Hambre de algo mejor

INTRODUCCIÓN

El pastor estaba predicando un sermón sobre el amor de Dios. Él había leído en la Biblia que la paga del pecado es la muerte y también había explicado que Dios nos ama y no quiere que nadie muera. Por ese motivo, Jesucristo vino a este mundo, vivió una vida perfecta, murió en la cruz en nuestro lugar y resucitó, “para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). 
En determinado momento, el pastor pidió que todas las personas que estaban presentes en la iglesia se dieran vuelta hacia la persona que estaba sentada a su lado y preguntasen: “¿Usted ya aceptó a Jesús como su Salvador personal?” De paso, hágalo ahora por favor. Pregunte a la persona que está a su lado si ella ya aceptó a Jesús. (Dé un tiempo para que se haga la pregunta.). 

Aquel día había un niño de cinco años que estaba sentado en la primera fila. Él se dio vuelta rápidamente hacia el señor que estaba a su lado y preguntó: “¿usted ya aceptó a Jesús como Salvador?”. 
Aquel hombre quedó indignado con la pregunta y le dijo: “Mira, niñito, soy un cirujano pediátrico renombrado. Vengo de una familia tradicional, misionera y pionera. Trabajo como anciano de esta iglesia hace tres décadas. Fui líder de mayordomía y evangelismo, además de haber tenido otros cargos de liderazgo. Fui tesorero y diácono, ¿y tú me preguntas si yo ya acepté a Jesús?”. 
El niñito no entendió la mitad de las cosas que aquel hombre había dicho, pero como era un niño, se dio vuelta hacia él e intentó consolarlo diciendo: “No es problema que usted ya haya hecho todo eso, la Biblia dice que Dios puede salvar a todas las personas, ¡inclusive a usted!”. 

Muchas veces suceden cosas en nuestra vida capaces de sorprendernos de forma increíble. ¡Y en esta noche vamos a ver la historia extraordinaria de un pueblo que fue salvo por personas consideradas perdidas!

DESARROLLO

I. ¡Muerto de hambre!

¿Usted ya pasó hambre? 
Entienda bien. La pregunta no es si usted hizo una dieta descabellada con restricción de ciertos alimentos por un período de tiempo, ni si por algún motivo tuvo que comer de prisa y terminó comiendo poco. La pregunta no es si un día usted olvidó la merienda del recreo (digo, del intervalo de la clase) o la marmita del trabajo. La pregunta es si usted ya pasó hambre de verdad, hambre como resultado de la abstinencia total y completa de alimentos, no por una decisión, ¡sino debido a las circunstancias! 

Cierta vez, un pastor que había sido misionero en una región específica de África relató que una familia muy carente recibía regularmente donaciones de alimentos. Había por lo menos diez hijos en aquel hogar. El tiempo pasó, pero curiosamente algunos niños no aumentaban de peso. El misionero comenzó a desconfiar de la situación. Pensó que el padre se estaba comiendo la comida de sus hijos y por esta razón decidió confrontarlo. Al confirmar sus sospechas, el pastor comenzó a darle un “sermón”. “¿Usted no tiene vergüenza? ¿Cómo se atreve a comer la comida de sus propios hijos?” 
Fue en ese contexto que aquel padre de familia que hasta entonces miraba triste al suelo, levantó la cabeza, lo miró a los ojos y preguntó: “¿Usted conoce el hambre? ¿Usted ya sintió hambre de verdad? ¿Hambre al punto de intentar dormir para olvidar que su estómago está vacío? ¿Hambre al punto de tener que elegir entre su propia vida y la vida de sus hijos? ¿Al punto de pensar: si yo muero de hambre, quién cuidará de mis hijos?”.
Aquel misionero percibió que algunas situaciones son más complejas en la práctica que en la teoría. Ahora conocía el significado de la palabra Hambre.
De igual modo, para un médico en un hospital colapsado por una Pandemia o guerra, dónde hay que decidir entre que paciente es atendido y vive y cuál no será atendido.
Hablamos de una situación crítica, dónde los conceptos se quedan pequeños en comparación con la realidad.

II. Strogonoff de cerebro de burro.

La nación de Israel estaba pasando por un momento de crisis.
Había entrado en guerra con los sirios, ¡y la situación no era de las mejores! En aquella época existía una estrategia de guerra bien peculiar. Algunas naciones protegían sus ciudades con grandes murallas, muros muchas veces tan altos que parecían infranqueables. Si algún ejército enemigo intentaba escalar aquellas paredes, se convertía en blanco de las lanzas, piedras y flechas del ejército que estaba en la parte de la cima del muro, de modo que era bien complicado conquistar ciudades fuertemente protegidas de esa manera. Pero en tiempo de guerra la estrategia adoptada es lo que muchas veces determina el vencedor. 

