Las lecciones aprendidas jamás serán olvidadas

I. PENSAMIENTO

"Y es que nadie vive para sí, ni nadie muere para sí". Romanos 14:7.
“No existe persona que no ejerza influencia”. J. A. Motyer.

Todos los seres humanos influenciamos y somos influenciados de alguna manera. Nadie tiene condiciones de vivir en este mundo sin dar o recibir influencia. Las influencias dadas o recibidas pueden ser positivas o negativas, y con toda seguridad afectarán la vida presente o futura de la persona influenciada. 

La Biblia nos habla de un hombre que en un determinado período de su vida tomó una decisión importantísima gracias a una influencia recibida. Veamos la historia de este hombre. 
“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:24-26). 

II. EN ESTOS VERSÍCULOS ENCONTRAMOS TRES PALABRAS CLAVES:

1. Rehusó: La frase traducida “hecho ya grande” significa literalmente “siendo grande”. 
Quiere decir que Moisés cuando fue grande, tomó una decisión. Moisés había llegado a su primera y principal encrucijada cuando se hizo grande. Fue forzado a hacer una elección. Tuvo que decidir si permitía que los egipcios continuaran llamándolo Faraón elegido. Una decisión entre lo que se ve y lo que no se ve. Pero la elección la hizo con firmeza. 
Las Escrituras dicen que él “rehusó” ser llamado hijo de la hija de Faraón. 

2. Escogiendo: La palabra traducida “escogiendo” viene de un término hebreo que significa “tomar una posición”. 
En otras palabras, Moisés llegó a esa encrucijada y tuvo que elegir una posición antes que pudiera ir a la derecha o a la izquierda. Moisés no dudó entre dos opiniones. Él reflexionó sobre su posición, llegó a una conclusión e hizo su elección. ¿Qué escogió? 
“Escogiendo antes ser maltratado junto con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:25).

3. Tenía puesta la mirada: 
Es lo mismo que considerar. La palabra considerar nos ayuda a entender el razonamiento de Moisés. El término significa, “pensar con anticipación”. Moisés vio lo que estaba adelante, miró más allá de la encrucijada en el camino y permitió que su imaginación avanzara. Llegó a la encrucijada y comprendió: si continuaban llamándolo hijo de la hija de Faraón, si continuaban llamándolo Faraón elegido y si continuaba acumulando esa fortuna y ganaba esos premios y la aclamación de ese pueblo, llegaría a un punto en que no le sería posible retroceder sin perjudicar a la nación o a su propia vida. 
El texto original sugiere que Moisés se desvió de todo y dio toda la atención a una sola cosa: la recompensa que Dios ofrece a los que tienen fe. 
¿Qué le sucedió a Moisés para que él “rehusara” ser llamado hijo de la hija de Faraón, y “eligiera” ser maltratado con el pueblo de Dios y “considerara” la recompensa?

III. DE LAS AGUAS DEL NILO AL TRONO DE FARAÓN

Moisés nació en un período muy difícil para la nación de Israel. José y sus hazañas ya habían sido olvidadas. Las tribus de Israel crecieron de manera asombrosa, un nuevo Faraón estaba en el poder, y temiendo que el pueblo de Israel fuera a unirse a sus enemigos, ordenó que mataran a todos los niños del sexo masculino que nacieran.
La madre de Moisés, Jocabed, viendo que su hijo era “hermoso”, lo escondió por tres meses, y no pudiendo esconderlo más, preparó una cesta, la cubrió con betún y colocó al pequeño Moisés dentro de ella, y la puso a la orilla del río Nilo. 

