Los hábitos de una Mayordomo

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmos 119:9-11).

Los hábitos revelan propósito y dirección en nuestra vida.

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Los mayordomos que desarrollan buenos hábitos son los más fieles. Daniel tenía el hábito de la oración diaria (Daniel 6:10). Pablo acostumbraba estar en la sinagoga (Hechos 17:1, 2). Él también escribió: “No se dejen engañar: ‘Las malas compañías corrompen las buenas costumbres’ ” (1 Corintios 15:33, NVI). Debemos cultivar buenos hábitos para reemplazar los malos.

“Cada uno de nosotros será, aquí y por toda la eternidad, lo que nuestros hábitos hagan que seamos. Las vidas de los que cultivan hábitos correctos y son fieles en todos sus deberes serán como luces brillantes que cubren la senda de otros” (4TI, 443).

La senda que crea un hábito es la manera más rápida que puedes tomar para obtener la recompensa que buscas. Un hábito es una decisión arraigada. En otras palabras, ni siquiera tienes que pensar en ello; solo hacerlo. Ese hábito puede ser muy bueno o muy malo, según lo que hagas. Hoy observaremos 5 hábitos poderosos que ayudarán a un mayordomo a estar en los negocios de Dios.

Primer Hábito: Buscar a Dios en primer lugar

Todos tenemos hábitos. La pregunta es: ¿De qué tipo son? ¿Buenos o malos? De todos los buenos hábitos que un cristiano podría tener, buscar a Dios en primer lugar cada día tendría que ser lo más importante.

“Cada mañana conságrate tú mismo, alma, cuerpo y espíritu a Dios. Establece hábitos de devoción y confía más y más en tu Salvador” (1MCP, 15). Con un hábito así, seguramente entraríamos por la “estrecha […] puerta” que lleva a la vida (Mateo 7:14).

Dios dijo: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Jesús dijo, en el contexto de nuestras necesidades básicas, “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33), y también se nos dijo: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

Leamos Mateo 22:37 y 38:

"Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento."

Luego leamos Hechos 17:28:
"Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos."

Efesios 5:15 al 17:

"Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 

Y ahora Colosenses 3:23. 
"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres"

Estos textos nos enseñan que Dios debe tener la mayor prioridad en nuestra vida, en nuestro tiempo, en nuestros recursos; gracias a él existimos, nos movemos y somos; por lo tanto, debemos amarle y servirle de todo corazón. Eso es lo mínimo que podríamos hacer.

De todos los ejemplos en relación con buscar al Señor en primer lugar, ninguno es mejor que el ejemplo de Jesús. Jesús en todo ponía a su Padre en primer lugar. Comenzamos a ver esta prioridad durante su visita pascual a Jerusalén de niño. Al ser confrontado por su madre, que lo había encontrado “en el templo”, le dijo: “En los negocios de mi Padre me es necesario estar” (Lucas 2:46, 49).

Durante toda su vida, Jesús ansió tener comunión con su Padre, como lo demuestra su vida de oración habitual. Este hábito era algo que los discípulos no comprendían plenamente. Todos los poderes de las tinieblas no pudieron separar a Jesús del Padre, porque Jesús formó el hábito de mantenerse totalmente conectado con él.

Podemos seguir el ejemplo de Jesús al tomar la decisión de amar a Dios con todo nuestro corazón, mente y alma (Mateo 22:37). Al orar, estudiar la Palabra de Dios y tratar de emular el carácter de Jesús en todo lo que hacemos, formaremos el hábito de hacer de Dios lo primero en nuestra vida. Y para un cristiano, ¿qué mejor hábito podría haber?

Pregúntate: ¿Realmente he puesto a Dios en primer lugar en mi vida? ¿Cómo lo sabes?


Segundo Hábito: Esperar el regreso de Jesús

En Lucas 12:35 al 48 Jesús nos muestra que el buen mayordomo vela y espera la venida de su Señor, sabe cuánto se le ha confiado y que debe rendir cuentas de ello.

