Mayordomía en el NT
Hay muy pocas referencias a ofrendas en el Nuevo Testamento, aunque se usa extensamente el verbo“dar” (dídomi). Lo que es particularmente impresionante es que alrededor del 25 por ciento de las veces es que se usa el verbo didome, Dios es el sujeto. El nos da nuestro pan cotidiano (Lucas 11:3), la lluvia, la cosecha, el alimento (Hechos 14:17), la vida y todo lo que necesitamos (Hechos 17:25. Nos da arrepentimiento (Hechos 11:18), victoria (1 Corintios 15:57), gracia (1 Pedro 5:5), amor (1 Juan 3:1), sabiduría (Santiago 1:5), el Espíritu Santo (Juan 3:34; Hechos 5:32), los dones espirituales (1 Corintios 12:7-10), una herencia (Hechos 20:32), el reino (Lucas 12:32), y la vida eterna (1 Juan 5:4). De una manera muy especial y única Dios dio a su Hijo (Juan. 3:16), el Pan de Vida (6:32), quien a su vez dio su propia vida en rescate (Mateo 20:28; 1 Tim. 2:6), al entregarse a si mismo “por nuestros pecados” (Gálatas 1:4).
El Nuevo Testamento describe a Dios y a Cristo como los Grandes Dadores que enriquecen a los seres humanos mediante su bondadosa gracias. Debido a eso Cristo puede desafiar sus seguidores a dar libremente debido a que ellos recibieron libremente (Mateo 10:8). El propósito de la dadivosidad cristiana no es suplir las necesidades de Dios puesto que Dios no necesita nada (Hechos 17:25). Nuestro dar nos hace más semejantes a nuestro Señor.
A. Jesús y las ofrendas
Jesús instruyó a sus seguidores con respecto a la naturaleza y espíritu del verdadero dador. Los evangelios proveen varios incidentes en la vida de Cristo donde este tema importante es discutido. Los hemos agrupado aquí bajo diferentes subtítulos
1. Ofrendas y la grandeza de Jesús
Cuando Cristo nació, un grupo inesperado de personas le trajo una ofrenda. Ciertos extranjeros vinieron del oriente para verlo y le dieron dones de oro, incienso y mirra (Mateo 2:1-11). Estos “hombres sabios” pertenecían a una clase oriental de gente bien educada, rica y de influencia llamados mágoi –“magos”. En general se los conocía como expertos en astrología y en la interpretación de sueños. Mateo entendió que eran hombres instruidos quienes podían identificar las señales del nacimiento de Jesús y al haberlo hecho, salieron a buscarlo.
Habían entrado en contacto con las Escrituras hebreas y creían en las profecías mesiánicas que allí se encontraban (véase Números 24:17).
Los magos no vinieron a Jesús con las manos vacías, sino que trajeron con ellos dones para el nuevo rey. El término doron = “regalo, ofrenda”, es el equivalente griego del término hebreo qorban, que el Antiguo Testamento se refiere a los dones y ofrendas sacrificiales (véase Hebreos 5:1). En este caso en particular los tres reyes trajeron ofrendas para honrar al Niño. Habían venido, según su propias palabras, “para adorarlo” (Mateo 2:2). El acto de adoración podía ser entendido como “significando homenaje y sumisión” al rey mesiánico.
Pero en el contexto de Mateo “Jesús es la manifestación de la presencia de Dios (Mateo 1:23), el hijo de Dios (2:15) en un sentido único, y así alguien que puede ser adorado”.
En este pasaje, se asocia la ofrenda o don costoso con los conceptos de adoración, homenaje y sumisión. Tales dones son expresiones tangibles de esos sentimientos y actitudes. Mediante sus ofrendas los magos estaban reconociendo la grandeza y superioridad de este gran Rey de Israel.
2. Las ofrendas y las relaciones interpersonales
Jesús, así como los profetas del Antiguo Testamento, no separó la devoción religiosa que se expresa mediante las ofrendas de la ética correcta en la interacción social. Una ofrenda reflejaba no sólo un estado de paz con Dios sino también con la comunidad de la cual uno forma parte. El vivir en armonía con otros era casi un pre requisito al dar una ofrenda. Esto parece ser lo que Jesús tenía en mente al decir:“Por tanto, si al llevar tu ofrenda ante el altar, te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y ve a reconciliarte primero con tu hermano. Entonces vuelve y ofrece tu ofrenda” (Mateo 5:23-24). Una ofrenda pierde su valor como una expresión de amor y gratitud a Dios si proviene de un corazón en guerra con otros. Las dimensiones verticales y horizontales de nuestra experiencia religiosa si interceptan en el acto de adoración mediante la ofrenda.
Otro aspecto de este vínculo entre las ofrendas y cómo nos relacionamos con otros aparece en la crítica de Jesús a la práctica Judía del Corbán (Marcos 7:10-12). Una persona podía consagrar al Señor sus posesiones haciéndolas inaccesibles a cualquier otro miembro de la familia. Al argüir que sería una violación del voto usar los recursos para aliviar las necesidades de la familia se estaba en realidad descuidando a los padres, y violando uno de los mandamientos. El principio ejemplificado aquí parece ser el de la responsabilidad del mayordomo de proveer para las necesidades de sus padres. En otras palabras, deberíamos equilibrar nuestra dádiva a Dios con nuestra responsabilidad para con nuestras familias, puesto que el cuidado de ellos y el suplir sus necesidades son parte de nuestra experiencia cristiana.
