¡El Señor lo necesita!
I. UNA HISTORIA MUCHAS VECES PASADA POR ALTO
Aun así está registrada en los cuatro evangelios:
- Marcos 11:1-11
- Mateo 21:1-11
- Lucas 19:28-44
- Juan 12:12-19
El cumplimiento de la profecía del AT registrada en Zacarías 9:9: LA ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS (Lucas 19:28-35).
II. NINGÚN RECURSO PROFESIONAL
“Ellos no tenían un cartel de bondad, ninguna presentación de video, ningún libreto de campaña ni panfletos. No citaron las Escrituras sobre la recompensa de la bondad”. No hubo promesas ni presión.
“Tampoco prometieron que los animales serían devueltos o comprados. Ellos no trataron de imprimir culpa, incitar simpatía o evocar presagios de la tragedia si el regalo era retenido…”
Ningún beneficio especial: “Ellos no discutieron ventajas de impuesto para el dueño, ningún beneficio especial por el regalo, ni tampoco mencionaron oportunidades del reino venidero…”
Apenas un simple pedido: “Dijeron nada más que las sencillas palabras que el Señor les había dado”.
Un vehículo insustituible: Un burrito que nunca fue montado era un bien muy valioso, un vehículo de transporte. Podría proveer recursos, llevar a la familia y sus productos al pobre dueño por varios años. No era un bien que generalmente se regalaba a alguien.
El único bien más importante: “Durante el primer siglo en Palestina, así como en las naciones rurales en desarrollo hoy, los animales propios eran los bienes más importantes para la sobrevivencia”.
Protegidos y cuidados:
“Son vehículos de transporte, máquinas de campo, productores de comida y vestimenta, piezas de intercambio, etc. Como tales, eran protegidos cuidados, protegidos de enfermedades, de robo y lesiones”.
El dueño conocía al Señor:
No podemos asumir en la historia que el dueño conocía quién era “el Señor”. Todo lo que podemos decir de la historia es que simplemente escuchó y aceptó las palabras de los extraños. Él se mantuvo en pie, observando sin protestar mientras desataban sus dos animales y los llevaban. Eso era todo. Dos animales preciosos perdidos, solo porque dos extraños dijeron “El Señor los necesita”.
Preparación constante para dar: “Nuestros bienes necesitan estar en preparación constante para ser utilizados para el reino de Dios. Por lo tanto, ellos nunca pueden pertenecer al reino terrenal. Pero deberán ser puestos por completo en la esfera del único reino en que vivimos y trabajamos como mayordomos”.
Dar porque el Señor necesita: “Debemos estar preparados para dar solo porque creemos que el Señor necesita... Qué gozo habrá sido para el hombre más tarde al ver a Jesús entrando en Jerusalén montado en ese mismo burrito. Qué gozo será para nosotros al ver cómo Dios utilizará los recursos que él nos confió en la obra de su reino”.
Recaudar fondos:
Uniendo recursos con la obra de Dios.
El débito y el crédito: Ayudar a los hijos de Dios a tener como débito el reino del mundo y como crédito el reino de los cielos.
Gran batalla espiritual:
El tamaño del problema es enorme. Los individuos le han entregado el dinero y las relaciones al enemigo. Estamos envueltos en una intensa batalla espiritual por quién es el Dios en nuestra vida.
“El temor continuo y el consecuente desafecto de las iglesias sobre el tema completo de la mayordomía cristiana ha abierto la puerta al dominio que el materialismo y el consumismo tiene ahora en el pueblo de Dios”.
El propósito principal en la vida:
El 50% de los investigados que se identificaban como cristianos “nacidos de nuevo” concordaron que “el propósito principal en la vida es la diversión y el disfrute personal”.
Pero…
“Es una libertad ganada para nosotros en la cruz que sella nuestra liberación de una vida de egoísmo y de interés personal. Es la libertad de todo lo que quisiéramos colocar en nuestro segundo reino, cerrarlo con llave y llamarlo “nuestro”.
El acto de dar depende de cómo valoramos el dinero.
“No importa si tienen necesidades o no; los que valoran menos el dinero dan más, y los que lo valoran más dan menos”.
El poder del dinero:
“Al morir al pecado nos hemos vuelto impotentes a las tentaciones de buscar este poder [dinero, poder para controlar] y utilizar este poder en nuestra lucha por la vida hasta la muerte”.
¡Qué ironía!
“...Solamente al entregar todas las formas y pedidos al poder es que llegamos a ser conducidos por el mayor poder del universo”.
