Mayordomía en la familia

“ABRAHAM Y SU FAMILIA”

Lectura Bíblica: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Génesis 18:19).

Elena White, afirma que hay un responsable de llevar adelante el culto familia; tanto en la mañana, como en la noche. Dice que el padre de familia es el sacerdote del hogar: “El padre, que es el sacerdote de su casa, debiera dirigir los cultos matutino y vespertino. No hay razón para que este no sea el ejercicio más interesante y agradable de la vida hogareña, y Dios es deshonrado cuando se lo hace seco y tedioso. Sean cortas y animadas las reuniones del culto familiar” CN, 493.
En la historia sagrada, encontramos la experiencia de Abraham, cuya vida estaba en armonía con la voluntad de Dios en cumplir este aspecto. Tal era el compromiso, que Dios mismo dice de él, que mandaría a sus hijos y a su descendencia, que guardaran el camino de Jehová: 
“Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. (Génesis 18:19).
Examinaremos la experiencia de Abraham al guiar a su familia, a una aventura de fe al establecer el culto familiar; también los alcances que esta obra tuvieron en su descendencia. 

I. Abraham era un adorador ferviente y espontáneo.

La Biblia afirma que: “Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová”. (Génesis 12:7-8).

Dios, se le apareció a Abraham, y le hablaba claramente; la respuesta espontánea de Abraham, era erigir un altar para adorar a su Dios. Esto era algo natural en el. El desafío que ahora tenia, era establecer esa misma cultura, en su familia. De hecho, Abraham tenía por lo menos, 318 siervos, y 38 si le agravamos las respectivas familias de sus siervos, el número aumenta. Abraham, tenía el desafío de congregar a toda su familia, a sus criados y a la familia de sus criados; pero esto era posible, gracias al gran interés que el patriarca mostraba hacia el culto familiar.
¿Alguna vez nos hemos preguntado, como es posible que la TV pueda congregar a su alrededor a toda la familia, y hacer que permanezca por horas frente a ella; pero que es imposible congregar a la familia alrededor de la Palabra de Dios por algunos minutos?
La respuesta a esta pregunta, depende del grado de interés que tenga en el culto familiar, el sacerdote de la familia. Elena G. de White escribió: 
“Como los patriarcas de la antigüedad, los que profesan amar a Dios deberían erigir un altar al Señor donde quiera que se establezcan... Que el padre como sacerdote de la familia ponga sobre el altar de Dios el sacrificio de la mañana y de la noche, mientras la esposa y los niños se reúnen en oración y alabanza.” (PP, 140).

Era una sana costumbre de Abraham, levantar altares para adorar a Jehová su Dios. Dondequiera iba, antes de levantar su tienda, escogía el mejor lugar para edificar un altar. Cuando se iba de cada lugar, removía su tienda; pero dejaba los altares como testimonio a los vecinos paganos. Por eso la Biblia afirma que:
“Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová”. (Génesis 13:18).

II. Guió a su familia con el ejemplo

Uno de los grandes problemas que afronta la sociedad moderna, es lo que se conoce como “doble moral”. Este fenómeno, consiste en decir una cosa y hacer otra. Es esperar en los demás, rasgos y virtudes que nosotros no poseemos. Abraham no tenía este problema; pues estaba siempre dispuesto a guiar con el precepto y el ejemplo. Aparte de ser ejemplo en la adoración, lo era también en la mayordomía:
“Y le dio Abram los diezmos de todo” (Génesis 14:20up).
Más tarde, vemos a su nieto Jacob haciendo un pacto con Dios:
“Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:22).
¿Dónde aprendió Jacob este principio? De su abuelito Abraham. Abraham estuvo dispuesto a darlo todo en obediencia al mandato de Dios, como lo fue en el sacrificio de su hijo Isaac. Dios le había dicho: “Dame a tu hijo, tu único, a quien amas” (Génesis 22:2).
Cuando Abraham estuvo dispuesto a sacrificarlo, Dios le dijo: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” (Génesis 22:12).