3. Ofrendas y entrega al Señor
El dar una ofrenda a Dios no es forma automática, un reflejo de nuestra entrega indivisa al Señor. La viuda pobre trajo una ofrenda voluntaria al templo posiblemente como una expresión de gratitud y amor a Dios (Lucas 21: 1-4). El rico también trajo ofrendas voluntarias.
Jesús comparó y evaluó su dádiva y consideró la ofrenda de la viuda como una verdadera ofrenda. Sus ojos percibieron que el rico daba “de lo que le sobraba; pero la viuda dio de lo que ella ni siquiera tenía”.
Ambos dieron para el sostén de los servicios del templo, pero el rico, una ofrenda tal era una formalidad religiosa que podía satisfacerla con un mínimo, una muestra, no de lo que podía dar, sino de lo que estaba dispuesto a dar. No era una expresión genuina de entrega personal a Dios.
Esto reafirma un principio que se encuentra en el Antiguo Testamento y en otros lugares del Nuevo Testamento: no es la cantidad dada sino el grado o nivel de entrega y dedicación al Señor lo que hace aceptable la ofrenda delante de Dios.
La viuda quería dar una ofrenda y trajo lo único que tenía, dos monedas de poco valor, confiando que Dios proveería para ella. Su dádiva se basaba en una decisión; de hecho, se basaba en una lucha de fe en la que prevalecieron su gratitud y amor por Dios. Esta fe provenía de las profundidades de su ser.
Para el rico, el dar no tenía ningún significado profundo, y era una experiencia trivial, una formalidad en la cual la fe en Dios estaba inactiva.
4. Las ofrendas y la verdadera benevolencia
Lo que acabamos de decir sugiere que la verdadera benevolencia es más que compartir o dar. Tiene que ver con la condición interior de la persona, la fuerza espiritual de su amor a Dios. Este entendimiento incluye el egoísmo del acto de dar. El buscar reconocimiento propio mediante nuestras ofrendas es totalmente incompatible con la verdadera benevolencia.
Jesús declaró claramente que debemos dar sin esperar recompensa alguna de otros y que, por consiguiente, nuestra dádiva debe ser silenciosa y secreta (Mateo 1:4). El nos prohíbe llamar la atención a la nuestra benevolencia, puesto que es una “transacción” privada entre el individuo y Dios.
Jesús rechaza el egoísmo como motivación para dar porque corrompe la ofrenda. La benevolencia no se realiza ante otros; tiene lugar “delante de Dios quien... la hará pública, la recompensará, y castigará, las obras secretas en juicio final”.
La dádiva debe provenir de un corazón que está dispuesto a dar y debe llegar a ser una respuesta natural de amor a Dios y de fe en él (Lucas 6:30). No es menos que una expresión de negación propia hecha por amor al Reino de Dios.
Cuando se da una ofrenda con este espíritu, se transforma en un reflejo, en la esfera humana, de la dadivosidad inconmensurable de Dios (véase Mateo 10:8; 8:4).
5. Las ofrendas y el ministerio cristiano
Jesús dijo a los discípulos que es una responsabilidad de la comunidad de los creyentes proveer para sus necesidades: “el obrero es digno de su alimento” (Mateo 10:10). El término traducido “obrero” es ergátes, que se usa en el griego secular para designar a una persona que trabaja por pago.
En algunos casos se usa en el Nuevo Testamento para referirse a los apóstoles y maestros (véase 2 Tim. 2:15). Digno parece reforzar la idea de que la persona debía recibir un pago apropiado.
Mateo llama el pago trophé (literalmente “alimento”), que en este contexto podría traducirse como “sostén” o “salario”.
El pasaje paralelo en Lucas 10:7 usa la palabra misthos = “salario, pago”. Es de esta una declaración de Jesús que la iglesia deriva su autoridad para apoyar el ministerio evangélico mediante ofrendas de los miembros de la iglesia.
Las enseñanzas de Jesús sobre las ofrendas ponen el énfasis principal en la motivación para dar. El culto ofrece la oportunidad de dar ofrendas de homenaje y sumisión, a través de las cuales se reconoce el Señorío de Cristo. Nuestro dar es, por consiguiente, una expresión de nuestra entrega plena a Jesús basada en fe y confianza en él, en una decisión del corazón y no en una formalidad. Cuando damos no estamos motivados por un deseo de reconocimiento propio puesto que el egoísmo y la ofrenda aceptable son incompatibles.
Nuestros dones y ofrendas debieran provenir de un corazón lleno de gratitud y amor cuya principal preocupación es la promoción del reino de Dios.
Tales personas están en paz con los demás y proveen para las necesidades de sus familias. Las ofrendas deben usarse en la iglesia para promover su misión.
6. Pablo y las ofrendas
En el Nuevo Testamento, Pablo, más que ningún otro escritor, es el que discute la teología de las ofrendas. Lo hace en tres contextos principales.
El primero es el que tiene que ver con su renuncia personal en aceptar ofrendas.
En el segundo revela su reacción a las ofrendas que le enviaron y que él ni pidió ni esperaba.
Y el tercero tiene que ver con los pasajes relativos a la colecta para los pobres de Jerusalén.
1. La renuncia de Pablo para aceptar ofrendas
Pablo rechazó su derecho al soporte financiero de su ministerio de parte de los miembros de la iglesia. Escribiendo a los Tesalonicenses enfatizó el hecho de que él trabajaba para ganarse el sustento y no aceptaba ofrendas de ellos.
