La porción de Dios en primer lugar

Texto Bíblico: 1 Reyes 17:8-14
“Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: ‘Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente’. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: ‘Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba’. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: ‘Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano’. Y ella respondió: ‘Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir’. Elías le dijo: ‘No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo’. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: ‘La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra’”.

Contexto

Acab era rey en Israel y su esposa era Jezabel, hija del rey de Sidón. El monarca se había revelado contra Dios y ahora servía y adoraba a Baal. Incluso le había erigido un altar a Baal en Samaria. Al elegir a Baal como su Dios, Acab alejó a Israel del culto a Yahweh, el único Dios vivo y verdadero de los Israelitas. Lo peor, sin embargo, era que el pueblo seguía al rey y ahora exclamaban “que los tesoros del cielo, el rocío y la lluvia, no provenían de Jehová, sino de las fuerzas que regían la naturaleza, y que la tierra era enriquecida y hecha abundantemente fructífera mediante la energía creadora del sol” (Profetas y reyes, p. 88). Entonces, en vez de reconocer a Dios como Creador de todas las cosas y fuente de bendiciones, los Israelitas estaban en otra sintonía. Este era el clima espiritual en el Israel en el que se encontraba Elías, y también fue la razón por la cual Dios lo llamó de su tranquilo retiro en las montañas de Gilead para que hablara directamente al pueblo y enfrentara su apostasía.

La respuesta de Dios al pecado de apostasía de Israel es un juicio. “Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra” (1 Reyes 17:1). 

Según Elena de White, “Las palabras del profeta entraron en vigencia inmediatamente; [...] después de algunos meses la tierra, al no ser refrigerada por el rocío ni la lluvia, se resecó y la vegetación se marchitó. Con el transcurso del tiempo, empezó a reducirse el cauce de corrientes que nunca se habían agotado, y los arroyos comenzaron a secarse” (Profetas y reyes, p. 90). “Pasó un año, y aún no había  llovido. La tierra parecía quemada como por fuego. El calor abrasador del sol destruyó la poca vegetación que había sobrevivido. Los arroyos se secaron, y los rebaños vagaban angustiados, mugiendo y balando. Campos que antes fueran florecientes quedaron como las ardientes arenas del desierto y ofrecían un aspecto desolador. Los bosquecillos dedicados al culto de los ídolos ya no tenían hojas; los árboles de los bosques, como lúgubres esqueletos de la naturaleza, ya no proporcionaban sombra” (Profetas y reyes, p. 91).

1. Dios sustentó a Elías

En ese período de apostasía, los ojos de Dios buscaron en la tierra de Israel y encontraron a Elías, un hombre común, de fe, oración y convicción. “Alejado de toda ciudad de renombre y sin ocupar un puesto elevado en la vida, Elías el tisbita inició sin embargo su misión confiando en el propósito que Dios tenía de preparar el camino delante de él y darle abundante éxito. La palabra de fe y de poder estaba en sus labios, y consagraba toda su vida a la obra de reforma. La suya era la voz de quien clama en el desierto para reprender el pecado y rechazar la marea del mal. Y aunque se presentó al pueblo para reprender el pecado, su mensaje ofrecía el bálsamo de Galaad a las almas enfermas de pecado que deseaban ser sanadas” (Profetas y reyes, p. 87). Si bien Dios odia el pecado, el objetivo de su disciplina siempre es restaurar al pueblo y reconciliarse con él.

En la obra redentora de Dios de amonestar a su pueblo a través del ministerio de Elías, hay varios procesos ministeriales que sería importante destacar, sobre la manera en la que Dios guiaba la vida del profeta.

En primer lugar, Dios llamó a Elías para desempeñar una tarea específica. Elías debía decirle a Acab, en términos claros, que a Dios no le agradaba que él y el pueblo siguieran a Baal. Elías era el mensajero y la voz de Dios (1 Reyes 17:1,2). 
En segundo lugar, después de que Elías comunicó el mensaje de Dios a Acab, fue él mismo quien le dijo al profeta que se escapara por su seguridad. El momento de su partida y el lugar adónde debía ir fueron dirigidos por Dios (1 Reyes 17:2-3,8-9). 
En tercer lugar, como Gobernador del Universo, Dios provee para suplir las necesidades de aquellos a quienes llama. Por esta razón, mientras Elías se escondía de Acab y Jezabel, Dios le daba a su profeta el pan de cada día, entregado por cuervos. La mayordomía cristiana es reconocer que Dios está al control; y que cuando nos llama para una misión y ministerio, también define el plan y los medios para nuestra provisión y protección.

