La compasión en la Biblia I
Últimamente las semanas de mayordomía cristiana han enfocado principalmente el tema de la comunión y sus resultados en la devolución fiel de los diezmos y ofrendas. Pero tenemos que recordar que además de separar la parte del Señor, también se debe retirar una fracción para ser usada en favor del prójimo necesitado. La porción del Señor y de los necesitados so igualmente sagradas y una no debe substituir a la otra.
Ese es el principio básico de la verdadera mayordomía cristiana en toda la Biblia y ratificado por Cristo al censurar a los fariseos por su comportamiento unilateral, cuando afirmó: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23:23).
La compasión (solidaridad) para con los pobres, las viudas, los huérfanos y los extranjeros o forasteros recibe tanta o mayor consideración que la oración y la fe.
En la Biblia aparecen aproximadamente 500 referencias sobre la oración y menos de 500 sobre la fe (Benjamín Maxson), mientras que sobre cuestiones de la justicia, la misericordia y la consideración de la carencia del oprimido se encuentran más de 600 referencias (Elias Brasil).
Como se nota, ese asunto no es de poca importancia en la visión del Padre y como tal aparece en varios libros de la Biblia en el Antiguo y el Nuevo Testamento y debe recibir atención especial por parte de la iglesia en cuanto a su teoría y práctica.
Partiendo de esa premisa, el asunto será abordado dentro una perspectiva bíblica y del Espíritu de Profecía, llamando a la iglesia a un despertar para la práctica de ese mandamiento sagrado.
¿Qué desafíos Dios hizo a Israel en cuanto a la compasión y la solidaridad? ¿Cuáles son las iniciativas básicas que se tomaron en el pasado para lidiar con los pobres y los necesitados que vivían en Israel? ¿Qué clases más vulnerables se priorizaban y por qué?
I. La compasión y la solidaridad en Israel
a) Las orientaciones son claras conforme se ve en la Palabra de Dios (Leer Deuteronomio 15:7-11).
b) El contexto de este pasaje de Deuteronomio es claro: Dios no recomienda que el israelita se compadezca del necesitado, Él le ordena que sea solidario con su hermano pobre (15:5). Esto involucraba directa o indirectamente bendición o maldición (v. 6). En cuanto a lo que se leyó vale destacar dos cuestiones:
• Primera: “No endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre” (v. 7). La declaración “endurecer el corazón” en la Biblia simboliza el pecado arraigado en el corazón humano.
Esta misma idea se revela en 1 Juan 3:17 que dice: “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”.
El sentido aquí es: El Mayordomo que fue bendecido por Dios y endurece el corazón para no ayudar a una persona necesitada, evidencia que el amor de Dios no está activo en su corazón.
• Otro destaque: A pesar de buscar con esas medidas condiciones ideales para eliminar la pobreza en Israel (“para que así no haya en medio de ti mendigo”, v. 4), la realidad es que “no faltarán menesterosos en medio de la tierra” (v. 11). El propio Cristo reafirmó esa declaración del versículo 11 cuando dijo: “Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis” (Mat. 26:11).
La gran verdad es que el pecado ocasionó esas desigualdades y mientras no sea eliminado de la tierra habrá pobres y necesitados. Aun en Israel con todas esas medidas protectoras había pobreza, porque había desobediencia en el cumplimiento de esas leyes.
Así no se puede evadir la realidad cruel de que había pobreza en los tiempos de Israel, de Jesús y en nuestros días, pero por detrás de esa dura realidad existe una razón: Esa situación debe proporcionar oportunidades para la manifestación del amor de Dios por medio de la compasión, la generosidad y la ayuda de toda clase a las personas necesitadas, por medio de Sus mayordomos.
Hace pocos días alguien me contó una historia curiosa:
Un ateo se aproximó a un niño pobre y le preguntó: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué Él no te ayuda? Dijo el niño: Él está ahí cerca suyo, y los recursos de Él están con usted, pero infelizmente usted no logra percibir y si usted no consigue sentir la presencia de Dios, ¿cómo podrá ver los recursos de Él que están con usted para ayudar a los necesitados?
Realmente las dos cosas están interconectadas. La comunión y la compasión van de la mano. Los que están en la presencia de Cristo desde la primera hasta la última hora de cada día son los ojos, las piernas y los brazos de Dios para acudir al prójimo necesitado.
Hacer eso es tan sagrado como diezmar y ofrendar, la adoración y la ayuda a los necesitados son acciones inseparables. Hasta nuestro encuentro literal con Cristo, esa será nuestra realidad, los pobres y los necesitados los tendremos con nosotros hasta el fin.
La Biblia presenta ese tema como uno de sus principales asuntos y muchas iniciativas se hicieron para practicar ese mandamiento.
II. Iniciativas centradas en la compasión
La preocupación por los pobres sobresale en la Biblia como uno de sus grandes temas, cuestiones relacionadas con la justicia, la misericordia, la opresión y otros asuntos correlacionados aparecen en más de 600 referencias. El Antiguo Testamento enumera varias acciones directas dirigidas a proteger y ayudar a los necesitados, como se puede ver en lo siguiente:
a. Sábado semanal
“Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó”. Éxo. 20:8-11 (RVR 95).