Declaró específicamente: hicimos esta obra día y noche “no porque no tuviésemos derecho” de tal ayuda, “sino para daros un ejemplo que imitar” (2 Tesalonicenses 3:9). Pablo justifica su decisión diciendo que desea establecer un ejemplo para los que no están dispuestos a trabajar para ganar su sostén.
Otra razón que lo llevó a buscar su propio sostén financiero fue para demostrar que no era avaro (que acumula dinero por el placer de poseerlo, y no lo usa), (1 Tesalonicenses 2:6-9; compárese con Hechos 20:33-35).
A veces Pablo sentía que al aceptar dinero podía volverse un obstáculo en la predicación del evangelio, lo que da a entender, probablemente, que no quería dar la impresión de que se estaba aprovechando de la iglesia (véase 2 Corintios 11:9; 12:14-18).
Sin embargo, Pablo sabía que tenía derecho al soporte financiero de la iglesia (2 Tesalonicenses 3:9). En 1 Tesalonicenses 2:6 dice a la iglesia: “Como apóstoles de Cristo podíamos haber sido una carga”.
Defiende este derecho enfáticamente en 1 Corintios 9:1-18. Arguye que como apóstol tiene los mismos derechos que tienen los apóstoles, derechos que los corintios han reconocido en el caso de otros apóstoles.
El emplea varias ilustraciones basadas en el sentido común para justificar su derecho apostólico para el sostén de las iglesias: el servicio militar de sostén propio es prácticamente inimaginable; un granjero tiene libertad de comer de las uvas que plantó; y un pastor tiene el derecho de beneficiarse de la leche de su rebaño (v. 7).
7. Pablo apela también a la autoridad del Antiguo Testamento citando Deuteronomio 25:4 y concluyendo que “si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa que cosechemos de vosotros lo material? Si otros tienen este derecho entre vosotros, ¿no lo tenemos aún más nosotros“? (1 Corintios 9:11-12).
A esto agrega un argumento que toma de los servicios del santuario: Los levitas eran sostenidos por el diezmo, y los sacerdotes por el diezmo del diezmo y ciertas partes de las ofrendas de sacrificios que se llevaban al altar (versículo 13). Pablo usa la ley del Antiguo Testamento acerca del diezmo como modelo de dadivosidad cristiana.
Según Pablo, la regulación del Antiguo Testamento contaba con apoyo de Jesús mismo: “De la misma manera, el Señor ha ordenado que los que predican el evangelio vivan del evangelio”(versículo 14).
La frase “de la misma manera” establece que la regla del Antiguo Testamento es válida no sólo para los judíos sino también para los cristianos.
El Señor mandó a la iglesia aplicar la misma regla para sostener el ministerio de la iglesia. El verbo “mandar” es una traducción de diatásso que significa “ordenar ”, “proclamar un edicto ”.
Designa una declaración oficial y normativa, en este caso del Señor.
El rechazo de Pablo en aceptar ofrendas no era un rechazo de la práctica bíblica que el Señor apoyó y que había llegado a ser una práctica aceptada en la iglesia para el sostén del ministerio evangélico (véase 1 Pedro 5:2).
Pablo estaba simplemente usando su libertad para proclamar el evangelio sin ocasionarle gastos a los corintios a fin de proteger la integridad de su ministerio apostólico.
2. Pablo como recipiente de la ofrendas
No todas las iglesias gentiles aceptaron la decisión de Pablo de trabajar en la proclamación del evangelio sin recibir pago. A pesar de su renuencia, las Iglesias en Macedonia lo apoyaron mientras estaba en Corinto (2 Corintios 11:9). Es en Filipenses 4: 10-19 que Pablo analiza el impacto y significado de la generosidad de los macedonios.
Mientras estaba en prisión Pablo recibió la visita de Epafrodito, un mensajero de las iglesias de Macedonia quien trajera con él una ofrenda de las iglesias para Pablo. En la epístola a los filipenses, Pablo discute el significado de esta ofrenda y establece varias cosas importantes.
Primero, la ofrenda de Macedonia era una expresión de preocupación o interés por Pablo como predicador del evangelio (Filipenses 4:10). El verbo froneo que se traduce ``estar preocupado ́ ́ es difícil de traducir en castellano. Combina las ideas de pensar y simpatizar y designa un vínculo emocional que una el intelecto y la voluntad.
No significa simplemente pensar acerca de alguien sino estar sinceramente interesado y dispuesto a hacer algo por esa persona. Este tipo de preocupación busca la oportunidad para expresarse en forma tangible. La ofrenda de los macedonios no era el resultado de un arranque emocional, sino que se basaba en un análisis racional, en el reconocimiento de una necesidad real de alguien a quien se estaba unido emocional y espiritualmente, y con cuya misión podrían identificarse.
Ellos se preocupaban por Pablo en pensamiento y acción, y la ofrenda era la prueba de esta profunda preocupación.
Esto sugeriría que la ofrenda debía ser la expresión de una preocupación seria y de interés en el bienestar de la iglesia y en el cumplimiento de su misión.
Segundo, mediante esta ofrenda los macedonios participaron de las aflicciones de Pablo (Filipenses 4:14). Las aflicciones son las pruebas que Pablo experimentaba en la predicación del evangelio.
El verbo sunkoinoneo esta relacionado con el sustantivo koininía= "compañerismo, participación", y significa ``Participar, compartir con alguien. La idea básica del verbo y el sustantivo es ``tener algo en común con alguien ́ ́, haciendo posible que ambos tengan comunión y compañerismo.
Los macedonios participaban en las pruebas de Pablo, haciéndolas suyas, y privándose a sí mismos de algo para dar una ofrenda.
