Mayordomía - La empresa de la Vida
INTRODUCCIÓN
Es esencial que cada persona entienda su mayordomía en relación con Dios, y los elevados planes que Él tiene para sus hijos. Si no se acepta este concepto, entonces será poco más que una hormiga que va por la vida criando sus pequeñuelos y tratando de almacenar suficiente alimento durante los meses de verano para que le duren hasta el fin del crudo invierno.
Limitar la vida a la existencia diaria, desconectada de la divinidad y sin perspectiva de una de una vida superior, lleva al ser humano a la desesperación y al suicidio.
¿Qué es mayordomía?
La Biblia y la Real Academia de la Lengua Española, define Mayordomía como cargo o empleo, administrar. 1 Corintios 4:2 nos da el contexto de que el mayordomo o administrador es el agente principal del propietario, para administrar sus haciendas o bienes.
La mayordomía es el estilo de vida de alguien que acepta el señorío de Cristo y forma una sociedad con Dios, actuando como su agente en el manejo asuntos aquí en la tierra.
La mayordomía comienza con el reconocimiento de la soberanía de Dios como Creador, Redentor, sustentador y propietario.
UNA FIEL MAYORDOMÍA PARA LA GLORIA DE DIOS
“Un mayordomo se identifica con su amo. Los intereses de su amo se convierten en los suyos. Ha aceptado las responsabilidades de un administrador, y debe actuar en lugar del amo, haciendo como él haría. Este cargo tiene dignidad, porque su amo confía en él... Cada cristiano es un administrador de Dios, tiene a su cargo los bienes del Señor” (AFDC, 222)
II. El hombre no es el dueño, es el mayordomo
La idea de que el hombre es el dueño es totalmente equivocada. Cada persona desde que nace hasta que muere es tan solo un administrador de los bienes de Dios. Puede ser un mayordomo bueno o malo, pero siempre será mayordomo, nunca dueño. Ni aun su vida le pertenece, pues Dios le reclama por derecho de creación y redención. “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20).
Aun los que no profesan ser cristianos son mayordomos de los bienes del Señor, por cuanto a éstos también se les ha confiado tiempo, tesoros, talentos y otros medios de los cuales son responsables ante Dios. “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de si” (Romanos14:12).
¿Por qué hablar de dinero?
Considerando su verdadero significado, la mayordomía cristiana se refiere a la relación que existe entre Dios y el hombre. Una relación que fue ordenada desde cuando Dios creó al mundo y le dio dominio al hombre sobre toda cosa creada.
¿Por qué se enfatiza el dinero y las cosas materiales al considerar este tema? ¿Acaso es más importante? Jesús afirmó que no lo son. Él enseñó que no podíamos servir a Dios y a Mamón (Riqueza, posesión). Pero enseñó que podíamos servir a Dios con Mamón. En realidad, la administración del tiempo es más importante que la de los demás talentos.
Los asuntos relacionados con el tiempo y el dinero son esenciales en la mayordomía, porque constituye las dos dimensiones más fluidas de la existencia. El manejo de esas dos áreas refleja e influye más rápidamente en la vida espiritual de las personas.
III. El punto focal del egoísmo
Las posesiones materiales y el dinero, se convierten el punto focal de todo egoísmo. Esto posiblemente se debe al hecho de estar tan íntimamente asociado con la satisfacción de los deseos egoístas. El dinero, para la mayoría de la gente representa seguridad, y se convierte en el objeto de la vida de cada persona tan pronto como alcanza madurez para reconocer que el alimento, la ropa y las cosas no son esenciales para la vida. Jesús amonestó a sus seguidores para que no cayeran en este error “porque los gentiles buscan todas estas cosas” (Mateo 6:32).
Les enseñó que la seguridad permanente solo se encuentra en el reino de los cielos. El egoísmo es la raíz de todo pecado. La mirada de cada cristiano debe ser dirigida a reconocer que el egoísmo está en contra de los principios cristianos. El cristiano debe reconocer que el dinero y las cosas materiales no tienen valor, a menos que se usen con propósitos espirituales. Debe entender que la seguridad nunca se encuentra en las cosas perecederas de este mundo, no importa lo esencial que parezca en la vida. Todo está sujeto a súbita e inesperada pérdida. La única esperanza de verdadera seguridad está en la simple y pueril confianza y dependencia de Dios. Por lo tanto, la relación que las cosas materiales tienen con el cristianismo debe delinearse claramente. 1 Juan 2: 15- 17.
IV. Volviendo por la senda antigua
El Señor a través del profeta Malaquías llamó a su pueblo a la reforma: “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros” (3:1). Cuando el pueblo preguntó ¿En qué hemos de volvernos? El Señor se refirió a un punto específico en el cual ellos eran deficientes. Le estaban robando, porque retenían los diezmos y las ofrendas. El Señor les señaló que esto era la raíz enferma que causaba sus problemas, por ser evidencia clara del egoísmo que había en sus corazones. Este egoísmo afectaba toda su vida. Hoy cuando la infidelidad en los diezmos y ofrendas es tan evidente y cuando estamos cerca de la Segunda Venida del Señor, se hace necesario repetir el mismo mensaje que Dios envió antes de la primera venida de Cristo. Una reforma sin egoísmo Hay necesidad de una reforma genuina en nuestra iglesia hoy. El egoísmo en todas sus formas debe ser eliminado. La obra no puede tener éxito sin el poder del Espíritu Santo, y “Dios no puede derramar su Espíritu cuando el egoísmo y la complacencia propia se manifiestan en forma tan notoria” (Consejos sobre Mayordomía Cristiana, Pág. 56).
Conclusión
Resultados de la Reforma
Primero. Dios podrá bendecirnos con su Santo Espíritu sin medida; y el evangelio podrá ser predicado en cada rincón de la tierra. Bajo la influencia del Espíritu Santo se abrirán los corazones para recibir la luz. Esto hará que la verdad sea impresionante y convencerá a las almas de la necesidad de un Salvador. Entonces suplirá el poder esencial para la conversación.
Segundo. La abnegación permitirá que la iglesia se mueva hacia la unidad, marchando como un ejército abanderado, armada del Espíritu de Dios, impulsada y ayudada por el poder divino.
Tercero. La aceptación del principio: “Dios dueño/hombre mayordomo” se notará en el abnegado uso del tiempo, los talentos y los medios de llevar el mensaje evangélico. Al ser eliminados del canal los escombros del egoísmo, Dios podrá derramar todos los recursos del cielo en un empuje final que culminará en la erradicación total del pecado. Una vez más reinará la paz en todo el universo de Dios y sus fieles mayordomos de las cosas perecederas de la tierra, serán transportados a la gloria donde serán transformados en mayordomos de las riquezas eternas. Todo el universo espera la unión del esfuerzo humano consagrado con el poder divino.
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