La piedra de la salvación De Dios

1 Samuel 17:33-37

“Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo”.

Contexto

El período de los Jueces era un tiempo de conflictos constantes entre los israelitas y los Filisteos, un pueblo que puede haber migrado de la costa norte del Mar Mediterráneo, probablemente al mismo tiempo en el que Israel empezó su viaje desde Egipto hacia Canaán. Se han encontrado inscripciones egipcias que se refieren a los Filisteos como “el pueblo del mar” o “los piratas errantes”. Y una vez que encontraron tierra fértil al sur de Joppa, se asentaron allí. Los Filisteos se establecieron en la costa pero gradualmente se abrieron camino tierra adentro y adoptaron el lenguaje y la religión de los pueblos que conquistaban. Estaban bien organizados políticamente, y eran una amenaza y una espina para los israelitas.

Durante el reinado de Saúl sobre Israel, los Filisteos eran superiores en poder militar, y eran los gobernantes reconocidos entre sus vecinos de las colinas; De hecho, el rey Saúl no había logrado vencerlos totalmente. Cuando David fue ungido rey y tuvo control total sobre Israel, después de dos batallas duras, los Filisteos finalmente reconocieron el gobierno de sus anteriores súbditos. Las victorias de David sobre ellos quebraron efectivamente su poder y los Filisteos nunca volvieron a recuperarse completamente después de eso. Este era el contexto geográfico e histórico de la historia del niño pastor, David, que desafió y mató al guerrero filisteo gigante, Goliat.

1. Goliat, el campeón filisteo

La Biblia muestra un escenario para la batalla entre Goliat y David y nos da un vistazo del enemigo que David debía derrotar. “Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo. Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce. Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de bronce entre sus hombros. El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él” (1 Samuel 17:4-7). Los detalles que se dan de este hombre y su armadura en estos pocos versículos quieren mostrar que Goliat era un hombre poco común que, hablando humanamente, nadie podría derrotar. Tenía un tamaño sobresaliente y su armadura era, a los ojos de sus soldados e incluyendo a los de las fuerzas opuestas (los israelitas) “impenetrable”. ¿Quién podría derrotarlo?

Antes de que David llegara al campo de batalla, Goliat había estado intimidando al ejército de Saúl todo el día. “Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis. Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo” (1 Samuel 17:8-10). Este desafío no obtuvo respuesta por cuarenta días, y eso afectó terriblemente la moral de los israelitas. “se turbaron y tuvieron gran miedo” (1 Samuel 17:11). Es importante destacar, sin embargo, que habían sido los israelitas, bajo el liderazgo del rey Saúl, quienes habían incitado a los Filisteos a pelear esta batalla; pero ahora eran ellos quienes estaban asustados y desanimados debido al abuso verbal y la violencia de Goliat (PP, 698).

2. David, el muchacho pastor

La Biblia presenta a David en el capítulo 17 como “el menor” de ocho hermanos y también menciona que era “pastor” (1 Samuel 17:12-15). Esta identificación de David como “pastor” es importante por dos razones. En primer lugar, el pastoreo como vocación no era visto de buena manera por la alta sociedad en ese entonces, y menos cuando se lo comparaba con un soldado en el campo de batalla. En segundo lugar, y más importante, es el hecho de que esta etiqueta nos lleva al aula donde Dios estaba preparando a David para su batalla, y para guiar, más tarde, a su pueblo como Rey. “Dios estaba enseñando a David lecciones de confianza. Como Moisés fue educado para su obra, así también el Señor preparaba al hijo de Isaí para hacerlo guía de su pueblo escogido” (PP, 697). Fue en los campos donde David aprendió a lanzar piedras con su honda con exacta precisión. Fue en las montañas donde practicó supervivencia y habilidades de defensa al proteger a su rebaño de leones y osos. La capacitación y el aprendizaje personales no eran accidentales sino providenciales. Dios lo estaba preparando para esa batalla histórica.

La manera en la que David llegó al frente de batalla en el momento correcto fue una orden de Dios. Superficialmente, parecería que él había ido a llevarles comida y pertenencias personales a sus tres hermanos en el ejército de Saúl; pero en el escenario más amplio del gobierno de Dios, él había llamado a David a la batalla. Dios sabía que ese era el momento para que David demostrara su liderazgo y sus habilidades de lucha como el futuro Comandante en Jefe de su pueblo. “Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo” (1 Samuel 17:32). “JEHOVÁ, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (1 Samuel 17:37).

3. La piedrita de Dios que mató al gigante

Los planes y caminos de Dios son tan diferentes a nuestras estrategias y metodologías humanas que a veces no vemos lo obvio. Consideremos las armas de David: el cayado del pastor, una honda y cinco piedras del arroyo (1 Samuel 17:40). En realidad, estas eran herramientas simples de su oficio de pastor, nada impresionante, solo artículos comunes en las manos de un muchacho capacitado por Dios. La reacción del “gigante” Goliat era entendible. “¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos?” (1 Samuel 17:43). Pero la confianza de David no estaba en las armas, sino en su Dios, Jehová. “Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos” (1 Samuel 17:45-47).

Es importante destacar, también, que el rey Saúl le ofreció a David sus propias armas y armaduras, pero David prefirió usar lo que le resultaba familiar. Y con el conocimiento de que esa batalla pertenecía a Dios, y con la confianza de que Dios estaba con él, David fue al encuentro de Goliat sólo con una honda y una piedra lista para disparar. “[...] tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra” (1 Samuel 17:49). Si bien la capacitación y la práctica de David en el pasado contribuyeron a la imagen de precisión perfecta para acertar al blanco, quiero decir que en realidad fue Dios que dirigió la piedra a la frente de Goliat. Esta era la batalla de Dios, y él usó una piedrita en la mano de David para matar al gigante, y le dio victoria y paz para su pueblo en los años que siguieron. 

Conclusión y Resumen

 1. La mayordomía cristiana es el reconocimiento de que Dios está al control de todo y de que es el Señor de todo y de todas las situaciones de la vida y que tiene un plan para cada persona. ¿Usted quiere permitir que Dios dirija su historia?

2. Dios en su conocimiento infinito nos da oportunidades para capacitarnos, practicar y equiparnos para su servicio. Puede que no parezcan "gran cosa" pero a veces pequeñas herramientas consiguen grandes Victorias. ¿En la batalla de la vida, quiere usted colocar sus talentos y habilidades del lado de Dios, para servirle?

3. En su soberanía, Dios puede usar a cualquiera, incluso pudo usar al joven David para ser instrumento de su gracia y darle la victoria a su pueblo. ¿Quiere ser usted el próximo instrumento de las victorias de Dios?

4. En el proceso de influenciar personas y resultados, se puede llegar al éxito usando las propias habilidades y destrezas naturales bajo el control de Dios. ¿Los logros de esta vida, quisiera dedicarlos al Señor?

5. No hay nada en este mundo y en nuestra posesión que sea demasiado simple o común como para que Dios no lo use. Dios es el dueño de todo. Si le rendimos nuestra vida, con seguridad, Él nos llevará a vencer todos los grandes desafíos con su pueblo. ¿Cuidaremos su rebaño con toda nuestra fe y fuerzas? ¿Lo glorificaremos con todo nuestro corazón incluso por medio de las cosas pequeñas?

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