Pablo participó del bienestar de ellos al recibir sus ofrendas. De esta forma se unieron en propósito y experiencia. Las ofrendas llegaron a ser un enlace de simpatía y amor entre los creyentes. El ministerio de Pablo llegó a ser el ministerio de ellos también.
Los macedonios se volvieron copartícipes de Pablo en ``su encarcelamiento y sufrimiento, aunque estaban a muchas millas de él. En su genuino y profundo sentido de preocupación que se expresaba en una acción constructiva a favor del apóstol, y por consiguiente, a favor del evangelio, habían tomado sobre sí algo de su carga ́ ́.
Tercero, se acreditó la ofrenda de los macedonios a la cuenta de ellos (Filip 4:17). Es significativo notar que para Pablo, el valor de esta ofrenda no se encontraba en el hecho de que suplía una necesidad que él tenía, sino más bien en el beneficio que contenía para los macedonios mismos. El crédito, provecho, fruto, en la cuenta de ellos estaba creciendo, incrementándose. Pablo está usando terminología comercial para describir la bendición espiritual que recibían quienes daban.
La inversión material produce grandes dividendos espirituales en las vidas de los dadores.
Cuarto, el don que dieron los macedonios a Pablo era un don aceptable al señor (Filipenses 4:18). El verdadero recipiente de esta ofrenda era Dios, no Pablo. Pablo expresa esta idea al referirse a la ofrenda en el lenguaje del sacrificio: es un incienso fragante, un sacrificio aceptable y agradable a Dios.
La ofrenda ha sido removida, por así decirlo, de la esfera de la benevolencia secular a una interpretación de significado espiritual pues ésta no sólo los une a Pablo sino que también sirve para fortalecer la relación de los creyentes con Dios.
Aquí se establece un principio importante: ``lo que se haga por el siervo se hace en realidad para el señor; lo que se da a un hijo de Dios se lo da en realidad a Dios mismo ́ ́ (compárese Mateo 10:40-42).
El sostén del ministerio evangélico y de la misión de la iglesia mediante las ofrendas es siempre una experiencia espiritual.
Quinto, la ofrenda de los macedonios testifica que Dios suple las necesidades del dador (Filipenses 4:19). Las iglesias en Macedonia no eran ricas en posesiones materiales (2 Corintios 8:2); aún así, dieron. Filip 4:19 parece ser tanto una oración como una declaración, una expresión de confianza en el cuidado de Dios por su pueblo.
Aquellos que dan ofrendas no se preocupen demasiado por sus propias necesidades, porque el amor de Dios es suficientemente poderoso para sostenerlos. Al referirse a Dios como el dador, Pablo está indicando que es ahí donde debe localizarse la verdadera motivación para la dadivosidad humana.
Dios provee para las necesidades de los macedonios y luego los usa para suplir las necesidades de Pablo.
Pablo aceptó con renuencia esta ofrenda y procedió a informar a los macedonios que la había recibido: ``He recibido pleno pago y aún más ́ ́ (v. 18).
Usa aquí otro término del mundo de las transacciones de negocios. El verbo apecho= ``he recibido ́ ́ significa `he recibido en pleno ́, y funciona como un recibo. En la época del Nuevo Testamento este verbo se escribía sobre un recibo para indicar que se había pagado en su totalidad la cantidad indicada.
Aquí, en el versículo 18, ``Pablo presente lo que equivale a un recibo por la ofrenda que la iglesia de Filipos le envió ́ ́.
Esto implica que los que dan una ofrenda debieran ser informados de que ésta fue recibida, registrada, y que fue usada con el fin indicado. Surge aquí el elemento de responsabilidad de parte de los que reciben las ofrendas. Ellos deben dar cuentas por el dinero que se les confía.
La ofrenda de los macedonios era una manifestación de un verdadero Interés por Pablo y su ministerio apostólico. Fue este interés por él lo que los unió a Pablo en sus pruebas y en el cumplimiento de su misión y el que también enriqueció sus vidas espirituales porque la ofrenda era principalmente para Dios y no para Pablo. Su dádiva fue precedida por la dádiva de Dios y preocupación por ellos. Pablo guardó registros adecuados de su ofrenda y les envió un recibo.
3. Pablo y la colecta: una ofrenda especial
La teología de Pablo acerca de las ofrendas aflora de manera particular en su discusión e interpretación de la colecta que juntó entre las iglesias gentiles para la iglesia de Jerusalén.64 Esta ofrenda especial fue tan importante que la menciona en varias de sus epístola (Romanos 15:25-28; 1 Corintios 16:1-4; y 2 Corintios 8-9). Para esclarecer su significado y relevancia teológica, examinaremos los conceptos y principios que Pablo vinculó a esta ofrenda.
a. Motivación para dar
Además de la necesidad obvia de la iglesia de Jerusalén, Pablo hace una serie de declaraciones que parecen proveer una motivación teológica para participar en la colecta.
(1). El don de la gracia de Dios
En 2 Corintios 8:1 Pablo le señala a los corintios la gracia que Dios diera a las iglesias de Macedonia y que las llevó a contribuir en la colecta. Esto podría interpretárselo como significado que la gracia de Dios obró en ellos creando una disposición a dar, que la gracia salvífica de Dios llegó a las iglesias como un don mediante la proclamación del evangelio. En este último caso, el hecho de que Dios dio a su Hijo como un acto de gracia para la salvación de los macedonios, motivó la dádiva. Pero ambas ideas concuerdan con el contexto. Los macedonios dieron una ofrenda porque la gracia de Dios se manifestó en Cristo como un don de salvación y esa misma gracia estaba obrando en sus corazones.
