Fidelidad
I. INTRODUCCIÓN
Este sermón está dedicado al tema de la relación del miembro con los principios de la iglesia.
A veces nos jactamos de que no nos avergonzamos del evangelio de Cristo, pero tal vez ese evangelio se avergüenza de nosotros por las fallas en nuestra fidelidad a los principios de Dios y su iglesia; esto es algo que no podemos negar.
Isaac (Génesis 26:18), cavó los pozos antiguos y los llamó con los mismos nombres que tenían.
Al comienzo de un nuevo año es bueno rever nuestros antiguos principios bíblicos, cavarlos nuevamente y llamarlos por los mismos nombres antiguos.
II. DEBEMOS ENTENDER DOS COSAS ANTES DE CAVAR
1. ¿Qué es fidelidad?
2. ¿Cuál es la posición de la iglesia hoy en el mundo? ¿Qué fase vive?
Porque Dios une. Satanás separa.
Dios desea unidad. Satanás división.
La iglesia es el instrumento principal que Dios tiene en este mundo para unir y conseguir unidad (familia, miembro, iglesia, personas a personas, y lo principal: personas a Jesús).
Satanás intenta denigrar la imagen de la iglesia usando diferentes métodos. Por desgracia hoy el mundo se pregunta: ¿se puede confiar en la iglesia?
Esto compromete la fidelidad del miembro a la iglesia.
El propósito de este sermón es hacer que el miembro reflexione sobre su situación y busque una reconsagración para dedicarle a Dios y su iglesia una fidelidad verdadera.
Primero veremos cuál es la posición de la iglesia en el mundo hoy y qué fase vive.
Los sociólogos suecos, Ernesto Thoetch y Max Weber, presentan con propiedad que todas las iglesias pasan por cuatro fases y que la fase de una iglesia ejerce influencia y mucho en la fidelidad de sus miembros; o sea, la fase de la iglesia afecta la posición del fiel.
Veamos estas fases y analicemos en qué fase está la IASD:
1ª FASE: Ernesto y Max la llaman “Fase Hombre”.
Un hombre de personalidad fuerte descubre “Verdades”; y cuando llega a conclusiones siente la necesidad y el deseo de compartirlas con otros.
Por ejemplo: Guillermo Miller, de 1816 a 1831 estudió y descubrió una “verdad”. El tema de las 2.300 tardes y mañanas, de manera equivocada determinó que la purificación del Santuario era el regreso de Jesús alrededor del año 1843.
En agosto de 1831, en la ciudad de Dresden, presentó la “verdad” en una semana (todas las noches), su conclusión del estudio realizado durante 13 años.
2ª FASE: se la llama “Fase movimiento”.
En esta fase, alguna las personas que escucharon el mensaje simpatizaron con la verdad y la aceptaron, lo que dio origen al grupo, que por compartir la misma creencia, surge como un movimiento religioso.
Ej.: Cuando Miller presentó su mensaje, muchas personas lo aceptaron, entre ellas se destaca Edson, Crossier, Elena Harmon, Bates, Andrews, Jaime White, y así surge el movimiento Millerita.
A estas personas se las llama Pioneros, por la dedicación a la causa, su fidelidad incondicional y el Espíritu de la iglesia primitiva que es muy acentuado en esta fase.
Hechos 2:44-46: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas […]”.
“Y perseverando unánimes cada día en el templo […]”.
3ª FASE: Se la llama “Fase máquina”.
Para mantener el movimiento en crecimiento, que en esta fase posee metas, objetivos, una misión a cumplir, se establece una institución que consecuentemente surge como una máquina organizadora, serían oficinas, escuelas, fábricas, seminarios, clínicas, administración, etc.
Esta es sin duda la mejor fase de una iglesia, debido a su equilibro organizativo, motivado por la Misión de la Iglesia, existe mucha fidelidad en la relación miembro – Iglesia y sus principios.
4ª FASE: Llamada “Fase Monumento”
Esta es la fase traumática de una iglesia, porque debido a su gran éxito en el crecimiento físico, numérico y financiero; es como dice la Palabra en Apocalipsis 3:17:
“Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad”; surge una crisis y gradualmente se pierde el sentido de misión. Y se pierden números.
En esta fase hay síntomas específicos:
a) Comodidad por parte de sus miembros.
b) Satisfacción con el presente (se pierde el sentido de misión).
c) Se pierde el interés por el evangelismo.
d) Muchas actividades sociales sin objetivo evangelístico.
e) Apego a tradiciones y costumbres, se violan los principios.
La fidelidad del miembro está comprometida, pierde el sentido de su utilidad para con la iglesia, un sentimiento de insatisfacción invade el alma, y se hace vulnerable.
Veamos un ejemplo que está bien cerca de nosotros.
A fines de la década del 50, las iglesias protestantes debatieron entre sí para buscar un medio de sacar a la iglesia del letargo espiritual. Vivían la 4ª fase a pleno.
- El culto se hizo monótono y sin vida, los seminarios cerraron, los miembros abandonaron la iglesia, y los miembros que permanecieron violaron abiertamente sus principios.
¿En qué fase se encuentra la IASD?
En la tercera fase, la iglesia crece, su institución avanza, muchas personas se bautizan diariamente, se establecen metas y con el poder de Dios pronto se alcanzan. Pero no podemos negar que hay síntomas de la 4ª fase entre nosotros. No podemos tapar el sol con el tamiz.
Analicemos con cuidado nuestra historia y veremos que esta es nuestra realidad. ¿Vamos a maquillarnos o hacernos cirugía? Algo urgente tiene que hacerse, pero ¿qué hacer?
