La fidelidad del Remanente y el cumplimiento de la Misión

I. INTRODUCCIÓN

Estamos ante un texto bíblico bien adventista: el mensaje de los tres ángeles.En esta mañana nuestro propósito no es hacer un estudio exhaustivo de estos versículos, incluso porque no tendríamos tiempo suficiente para eso, sino tan solo abordar la relación entre fidelidad del pueblo remanente y el cumplimiento de la misión. 

Los tres ángeles con tres mensajes distintos volaron por medio del cielo. El hecho de estar volando sugiere la urgencia con la cual el mensaje debe ser proclamado. 
¿Cuál es el contenido de estos mensajes?

II. EL PRIMER MENSAJE ANGÉLICO (Versículos 6 y 7)

El primer ángel tiene un evangelio eterno para proclamar a los que moran sobre la tierra. No es un evangelio espurio. No es un evangelio barato… Llama la atención de la humanidad al juicio inminente y la invita a adorar a aquél que hizo el cielo, la tierra y el mar y las fuentes de las aguas. Aquí está implícito el mensaje de la observancia del sábado. Perciban que el lenguaje es el mismo usado por Dios cuando ordenó que el pueblo santificara el sábado. El sábado fue establecido como un monumento en la semana de la creación para que nunca olvidáramos que existe un Creador. Cada sábado debería guardarse en compañía del Padre. Un encuentro de adoración profundo e ininterrumpido debería culminar la adoración de cada día de la semana. 
El primer mensaje angélico, por lo tanto, invita a toda la humanidad a adorar a Dios porque él es el Creador y Sustentador de todas las cosas. 

III. EL SEGUNDO MENSAJE ANGÉLICO (Versículo 8)

El segundo ángel denuncia la caída de Babilonia. No la Babilonia literal, que en la época del apóstol Juan ya no existía como nación. Babilonia aquí representa todo el sistema de confusión religiosa, de engaño, de falsas doctrinas, que durante tanto tiempo sedujo a los hombres dándoles de beber del vino de su prostitución; sí, esos sistemas que contrarían las indicaciones de la Palabra de Dios no perdurarán para siempre.

IV. EL TERCER MENSAJE ANGÉLICO (Versículos 9 al 11)

El tercer ángel trae consigo la advertencia del castigo divino a los adoradores de la bestia y su imagen y de quien quiera que reciba su marca en la frente o sobre su mano. Esos experimentarán el cáliz de la ira del Señor. No quedarán sin el castigo que merecen; no porque Dios tenga placer en castigarlos, sino porque rechazan deliberadamente la invitación de salvación.

V. EL REMANENTE FIEL (V. 12)

Sin embargo, en el versículo 12 Juan presenta el contraste entre los adoradores de la bestia y los adoradores del Dios verdadero. Dice: “Aquí está la perseverancia…”. Ese texto es semejante a Apocalipsis 12:17. 
Mientras que una gran multitud prefiere tomar posición al lado de la bestia, un grupo de fieles, el resto de la descendencia de la mujer, el remanente toma posición al lado de Dios y de sus mandamientos, independiente de las consecuencias. 
A este remanente le cabe la responsabilidad de hacer el último llamado de Dios a la humanidad, invitándola a arrepentirse de sus pecados y a volver al Señor, preparándose para su pronto regreso. Este llamado es de alcance mundial; o sea, debe llegar a cada nación, tribu, lengua y pueblo. 
A esta altura debemos hacernos la pregunta: ¿qué pueblo es ese a quien Dios le confió una responsabilidad tan grande? 
Nosotros creemos que Apocalipsis 12:17 y 14:12 se refieren al movimiento del advenimiento que comenzó en el siglo XIX, y que un poco más tarde, se organizó como la Iglesia Adventista del Séptimo Día. 
Sí, queridos, la IASD no es una iglesia más en medio de tantas otras que existen en nuestros días. No surgió como fruto de una división o de intereses personales de pretendidos líderes que querían comerciar con la Palabra de Dios. ¡No! 
La IASD surgió como parte del plan de Dios, en el tiempo señalado por Dios, para cumplir el propósito de Dios. ¿Y cuál es el propósito de Dios para su iglesia? 
La predicación del evangelio eterno, no solo en nuestra geografía, sino en cada nación, tribu, lengua y pueblo. 

VI. ¿CÓMO CUMPLIREMOS LA MISIÓN?

a. A través del derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía.
Ilustración: Cierto velero en América del Sur quedó detenido por casi un mes. Sin agua la tripulación estaba a punto de perecer de sed. 
Después de una larga espera, un barco vino a socorrerlos.
- “Agua, agua, denos agua”, era la súplica desesperada de los que durante un mes habían quedado a la deriva en el mar.
- “Sumerjan el balde y saquen agua”. Fue la respuesta de los ocupantes del otro barco. 
- “No queremos esta agua salada, pues nuestra sed solo será mayor”. ¿Cuál no fue la sorpresa de los que oyeron la respuesta que siguió:
- “Sumerjan el balde y saquen agua; ustedes están en el cause del río Amazonas”.

¡Rodeados de agua y casi perecen de sed! Este hecho me hace pensar en nuestra realidad como iglesia en relación con la promesa del Espíritu Santo, a través del derramamiento de la lluvia tardía. El Espíritu Santo es el mayor recurso a disposición de la iglesia desde el Pentecostés. A la luz de lo que fue prometido, con relación al derramamiento del Espíritu Santo en su plenitud, la conclusión a la que llego es que, aunque estamos rodeados de agua, estamos casi por perecer de sed.
b. A través de la fidelidad a Dios en los diezmos y Ofrendas. 
Estoy seguro de que la fidelidad a los mandamientos de Dios por parte del remanente de Apocalipsis 12:17 y 14:12 incluye la fidelidad a Dios en la devolución de los diezmos y ofrendas. 
El octavo mandamiento dice “No hurtarás”. Malaquías 3:8 dice que cuando no devuelvo el diezmo y no entrego ofrendas le estoy robando a Dios. 
Entonces, ser infiel a Dios, dejando de devolver la parte que él reclama como suya, es transgredir el mandamiento de Dios. 
Pero, por desgracia, el remanente se distingue por su fidelidad y no por su infidelidad. 
Y usted se pregunta: 
¿Qué tienen que ver los diezmos y las ofrendas en la predicación del evangelio? ¡Todo! 

“Debe llevarse adelante la gran obra de la salvación de las almas. Él ha hecho provisión para esa obra por medio del diezmo y las ofrendas. Él espera que así se sostenga el ministerio del Evangelio” (PVGM, 241).

Los diezmos y las ofrendas fueron los medios designados por Dios para financiar la predicación del evangelio eterno y la manera cómo la iglesia distribuye los recursos ha permitido que el mensaje de salvación llegue a todas las naciones del mundo.

VII. CONCLUSIÓN Y LLAMADO

¡Qué privilegio tan grande es ser participantes del pueblo remanente de Dios en los momentos finales de la historia del mundo! 
Nuestro llamado en esta mañana es que permanezcamos fieles, porque dentro de poco tiempo veremos el rostro de nuestro Señor. Que llenos del Espíritu Santo podamos cumplir la misión que se nos confió, y que por medio de nuestra fidelidad a Dios en los diezmos y las Ofrendas podamos contribuir a la salvación de muchas personas. 

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