Mayordomos en el tiempo del fin

“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir” (Mateo 25:13).

El año 2020 todavía no ha terminado, pero sin lugar a dudas pasará a la historia como el año de la más profunda crisis de los tiempos recientes. Las personas hacen muchas preguntas estos días. Estas son algunas de ellas: ¿Es esta crisis que estamos pasando una señal del fin? ¿Queda mucho tiempo antes que Cristo vuelva? ¿Qué más nos depara el futuro?

Para responder estas preguntas, abramos la Biblia en el último sermón del Salvador, que podemos encontrarlo en todos los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), pero no en Juan.

El discípulo Juan no registró este sermón, pero escribió el libro de Apocalipsis, que trata del mismo tema.

De los tres evangelios sinópticos, el evangelio de Mateo presenta el último sermón de Jesús de forma completa. Domina la mayoría de dos capítulos (Mateo 24, 25). Jesús hace un paralelo del escenario de la destrucción de Jerusalén con los eventos finales de su regreso, como la seguridad del cumplimiento del último acto en la historia humana, su regreso en gloria.

Si miramos la estructura del Sermón del Monte de los Olivos, vemos que Jesús en primer lugar habla de las señales de su venida, luego de la necesidad de estar atentos a ellas. Pero la mayoría del sermón está dedicado a la forma en la que deberíamos esperar y estar listos para su regreso. Esto se hace obvio en la forma en la que corrige la pregunta de sus discípulos: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?” (Mateo 24:3). Jesús responde: “Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4). Él quiere decirles a sus discípulos que la pregunta más importante no es cuándo, sino cómo deben prepararse. Para ayudar a los discípulos y a los que esperan a través de los siglos a comprender lo que significa estar preparados, Jesús cuenta cuatro parábolas. Las llamamos “parábolas de expectativa”, pero también pueden ser llamadas “parábolas de mayordomía”, porque ilustran los principios fundamentales de la mayordomía. La respuesta corta para la pregunta de lo que significa estar listo para el regreso de Jesús, según el sermón, es ser un verdadero mayordomo, uno al que el Señor pueda decir, “Bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21).

En la primera parábola, Jesús muestra que velar y estar listo se refleja en cómo tratamos a los que nos rodean. Un día rendiremos cuentas de esto. En la segunda parábola, Jesús habla de una posible demora. Velar implica una relación con Dios que nos sustenta, incluso cuando él no viene y nosotros pensamos que debería venir. En la siguiente parábola, velar significa usar todas las capacidades y oportunidades que se presentan para expandir las fronteras de su reino. En la última parábola, la de las ovejas y los cabritos, velar significa estar dispuestos a servir. El espacio no nos permite hablar de cada parábola. Por esta razón, solo voy a explayarme en la tercera, la parábola de los talentos. 

Tenemos un Dios generoso

Los discípulos se reunieron alrededor del Salvador y continuaron oyendo uno de los sermones más importantes que hayan tenido la oportunidad de oír. El reino de los cielos, dijo Jesús, “es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes” (Mateo 25:14). Esta verdad debería ser repetida una y otra vez, que todo lo que somos y tenemos solo nos es confiado; pertenece a Dios. Solo de esta manera seremos capaces de tener una perspectiva correcta de Dios, de nosotros mismos y del sentido de la vida. Velar y esperar el regreso del Salvador no es un evento. Es un estilo de vida basado en la verdad de que todo le pertenece a Dios y debe ser utilizado en armonía con su voluntad. La pregunta del apóstol Pablo siempre debería dominar nuestro pensamiento: “¿Y qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7).

Se les dio a tres siervos la responsabilidad de administrar toda la riqueza de su señor: ocho talentos. Lo que los discípulos entendieron de las palabras de Jesús puede ser diferente de cómo nosotros comprendemos el significado de la palabra “talento” hoy en día. El talento en ese tiempo no era una unidad monetaria, sino una medida de peso. Podía pesar entre 25 y 35 kilos (55-77 libras). Un talento de plata equivalía a 6.000 denarios, o 15 años de trabajo. Entonces, un talento tenía un valor fabuloso. Del talento de la parábola viene la palabra “talento”, que significa los dones o habilidades que una persona pueda tener.