La mayordomía habitualmente debiera practicarse en función del regreso de Jesús. El carácter de los mayordomos infieles que actúan como si fuesen fieles finalmente se mostrará en sus acciones; porque los mayordomos verdaderos y fieles cumplen con sus responsabilidades al velar y trabajar como si el patrón estuviese presente. Viven para el futuro y trabajan fielmente día a día. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).

Abraham esperaba una ciudad eterna (Hebreos 11:10) y Pablo esperaba el regreso de Cristo (Hebreos 10:25). Eran pensadores de vanguardia que anticipaban, planificaban, estaban listos al instante para encontrarse con Jesús. Nosotros también debemos desarrollar este hábito de mirar a la distancia con la mirada puesta en el punto culminante del evangelio (Tito 2:13). 
En lugar de mirar de tanto en tanto o echar un vistazo esporádico a las profecías, continuamente necesitamos mirar, velar y hacer, siempre conscientes de la eternidad que nos espera cuando Cristo regrese. Al mismo tiempo, debemos evitar las especulaciones descabelladas y fantasiosas acerca de los acontecimientos del tiempo del fin. La promesa de la segunda venida le da sentido a nuestra vida, provee una perspectiva correcta al presente y nos ayuda a recordar qué es lo importante en la vida. El hábito de esperar el regreso de Jesús le da definición y propósito al mayordomo.

La cruz ha allanado el camino para que tengamos un encuentro con el Redentor. Buscamos señales reveladas en la Escritura que nos señalen la venida de Cristo en la gloria del Padre y de los ángeles (Marcos 8:38). “Así que no nos fijamos en lo visible, sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno” (2 Corintios 4:18, NVI).

Sí, la muerte, y la constante realidad de la muerte, siempre debiera ayudarnos a ser conscientes de lo limitado y transitorio que es nuestro tiempo aquí. Pero la promesa de la segunda venida también nos muestra que la muerte en sí es temporal y transitoria. No es de extrañar, entonces, que debamos vivir en función de la promesa del regreso de Cristo, una promesa que debería afectar el modo de vida de cada mayordomo cristiano. Acostumbrémonos ahora a vivir siempre con la esperanza del regreso de Cristo. Nuestro nombre -Adventistas- revela la realidad de esa expectativa.

Tercer Hábito: Sabio uso del tiempo

Decía Job: “Nosotros nacimos ayer, y nada sabemos; nuestros días en este mundo son como una sombra” (Job 8:9, NVI).

Puedes detener un reloj, pero no el movimiento del tiempo. El tiempo no espera; sigue avanzando incluso si nos quedamos quietos y no hacemos nada.

¿Qué nos enseñan los siguientes versículos sobre nuestro tiempo en la tierra en esta vida? 
Leamos Santiago 4:14:
"Cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece."
Salmos 90:10, 12:

"Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos...Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría." 

Salmos 39:4, 5:

"Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. 

Eclesiastes. 3:1
"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora."

Nuestra vida y tiempo es corto. No debemos desaprovecharlo o malgastarlo en cosas ociosas. Un mayordomo fiel tiene horarios y su tiempo está ampliamente aprovechado.

Con algo tan limitado y no renovable como el tiempo, es importante que los cristianos lo administremos bien. Por ende, debiéramos desarrollar el hábito de usar el tiempo sabiamente, centrándonos en lo que es importante en esta vida y en la venidera. Debemos administrar el tiempo sobre la base de lo que la Palabra de Dios nos revela como importante, porque una vez que el tiempo se acaba, no se puede renovar. 
Si perdemos dinero tal vez podamos recuperarlo algún día, incluso más de lo que perdimos. Con el tiempo no es así. Un momento perdido es un momento perdido para siempre. Sería mucho más fácil volver a poner un huevo roto en su cascarón que recuperar siquiera un momento del pasado. 
Por lo tanto, el tiempo es uno de los bienes más preciados que Dios nos ha dado. Cuán importante es, entonces, que desarrollemos el hábito de aprovechar al máximo cada momento que tenemos.