(2) El ejemplo de Cristo
En 2 Corintios 8:9 Pablo sintetiza el contenido de un mensaje que desarrolló en Filipenese 2:6-11: ``Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros fueseis enriquecidos con su pobreza ́ ́. La disposición de Cristo de entregar todo por la iglesia fue una revelación sublime de amor que debía motivar a los corintios a dar una ofrenda para los pobres de Jerusalén.
(3) Las bendiciones de Dios
Pablo les recuerda a los corintios que la abundante gracia de Dios puede proveer para ellos lo que necesitan a fin de capacitarlos para dar (2 Corintios 9:8-11). Nótese que la dádiva divina se origina en la gracia de Dios y no es una reacción de Dios ante la ofrenda de los corintios; Dios no está endeudado con ellos.
Sus beneficios son actos de gracia para los corintios que les provee a ellos la oportunidad de compartir lo que ya recibieron gratuitamente del Señor.
La bendición divina, dice Pablo, resulta en autarkeia = ``abundancia ́ ́: Dios proveerá a todas vuestras necesidades (v. 8). Pablo asocia la abundancia con la riqueza económica. Pero esta abundancia es para él un don de Dios y no, como se ha creído en algunas escuelas contemporáneas de filosofía, el resultado de una disciplina personal estricta e independiente de Dios y que se basa en un intento por vivir en armonía con la razón. En Filipenses 4:12-13 él afirma una independencia de circunstancias externas, es decir una auto suficiencia basada en su confianza o dependencia en el poder fortalecedor de Dios.
Pablo entiende también suficiencia propia como ser capacitado por Dios ``para relacionarse en forma más efectiva con otra gente, no para separarse de los demás ́ ́, ayudándoles cuando lo necesiten. Pablo parece considerar la suficiencia financiera como alcanzable, porque la riqueza y la gracia de Dios no se excluyen necesariamente. Según él ``la riqueza debiera vérsela como un don de la beneficencia de Dios más que como el resultado de un logro puramente humano ́ ́.
La ofrenda de los corintios debía estar motivado por la convicción de que es Dios quien les provee lo necesario para que lo compartan con otros.
De esta manera, se alienta a los corintios a vencer el egoísmo.
b. Planificación
La participación en la colecta no era un acto accidental sino bien planeado. Pablo menciona al menos tres elementos importantes en la organización de la ofrenda.
(1) Basada en los ingresos personales
Pablo no requiere una cantidad específica de dinero de cada miembro de iglesia sino que establece un principio bíblico que debía ser usado por todos al decidir cuánto dar:
``conforme a lo que tengáis ́ ́ (2 Corintios 8:11). El criterio a usarse se basa en lo que la persona tiene (ver 12), esto es, de acuerdo a como el Señor lo prosperó (1 Corintios 16:2). Esta decisión es obviamente privada y personal.
(2) Separarla en el hogar
La idea de separar en el hogar la cantidad que debe ofrecerse es sugerida en 1 Corintios 16:2 : ``Cada primer día de la semana cada uno de vosotros debe poner aparte una suma de dinero... ́ ́ La frase ``cada uno de vosotras ́ ́ podría traducírsela ``cada uno de vosotros por sí mismo ́ ́, y sugiere algo hecho en privado en el hogar. Determinar y poner aparte la ofrenda era un asunto de familia. En el Antiguo Testamento, se ponían las ofrendas aparte o se las consagraba en el hogar y más tarde se las llevaba al templo.
Esto es lo que Pablo parece estar sugiriendo.
(3) Darla a instrumentos nombrados
Pablo estaba consciente de cuán importante era para los miembros de iglesia saber y estar seguros de que la colecta sería manejada en forma adecuada. Un error accidental en el manejo de las ofrendas dañaría su reputación como líder espiritual, y daría crédito a las acusaciones que los falsos apóstoles levantaban contra él. Por consiguiente, envió a Corintio a Tito, su delegado apostólico, acompañado por dos hermanos que eran bien respetados en las iglesias, para recoger las ofrendas (2 Corintios 8:17-23; 8:3). Uno de los hermanos fue elegido o nombrado por las iglesias para acompañar a Tito. Representaba a otras iglesias que participaban en la colecta (8:19). La palabra griega cheirotonein = ``elegir ́ ́, significa originalmente ``elegir por una muestra de manos ́ ́, y sugiere cómo fue elegida esa persona. El segundo hermano puede haber sido elegido por Pablo o por las iglesias (véase v. 22). Esta persona había sido probada y demostrada ser confiable.
Fue a estas tres personas confiables y bien calificadas, que se dieron las ofrendas. Ellos representaban al apóstol y a las iglesias, lo que sugería que no se estaba dando la ofrenda a Pablo sino a la iglesia.
La ofrenda global sería llevada a Jerusalén por personas aprobadas por la iglesia, personas a quienes Pablo daría cartas de presentación (1 Corintios 16:3). Todo esto fue hecho para evitar cualquier crítica y ara hacer lo que era correcto no simplemente delante del Señor, sino también ante los ojos del pueblo (2 Corintios 8:20-21).
La logística de la colecta tuvo varios propósitos. Los miembros de la iglesia conocían a quién debían dar la ofrenda. Además, los que la recogían debían estar dispuestos a rendir cuentas por la tarea asignada. Pablo fue cuidadoso en hacer claro que la ofrenda no debía ser usada incorrectamente o dedicada a un fin diferente al asignado. El como líder de iglesia era responsable por la colecta.
c. Actitud hacia el dar
La colecta fue una ofrenda voluntaria, pero Pablo esperaba que fuese dada con el espíritu adecuado. El hizo un esfuerzo especial para clasificar el significado y la importancia de esta ofrenda.
