La compasión en la Biblia III
Vimos en los últimos dos días que Dios, por medio de Sus mayordomos bendecidos, se presenta como Padre, defensor y juez de los huérfanos, de las viudas y de los extranjeros. Para eso Él creó leyes justas y sagradas con la finalidad de hacer de Su pueblo una sociedad nueva, justa, igualitaria, de repartición y de solidaridad, sin esclavizados, marginados, excluidos ni empobrecidos. Ese principio continúa en el nuevo testamento y con una diferencia, el ejemplo de Cristo en persona como líder de esa misión. Hoy nos concentraremos en la relación de Cristo con esos segmentos.
I. La misión de Cristo dirigida a los pobres
a) Cristo definió así la misión de Él aquí en la tierra: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor”. Luc. 4:18 y 19 (DHH).
b) Esa fue su obra: “Anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos de Satanás. Había aldeas enteras donde no se oía un gemido de dolor en casa alguna, porque Él había pasado por ellas y sanado a todos sus enfermos. Su obra demostraba su unción divina. En cada acto de su vida revelaba amor, misericordia y compasión; su corazón rebosaba de tierna simpatía por los hijos de los hombres” (El camino a Cristo, p. 11).
c) La declaración de misión de Cristo parece ampliar su relación con una gama más amplia de necesitados, pero las viudas, los huérfanos y los extranjeros parecen recibir atención diferenciada. Veamos:
II. Las viudas en el ministério de Jesús
a) Desde Su presentación en el templo ya se menciona la participación de una viuda. La Palabra la describe así: “Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén” (Luc. 2:36-38). Después, también en el templo una viuda le llama la atención.
b) Marcos describe así ese acontecimiento: “Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento” (Marcos 12:41-44).
La Biblia aun presenta dos episodios más que involucran a viudas en el ministerio de Cristo; veamos.
c) Lucas dice que: “Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre” (Lucas 7:11-15). Él sabía la importancia en la práctica del hijo para aquella viuda.
d) Lo siguiente expresa el respeto a la propia madre de Jesús. El relato bíblico muestra que hasta los 12 años Jesús aun disfrutaba de la compañía de José. Después de eso apenas aparecen la madre, las hermanas y los hermanos de Jesús y José no es más mencionado (Marcos 6:33; Mateo 12:48).
Posiblemente José murió cuando Jesús aun era bien joven y tuvo que vivir en carne propia esa dura realidad. Él la amaba, y en la misma cruz, recordó a su madre viuda. Al ver a María amparada por Juan junto a la cruz, aun sufriendo intenso dolor no lograba olvidarse de ella y se dirigió a ella diciendo: “Mujer, he ahí tu hijo”, (Juan 19:26) y enseguida habla con Juan: “He ahí tu madre” (Juan 19:27). “Mientras soportaba aguda tortura, no se olvidó de su madre, e hizo todas las provisiones necesarias para asegurar su futuro” (La historia de la redención, p. 233).
(Para ampliar el asunto: Divida la iglesia en grupos de 4 o 5 personas y si no hubiera posibilidad divida en parejas y pida que lean Éxodo 20:12.)
Preguntas: ¿Cuánto es su deuda con sus padres desde el nacimiento hasta el momento presente? ¿Cómo ve la cuestión de colocar a los padres en un asilo especialmente si uno de ellos fuere viudo? (Dedique unos 3 o 4 minutos para esa actividad).
Prosiguiendo, vemos que Jesús también se acordó de los huérfanos.
III - Él incluyó a los huérfanos
a) Él vivió aquí buena parte de su vida como huérfano, por lo tanto, sabía la dureza de tener que vivir como tal. Así que hizo una de las promesas más significativas de toda la Biblia para los huérfanos de todos los tempos:
“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18).
La palabra huérfano en griego tiene un sentido muy fuerte y se podría traducir como “abandonados”.
b) El Salvador sabía lo que es ser huérfano y también ser huérfano abandonado. Él parece decir, usted puede hasta ser un huérfano, pero jamás me olvidaré ni le desampararé. Yo me iré, pero vendrá otro igual a mí para cuidar de usted y usted jamás será un huérfano abandonado por su Padre Celestial.
c) Él proveerá los medios para cuidar de los huérfanos, a través de mayordomos consagrados y fieles. Sobre eso está profetizado:
“El Señor atiende a la viuda y a los huérfanos, no mediante un milagro, como el envío del maná del cielo, ni por cuervos que les lleven de comer; sino por medio de un milagro realizado en corazones humanos, al desalojar de éstos el egoísmo y abrir las fuentes del amor cristiano” (El ministerio de curación, p. 154).
d) Por lo tanto usted es la mano, los ojos, las piernas... del Señor para proteger, amparar y suplir las necesidades de los huérfanos de su familia, de los vecinos y todos los que necesiten de ayuda y que estuvieran a su alcance. Y en cuanto a los extranjeros, ¿qué dijo Jesús?
IV - Él buscó a los extranjeros
a) Uno de los relatos más distintivos de la vida de Cristo es cuando llega cansado junto al pozo de Jacob, envía a los discípulos a comprar alimentos y queda allí esperando. En ese intervalo aparece una mujer samaritana para buscar agua y él toma la iniciativa de aproximarse a ella y pedir agua. La reacción de la mujer fue inmediata:“–¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? –porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí–. Juan 4:9. Los samaritanos eran considerados impuros por los judíos, a pesar de ser descendientes de las diez tribus que se rebelaron contra Judá. Cuando volvieron del cautiverio abandonaron totalmente la cultura judaica y establecieron su propia cultura.
b) El desenlace de esa historia es maravilloso y confirma el cumplimiento de la profecía cantada por Simeón de que Él sería “luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:32).
c) Pablo fue nombrado como apóstol de los gentiles. El propio Cristo determinó ese ministerio para él: “Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hechos 13:47).
d) Las Escrituras relatan que “los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48).
e) Gracias a él la salvación llegó a nosotros también que fuimos adoptados por medio de Cristo en la familia de Dios.
Conclusión
Ayer concluimos que “el Señor atiende a la viuda y a los huérfanos, no mediante un milagro, como el envío del maná del cielo, ni por cuervos que les lleven de comer; sino por medio de un milagro realizado en corazones humanos, al desalojar de éstos el egoísmo y abrir las fuentes del amor cristiano” (MC, 154).
Hoy agregamos que “no hay excusa para los cristianos al permitir que los clamores de las viudas y las oraciones de los huérfanos asciendan al cielo debido a sus necesidades apremiantes al paso que una Providencia liberal ha colocado en las manos de esos cristianos abundantes medios para suplir sus necesidades” (MB, 226).
Llamado y oración final
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