Los pactos de Dios con nosotros
“Si obedeces cabalmente la voz del Señor tu Dios, para cumplir todos sus mandamientos que te prescribo hoy, el Señor tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Además, las siguientes bendiciones vendrán y te alcanzarán, si obedeces la voz del Señor tu Dios” (Deuteronomio 28:1, 2).
Resulta maravilloso que Dios haya hecho contratos (o pactos) con nosotros. La mayoría son bilaterales, lo que significa que ambas partes (Dios y los seres humanos) tienen una parte que cumplir.
Un ejemplo de un pacto bilateral es: “Si tú haces esto, entonces yo haré aquello”. O “Haré esto si tú haces aquello”. Una clase menos común de pacto es unilateral. “Yo haré esto ya sea que tú hagas algo o no”.
Algunos de los pactos de Dios con la humanidad son unilaterales. Por ejemplo, Dios “envía su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mateo 5:45). Hagamos lo que hagamos o dejemos de hacer, podemos contar con Dios para tener la luz del Sol y la lluvia. Después del Diluvio, Dios prometió ante la humanidad y “toda bestia de la tierra” que nunca habría otro diluvio que cubriera toda la Tierra (ver Génesis 9:9–16), independientemente de nuestras acciones.
Hoy estudiaremos algunos pactos bilaterales muy significativos entre Dios y sus hijos. Oremos para que, por la gracia de Dios, cumplamos con nuestra parte del trato.
I. EL PACTO DE SALVACIÓN
La muerte de Cristo en el Calvario hizo posible que toda persona que haya vivido o que vivirá se salve. A diferencia de la promesa de las estaciones, la salvación no es unilateral, no se da a todos, sin importar lo que hagan. La creencia de que todos se salvarán se llama “universalismo”.
En vez de eso, Jesús enseñó claramente que, aunque él murió por toda la humanidad, muchos recorren el camino ancho hacia la destrucción y la muerte eterna (Mateo 7:13, 14).
¿Qué dicen los siguientes textos sobre cómo la gente recibe el don de la salvación en Jesús?
"Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios." 1 Juan 5:13
"Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, este será salvo." Mateo 10:22
"Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado." Juan 6:29
"Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo." 2 Pedro 1:10, 11.
Pablo entendía la naturaleza bilateral del pacto de salvación. Consciente de que pronto lo iban a ejecutar, y a pesar de que muchos de sus compañeros lo habían abandonado, confiadamente le dijo a su querido amigo Timoteo que había cumplido con su parte del trato: “Yo ya estoy para ser sacrificado. El tiempo de mi partida está cerca. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, que me dará el Señor, Juez justo, en ese día. Y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:6–8).
Pablo dice: Yo estoy preparado porque luché por obedecer a Dios en todo, llegué a la meta y me mantuve fiel. Sin embargo, Pablo siempre fue muy claro en que la salvación es solo por la fe, no por las obras de la Ley, por lo que aquí de alguna manera no está considerando sus obras o logros como algo que le valiera méritos ante Dios. La “corona de justicia” que lo espera es la justicia de Jesús, que Pablo, por la fe, ha reclamado para sí y se ha aferrado a ella hasta el final de su vida.
"El amor es el principio que está a la base del gobierno de Dios en el cielo y en la tierra, y este amor debe estar entretejido en la vida del cristiano. El amor de Cristo no es vacilante, sino que es profundo, amplio y pleno. Su poseedor no dirá: “Amaré únicamente a los que me aman”. El corazón que es influido por este principio santo, será puesto por encima de todo lo que se asemeje a una naturaleza egoísta" (AFC, 296).
Aunque la salvación es un regalo inmerecido, ¿cuál es la diferencia entre los que aceptan el regalo y los que no? ¿Qué se requiere que hagamos para aceptar este regalo?
III. SI OBEDECES CABALMENTE
El libro de Deuteronomio es la versión impresa de los mensajes de despedida de Moisés a la segunda generación de israelitas, después de cuarenta años de vagar por el desierto. Él pronunció estos mensajes en las llanuras de Moab, al este de Jericó. Deuteronomio se ha dado en llamar apropiadamente “El libro de las memorias”.
En este libro, Moisés repasa el trato fiel de Dios con Israel. Relata los viajes desde el Monte Sinaí hasta Cades Barnea, al límite con la Tierra Prometida, así como la rebelión y los cuarenta años de errar por el desierto. Reformuló los Diez Mandamientos, los requisitos del diezmo y el depósito central. Pero el enfoque principal de Deuteronomio es el consejo de obedecer a Dios y así recibir sus bendiciones. Moisés describe a Dios como aquel que tiene la capacidad y el deseo de cuidar a su pueblo.
"Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. 2 Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. 3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. 4 Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. 5 Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. 6 Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. 7 Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. 8 Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. 9 Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. 10 Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. 11 Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. 12 Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. 13 Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, 14 y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles." Deuteronomio 28:1 al 14.
¿Qué grandes bendiciones se prometen al pueblo? Pero, ¿qué debe hacer este para recibirlas?
Moisés estaba muy expectante de que el pueblo entendiera que Dios tenía en mente bendiciones maravillosas, y hasta milagrosas, para ellos. Sus palabras: “Si obedeces cabalmente”, les hizo saber que su destino eterno estaba en juego aquí. Qué poderosa manifestación de la realidad del libre albedrío. Eran la nación escogida de Dios, los recipientes de grandes bendiciones y grandes promesas, pero esas bendiciones y promesas no eran incondicionales. Debían aceptarlas, recibirlas y actuar en consecuencia.
Y nada de lo que Dios les había pedido les resultaba demasiado difícil de hacer: “Porque este mandamiento que te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ‘¿Quién subirá por nosotros al cielo, y lo traerá y explicará para que lo cumplamos?’ Ni está al otro lado del mar, para que digas: ‘¿Quién cruzará por nosotros el mar, y lo traerá y nos lo explicará a fin de que lo cumplamos?’ Porque la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas” (Deuteronomio 30:11–14).
Por supuesto, además de las bendiciones, estaban las advertencias de las maldiciones, lo que les sucedería si desobedecían (Deuteronomio 28:15–68). Es decir, qué consecuencias traería su pecado y su rebelión.
"El que ama a Dios en su corazón no tiene enemistad contra la ley de Dios, sino que rinde obediencia voluntaria a todos sus mandamientos, y esto es lo que constituye el cristianismo. El que ama en forma suprema a Dios, revelará amor a sus semejantes que pertenecen a Dios tanto por la creación como por la redención. El amor es el cumplimiento de la ley; y es deber de todo hijo de Dios prestar obediencia a sus mandamientos… La ley de Dios, que es perfecta santidad, es la única verdadera norma de carácter. El amor se expresa en la obediencia, y el amor perfecto echa fuera el temor" (Hijos e hijas de Dios, 53).
¿Qué significa para nosotros, hoy, “escuchar diligentemente” lo que Dios nos dice que hagamos?
El hecho de sobrellevar tiempos difíciles, aunque hayamos sido fieles. ¿Cómo entendemos esto cuando sucede, y cómo evitamos desanimarnos?
III. HONRA AL SEÑOR
El libro de Proverbios, más que sobre el bien y el mal, trata sobre la sabiduría y la necedad. A medida que leemos el libro, veremos los beneficios de la sabiduría y las trampas de la necedad.
Porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad;
Átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón;
Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres.
Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.
No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal;
Porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.
Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos;
Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto." Proverbios 3:1-10.
¿Qué maravillosas promesas se dan aquí? Además, ¿qué significa “las primicias de todos tus frutos”?
Dios nos pide que lo pongamos a él en primer lugar en el manejo de nuestras posesiones, como un reconocimiento de su dominio sobre todas las cosas y como una demostración de nuestra fe en que él proveerá para nosotros. Pero más que eso, nos dice que, si lo ponemos en primer lugar, entonces él bendecirá el resto. Esto es un acto de fe para nosotros, un acto de confianza, una manifestación de confiar en el Señor con todo el corazón; y, sin duda, no apoyarnos en nuestro propio conocimiento (lo que es especialmente importante, porque muy a menudo suceden cosas que no podemos entender y no podemos encontrarles sentido).
Sin embargo, nada debería impulsarnos más a confiar en Dios y en su amor que la Cruz. Cuando nos damos cuenta de lo que cada uno de nosotros recibió en Jesús, no solo como Creador (Juan 1:1-4) y Sustentador (Hebreos 1:3) sino también como Redentor (Apocalipsis 5:9), devolver a Dios las primicias de lo que tenemos es, por cierto, lo mínimo que podemos hacer.
“El Señor no solo reclama el diezmo como suyo, sino también establece cómo debería reservárselo para él. Dice: ‘Honra al Señor con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos’ (Proverbios 3:9). Esto no nos enseña que debamos gastar los recursos en nosotros mismos y luego llevar al Señor lo que quede, aunque esto sea también un diezmo honrado. La porción del Señor debe separarse en primer lugar” (CMC, 84).
Dios dice que, si lo ponemos a él en primer lugar, “serán llenos tus graneros con abundancia”. Sin embargo, esto no va a suceder por milagro; es decir, no vas a despertarte un día y descubrir que tus graneros y tus tinajas se llenaron de repente.