El hecho es que, como el ejército enemigo la mayoría de las veces no lograba entrar en la ciudad, la mejor manera era acampar alrededor para que nadie pudiera salir. Esa estrategia exigía paciencia, pero era muy eficaz. Aquellos que estuvieran dentro de la ciudad continuarían su vida normalmente por un período de tiempo, pero la tendencia era que, con el paso del tiempo, el agua y la comida se fuesen agotando, lo que creaba una situación bien complicada, ya que no podrían salir a buscar agua y alimento, visto que estaban cercados por el ejército enemigo. Justamente en ese contexto que está nuestra historia de hoy. Abra su Biblia en 2 Reyes 6:24. 

Vamos a leer el relato para conocer y comprender esta historia bíblica que es poco conocida. (Leer 2 Reyes 6:24-33 en una traducción moderna de la Biblia.) 

¡Qué situación terrible! 
Desde el principio vemos cuán desesperante era la situación de aquella ciudad. El versículo 25 señala que “hubo mucha hambre en la ciudad. Estuvo sitiada por tanto tiempo que la cabeza de un burro se vendía por ochenta piezas de plata, y trescientos mililitros de estiércol de paloma se vendía por cinco piezas de plata” (NTV). El burro era considerado un alimento impropio para el consumo (Levítico 11:2- 7; Deuteronomio 14:4-8); ¡y su cabeza era la menos deseada! ¿A usted se le haría agua la boca si oyera que “el plato de hoy es strogonoff de cerebro de burro”? ¡Claro que no! ¿Y qué dice del estiércol de paloma? 

Algunos comentarios bíblicos señalan que la expresión en realidad se refería a un tipo de verdura de la época, pero sea como fuere, por el nombre que tenía, este alimento no debía ser el más sabroso del mundo. 

Que el precio de los alimentos más indeseables hubiera subido demuestra la crisis por la cual el pueblo de Israel estaba pasando. Solo a título de comparación, en la época de Salomón un caballo de guerra vivo y sano era vendido por 150 barras de plata, más de la mitad del valor de la cabeza del burro. La desesperación era tanta que dos madres, posiblemente amigas, o comadres, como dicen en el interior, resolvieron cocinar a los propios hijos. Si a usted no le gustó la historia del hombre que comía la comida de los hijos, ¿qué dice de esas mujeres que hicieron de sus hijos el menú del día? ¡Desesperación! Solo esa palabra puede describir la acción de esas madres.

III. Crisis, desesperación y esperanza.

Al pasar por problemas, muchas personas tienen la tendencia natural de buscar explicaciones y a veces, cuando no las encuentran, simplemente asumen que aquella dificultad sucedió porque era la voluntad de Dios. 
Aunque Dios pueda sacar provecho hasta de las situaciones adversas para nuestro beneficio y salvación (Romanos 8:28), debemos entender que a Dios no le agrada nuestro sufrimiento, principalmente aquel que puede ser evitado. Por eso debemos tomar nuestras decisiones con sabiduría. 

El rey siguió la tendencia natural de culpar a Dios por la situación que el pueblo enfrentaba y por esta razón fue al profeta de Dios. Eliseo era un mensajero especial, posiblemente el profeta que más milagros realizó en el Antiguo Testamento. 
Para que usted tenga una idea, él fue usado por Dios para resucitar a un difunto. El detalle es que el mismo Eliseo estaba muerto. 2 Reyes 13:20-21 cuenta esa historia: 
“Y murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies”. 
¡Fue justamente a este profeta al que Dios encargó traer esperanza en medio de la desesperación! 

Cuando lo buscó el rey, él profetizó: “¡Escucha el mensaje del Señor! Esto dice el Señor: 
‘Mañana, a esta hora, en los mercados de Samaria, siete litros de harina selecta costarán apenas una pieza de plata y catorce litros de grano de cebada costarán apenas una pieza de plata’” (2 Reyes 7:1, NTV). 

Aquella profecía parecía imposible de cumplir, ¡tanto que el ayudante personal del rey desconfió! Dudando de la palabra de Dios comunicada por el profeta, él dijo: “¡Eso sería imposible aunque el Señor abriera las ventanas del cielo!” (7:2, NTV). Pero el profeta no se intimidó y unió una profecía más sobre la primera: “¡Lo verás con tus propios ojos, pero no podrás comer nada de eso!” (NTV).



IV. Leprosos, ¡Buena gente!

En la secuencia del capítulo siete vemos el desenlace de la historia. Vamos a leer a partir del versículo tres hasta el final. (Leer 2 Reyes 7:3-20). 