“Nuestro tiempo pertenece a Dios. Cada momento es suyo, y nos hallamos bajo la más solemne obligación de aprovecharlo para su gloria. De ningún otro talento que él nos haya dado requerirá más estricta cuenta que de nuestro tiempo.

“El valor del tiempo sobrepuja todo cómputo. Cristo consideraba precioso todo momento, y así debemos considerarlo nosotros. La vida es demasiado corta para desperdiciarla. No tenemos sino unos pocos días de gracia en los cuales prepararnos para la eternidad. No tenemos tiempo que perder, ni tiempo para dedicarlo a los placeres egoístas, ni tiempo para entregarnos al pecado” (PVGM277).

“Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos” (Efesios 5:15, 16, NVI). ¿Cómo podemos aplicar estas palabras a nuestra situación actual, dónde el tiempo libre y el ocio se han convertido en una industria multimillonaria?

Cuarto Hábito: Ser sanos de mente, cuerpo y alma

Originalmente fuimos creados perfectos mental, física y espiritualmente. Por supuesto, el pecado lo arruinó todo. Lo bueno del evangelio, entre otras cosas, es que Dios se encuentra en proceso de restaurarnos a lo que originalmente fuimos destinados a ser.

Hechos 3:21, y Apocalipsis 21:1 al 5. No hablan acerca de la restauración final de todas las cosas y principalmente de la restauración del ser humano cuando ya no habrá más dolor, enfermedad, sufrimiento y muerte.

Cristo trabajó incansablemente cuando estuvo aquí para elevar a la humanidad espiritual, mental y físicamente, como precursor de la restauración final en la culminación de los tiempos. El ministerio de curación de Jesús demuestra que Dios quiere que conservemos la salud lo más posible hasta el final. De este modo, los mayordomos desarrollan hábitos para su mente, cuerpo y alma que promueven un estilo de vida saludable.

En primer lugar, la mente se fortalecerá cuanto más se la use. Diariamente, llena tu mente de “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre” (Filipenses 4:8). Esos pensamientos traen paz (Isaías 26:3), y un “corazón tranquilo da vida al cuerpo” (Proverbios 14:30, NVI). Los hábitos saludables de la mente permiten que el baluarte del poder funcione en óptimas condiciones.

En segundo lugar, los buenos hábitos de salud, como el ejercicio y la alimentación adecuada, indican que nos cuidamos. El ejercicio, por ejemplo, reduce el estrés y la presión arterial, mejora nuestro estado de ánimo, y es un elixir que probablemente combata más el envejecimiento que cualquier cosa disponible en los estantes.

Por último, un mayordomo desarrollará buenos hábitos para vigorizar el alma. 
Eleva tu alma a Dios (Salmos 86:4, 5) y espera (Salmos 62:5). Tu alma prosperará cuando “pon[gas] en práctica la verdad” (3 Juan 3, NVI) y será “guardad[a] irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).
¿Qué clase de hábitos tengo y cómo afectan mi salud espiritual, física y mental? 
¿Hay algunos cambios que necesito hacer que podrían ayudarme a mejorar en alguna o en todas estas áreas? 
¿Qué decisiones puedo tomar y qué promesas bíblicas puedo reclamar que me ayudarán a mejorar mi calidad de vida ahora mientras espero la restauración final?