(1) Dar es un privilegio
Aparentemente Pablo no pidió a los macedonios que participasen en la colecta, porque eran pobres. No obstante, para sorpresa de Pablo, ellos rogaron e insistieron en ``el privilegio de compartir en el servicio de los santos ́ ́ (2 Corintios 8:4). El término griego traducido ``privilegio ́ ́ es charis que se traduce usualmente por ``gracia ́ ́, y que aquí significa ``acción de gracia ́ ́, esto es hacer algo que es considerado un privilegio. Para el cristiano es un privilegio poder realizar una acción de gracia hacia otros. Los macedonios habían recibido la gracia de Dios (2 Corintios 8:1), y ahora consideraban un privilegio permitir que la gracias se manifestase mediante ellos ayudando a otros.
(2) Dando voluntariamente
Los macedonios dieron sus ofrendas ``sobre sus fuerzas”(2 Cor 8:3). Pablo no les pidió dar; ellos dieron de su propia iniciativa. El termino griego authaíretos,= traducido ``sobre sus fuerzas ́ ́, significa ``espontáneamente ́ ́. La ofrenda se basaba en una decisión voluntaria del corazón (2 Corintios 9:7).
Dar de corazón significa que no se da la ofrenda renuentemente o bajo compulsión. El término lupe = ``tristeza ́ ́, usado en 2 Corintios 9:7, se lo traduce en el Nuevo Testamento por ``herida, dolor). Aquí se refiere a los que consideran el dar como doloroso para ellos, pero que no se atreven a decir que no. Dan de mala gana. El término anágke = ``por necesidad ́ ́, significa actuar bajo el control o influencia de alguien o algo y no de nuestra propia voluntad.
Niega el elemento de libertad en el sujeto de la acción. La compulsión podría ser el resultado de la presión del grupo o del líder, haciendo sentir a la persona que no tiene otra alternativa excepto la de dar. Pablo contrasta el dar de mala gana o bajo compulsión con la actitud de gozo que debiera caracterizar al dador (2 Corintios 9:7). Es esta disposición interior positiva y no la cantidad dada la que hace la ofrenda aceptable delante de Dios (2 Corintios 8:12)
(3) Dar generosamente
Las bendiciones abundantes de Dios debieran impulsar a los cristianos a dar generosamente (2 Corintios 9:11,13). El término griego aplotes = ``generosidad ́ ́ es significativo pero difícil de rendirlo en castellano. La traducción común es ``simplicidad, sinceridad ́ ́.
Es difícil traducir el término porque contiene una variedad de significados que se expresan en castellano en maneras diferentes. En 2 Corintios 8:2, se usa el término para describir a los macedonios como gente de ``simplicidad, sinceridad, rectitud, franqueza ́ ́, tanto como ``generosidad y liberalidad ́ ́. Juntos estos términos expresan el ideal antiguo de la vida simple. Según esta idea cultural, se esperaba que la gente que vivía una vida simple mostrase generosidad en su vida y en su hospitalidad.
Para Pablo, la vida simple y generosa del cristiano es una imitación de la actitud de su Señor (2 Corintios 8:9). Esta generosidad se expresa a veces al dar más de lo que uno es capaz de dar (2 Corintios 8:3), pero Pablo espera que los corintios den sólo de acuerdo a sus medios. Aún así, debían tratar de sobresalir en su generosidad, abundando en la gracia de dar (2 Corintios 8:7).
(4) Dar y auto darse
Pablo fue impresionado por la participación inesperada de los macedonios en la colecta y lo atribuyó a la disposición desinteresada que los caracterizaba y al hecho de que ``se dieron a sí mismos primeramente al Señor y entonces a nosotros ́ ́ (2 Corintios 8:5). Toda ofrenda es, en cierto sentido, la ofrenda de la persona en una consagración a Dios y al servicio de su iglesia (``a nosotros ́ ́). De allí que una ofrenda es la expresión tangible, la ``encarnación ́ ́, de una disposición del corazón, de nuestra disposición a rendir consagrar nuestras vidas al Señor.
d. Propósito de la colecta
El primer propósito, y el más obvio, de la colecta era el de suplir las necesidades materiales de la iglesia de Jerusalén (Romanos 15:26; 2 Corintios 9:12). Pero éste no era un simple acto de benevolencia social. Pablo se refiere a la colecta como ``un servicio ́ ́ (leitourgia), y aunque el término se usa en la literatura griega para designar un servicio llevado a cabo a expensas de uno mismo, en un sentido no religioso, el contexto de 2 Corintios 9:12 muestra que Pablo lo usó en sentido religioso, significando ``servicio, culto ́ ́. La ofrenda que se daba para suplir las necesidades de la iglesia de Jerusalén era un acto de adoración al Señor.
El segundo propósito de la colecta era el de fortalecer la unidad de la iglesia y dar expresión a esa unidad en forma objetiva. Era ``una expresión tangible de la unidad de los judíos con los gentiles ́ ́80. Los judíos compartieron sus bendiciones espirituales con los gentiles, y ahora los gentiles compartían sus bendiciones materiales con los judíos (Romanos 15:27). Había sólo una iglesia, la universal, que se caracterizaba por un espíritu de verdadero compañerismo en Cristo. Pablo percibió que era necesario para la iglesia mundial expresar su unidad en mensaje y misión, y encontró en esta ofrenda un canal por el cual esta unidad podía lograrse. Las bendiciones materiales y espirituales de las iglesias pertenecían, por así decirlo, a la iglesia de Cristo.