Si nuestro asunto es la fidelidad, debemos entender qué es fidelidad para saber qué hacer.
Fidelidad: según el diccionario es “puntualidad, exactitud en la ejecución de algo. Lealtad, observancia de la fe”.
- Tiene honor
- Es íntegro
- No falla
- Observa rigurosamente la verdad
- Tiene exactitud en sus actividades
- Es poseedor de una brújula que señala siempre al mismo polo.
¿Qué otra definición podría ser mejor para estimular las relaciones de los miembros de iglesia?
El término fidelidad puede producir controversias, porque ser fiel para esta “generación libertad” es ser aburrido, cuadrado, bobo, fuera de contexto, ir en contra de la marea, estos adjetivos en cierta forma nos afectan, porque como seres humanos, queremos ser aceptados en los grupos sociales con los que nos relacionamos (escuela, trabajo, iglesia, deporte, etc.).
Esta generación libertad está también dentro de la iglesia, son personas celosas, quieren el bien de la iglesia, trabajan para que se desarrolle, pero a veces llaman a la fidelidad legalismo y así afectan la vida espiritual de muchos.
Veo que la mejor definición de la palabra fidelidad para aplicar a la iglesia es la de brújula. Porque, no importa el tamaño de la tempestad que alcance al navío, ella (la brújula) permanece siempre fiel al polo.
Somos la iglesia remanente, no surgimos como obra del azar, Dios la hizo surgir en el momento señalado para alertar al mundo que Jesús está por regresar, y que debemos prepararnos. Tenemos una Misión que cumplir, tenemos un Cielo que conquistar.
Tenemos que llevar a los miembros a ser fieles. Porque Dios es nuestro Creador (es el único Dios) es el Mantenedor. Si sucede algo bueno en nuestra vida, procede de él.
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22).
La Iglesia Adventista del 7° Día está sobre fundamentos firmes, su base es segura y está respaldada por doctrinas bíblicas que se llaman principios de Dios.
Son columnas que sostienen a la iglesia y la hacen permanecer firme hasta que Jesús vuelva. Vamos a cavar algunos principios y llamarlos por los mismos nombres antiguos:
III. FIDELIDAD PERSONAL
Fidelidad es dejar que la luz de Jesús brille en nosotros.
“Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos.
“Todo cristiano tiene la oportunidad no sólo de esperar, sino de apresurar la venida de nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 3:12). Si todos los que profesan el nombre de Cristo llevaran fruto para su gloria, cuán prontamente se sembraría en todo el mundo la semilla del Evangelio. Rápidamente maduraría la gran cosecha final y Cristo vendría para recoger el precioso grano” (PVGM, 47).
La fidelidad personal no puede ser algo temporario sino eterno.
IV. FIDELIDAD EN EL MATRIMONIO
La primera institución creada por Dios fue el matrimonio.
“[Dios] Había dispuesto que hombres y mujeres se unieran en el santo lazo del matrimonio, para formar familias cuyos miembros, coronados de honor, fueran reconocidos como miembros de la familia celestial” (HC, 84).
La familia no solo es la base de la sociedad, sino también de la iglesia.
Fidelidad en el matrimonio significa fidelidad a Dios y sus principios.
“Romper los votos del matrimonio es romper votos hechos a Dios, algunos lo hacen sin sentir remordimiento por esa actitud”.
¿Cómo puede alguien ser infiel en el matrimonio?
Violación de las leyes del matrimonio.
- Hoy en el 76% de los matrimonios, él o ella ya adulteraron por lo menos una vez.
- El marido descuida el mantenimiento del hogar.
- La mujer descuida los deberes del hogar.
V. FIDELIDAD EN LAS FINANZAS
El mismo lenguaje en cuanto al sábado se usa en la ley del diezmo: “El séptimo día es sábado del Señor tu Dios”. El hombre no tiene el derecho ni el poder de sustituir el séptimo día por el primero. Podrá pretender hacerlo, pero “el fundamento de Dios es firme”.
Las costumbres y enseñanzas de los hombres no disminuirán los reclamos de la ley divina. Dios santificó el séptimo día. Esa porción específica de tiempo, fue separada por Dios mismo para el culto religioso, y continúa hoy tan sagrada como la primera vez cuando fue santificada por nuestro Creador.
“Asimismo el diezmo de nuestras entradas es ‘santo a Jehová’. El Nuevo Testamento no promulga de nuevo la ley del diezmo, como tampoco la del sábado, porque la validez de ambas se da por establecida y su profundo significado espiritual se considera explicado... Mientras nosotros como pueblo procuramos firmemente dar a Dios el tiempo que él se ha reservado como suyo, ¿no le daremos también esa parte de nuestros recursos que él reclama?” (CSMC, 70).
La falla en los diezmos y las ofrendas es una violación de los votos hechos a Dios.
VI. CONCLUSIÓN
Vance Hauner escribió:
“Hoy en día tenemos desafíos, pero no somos transformados, estamos convencidos pero no convertidos, oímos pero no practicamos, de ese modo nos engañamos a nosotros mismos”.
Usted que es miembro de la iglesia de Dios, y esta iglesia que Jesús pronto vendrá a buscar, esta iglesia es la novia que espera a su novio (Jesús). No se engañe más, ponga en práctica la Palabra del Señor.
No lea la receta, sino aliméntese del alimento sólido que es la Palabra del Señor. El llamado de Dios es “Santificaos, porque mañana el Señor hará maravillas entre nosotros” (Josué 3:5).
Será maravilloso cuando Jesús regrese y nos diga: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré” (Mateo 25:21).
La promesa del Señor para nosotros es: “Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).

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