El propósito principal de Jesús a través de esta parábola no es enseñarnos una lección sobre administración financiera. Jesús quiere decir que el reino de los cielos solo se parece a la administración del dinero. Cada siervo recibió de acuerdo con su propia “habilidad” (Mateo 25:15), o capacidad. Una cosa es cierta: cada uno recibió mucho más de lo que podría haber ganado o tenido. El señor de los sirvientes también expresa su generosidad con la confianza que muestra a cada uno de ellos.

Para nuestra comprensión, un talento puede representar cualquier regalo recibido de Dios, todo lo que tenemos, todo lo que somos, cada momento, cada día, los recursos financieros, la familia, y las relaciones sociales; todo lo que tenemos es por su gracia.

Dios también abre oportunidades para servir, a través de las cuales podemos hacer algo extraordinario para él. Nadie tiene razones para quejarse que no recibe ninguna oportunidad. Dios ha invertido tanto en cada uno de nosotros... Todo lo que sigue en esta parábola sucede debido a las diferentes perspectivas que los mayordomos tienen de su señor. Tal vez, deberíamos hacer una lista diaria, como lo hizo David (Sal. 103), de las bendiciones de Dios y alabarlo y adorarlo por quien es, un Dios lleno de generosidad.

Diferentes actitudes hacia el Señor

Los dos primeros mayordomos aprecian a su señor, y por lo tanto no se comportan como sirvientes, sino como si fueran sus socios. Ellos “en seguida” (Mateo 25:16, NVI) invirtieron todo lo que habían recibido y así incrementaron su valor. Cada vez que leemos esta parábola, nuestra atención se vuelve al tercer siervo, quien “hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor” (v. 18). A primera vista, no parece que haya nada malo con lo que hizo. No desperdició los recursos de su señor. Por el contrario, buscó una manera de asegurarse de que podría devolver completamente todo lo que había recibido. En este caso, nos preguntamos “¿por qué el castigo es tan duro? Tal vez, despedirlo hubiera sido suficiente”.

No olvidemos el propósito por el que Jesús contó esta parábola. No se dirige a la multitud; él les habla a los discípulos, a los que le preguntaron acerca del fin de este mundo. Una vez más, Jesús enfatiza la necesidad de velar y muestra lo que significa hacerlo. En las parábolas anteriores, también el señor y el novio regresan. Aquí aparece el mismo tema. Jesús menciona que habrá una demora cuando utiliza la expresión “Después de mucho tiempo” regresó el señor. La certeza del regreso se acentúa nuevamente. No sabemos cuándo vendrá, pero sí sabemos que volverá. Y cuando regrese, hará una cosa: él “arregló cuentas” (v. 19) con ellos, y eso hará con nosotros, sobre lo que hayamos hecho con lo que nos fue confiado. Un Dios tan generoso tiene todo el derecho de hacerlo. Sin embargo, ¿por qué arregla cuentas?

Dios da el talento que no había sido usado al que ya tenía diez talentos. Dios solo espera una cosa de nosotros: que crezcamos a su semejanza y seamos generosos con lo que se nos confió.

O somos generosos como Dios lo es, o tacaños y lo vemos a él como tacaño también.

Estas son las palabras de siervo infiel: “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo” (Mateo 25:24, 25). 

Si no tenemos una perspectiva correcta de Dios, no esperaremos a que él regrese, y nuestra vida estará dominada por el miedo (v. 25). El miedo tiene un efecto paralizante, afecta negativamente la experiencia de velar y esperar. Entonces, ¿por qué un castigo tan duro?

Jesús no está hablando de dinero aquí, sino acerca de su reino. Hizo todo lo posible para que su reino fuera una realidad; para expandirlo y para acoger a tantas almas como sea posible. Este es el rol de la iglesia, la responsabilidad de cada uno de nosotros. Por esta razón, su preciosa sangre fue derramada en la cruz. Ser descuidado con tal llamado significa ser un “siervo malo y negligente” (v. 26). La iglesia no es solo un lugar para sentirse bien o donde enterrar los talentos recibidos. No poner en práctica lo que hemos recibido a través del enorme costo del sacrificio en el Calvario es maldad y rebelión contra Dios. Elena de White dice: “Los seguidores de Cristo han sido redimidos para servir. Nuestro Señor enseña que el verdadero objeto de la vida es el ministerio”.