Tenemos algunos datos importantes que vale la pena destacar: 
1. ¡La voluntad de Dios no depende de la creencia humana! 
El profeta dio una profecía que parecía ser imposible, pero su cumplimiento fue real y literal. 
2. Dios actúa en base a la fe de las personas y no en base a su nacionalidad. 
En 2 Reyes 5:14, Naamán, comandante del ejército de Siria, había sido curado de la lepra, pero en Israel, pueblo elegido de Dios, todavía había leprosos (Lucas 4:27). La salvación y la actuación de Dios no son exclusivas para una nación, sino que son ofrecidas a todo el mundo. 
3. Dios usó a cuatro hombres excluidos de la sociedad, sin esperanza y con una enfermedad incurable y degenerativa para hacer su voluntad. ¿Cuál es su excusa para que Dios no pueda usarlo hoy? 
4. Al compartir las buenas nuevas que habían descubierto, los leprosos fueron un instrumento para llevar esperanza y alegría a su pueblo y, probablemente, a su propia familia, que posiblemente estaba dentro de la ciudad. ¿Ya se detuvo a pensar que tal vez Dios desee usarle para llevar esperanza y salvación a su familia? 
5. El ejército sirio no fue derrotado por las fuerzas israelitas, sino por Dios (v. 6, 7). Muchas veces es justamente cuando no tenemos más que hacer, en circunstancias donde estamos de manos atadas, ¡que Dios actúa! Por lo tanto, ¡no se desespere! 
6. La voluntad de Dios siempre se cumple. Sus propósitos no pueden ser frustrados. Cuando Dios promete, él cumple su palabra. Aunque parezca demorada, su palabra no falla (2 Pedro 3:9). 
7. No confiar en la Palabra de Dios puede ser un error fatal. Para el ayudante del rey, eso le costó la vida.

CONCLUSIÓN

Cuando miro el mundo en que vivimos hoy, percibo algunas semejanzas con el escenario vivido en la época del profeta Eliseo y del pueblo de Israel. Vivimos en un mundo en desesperación. Peor que el hambre física, vivimos en un mundo de hambre espiritual. Y en la batalla entre el bien y el mal, parece que estamos cercados por el ejército enemigo, sin posibilidad de sobrevivir. 
En momentos de desesperación, o perdemos la esperanza por completo, o nos apegamos a la Palabra de Dios y sus promesas. Si para el pueblo de Israel la promesa era que en breve ellos tendrían paz y comida en abundancia, a nosotros se nos promete un cielo nuevo y una tierra nueva, donde no solo el hambre será eliminada, ¡sino donde tampoco existirá más sufrimiento, ni muerte, ni dolor! 

Es justamente en el momento en que el mundo se sumerge en la desesperación por la crisis financiera, la corrupción política, la violencia generalizada, la injusticia constante y la desvalorización de los principios y valores morales que surge una promesa que no puede ser olvidada ni descreída: ¡VOLVERÉ! (Leer Juan 14:3). 
A usted y a mí nos es dada la oportunidad de encontrar un puerto seguro en medio de la tempestad, encontrar paz en medio de la guerra. Encontrar esperanza en medio de la desesperación. El ayudante del rey dudó de la promesa hecha. Él dudó de que habría un futuro mejor. Dudó que Dios cumpliría su promesa y, como resultado, vio con sus propios ojos el milagro suceder, ¡pero no pudo disfrutarlo!

LLAMADO

Qué triste sería formar parte de la generación que por la gracia de Dios verá a Jesús regresar en las nubes con millones y millones de ángeles, ver cumplirse la mayor de todas las promesas, pero no ser parte de ella, no disfrutar de la eternidad con Jesús, no recibir gratuitamente la vida eterna, no estar para siempre en un lugar feliz y repleto de paz. ¡Usted no puede quedar afuera! Pero para eso, ¡usted debe decidir! ¡Usted debe entregarse! ¡Usted debe creer! Jesús está aquí en medio de nosotros, él está a su lado ahora. 

Mientras yo hablo, el Espíritu Santo está tocando su corazón. ¿Será que usted puede sentirlo?
Por favor, no cierre, no endurezca su corazón. ¡Tome una decisión ahora mismo! 
Este es el momento de nacer de nuevo y es el momento de una entrega total. Estoy seguro de que usted quiere ser limpio, lavado, purificado de todas las manchas del pecado. Entonces, ¡levántese ahora mismo! 
Quiero pedir a un amigo de la iglesia que se levante al lado de su invitado y ponga la mano en su hombro. Ahora que estamos abrazados, por favor, venga aquí al frente. Yo quiero orar por usted. ¡Venga ahora en nombre de Jesús! Felicitaciones por su decisión. Antes de orar, vamos a escuchar una música y en seguida vamos orar.

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