Al contrario, la Biblia está llena de principios sobre la buena administración, la planificación cuidadosa y la responsabilidad financiera, de las cuales la fidelidad a la que Dios nos llama es nuestra primera y principal responsabilidad.
¿No puede confiar usted en su Padre celestial? ¿No puede esperar en su graciosa promesa? “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. ¡Preciosa promesa! ¿No podemos confiar en ella? ¿No podemos tener una confianza implícita, sabiendo que el que ha prometido es fiel?… deje que su temblorosa fe pueda asir firmemente las promesas de Dios nuevamente. Deposite todo su peso sobre ellas con una fe firme; puesto que no fallarán, ni pueden hacerlo (2TI, 441).
Sin embargo, ¿cómo aprendemos a confiar en Dios y en sus promesas en tiempos difíciles, económicamente hablando, ya que, por más que procuremos ser fieles, los graneros y las tinajas no están llenos?
IV. EL CONTRATO DEL DIEZMO
Existe una estrecha conexión espiritual entre la práctica del diezmo y nuestra relación con Dios. Los israelitas prosperaban cuando obedecían a Dios y eran fieles en el diezmo; al contrario, experimentaron tiempos difíciles cuando no obedecieron. Por lo visto, seguían un ciclo de obediencia y prosperidad, y luego de desobediencia y problemas. Fue durante uno de estos períodos de infidelidad que Dios, mediante el profeta Malaquías, propuso un contrato bilateral con su pueblo.
"Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? 8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. 10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11 Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos." Malaquías 3:7-11.
¿Cuáles son las promesas y las obligaciones que se encuentran en estos versículos?
Dios prometió al pueblo que, si este se volvía a él, él se volvería a ellos. Cuando le preguntaron qué quería decir con volverse a él, dijo explícitamente: “Dejen de robarme el diezmo y las ofrendas”. El robo era la razón de la maldición que estaban recibiendo. Esta es la solución de Dios al problema de la maldición: “Traigan todo el diezmo a la tesorería” (Malaquías 3:10). Y pruébenme para “ver si no abro las ventanas del cielo y vacío sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde”. Si no tenemos suficiente espacio para recibir esa bendición, tenemos un excedente con el que podemos ayudar a otros y promover la causa de Dios.
“El que dio a su Hijo unigénito para que muriera por ustedes ha hecho un pacto con ustedes. Él les da sus bendiciones y en cambio requiere que le lleven sus diezmos y sus ofrendas. Nadie se atreverá a decir que no comprendió este asunto. El plan de Dios concerniente a los diezmos y las ofrendas está claramente establecido en el tercer capítulo de Malaquías. Dios pide que sus instrumentos humanos sean fieles al contrato que él ha hecho con ellos” (CMC, 78, 79).
Uno de los ciclos positivos de obediencia se registra durante el reinado del buen rey Ezequías, de Judá. Hubo un reavivamiento auténtico en Judá, y el pueblo comenzó a devolver fielmente sus diezmos y sus ofrendas a la tesorería del Templo. Llevaban tanto que se apilaba de a montones en el Templo. 2 Crónicas 31:5 relata lo que sucedió cuando los israelitas “dieron generosamente las primicias del grano, del vino, del aceite, de la miel y de todos los frutos de la tierra; trajeron igualmente en abundancia el diezmo de todas las cosas”.
¿Qué dice la devolución de tu diezmo (o la falta de ello) acerca de tu espiritualidad y de tu relación con Dios?
Se ha dicho que si cada adventista fuera fiel en devolver el diezmo, nuestra iglesia tendría dinero más que suficiente para hacer todo lo necesario para difundir el mensaje. ¿Qué es lo que haces, en términos de diezmos y ofrendas, para ayudar a la iglesia a hacer lo que ha sido llamada a hacer?
V. BUSQUEN PRIMERO
Se dijo de Jesús que “los que eran del común del pueblo le oían de buena gana” (Marcos 12:37, RVA). La mayoría de las personas, en las grandes multitudes que seguían y escuchaban a Jesús, eran miembros de esta clase, la gente común. Fueron ellas a quienes Jesús alimentó en la ladera del monte, y quienes escucharon el Sermón del Monte. Jesús les dijo, básicamente: Sé que les preocupa poder mantener a sus familias. Se inquietan por la comida y la bebida que necesitarán a diario y la ropa que necesitan como abrigo y la protección. Pero esto es lo que les propongo...
"Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." Mateo 6:25 al 33.