"En las grandes ciudades han de ponerse a la obra muchos elementos. Los que están ubicados de tal manera que no pueden realizar una parte en el trabajo personal, pueden interesarse en costear los gastos de un obrero que puede ir. No presenten excusas nuestros hermanos y hermanas por no empeñarse en una obra fervorosa. Ningún cristiano vive para sí mismo" Ev, 89.

Estas parábolas nos recuerdan que no importa qué tan ricos o modestos sean los talentos recibidos, todos son importantes para los planes de Dios. La parábola de los talentos nos muestra que lo más importante no es cuánto recibimos (la recompensa es la misma para todos), sino lo que hacemos con lo que tenemos.

Mayordomos en los últimos tiempos

¿Es la crisis que ha golpeado al mundo en el 2020 una señal del fin? La respuesta es definitivamente “Sí”. Hemos estado en el tiempo del fin desde el periodo de la iglesia primitiva, dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 10:11. Pero, cuánto tiempo queda hasta el regreso de Cristo es lo que no sabemos. Ni siquiera lo saben los ángeles (Mateo 24:36). Precisamente por esta razón se nos aconseja velar y estar listos. Lo que nos suceda entonces, depende de lo que hagamos hoy. Este es el mensaje de Jesús.

Hay otro aspecto a considerar. El estar listos no es lo que nos salva. La salvación, de principio a fin, sucede por su gracia. El estar listo o velando muestra si hemos recibido la gracia de Dios en nuestras vidas. La parábola del Salvador nos dice que este inmenso capital, que es su gracia, debe ser invertido y usado para expandir su reino. Los primeros dos siervos sabían cómo velar y estar preparados para el regreso de su señor y poder mirarlo a los ojos con gozo. Ellos invirtieron lo que habían recibido.

El pastor Randy Roberts dice en el libro Waiting and Longing [Esperando y anhelando]:

“¿Alguna vez ha pensado en lo que significa velar? Primero que nada, tome en cuenta lo que literalmente significaba para los primeros oyentes, cuando un talento significaba dinero. Entonces, una de las primeras maneras de velar es usar su dinero en formas que hagan avanzar el reino de Dios.

“¿Alguna vez se ha dado cuenta que cuando el alfolí llega a su fila en la iglesia y usted coloca su diezmo y su ofrenda, no solo está dando para la iglesia? No, usted está velando, velando para la segunda venida de Cristo. ¿Se ha dado cuenta que cuando se recoge dinero a favor de una familia con necesidades, y usted ayuda a aliviar la carga, no solo está dando algo para ayudar al necesitado? No, usted está velando para la segunda venida.

“Pero también debemos, de forma apropiada, ampliar el significado del talento para que incluya no solo el dinero, sino también las responsabilidades, dones, talentos y habilidades que Dios da a cada uno de nosotros. Y cuando hacemos eso, nos damos cuenta que cada día de nuestras vidas puede estar caracterizadas por el acto de velar.

“Cuando músicos espectaculares dirigen a los adoradores en alabanza majestuosa; cuando el coro y la orquesta usan lo que les ha sido dado para elevar los corazones del pueblo de Dios hacia el cielo, es tentador simplemente decir, ‘Gracias por usar sus talentos’ ... Pero por favor comprenda que, en un nivel mucho más profundo, al aumentar el reino de Dios, ellos están velando. Velando por la venida.

“Cuando los niños aprenden sobre las verdades del reino en los programas para niños, son los beneficiarios de las personas que están usando sus talentos para aumentar el reino de Dios en sus pequeñas vidas. Y entonces diremos: ‘Gracias por usar sus talentos’ ... Pero más allá de eso, no olvide el hecho que estos líderes no solo están sirviendo a los niños. No, están velando. Velando por la venida del Rey”.22

La mayor bendición que uno puede disfrutar es escuchar en el día de su regreso las palabras “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21). Recuerden, por la gracia de Dios, luche no por ser un siervo exitoso, sino por ser un siervo bueno y fiel, que administre algunas pocas cosas. No estamos llamados a lograr algo sensacional, sino a ser fieles con lo que se nos ha confiado, y la Biblia llama a esto “mayordomía”.

1. ¿Quién es el señor de la parábola para usted?

2. ¿Cuáles son los talentos recibidos por los cuales un día tendrá que dar cuenta?

3. ¿Cómo las parábolas de Jesús me ayudan a tener una comprensión correcta de lo que él espera de mí?

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