El río Nilo es considerado un río sagrado. Bañarse en las aguas del Nilo es bañarse para tener fertilidad. La hija de Faraón estaba allí bañándose cuando oyó el llanto del niño. Pronto vio la cesta, e inmediatamente notó que se trataba de un niño hebreo y que una madre lo había colocado allí para que pudiera sobrevivir al decreto del Faraón, su padre. 
Inmediatamente ordenó que una de sus siervas tomara al niño y sería para ella. 
Los egipcios consideraban al Nilo uno de sus dioses. Es muy probable que la princesa creyera que su dios Nilo le había dado el niño. 
Durante las excavaciones arqueológicas hechas en años recientes, investigadores descubrieron un rito religioso antiguo asociado al dios del Nilo. 
Incluía una declaración de fe que muchos egipcios deben haber repetido, a saber: 
“No afligir a hombre alguno. 
No hacer llorar a ningún hombre. 
No rehusar leche a los niños de pecho”. 
Es bastante probable que la hija de Faraón haya tomado al pequeño Moisés para criarlo debido a este juramento de fe que hacían los egipcios. 
María, la hermana del pequeño Moisés, que estaba cerca observando todo lo que sucedía, se acercó a la princesa, y le dijo: “¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: ‘Ve’. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño” (Éxodo 2:7, 8). 
Piense ahora un poco en Jocabed cuando recibió la noticia de que ella podría cuidar de su hijo. Pienso que su deseo era salir corriendo y dar saltos de alegría, pero tenía que representar bien su papel, una esclava respetuosa y desinteresada. Era necesario mantener la calma. No podía permitir que sus ojos brillaran de amor y ternura por el niño que lloraba. Nada de manos temblorosas ni de respiración entrecortada ni de voz embargada o lágrimas en los ojos. La vida de su pequeño hijo estaba en peligro. 
Vea lo que sucedió luego: “a la cual dijo la hija de Faraón “Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crio” (vers.9).

IV. DIOS BENDICE LAS MADRES DESOBEDIENTES

Cuando la princesa le dijo a Jocabed “críamelo”, significaba criarlo según su costumbre, criarlo según sus principios, criarlo para que fuera igual a ella. 
Sin embargo, podemos notar que la madre del pequeño Moisés hizo exactamente lo contrario. Ella aprovechó todo el tiempo que disponía para imprimir en la mente de su hijo en formación, todo lo que era esencial para él, para que al llegar a adulto no se olvidara del Dios de Israel. 
Durante casi doce años el niño quedó con ella. El versículo siguiente comienza con una insinuación interesante, fortaleciendo la idea de casi doce años al lado de su madre: “Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó” (vers. 10). 
Ese registro sugiere que ella mantuvo al niño en su compañía aun después de destetado, quedándose con él mientras crecía. 
En el libro de Hechos 7:21, 22 nos dice: “Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y lo crio como a hijo suyo. Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras”. 

“La madre retuvo a Moisés tanto tiempo como pudo, pero se vio obligada a entregarlo cuando tenía como doce años de edad. De su humilde cabaña fue llevado al palacio real, y la hija de Faraón lo prohijó. Pero en Moisés no se borraron las impresiones que había recibido en su niñez. No podía olvidar las lecciones que aprendió junto a su madre” (PP, 249). 

V. LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES DE HOY

Como padres tenemos una gran responsabilidad delante de Dios, que es preparar a nuestros hijos para el Señor. No es fácil, en el mundo en el que vivimos, orientar, educar e inculcar en la mente de nuestros hijos principios que deberán orientar su vida tanto aquí en la tierra, y por encima de todo, prepararlos para el mundo venidero. Este es nuestro gran desafío. 
Pienso que el gran éxito obtenido por Jocabed al criar a su hijo fue el hecho de que ella no solamente enseñaba, sino que también vivía lo que enseñaba. 
Nosotros, padres, necesitamos enseñar los principios de vida a nuestros hijos tanto por la palabra como por el ejemplo.
- Si los padres leen la Biblia, los hijos la leerán.
- Si los padres hacen el culto familiar, los hijos también lo harán.
- Si los padres guardan el sábado de puesta de sol a puesta de sol, los hijos lo guardarán.
-Si los padres siguen los principios de vida cristiana, como los principios de salud, los hijos también serán fieles.
- Si los padres creen en las verdades bíblicas, los hijos también creerán. 
- Si los padres entregan ofrendas, los hijos también podrán hacerlo si se les da algún valor para ofrendar al Señor. 


