sabiduría ¿por qué?
b. Reconocer que Dios es dueño de todo, es el primer paso del éxito.
Samuel reconoce que Dios es dueño de todo, de esta manera: “Mi padre me enseñó la mayor lección en el lecho de muerte”
c. Reconocer que Dios es dueño de todo, es sabio.
No intentes desplazar al dueño del universo, creyendo que tú puedes hacer todo, que eres dueño de todo cuanto tienes, y que puedes controlar todo cuando puedas. “Del Señor, es la tierra y todo lo que en ella hay, el mundo y los que en él habitan” (Salmo 24:1)
II. SABIDURÍA: ¿OPCIÓN O PRINCIPIO?
a. El ser humano sabe por experiencia lo que significa ser socio del dueño del universo, es decir: Dios; pero teóricamente, conoce poco. - Lo que poca gente sabe es que gente exitosa como Samuel Cáceres, sin mucha teoría, vive el principio del principio.
b. Porque en la vida, todo tiene un principio. - El principio de la palanca mueve una roca gigantesca. - El principio de la gravedad, transforma el pico helado de una montaña en aluvión destructor.
c. La vida posee principios. Son estos los que generan fuerza, para bien, o para mal. La Biblia presenta el principio de la vida, en el principio mismo de la creación. “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Dios es absoluto y primero. Solo Él existía en el principio.
Pero salió de la contemplación y entró en la acción. Creó los cielos y la tierra. Porque la vida es dinámica se comparte, se entrega. Y los resultados siempre son cielos y tierra.
III. LA SABIDURIA Y LA CONFIANZA
a. Las preocupaciones son resultados de la angustia, y la angustia es la excesiva preocupación por el futuro.
b. Sin embargo, es la confianza que genera esperanza y seguridad, en que Dios nuestro Padre, actuará en el tiempo perfecto y con la bendición perfecta en la vida de quienes confían plenamente en Él.
“Por lo tanto les digo: No se preocupen por su vida, ni por qué comerán o qué beberán; ni con qué cubrirán su cuerpo. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, y el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes mucho más que ellas? ¿Y quién de ustedes, por mucho que lo intente, puede añadir medio metro a su estatura? ¿Y por qué se preocupan por el vestido? Observen cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan, y aun así ni el mismo Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se echa en el horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe? Por lo tanto, no se preocupen ni se pregunten “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?” Porque la gente anda tras todo esto, pero su Padre celestial sabe que ustedes tienen necesidad de todas estas cosas. Por lo tanto, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:25-33).
c. La angustia, es decir la no confianza en el Señor, desespera y esta hace que uno pueda incurrir en deudas, como producto de decisiones alocadas. Las deudas son olas gigantescas que te arrastran destructivamente si no las enfrentas a tiempo.
d. La tragedia humana es desear cielos y tierra, olvidándose de colocar a Dios en el principio.
“A cualquiera que me oye estas palabras, y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y azotaron aquella casa, pero esta no se vino abajo, porque estaba fundada sobre la roca. Por otro lado, a cualquiera que me oye estas palabras y no las pone en práctica, lo compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y azotaron aquella casa, y esta se vino abajo, y su ruina fue estrepitosa” (Mateo 7:24-27).
“A cualquiera que me oye estas palabras”, dijo Jesús. No se trata de un simple oír con los oídos, sino con el corazón. Significa salir de la comodidad de lo conocido y adentrarse en el mar extraño de la fe.
IV. EL PACTO ES DE DIOS.
a. El único que puede hacer y cumplir los pactos es Dios, por ser auto suficiente, y ser soberano.
El ser humano solo puede cumplir sus votos, con la ayudad de Dios. En Mateo 6:24-27, en solo tres versículos el Señor repite la expresión “Lo digo yo, el Señor”. El Dios soberano y eterno firma el cheque. No es una persona cualquiera. Es el creador del cielo y de la tierra. Aquel cuya palabra permanece para siempre. Aquel cuya palabra es hoy, mañana y por todos los siglos.
b. El ser humano solo debe creer y someterse por fe al pedido de Dios.
“No tenemos ningún enemigo exterior a quien debemos temer. Nuestro gran conflicto lo tenemos con nuestro yo no consagrado. Cuando dominamos el yo somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (CSMC, 23).
c. El peor enemigo que enfrentamos somos nosotros mismos.
“Hermanos míos... Nuestro tiempo de prueba no está en el futuro, sino en el momento presente” (CSMC, 24).
“Nunca debemos olvidar que se nos ha puesto a prueba en este mundo a fin de determinar nuestra aptitud para la vida futura. No podrá entrar en el cielo ninguna persona cuyo carácter haya sido contaminado por la fea mancha del egoísmo. Por lo tanto, Dios nos prueba aquí entregándonos posesiones temporales a fin de que el uso que hagamos de ellas demuestre si se nos pueden confiar las riquezas eternas”. (Review and Herald, mayo 16, 1893).
V. CONCLUSIÓN Y LLAMADO
a. No limites la mayordomía al dinero. Mayordomía nace en el corazón.
La peor desventura es la del alma. No existe desnudez más terrible que la desnudez del corazón. Anhelas ver y no lo puedes porque eres ciego. Vives en la penumbra de tus temores, aferrado al brillo engañoso del dinero. Creyendo que si le devuelves a Dios, lo que le pertenece, te quedarás pobre.
b. Mayordomía tiene que ver con todo nuestro ser.
“Por cuantiosas o reducidas que sean las posesiones de una persona, esta debe recordar que las ha recibido tan solo en calidad de depósito. Debe rendir cuenta a Dios de su fuerza, habilidad, tiempo, talento, oportunidades y recursos. Esto constituye una obra individual; Dios nos da para que seamos como él, generosos, nobles y benevolentes al compartir lo que tenemos con otros. Los que olvidan su misión divina procuran tan solo ahorrar o gastar para complacer el orgullo o el egoísmo; estos puede ser que disfruten de los placeres de este mundo, pero ante la vista de Dios... son desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos (CSMC, 25).
VI. LLAMADO
En una mañana lluviosa y fría le sucedió a Samuel algo extraño. La ciudad era un caos completo. El tránsito pesado enervaba a los conductores. En medio de ese tránsito infernal, Samuel conducía su automóvil último modelo. Los carros no avanzaban. La procesión se extendía por varios kilómetros. Repentinamente, sintió un golpe en la ventana. Un muchacho de la calle había roto con una piedra la ventana lateral y se apoderó de una valija negra donde Samuel guardaba documentos importantes. El robo duró pocos segundos y cuando él tomó consciencia de las cosas, el muchacho ya corría llevando el maletín. Samuel se agarró la cabeza y exclamó. – ¡No, por favor, el maletín no!
Entonces sucedió lo verdaderamente inesperado. El muchacho interrumpió la fuga, regresó corriendo, lanzó el maletín por la ventana y gritó. –Discúlpeme, Señor. Y se perdió entre los vehículos.
Invitación a confiar en Dios, y elegir poner a Dios en primer lugar en todo: “El provee la sana sabiduría a los rectos: es escudo a los que caminan rectamente. Él es que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos” (Proverbios 2:7, 8)
La sabiduría empieza al poner nuestra confianza en Dios, y con esto el cristiano lleva la marca de fidelidad. ¿Usted desea tenerla también?
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