Semanalmente el siervo, la sierva y el forastero eran enriquecidos en la dimensión espiritual y social y hasta los animales eran contemplados. También cuando se lee la repetición del mandamiento del sábado en Deuteronomio recuerda que un día Israel fue esclavo en Egipto y que fue librado milagrosamente y ese recuerdo debería generar un profundo sentido de compasión y solidaridad para con los desfavorecidos, como se ve en el pasaje (Leer Deut. 5:12-15).
Por lo tanto, semanalmente se debía realimentar ese ejercicio práctico de la compasión. Primeramente con aquellos que estaban próximos: hijos, hijas, siervo, sierva, animal y luego enseguida los forasteros, entre otros. Esa práctica sabática debería conducir a la práctica diaria o a cualquier momento cuando apareciese un necesitado. Otra iniciativa era el año sabático.
b. Año sabático
¿Qué era el año sabático y dónde debería ser practicado? Sobre ese asunto la Palabra de Dios dice: (Leer Lev. 25:1-7).
Según el ejemplo del sábado semanal, cada seis años la tierra también debería guardar un sábado y nuevamente el siervo, la sierva y el forastero, toda clase social debería ser beneficiada y hasta los animales. Además de suplir las necesidades de los pobres, otras cosas más acontecían en el año sabático. La deuda del pobre era cancelada (Deut. 15:2, 9); los esclavos hebreos eran liberados (Éxo. 21:2-3). Así se buscaba disminuir las diferencias entre los ricos y los pobres en Canaán y aumentar la justicia social en el pueblo de Dios. Además del año sabático, otra iniciativa sagrada en favor de los necesitados era el año del jubileo.
c. Año del Jubileo
La Palabra de Dios habla del año del Jubileo, así (Leer Lev. 25:8-17). Como se nota, además de incluir algunos beneficios relacionados al año sabático, otras provisiones significativas eran destinadas a los pobres. La principal de ellas era la restitución de las tierras a los propietarios originales, que las perdieron por deudas. De esa forma se disminuía significativamente la desigualdad entre el pueblo y se promovía la solidaridad entre las familias. Así era posible un nuevo comienzo sin deuda y en su antigua propiedad. Cada mayordomo sabía que el verdadero dueño de las tierras era Dios y que cada uno tiene derecho a usarla y disfrutarla. Otra providencia sagrada para contener la pobreza y promover la compasión era la ley del segundo diezmo.
d. Ley del segundo diezmo
La ley del segundo diezmo se encuentra en Deuteronomio 14:28, 29 (leer).
- Comentando ese pasaje el Dr. Elias Brasil explica que “las leyes del segundo diezmo expresan la solidaridad de aquellos que tienen acceso a la propiedad. Además de dar el diezmo a los levitas y sacerdotes, se requiere un segundo diezmo, un diezmo trienal para beneficiar a un gran grupo, incluyendo a “el extranjero, el huérfano y la viuda”. En otras palabras, cada tercer año un diezmo de toda la producción debía ser traído a la ciudad local para estar a disposición de los menos afortunados”.
- Vale resaltar nuevamente que la devolución del diezmo para el sacerdote y el segundo diezmo (una especie de oferta, pacto) para los pobres eran igualmente sagradas. La Palabra de Dios en Deut. 26:13 afirma claramente: “Y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos”.
- La Biblia aun presenta una iniciativa más dirigida al combate de la pobreza, era la ley de la espiga.
e. Ley de la espiga
- La ley de la espiga ordenaba que en cada cosecha los pobres y los necesitados también debían ser recordados. Lev. 19:9, 10 la describe así: “Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada. Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios”.
- Además de esas iniciativas sagradas más directas, al hacer un estudio más amplio del texto sagrado sobre el asunto se nota que la compasión y la solidaridad también son mencionadas en otras leyes y en los profetas. Ese sentimiento parece ser resumido en las palabras del profeta Isaías (Leer Isa. 58:7-14; sugerencias para la lectura: todos en pié, pedir que lean en parejas y dar algunos minutos para comentar, dividir la iglesia en pequeños grupos de 4 o 5 personas, pedir para leer y comentar, por familia, otras).
- La práctica de la compasión y de la solidaridad en la Palabra no era vista como una cuestión de simple pena del necesitado, o de buenas intenciones futuras, era preciso más que eso. Se necesitaban acciones inmediatas y concretas que cambiasen la situación. Y esos cuidados eran permanentes. Semanalmente por medio del sábado, cada tres años con el segundo diezmo, el año sabático de seis en seis años, el jubileo de 50 en 50 años y la espiga en cada cosecha. Esas iniciativas eran dirigidas especialmente para las viudas, los huérfanos y los extranjeros.
Si Dios se interesa todo el tiempo por la viuda, el huérfano y el extranjero; ¿Cuánto últimamente he visitado, ayudado y orado por y con ellos?
Si mi estilo de vida ha estado enfocado tan solo en "mis necesidades y proyectos" ¿Qué cambios debo realizar para cumplir el mandato del Señor de servir y ayudar a quien está pasando necesidad y escasez?
¿Cuántos queremos reflejar el amor, la misericordia y la compasión de nuestro Dios?
¡Dios nos ayude a ser de corazones abiertos y manos generosas!
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