Forjador de Metas
Lectura bíblica: Filipenses 3:14 “Sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece”.
La vida es una empresa; ¡la más grande! Administrarla de manera exitosa es también el más grande desafío.
Si entre 1981 y 2001 General Eletric generó utilidades por valor de unos 400 mil millones de dólares, convirtiéndose así en una de las compañías más exitosas del mundo, administrar la vida de tal manera que genere utilidades que son más trascendentales que el dinero, la convierte en la más grande empresa jamás encomendada al ser humano.
Si la vida es una empresa, entonces tiene que tener objetivos, pues toda empresa los tiene.
La ciencia de la administración nos enseña que todo lo que se administra debe obedecer cuatro pasos:
- Organización
- Planificación,
- Ejecución y
- Evaluación.
Y es precisamente en la fase de la planificación en donde deben establecerse los objetivos, las metas, lo que se desea alcanzar.
Si la vida es una empresa, entonces debe tener objetivos, metas de llegada, y estos deben ser cuidadosamente planificados, a fin de asegurarnos poder alcanzarlos.
Vivir la vida cristiana sin objetivos y sin un plan para alcanzarlos es administrar una empresa que es sagrada con cero de utilidades. Esto es un fracaso, la bancarrota de una empresa espiritual, y Dios pedirá cuenta de esta mayordomía.
¿Cuáles son los objetivos de su vida?
¿Puede enumerarlos?
¿Qué plan bien elaborado tiene para alcanzarlos?
Antes de continuar, mencionemos algunos tipos de objetivos. Por ejemplo, podemos establecer objetivos espirituales. Levantarse temprano por la mañana a orar veinte o treinta minutos es uno de esos objetivos. Leerse diariamente al menos tres capítulos de la Biblia es otro. También lo es estudiar cada día su lección de la Escuela Sabática y leer su matutina.
Preguntamos: una empresa espiritual administrada de esta manera, ¿puede ser exitosa?
Veamos otro ejemplo de objetivo: el ahorro. ¿Hay gente para quienes el ahorro es un objetivo? ¿Sabia usted que el ahorro es un objetivo enseñado por la Biblia? La gente que ahorra, ¿puede ser exitosa en lo financiero?
Permítanos preguntarle una vez más: ¿Cuáles son las metas de su vida? ¿Tiene y sigue un plan para alcanzarlas?
A continuación vamos a ver el extraordinario caso bíblico de un auténtico forjador de metas, de objetivos bien definidos.
Pablo, el forjador de metas
"Sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece", nos asegura el apóstol Pablo en Filipenses 3:14. Pero, en el versículo 12, admitiendo que la empresa de la vida cristiana es un permanente desafío, nos dice: “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto”, pero “sigo avanzando hacia la meta”, afirma decidido este gran forjador de objetivos. Sin embargo, en relación con lo que ya hemos logrado, en el versículo 16 Pablo nos aconseja, que “vivamos de acuerdo con lo que ya hemos alcanzado”. Es decir, en tanto seguimos avanzando hacia la meta, algo vamos logrando, algún crecimiento vamos experimentando, y debemos vivir a la altura de dicho crecimiento espiritual.
Pero, por otro lado, en la administración de la vida cristiana no hay lugar para el estancamiento. Lo poco que se haya logrado, o aún los mismos fracasos, deben ser fuentes de inspiración para seguir adelante. Pablo administraba su vida cristiana, y cuando a veces sufría tropiezos, con sus propias palabras nos explica qué hacía: “olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante”, nos dice en el versículo 13.
Es decir, Pablo no aflojaba el paso. En lugar de ello en el versículo 12 afirma: “sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí”. Su tenacidad lo hace insistir en su resolución de no aflojar: “sigo avanzando hacia la meta”, vuelve a repetir.
Esta tenacidad la podemos comparar con las que personas que acostumbran trotar como ejercicio. Cuando sienten el efecto del esfuerzo hecho después de algunos kilómetros usan como estrategia repetirse frases que les den ánimo y resolución para seguir. Justo eso es lo que está haciendo el apóstol Pablo en su carrera de la vida cristiana: “esforzándome por alcanzar lo que está delante”, se va repitiendo, “sigo adelante”, “sigo avanzando”, repite una y otra vez.