"Nuestro Dios tiene a su disposición el cielo y la tierra y sabe exactamente lo que necesitamos. Solo podemos ver hasta corta distancia delante de nosotros; mas “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Hebreos 4:13. Por sobre las perturbaciones de la tierra está él entronizado; y todas las cosas están abiertas a su visión divina; y desde su grande y serena eternidad ordena aquello que su providencia ve que es lo mejor.
Ni siquiera un pajarillo cae al suelo sin que lo note el Padre. El odio de Satanás contra Dios le induce a deleitarse en destruir hasta los animales. Y solo por el cuidado protector de Dios son preservadas las aves para alegrarnos con sus cantos de gozo. Pero él no se olvida siquiera de los pajarillos. “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos". Mateo 10:31 (8TI, 285).
¿Qué se promete aquí, y qué debía hacer el pueblo para recibir esas promesas?
Muchas de las promesas de Dios tienen elementos de un pacto bilateral. Es decir, para recibir la bendición, también debemos hacer nuestra parte.
"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado." Isaías 26:3. ¿Qué se nos pide que hagamos para tener la paz de Dios?
"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." 1 Juan 1:9. ¿Qué hará Jesús si confesamos nuestros pecados?
"Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra". 2 Crónicas 7:14. ¿Cuáles son los “si” y los “entonces” de la propuesta de Dios aquí?
Todos estos versículos y muchos más tratan del importante hecho de que, aunque Dios es Soberano, aunque Dios es nuestro Creador y Sustentador, y aunque la salvación es un don de gracia e inmerecido de nuestra parte, todavía tenemos un papel que desempeñar en el drama del Gran Conflicto aquí, en la Tierra. Al hacer uso del don sagrado del libre albedrío, debemos elegir seguir la inspiración del Espíritu Santo y obedecer lo que Dios nos llama a hacer. Aunque Dios nos ofrece bendiciones y vida, también podemos elegir la maldición y la muerte. Con razón, Dios dice: “Elige la vida, para que vivas tú y tus descendientes” (Deuteronomio 30:19).
"Cada alma tiene un cielo que ganar y un infierno que evitar. Y los seres angelicales siempre están dispuestos a venir en ayuda del alma probada y tentada. Él, el Hijo del Dios infinito, soportó la prueba y la aflicción en nuestro lugar. Delante de cada alma, se levanta vívidamente la cruz del Calvario. Cuando sean juzgados los casos de todos, y ellos [los perdidos] sean entregados para sufrir por haber desdeñado a Dios, por no haber tomado en cuenta el honor divino y por su desobediencia, nadie tendrá una excusa, nadie necesitará haber perecido. Dependió de su propia elección quién habría de ser su príncipe, Cristo o Satanás. Toda la ayuda que recibió Cristo la puede recibir cada hombre en la gran prueba. La cruz se levanta como una promesa de que nadie necesita perderse, de que se da abundante ayuda para cada alma". (1MS, 112).
Reflexiona sobre la idea de cuán importantes son nuestras decisiones y obras en nuestra relación con Dios. ¿Cómo tener presente el tema de las obras y la obediencia, incluyendo la devolución del diezmo y la buena mayordomía, pero sin caer en la trampa del legalismo?
CONCLUSIÓN
“Cuandoquiera que los hijos de Dios, en cualquier época de la historia del mundo, ejecutaron alegre y voluntariamente el plan de la benevolencia sistemática y de los dones y ofrendas, han visto cumplirse la permanente promesa de que la prosperidad acompañaría todas sus labores en la misma proporción en que lo obedecieran. Siempre que reconocieron los derechos de Dios y cumplieron con sus requerimientos, honrándolo con su sustancia, sus alfolíes rebosaron; pero cuando robaron a Dios en los diezmos y las ofrendas, tuvieron que darse cuenta de que no solo le estaban robando a él, sino también se defraudaban ellos mismos, porque él limitaba las bendiciones que les concedía en la proporción en que ellos limitaban las ofrendas que le llevaban” (3TI, 435).
La Biblia es muy clara en que somos salvos solo por la fe, un don de la gracia divina. Nuestra obediencia a los mandamientos de Dios es una respuesta a la gracia de Dios; no la merecemos (al fin y al cabo, si la mereciéramos, no sería gracia; ver Romanos 4:1-4).
De hecho, al observar el pacto bilateral de Dios con nosotros, podemos ver tanto las bendiciones como las responsabilidades. Mediante nuestras respuestas a lo que Dios nos ofrece, establecemos nuestra relación con él y, en gran medida, determinamos nuestro propio destino. La obediencia (el servicio y la lealtad por amor) es la verdadera señal del discipulado. En lugar de librarnos de la obediencia, es la fe, y solo la fe, la que nos hace partícipes de la gracia de Cristo, la que nos capacita para obedecer lo que Dios nos pide.
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