Quinto Hábito: Autodisciplina

La autodisciplina es uno de los rasgos de carácter más importantes que un mayordomo pueda tener. 
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). 
La palabra griega para disciplina, sophronismos, aparece solo aquí en este versículo del Nuevo Testamento e implica la capacidad de hacer lo que hay que hacer con una mente equilibrada y sana que no se desvía de los principios de Dios. La autodisciplina puede ayudarnos a “distinguir entre lo bueno y lo malo” (Heb. 5:14, NVI), a entender las situaciones que se nos presentan y, no obstante, soportar en forma tranquila y humilde las presiones y las distracciones sin importar el resultado. Daniel procuró hacer lo correcto a pesar de los leones, a diferencia de Sansón, que vivió una vida de autocomplacencia y mostró poca moderación o buen juicio. José procuró hacer lo correcto en la casa de Potifar, en contraste con Salomón, que adoró a otros dioses (1 Reyes 11:4, 5).

"Los que buscan la felicidad mediante la autocomplacencia y cuidando principalmente sus propios intereses han emprendido el camino equivocado si desean asegurarse alguna felicidad aquí en la tierra" 4TI, 185.

Leamos 1 Corintios 9:24 al 27:

"¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado." 

Definitivamente, nuestra salvación esté en juego todos los días y por ello necesitamos autodisciplina.

“El mundo está entregado a la sensualidad. Abundan los errores y las fábulas. Se han multiplicado las trampas de Satanás para destruir a las almas. Todos los que deseen una santidad perfecta en el temor de Dios deben aprender las lecciones de temperancia y dominio propio. Los apetitos y las pasiones deben ser mantenidos sujetos a las facultades superiores de la mente. Esta disciplina propia es esencial para la fuerza mental y la percepción espiritual que nos han de capacitar para comprender y practicar las sagradas verdades de la Palabra de Dios” (DTG 71).

La autodisciplina mejora con la práctica habitual. Dios nos ha llamado a ser “santos en todo lo que hagan” (1 Pedro 1:15, NVI) y a “ejercitarnos para la piedad” (1 Timoteo 4:7). Los mayordomos deben practicar y entrenarse para ser disciplinados, al igual que los atletas o los músicos más talentosos. 

Mediante el poder de Dios y nuestro esfuerzo diligente, debemos disciplinarnos en lo que realmente importa.

¿Cómo podemos aprender a entregarnos al poder de Dios, el único que puede darnos la autodisciplina que necesitamos para vivir como mayordomos fieles y piadosos en un mundo caído y corrupto?

Recuerde:

Mayordomía cristiana es:
"La administración sabia, leal e integra de los bienes que son del Señor"
Mayordomía no es un principio, sino un estilo de vida.

Estas son algunas de las marcas de un mayordomo fiel:
1. Honra
2. Devoción
3. Servicio Solícito 
4. Gratitud
5. Constancia
6. Abnegación
7. Prudencia
8. Integridad

Conclusión

“Andar con Dios” define lo que un mayordomo hace, es decir, vivir con Dios día a día en la tierra. Un mayordomo sabio hará del andar con Dios un hábito en medio de un mundo de corrupción, porque solo mediante esta conexión con Dios podemos protegernos de caer en los males reinantes.

Ser un mayordomo fiel implica llevar una vida íntegra, que comienza con estar en consonancia con Dios (Amós 3:3). Debemos andar en Cristo (Colosenses 2:6), andar en vida nueva (Romanos 6:4), andar en amor (Efesios 5:2), caminar en integridad (Proverbios 19:1), andar sabiamente (Colosenses 4:5), andar en luz (1 Juan 1:7), transitar por caminos de rectitud (Proverbios 4:26), andar en la ley (Éxodo 16:4), y andar en buenas obras (Efesios 2:10).

Luego de haber entendido que:
1. Dios debe ser primero en nuestras vidas;
2. Debemos ser vigilantes y vivir esperando la venida del Señor, 
3. Usar sabiamente nuestro tiempo, 
4. Debemos cuidar nuestra salud física y mental 
5. Debemos ser disciplinados y tener dominio propio

¿Cuántos queremos pedirle al Señor que nos ayude a desenvolver estos hábitos en nuestra vida y ser así mayordomos fieles?

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