Y es que en la meta había una poderosa razón que justificaba cualquier esfuerzo: “ganar el premio que Dios ofrece”. ¡Y qué premio! ¡Nada menos que la “corona de justicia”! ¡La vida eterna! El supremo objetivo de todo hijo de Dios.
Pablo compara la administración de la vida cristiana con una carrera
Cuando llegó a la meta triunfante pudo proclamar victorioso: "he acabado la carrera", leemos en 2 Timoteo 4:7.
Los expertos afirman que la diferencia entre correr los 100 metros planos y una maratón de 42 kilómetros, está en que la primera es una competencia diseñada para el cuerpo, en tanto que la otra está diseñada para la mente.
Por ejemplo, Julia Rivera, una fondista peruana lo ilustra con estas palabras: “Hay un temor en cada kilómetro porque piensas que te quedas, pero uno debe trabajar con la mente y decir que sí se puede”.
En el caso de Osvaldo Suárez, un argentino poseedor de 29 records internacionales lo expresa así: “Son 42 kilómetros en los que hay que mantener la mente despejada”.
Y el etíope Haile Gebrselassie, el mejor fondista de la historia, después de ganar en 2008 la maratón de Berlín imponiendo un nuevo record mundial de 2 horas, 3 minutos y 59 segundos, dijo: “Lo más difícil no es el cuerpo. Es la mente”.
Y en cuanto a la actitud resuelta que debemos tener, a fin de enfrentar los desafíos que los objetivos de la vida nos plantean, y asi seguir “avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece”, en el versículo 15 el apóstol Pablo nos aconseja: “todos debemos tener este modo de pensar”. Es decir, la misma actitud resuelta, sin aflojar el paso, manteniendo nuestros objetivos en la mira en todo momento. Por lo tanto, ¡sigamos hacia la meta!
Usted debe establecer los objetivos de su vida, y luego comenzar a correr para forjarlos. Sus primeros objetivos deben describir sus metas espirituales, lo que quiere lograr mediante su devoción personal, y luego con determinación lanzarse hacia la meta. Después viene lo demás.
El santuario y nuestros objetivos
Una extraordinaria declaración del apóstol Pablo en relación con los objetivos la hallamos en 1 Corintios 9:26 que dice: "Así que yo no corro como quien no tiene meta".
Ya mencionamos que administrar la vida cristiana es como correr una carrera que nunca se detiene. La carrera es veloz, y puede correrse al azar o siguiendo un plan de viaje con metas de llegada programadas. Pablo corrió su carrera siguiendo este último modelo. “Yo no corro como quien no tiene meta”, dice para confirmarlo. ¿Cómo aprendió que la vida debe vivirse siguiendo un plan para alcanzar meta tras meta?
En el mensaje del Santuario hay una buena pista para responder a esta pregunta. Veamos.
En Números 28 Dios le entrega a Israel un calendario litúrgico. De acuerdo a este calendario, cada día, cada semana, cada mes y cada año, el israelita participaba en una actividad litúrgica. Un aspecto clave que debemos hacer notar en este calendario es el factor tiempo, pues cada actividad se ejecutaba en un tiempo programado. Otro detalle más importante a notar es que todas las actividades se relacionaban con la vida espiritual del israelita, lo cual nos permite observar que cada día era una oportunidad de renovación espiritual. Pero no solo cada día, sino también cada semana había una nueva oportunidad de renovar la vida espiritual, ¡y también cada mes, y luego cada año! ¡Extraordinario!
Sigamos analizando. Leamos lo que el Señor indicó acerca de la actividad diaria. Lo encontramos en el versículo 3 que dice: “Todos los días me deben traer para el holocausto continuo dos corderos”. Luego, en relación con la actividad semanal en el versículo 9 se indica: “Cada sábado ofrecerás dos corderos”. Después, respecto de la actividad mensual el versículo 14 señala: “Este es el holocausto que debes presentar durante todo el año, una vez al mes”.