El tercer propósito de la colecta era el de promover igualdad financiera (2 Corintios 8:13-15). Esta es la igualdad que se produce por el ``equilibrio entre la escasez y la abundancia que debe existir entre las iglesias ́ ́. El concepto subyacente es el de asociación o compañerismo, koinonia, sugerido en Hechos 2:44-45. Es importante observar que Pablo basa su argumento en un pasaje del Antiguo Testamento: ``El que juntó mucho, no tuvo de más; y el que poco no tuvo de menos ́ ́ (2 Corintios 8:15; vea Ex 16:18). El llamado a la igualdad se basa en la comprensión de que es Dios quien provee lo necesario. Al compartir sus bendiciones, los creyentes trabajan con Dios en la creación de la igualdad financiera de la iglesia. Los que tenían mucho debían compartir con aquellos que tenían menos ``para que haya igualdad ́ ́ (2 Corintios 8:14). La distribución equitativa de la riqueza puede ser imposible en el mundo, pero debe ser una realidad dentro de la iglesia.
El cuarto propósito de la colecta era el de expresar el amor cristiano. La participación en la colecta era una prueba de la sinceridad del amor de los corintios (2 Corintios 8:8; compárese con el v 24). Esto está estrechamente relacionado con la unidad de la iglesia debido a que el amor une a la iglesia con Cristo. La ofrenda le da la oportunidad al amor de ir más allá de la esfera de un concepto o idea, a la arena de la conducta cristiana como principio activo. Los corintios habían prometido participar en la colecta, pero no habían cumplido con su promesa. Ahora Pablo los desafía a demostrar su amor en acción (2 Corintios 9:1-5).
El quinto propósito de la colecta era el de alabar a Dios. Pablo dijo que la ofrenda estaba ``abundando en muchas expresiones de gracias a Dios ́ ́ (2 Corintios 9:12). Siendo que bendeciría a los creyentes en Jerusalén, la ofrenda era motivo de alabanza a Dios (v. 13). El propósito primordial de toda ofrenda debiera ser glorificar a Dios porque por medio de nuestras ofrendas confesamos que Dios es quien proveyó los medios y creó la disposición a dar en el corazón humano. La generosidad redundará en actos de agradecimiento a Dios (v. 11).
Pablo motivó a los corintios a dar ofrendas al recordarles la gracia de Dios, la que recibieron gratuitamente, señalándoles el sacrificio de Cristo, y asegurándoles el constante amor de Dios que se manifiesta en las bendiciones que recibían cada día. Para Pablo, dar era un privilegio porque la gracia de Dios estaba usando a los que daba. Esto quiere decir que una ofrenda debe ser dada de corazón y construirse en una experiencia gozosa.
Debe ser generosa y de una manera muy especial, debe ser un acto de auto entrega. Una ofrenda según Pablo, era un medio de suplir las necesidades se la iglesia pero también contribuía a la unidad de la iglesia y a la igualdad financiera. Mediante la colecta, se expresaba el amor cristiano y se alababa a Dios. La ofrenda debía basarse en la situación financiera de la familia, separase en casa, para luego darse en el momento señalado a los instrumentos designados por la iglesia. Se esperaba un manejo adecuado de los fondos d aquellos que dirigían la colecta.
C. Ofrendas en Hechos de los Apóstoles
El libro de lo Hechos menciona algunos problemas financieros que debió confrontar la iglesia apostólica a medida que se desarrollaba y crecía hasta ser un movimiento mundial. Aunque el libro de los Hechos no dice mucho acerca de las ofrendas- sería útil para nuestro propósito, examinar los pasajes pertinentes. Esos pasajes muestran un interés partículas en las ofrendas a favor de los pobres en la iglesia.
1. Ofrendas para los pobres
Según Hechos 2:44 los miembros de la iglesia apostólica tenían ``todas las cosas en común ́ ́, esto es, sus posesiones estaban al servicio de la iglesia y de su misión. Esto no debe entenderse como que debían vender todo lo que tenían y darlo a la iglesia. Lo que se dice es que a medida que surgían necesidades ellos vendían algunas de sus propiedades para proveer para las necesidades de los demás
(Hechos 4:34-35).
Por consiguiente, esta práctica no era un rechazo al derecho a propiedad privada sino más bien su reconocimiento balanceado por la disposición a servir a otros.85 Esto era necesario porque en esa época un número de nuevos conversos eran pobres.
Esta práctica era probablemente una continuación de la vida comunitaria fraternal de Jesús y sus discípulos (compárese Lucas 8:3; Juan 12:4-6; 13:6-9)
Hay dos ejemplos específicos que ilustran la práctica que seguía la iglesia. Bernabé tenía una propiedad y decidió venderla y traer el dinero a la iglesia para proveer para las necesidades de los pobres (Hechos 4:36-37). Vendió la propiedad y trajo el dinero a los discípulos.
El segundo ejemplo es el de Ananías y Safira (5:1-11). Hicieron una promesa similar, pero después de vender la propiedad decidieron retener secretamente una parte del dinero. No obstante, querían dar la impresión de que estaban trayendo a los apóstoles la cantidad completa.
La experiencia de Ananías y Safira revela varios aspectos Importantes acerca de este tipo de ofrenda.
