Rendición final de cuentas

Llegamos al final y ya vimos que:

a) Los cuidados de los necesitados en el Antiguo Testamento eran permanentes. Semanalmente por medio del sábado, por medio de la respiga en cada cosecha, cada tres años con el segundo diezmo, el año sabático de seis en seis años y el jubileo de 50 en 50 años. 
b)  Por medio de esas leyes justas y sagradas el pueblo debería ser un ejemplo para el mundo siendo una sociedad, justa, igualitaria, de repartición y de solidaridad, sin esclavizados, marginados, excluidos y empobrecidos.
c)  La forma de Dios de suplir a los necesitados es bendecir a sus mayordomos y pedir que ellos repartan esas bendiciones con los carentes. Los cristianos no son disculpados si dejaren a los pobres padecer necesidades, pues recibieron los recursos del Señor para realizar esa misión.
d)  También se enseñó que aquel que desarrolló y consolidó el hábito de buscar a Dios en la primera hora de cada mañana, de él se requiere más que la devolución de los diezmos y ofrendas. Son también desafiados a practicar diariamente la compasión, la empatía, la piedad y el altruismo, con los miembros y con aquellos que aun no aceptaron a Cristo.
e)  Donde haya un necesitado, allí la iglesia individual o congregacional debe estar presente. Todo mayordomo verdadero no es indiferente a los infortunios y sufrimientos de los otros. Presta ayuda de emergencia o sostenible como resultado de la comunión diaria y de la fe viva que mantiene en Dios. Hoy veremos que un día cada uno rendirá cuentas de su mayordomía a Dios.

I. Compasión y santidad

Vamos a abrir la Palabra de Dios en Santiago 1:27: 

Aquí Santiago coloca dos principios básicos para la vida cristiana en evidencia: Compasión y santidad y los dos se complementan:
a) Compasión por los necesitados
Amor genuino en favor de los carenciados, esta es la marca de la religión verdadera, el resto es cuento e hipocresía. Como mayordomos somos desafiados amorosamente por el Señor a una acción práctica de compasión, Él dice: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18). 
El contexto del versículo vincula el amor a Dios con el amor práctico al necesitado, la Palabra dice: “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17). El segundo principio es mantenerse puro delante del Señor, o sea, vida de santidad cada día.
b)  Santidad es mantenerse puro delante de DIOS.
La comunión vertical es el fundamento de toda caridad, cuando busco a Dios como la primera tarea de cada mañana, y soy impregnado del amor del Padre, entonces estoy listo para amar a mi prójimo. Ese es el mensaje de Santiago: El verdadero amor al prójimo debe estar acompañado de amor a Dios, sin eso no es amor cristiano.
c)  Para Santiago la religión pura e incontaminada no es aquella que se traduce en ritos y ceremonias, sino que es aquella que se manifiesta en acciones amorosas, como fruto de la comunión diaria con Dios. Y de eso es lo que cada mayordomo va a tener que rendir cuentas a Dios un día.

II. Rendiremos cuentas de nuestra compasión

a) Hemos aprendido durante esta semana que los cristianos son inexcusables si no se compadecen de los necesitados, pues recibieron los recursos para hacer esa obra. Por lo menos un talento recibió cada uno.
b)  Todos los mayordomos tendrán que rendir cuenta de su administración (Lucas 16:1); y no habrá disculpa y nada a esconder, la palabra dice que “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Hebreos 4:13.
c)  Muchos intentarán disculparse por no haber cumplido su misión de compasión alegando que estaban demasiado ocupados con otras cosas de la iglesia.
d)  Intentarán convencer al Señor con argumentos inapropiados para entrar en el reino, muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mateo 7:22).
e)  Serán desenmascarados por el Señor, pues seguirlo verdaderamente no significa una mera profesión de fe destituida de acciones amorosas prácticas y Él entonces explicará: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).
f)  “Entonces les diré claramente: ‘Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!’” (Mateo 7:23).

III. La absolución o condenación en el juicio

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:31-46).
Triste final para quienes:
- Descuidan la vida espiritual
- Entierran sus talentos
- Descuidan a su prójimo 

Dinámica
(Divida la iglesia en grupos de cuatro o cinco personas, y en caso que no sea posible, en parejas. Dedique unos cinco o seis minutos para que conversen sobre las acciones de compasión en el orden presentado en el texto. Considerando lo que ya fue enseñado durante la semana, porque ellas tiene un peso tan alto en el juicio final.)

Conclusión
“En aquel día, Cristo no presenta a los hombres la gran obra que él hizo para ellos al dar su vida por su redención. Presenta la obra fiel que hayan hecho ellos para él” (El Deseado de todas las gentes, p. 592).
Dios no enviará a los ángeles del cielo para hacer la obra que ha encomendado al hombre. Dio a todos una obra que hacer por esta misma razón, a saber, para que pudiese probarlos y para que ellos revelasen su verdadero carácter. Cristo pone a los pobres entre nosotros como representantes suyos. “Tuve hambre— dice,— y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber” (Mat. 25:42). Cristo se identifica con la humanidad doliente en la persona de los seres humanos que sufren. Hace suyas sus necesidades y acoge sus desgracias en su seno. (Joyas de los testimonios t. 1, p. 370). 
Nuestra vida no puede ser más la misma; necesitamos actuar en favor de quien lo necesita.
En el gran día del Señor ¿Cómo nos presentaremos delante de él?
Si la compasión no es opcional ¿Qué cambios son necesarios hoy en mi vida para que aquel día no sea de llanto sino de gozo y dicha total?
¿De qué manera ser compasivo dará un nuevo objetivo para el uso de nuestro tiempo, energía, talentos y recursos en favor de quien sufre? 

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