De la misma forma, José tenía la convicción de que es preferible obedecer a Dios y perder la vida; que desobedecer y preservarla. Por esta razón, se mantuvo fiel en Egipto, y Dios lo uso poderosamente. La Biblia 39 describe el secreto del éxito de José en Egipto: “porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba” (Génesis 39:23).

III. La descendencia de Abraham mantuvo los principios

Cuando estaban cayendo las plagas en Egipto, Moisés y Aarón fueron llamados por faraón; para saber ¿Quiénes irían al desierto a adorar? La respuesta, fue categórica: “Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová” (Éxodo 10:9).
Faraón no estuvo de acuerdo; pero ellos estaban determinados a adorar de la manera señalada por Dios. Cuando se quiere hacer la voluntad del Señor, Satanás estará presto para poner obstáculos y estropear el plan de Dios. No es extraño entonces que siempre haya excusas cuando se quiere establecer el culto familiar. Más tarde, faraón pareció ceder a las demandas de los israelitas; pero Moisés, siguió firme en su posición: “Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas; vayan también vuestros niños con vosotros. Y Moisés respondió: Tú también nos darás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos para Jehová nuestro Dios. Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá”. (Éxodo 10:24-26).

Finalmente, faraón tuvo que ceder y permitir que los israelitas se fueran para adorar a Dios conforme a los que ha establecido. El deseo de Dios, es que toda la familia participe en adorarle. La Biblia dice: “E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho. Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí” (Éxodo 12:31-32).

Cuando la familia testifica del poder de Dios, hasta los más incrédulos verán ese poder y querrán ser bendecidos.

IV. Dios ordenó la práctica del culto familiar

El alimento espiritual se obtiene de la Palabra de Dios: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:6-9).

Era la intención de Dios que su pueblo practicara el culto familiar; de esta manera Dios estaba salvaguardando el futuro de su pueblo. Siglos más tarde, encontramos a la descendencia de Abraham “guardando el camino de Jehová”, conforme a la práctica del Patriarca. Después de tomar la ciudad de Hai, Josué congrego al pueblo y leyó el libro 40 de la ley delante de ellos, desde el altar que había edificado:
“Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal,… Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley. No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos”. (Josué 8:30, 34-35).

Entendemos por qué la vida de Josué fue tan fructífera. Se propuso hacer la voluntad de Dios en todo lo que hacía. Especialmente cuando se trataba de consagrar la vida al Señor. 

V. Resultados de practicar el culto familiar 

Cuando Jerusalén cayó a manos de los babilonios, fueron llevados muchos jóvenes, entre ellos Daniel. El primer capitulo de Daniel nos narra que:
“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse” (Daniel 1:8).

Tomemos en cuenta que Daniel era un muchacho joven, sin la tutoría de sus padres, ya no había sacerdotes que instruyera al pueblo, no había santuario para adorar al Dios verdadero, estaban en una ciudad que se deleitaba en los placeres mundanos, y todo eso estaba a disposición de él. La Biblia afirma que “Daniel propuso en su corazón”. En otras palabras, se hizo el firme propósito, la determinación de no “contaminarse”. Una explicación para esta firmeza en la posición de Daniel, es que conocía la Palabra de Dios. ¿Dónde conoció Daniel la Palabra de Dios? La única respuesta es que: en su hogar, aprendió el temor de Jehová, en su hogar aprendió a orar tres veces al día, en el culto familiar aprendió que debía permanecer fiel a Jehová su Dios.

Conclusión

Se dice, que hay tres instituciones responsables de la formación de nuestros hijos: el hogar, la iglesia y la escuela; pero la principal responsable de ellas es el hogar. Es preciso y urgente que en el hogar se toma la plena responsabilidad que se merece para formar a cada uno de sus miembros; especialmente en lo que concierne a la preparación espiritual. La invitación es para que aceptemos el desafío con la ayuda de Dios.

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