En primer lugar, la donación no era simple acto de benevolencia social, sino una ofrenda que se traía al Señor. Quien finalmente recibía la ofrenda era el Espíritu Santo. Esto explica la razón por la razón por la que Pedro les dijo: “Habéis mentido al Espíritu Santo” (Hechos 5:3).
En segundo lugar, la ofrenda era voluntaria; de ninguna manera se forzaba a alguien a vender una propiedad. Aparentemente después de vender la propiedad, Ananías y Safira podrían haberse quedado con el dinero, si hubiesen sido honestos con los apóstoles. (Hechos 5:4).
En tercer lugar, una vez más somos testigos del hecho de que la motivación es de valor primario en la ofrenda. En el caso de Ananías y Safira, la determinación que habían hecho con respecto a su propiedad, estaba motivada “por el deseo de ganar la reputación de ser generosos, y no por una preocupación genuina por los necesitados que había entre ellos”. Su egoísmo, que se manifestaba en una preocupación ingobernable por mantener su seguridad financiera, los condujo a violar un compromiso hecho con el Señor. Esta pareja rechazó el Espíritu Santo, quien guía a los creyentes y a la iglesia, y a su vez el Espíritu los rechazó a ellos también. Finalmente, este incidente muestra que es correcto e importante hacer promesas al Señor, pero es igualmente importante cumplir tales promesas.
El procedimiento seguido en la colecta y distribución o uso de la ofrenda era simple. Los creyentes decidían por sí mismos vender una parte de la propiedad y prometía y prometían dar todo el dinero, o tal vez una parte del mismo a la iglesia. Se daba el dinero a los apóstoles, quienes se hacían responsables por administrarlo (Hechos 4:37). Este puede haber sido el sistema que la iglesia estableció y que los creyentes siguieron.
A medida que la iglesia crecía, era más evidente que los apóstoles no podían manejar las finanzas de la iglesia y al mismo tiempo proclamar el evangelio a tiempo completo. Pronto descubrieron que era imposible hacer bien ambas cosas. El problema se agudizó cuando un grupo se quejó de que algunas viudas estaban siendo descuidadas en la distribución del pan (Hechos 6:1-6). Esto los llevó a una revisión de los procesos administrativos, de tal forma que los apóstoles se reunieron con los discípulos de la iglesia (miembros de hombres que se encargasen de la distribución del pan. En el proceso de selección buscaron personas que estuviesen ”llenas del Espíritu y de sabiduría” (Hechos 6:3). En otras palabras, se requirieron dos calificaciones importantes. En primer lugar, eran líderes espirituales consagrados al Señor y poseídos por el Espíritu; y en segundo lugar, se esperaba de ellos que tuviese algún conocimiento sobre asuntos administrativos, particularmente en el manejo de los fondos.
La combinación de estos dos elementos muestra que la administración de las finanzas de la iglesia no tiene que ver con una teneduría de libros de índole secular, sino que es un asunto profundo y esencialmente espiritual.
En el fundamento de la ofrenda que estamos considerando se encuentran algunos conceptos teológicos importantes. Siendo que se han discutido la mayoría de esos conceptos en el contexto de otras ofrendas, las mencionaremos aquí sólo en forma breve. La ofrenda reflejaba una abundancia de la gracia de Dios en los corazones de los creyentes “disfrutaban de abundante gracia” (Hechos 4:32). El evangelio modificó radicalmente su concepto de la mayordomía. Ellos sabían quién era el verdadero Propietario, finalmente, así como ocurrió con la colecta paulina, la ofrenda era un testimonio de la unidad de la iglesia; todos eran “de un mismo corazón y mente” (Hechos 4:32). Tenían un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios (compárese Efesios 4:4-5) --eran uno en Cristo, lo que se demostraba “en su prontitud para satisfacer las necesidades de los demás”.
Se expresa la unidad espiritual en manifestaciones tangibles de amor, y en este caso en particular la ofrenda cumplía con ese papel.
2. Ofrendas especiales
Hechos 11:27-30 refiere una ofrenda especial que envió la iglesia de Antioquía a Jerusalén. Esta era otra ofrenda voluntaria. El profeta Agabo predijo la venida de una hambruna severa en el imperio romano, y esto impulsó a la iglesia “a proveer ayuda para los hermanos que vivían en Judea” (Hechos 11:29). Este era un fondo especial que debía usarse en la emergencia inminente Cada uno dio lo que podía dar, y se entregó la ofrenda a Bernabé y a Pablo para que la llevasen a la iglesia de Jerusalén. La ofrenda “estuvo motivada por el amor de Cristo, expresaba la solidaridad del compañerismo cristiano, y mostraba que Dios había recibido a los gentiles en la iglesia. La congregación en Antioquía no se consideró a sí misma como una entidad aislada de la iglesia madre en Jerusalén. Se consideró natural enviar ayuda a otra parte del cuerpo que estaba teniendo dificultades”.
Esta ofrenda parece haberle provisto a Pablo un antecedente y modelo teológico para su colecta
posterior a favor de la iglesia de Jerusalén.
El libro de los Hechos nos dice que los miembros de la iglesia ponían sus posesiones al servicio de la iglesia. Esto se basaba en el entendimiento de que Dios el real dueño de lo que tenían. Su disposición a dar era el resultado de la obra de la gracia de Dios en sus corazones. Aquellos cuyas ofrendas estaban motivadas por el egoísmo, eran rechazados. Se daba la ofrenda a Dios, aunque era recibida por los instrumentos humanos, los apóstoles. Se ponía la administración de los fondos en las manos de personas capaces que conocían cómo manejar el dinero, y eran gigantes espirituales en la iglesia.
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