Pero existe un principio que nuestros hijos deben aprender, que en el momento creen que no podrán cumplir. Es el de diezmar. 
¿Cómo podrán diezmar si no tienen ganancias? 
Como padres ¿debemos esperar que ellos crezcan y tengan entradas para entonces enseñarles a diezmar? Pienso que no.
Nuestros hijos podrán aprender a diezmar si nosotros padres entendemos la importancia de darles un dinero mensual. ¿Pero qué es eso? 
Es el valor en dinero que un padre o madre decide dar a su hijo o hija para que ellos aprendan a valorar y administrar el dinero como Dios quiere.

A. ¿Cuándo comenzar con las mensualidades?
El plan puede iniciarse en cualquier momento después de los 6 o 7 años. 
Pero existen casos especiales donde los hijos de una edad menor, que viven de alguna forma bajo la enseñanza de los padres, están listos para participar en el momento en que se recogen los diezmos y las ofrendas. 
B. La mensualidad no debe considerarse recompensa o castigo
- La mensualidad no debe usarse como recompensa o castigo. 
- La práctica más común es utilizar la mensualidad como un incentivo para conseguir que obtengan buenas notas, o estimular al hijo a tener un comportamiento mejor o también para que realice las tareas.
- Cuando se concede una mensualidad como recompensa o castigo, se pierde el valor educativo. Evite educar a los hijos a través de regalos e indulgencias. No estipule recompensa para cada cosa…

“No se les debe sostener ni suministrarles dinero como si hubiese una provisión inagotable de la cual pueden sacar para satisfacer cualquier necesidad imaginaria” (HC, 351). 
C. Indicaciones para el sistema de mensualidades
1. El sistema adoptado de mensualidades debe aplicarse al niño desde su infancia. 
2. Debe ser razonable y a medida que el niño crece ir aumentando la proporción.
3. Los padres deben ponerse de acuerdo con anticipación y enseñarles a los hijos lo que deben separar primero: los diezmos y las ofrendas, después los otros gastos que la mensualidad deberá cubrir. 
4. A los hijos menores debe pagarse semanalmente.
5. Una vez establecida la mensualidad, no se debe dar más dinero si el niño gasta todo lo que recibió antes del plazo determinado.
6. Se debe permitir que el niño tome sus propias decisiones en cuanto a los gastos. Más tarde, los padres podrán evaluar con el niño las decisiones que fue tomando. 
7. No se debe dar remuneración al niño por realizar tareas que fueron designadas. 
8. El padre puede remunerar al hijo solo cuando le asigne algún trabajo extra.
9. Se podrá estimular al hijo mayor a realizar trabajos extras para aumentar sus entradas. 
10. Anualmente se debe hacer un estudio de los valores de las mensualidades.

D. La educación de los hijos en el hogar (6-10 años) en la fidelidad

Para comenzar esta parte educativa, se presentan cuatro pasos:

1. El padre, la madre o tutor decide dar una cantidad de dinero semanal o mensualmente a los hijos como mensualidad o asignación.
2. El padre o la madre, con el dinero en manos enseña como separar los diezmos y ofrendas y posteriormente el niño deberá hacerlo solo.
3. Los padres deben preparar dos cofres: uno para el diezmo y otro para las ofrendas, y antes de que los niños depositen sus diezmos y sus ofrendas, explicarles que el diezmo es una devolución a Dios, que ese dinero será usado para mantener a los predicadores de la Palabra de Dios. Y las ofrendas son una expresión de gratitud a Dios, y se usan en los gastos de la Iglesia. 
4. Finalmente, el padre invita al niño a orar de rodillas a Dios para pedirle que acepte sus diezmos y ofrendas.

VI. CONCLUSIÓN

Moisés fue un hombre generoso, dedicado, firme y de carácter porque nunca se olvidó de las lecciones aprendidas con su madre cuando todavía era pequeño.
“Las impresiones que en ese tiempo se hacen sobre sus mentes que están en proceso de desarrollo, permanecerán a través de toda su vida. Los padres debieran dirigir la instrucción y la educación de sus hijos mientras son niños, con el propósito de que sean piadosos. Son puestos bajo nuestro cuidado para que los eduquemos, no como herederos del trono de un imperio terrenal, sino como reyes para Dios, que han de reinar al través de las edades sempiternas” (PP, 249).

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