2. Dios dio provisiones a la viuda de Sarepta 

El Dios de Elías no tiene favoritos; de hecho, él es el Dios de todas las gentes (hombres, mujeres, profetas, extranjeros, e incluso de los niños). Y en este reporte de su trato con Israel, Dios eligió a una mujer, no israelita y viuda, para suplir las necesidades físicas de Elías. En muchas culturas, se ve a las viudas como personas sin estatus. Ellas están allí, pero casi pasan desapercibidas. Su valor para la sociedad está muy relacionado al estatus de su cónyuge y su rol como esposo. Y, si bien en su gracia y misericordia, Dios miraba con agrado a esta viuda en particular, él la convirtió en agente de su amor y cuidado para con su siervo Elías. A pesar de que la Biblia no menciona su nombre, sabemos que ella fue importante para Dios porque la incluyó en su historia de mayordomía cristiana por su hospitalidad.

¿Dios hace provisión para los huérfanos, los pobres y las viudas? Claro que sí. Y llega a ellos en el momento justo. 
Cuando Elías se encontró con la viuda afuera de las puertas de la ciudad, ella estaba pensando que moriría debido a la escasez de comida, una consecuencia directa de la sequía (1 Reyes 17:12). Sin embargo, el hecho de que ella haya estado juntando leña para preparar la comida sugiere que esta viuda era una persona productiva. No se había resignado solo porque no tenía recursos. Ella tenía una ética del trabajo y creía en Dios; y ese Dios llegó hasta ella en la persona de Elías, quien ahora se convertiría en su libertador. Algo importante es que la viuda estuvo dispuesta a compartir sus escasas provisiones y Dios premió su fe. “Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías” (1 Reyes 17:15-16).

3. Dios salvó al hijo de la viuda

En esta historia de fe y oración, Elías representa a Dios; él lo llamó y, como profeta, Elías actuó en nombre de Dios. Esta conciencia de lo “sagrado”, la presencia de Dios y su potestad, nos da el contexto para entender el pedido de Elías cuando le dijo a la viuda “pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta” (1 Reyes 17:13). Como Creador, Dios es el dueño de todo, y tiene el derecho de reclamar la primera porción de todo. Y porque él es Señor, su parte se le debe dar siempre en primer lugar, antes de cubrir nuestras propias necesidades. Este es uno de los principios fundamentales de la mayordomía cristiana.

Luego de proveer comida para la viuda, su hijo y para él mismo, Elías, por circunstancias que estaban fuera de su control, recibió otra tarea y desafío ministeriales. Esta vez, el hijo de la viuda se enfermó y empeoró hasta que dejó de respirar. Como cualquier otra madre, la viuda en aflicción, llamó al “hombre de Dios” para que la ayudara. Elías sabía que el Dios que lo había llamado para una misión especial con Israel tiene el poder para restaurar la salud total del niño. Él le dijo: ‘Dame acá tu hijo’. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama” (1 Reyes 17:19-20) y clamó a Dios. “Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió” (1 Reyes 17:22). 
El Dios que había provisto a Elías de refugio y protección en el arroyo de Querit, fue el mismo Dios que multiplicó la harina y el aceite de la viuda. Fue el mismo Dios que, en respuesta a la oración del profeta, sanó y restauró al hijo de la viuda. Dios puede hacer lo imposible, y puede hacerlo por ti. 

Resumen y Conclusión

1. El Dios que llama a hombres y mujeres al ministerio proveerá la dirección y los medios para sustentarlos en su servicio. ¿Cuántos queremos aceptar la guía y dirección de Dios aceptándolo como el Señor de nuestras vidas?

2. Dios es misericordioso y benevolente, pero también puede emitir sus juicios para traer a su pueblo de regreso a él. Si tu situación está difícil, aún en medio de la crisis ¿Estás dispuesto a abandonar el pecado y volver a Dios de todo corazón?

3. Como Señor del Universo y la naturaleza, Dios puede actuar de maneras extraordinarias para beneficiar a su pueblo fiel. Él envió cuervos con pan para Elías. ¿Cuántos queremos confiar el sustento de nuestras vidas al Padre Celestial?

4. Las dádivas y ofrendas de Dios deben separarse en primer lugar y antes de cubrir nuestras necesidades y las de los demás. ¿A partir de hoy, cada vez que recibamos las bendiciones del Señor, cuántos queremos apartar la parte que pertenece al Señor en Primer lugar?

5. La hospitalidad es una manifestación de la gracia de Dios en nosotros y una expresión de nuestra mayordomía cristiana. Dios nos muestra que la viuda y el huérfano deben formar parte de nuestra mesa. La hospitalidad es la característica de un fiel mayordomo ¿Cuántos queremos que nuestro servicio a Dios lleve la marca de la hospitalidad y el servicio?

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