Y finalmente, sobre la oportunidad anual para una renovación espiritual el versículo 16 establece: “La Pascua del Señor se celebrará el día catorce del mes primero”, una celebración que ocurría solo una vez al año. ¿Qué genial propósito podemos interpretarle a Dios con un calendario litúrgico que incluía una actividad espiritual diaria, una semanal, otra mensual y luego una anual?
Bueno, el Señor nos está enseñando que, para tener éxito en cualquier área de la vida, iniciando por lo espiritual, debemos establecer metas diarias, semanales, mensuales y anuales. Alguien podría mostrarse incrédulo a esta propuesta de interpretación, pero si así fuera, le invitamos a que solo se imagine a un cristiano, a un hijo o hija de Dios aprovechando cada nuevo día para lograr su meta de renovación espiritual.
Pero no solo esto, sino que cada semana, cada sábado, es otra oportunidad para otra meta espiritual, y todavía más, cada mes puede establecer una nueva meta, pero aún más, cada año lo aprovecha para trazarse una nueva meta para renovar su vida espiritual. Un cristiano que ponga en práctica este modelo, ¿sería exitoso en su vida espiritual?
Ahora aplique el modelo a otras áreas de la vida. Por ejemplo a la práctica del ahorro. Piense en una persona que se trace una meta de ahorro. La actividad laboral de algunos les permite recibir un ingreso diario. En este caso la persona establece una meta de ahorro diario. Otros reciben un ingreso semanal, por lo que fijarían una meta de ahorro semanal. Otros reciben un ingreso mensual, por lo que establecerían un ahorro mensual, y todos, sin importar cada cuanto tiempo reciben sus ingresos podrían establecer una meta de ahorro anual, una cantidad que se proponen acumular durante un año en el cual se mantienen avanzando hacia la meta. ¿Tendrían éxito estas personas? Entonces el modelo funciona, es efectivo.
Establezca metas para cualquier área de su vida; luego aplique el modelo de ir logrando pequeñas y mayores victorias cada cierto tiempo, cada día, cada semana, cada mes, cada año, y usted no cabra de gozo al compartir con nosotros el testimonio de su éxito alcanzado.
Conclusión y llamado
¡Esta es la fórmula de Dios para el éxito!
En cualquier área de la vida, comenzando por la más importante: el crecimiento espiritual.
El cristiano que pone en práctica este modelo se ejercita en ello cada día, cada semana, cada mes, cada año. Tal entrenamiento lo hace experto en el arte de alcanzar metas. Se convierte en forjador de metas, y así se pasa la vida: estableciendo y alcanzando metas. Cuando suma los años vividos, el éxito no puede medirlo con parámetros terrenos sino con los del cielo, pues quien sigue la fórmula de Dios para el éxito llega a alcanzar la más grande de todas las metas: ¡La eternidad!
Pablo lo confirma en 2 Timoteo 4:7: “he terminado la carrera”, y en el versículo 8 menciona el resultado de su éxito: “me espera la corona de justicia”, ¡pero lo más prometedor es que él asegura que también hay una para usted! “y no solo a mí”, concluye, “sino para todos los que aman su venida”.
Pregunto: ¿cuántos quieren esa corona? ¿Podemos ver las manos? ¿Qué es lo que tiene que hacer para lograrlo?
Establezca sus metas espirituales, su tiempo de oración diario, el número de capítulos de la Biblia que quiere leer cada día, lo que en relación con estas prácticas de devoción personal quiere lograr cada semana, cada mes, cada año, y una vez que establezca sus metas, empiece a correr, siga hacia adelante; el crecimiento que vaya logrando lo va incorporando a la práctica, y lo que está por delante siga corriendo hacia ello. Si hay algún tropiezo diga como el apóstol Pablo: “olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante”. Repítase una y otra vez: “sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí”.
Dese ánimo recordando la promesa de la corona de justicia para todos los que llegan a la meta diciendo: "Sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece". Ese es su objetivo, el más grande de su vida. ¡Sea un forjador de metas!
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