La decisión sobre el dinero de Dios
- A lo largo de los años he conocido algunos que sienten que deberían decidir cómo se deben utilizar los diezmos; por ejemplo, para el beneficio de un proyecto en particular.
Un día mientras volvía a casa con un amigo, escuché que él expresaba este sentimiento y se mostraba muy seguro en utilizar el diezmo como le parecía mejor.
Después se detuvo a comprar un poco de comida. Yo necesitaba algunos artículos también, pero no tenía dinero, entonces pedí que me prestara algún dinero y prometí pagarle a la mañana siguiente. Con gusto él me prestó el dinero.
Al día siguiente, le devolví el valor prestado, con una notita que decía: “Usa ese dinero para comprar fundas para los asientos de tu auto. Cuando me encontró, me refutó:
- “¡Estás bromeando! ¿Me devuelves mi dinero y me dices lo que debo hacer con él?” Yo le respondí:
- “Claro. Pensé que era así como actuabas al devolver el diezmo, le dices a Dios como debería utilizarlo”. Él sonrió, y dijo:
- “Sí, ahora entiendo”.
El diezmo le pertenece a Dios. Nosotros damos ofrendas para proyectos especiales y debemos estar preocupados que el diezmo sea usado de manera apropiada. Pero recordemos que el diezmo le pertenece a Dios.
Qué hacemos con lo que queda para nosotros:
“Dios no nos juzgará en base a lo que demos, sino por lo que hacemos o lo que guardamos para nosotros mismos” (Erwin W. Lutzer).
Una prueba de fuego para nuestro carácter: “El dinero es una de las pruebas de fuego de nuestro carácter y una cantidad sorprendente de espacio se le da en las Escrituras. No importa si un hombre es rico o pobre, al observar su reacción a sus posesiones tendrá un índice revelador de su carácter” (Oswald Sanders).
III. MAYORDOMOS: ADMINISTRADORES RESPONSABLES
El término mayordomo es mal entendido y extraño en nuestra sociedad. No hay un término en nuestro vocabulario moderno que tenga la riqueza de esta palabra.
POR LO TANTO, UN MAYORDOMO ES: Alguien que está bajo las órdenes de alguien que es dueño de los recursos que deberán ser administrados.
Un mayordomo es el título de un siervo, alguien contratado para tomar sus actividades en favor del dueño.
IV. LA INTIMIDAD DE LA INTEGRACIÓN
“La mayordomía cristiana es la intimidad de la integración de Dios en cada área de mi vida, como Señor y aliado”.
Un proceso continuo: “Está basado en un proceso continuo de reafirmar mi salvación en Jesucristo. Mi aceptación de Jesucristo como Señor y dueño es mi aceptación por la fe de la presencia viva de Cristo viendo dentro de mí para guiarme y controlarme” (Ben C. Maxon).
Los mayordomos sirven solo al reino de Dios:
“Los mayordomos dan tributo solo a un Señor. Los mayordomos miran hacia delante y solo ven una vida. Por esta razón, los mayordomos son alegres, son personas de esperanza y son libres”.
El velero
“Nuestra familia remolcó un pequeño velero con nuestro auto cuando nos mudamos de California a Tennessee, en 1979. La Bahía de San Francisco es el mejor lugar del mundo para navegar, y teníamos un sueño de colocarlo en la Bahía para navegar a vela. Pero, después de un año o más de navegación descubrimos que en California era mucho más caro que en Tennessee.
Entonces, pusimos el barco a la venta. El día que el nuevo dueño llegó y enganchó su auto al carro con el barco y se lo llevó, derramé unas pocas lágrimas. Pensé:
- “Bien, ese es el final. Nunca podremos pagar de nuevo otro barco velero”.
Después de un día o dos, un miembro de la iglesia me llamó y dijo: “Supe que vendió su velero. Tengo un barco velero, pero nunca tuve la oportunidad de usarlo”.
Hagamos un trato, continuó: “Si usted está dispuesto a cuidarlo, mantenerlo limpio y en condiciones, pagaré por todo, y usted podrá usarlo cuando quiera”. Respondí:
- Trato hecho - Fue un gran obsequio. Él pagó todas las cuentas y yo pude usarlo cuando quería, así lo cuidé como si fuera mío. ¡Fue divertido! Fui el “mayordomo” de ese barco velero, como si fuera mío, pero no era mío. Tenía que recordar que era de él.
Consultar al dueño
Si había algo drástico que quisiera hacer, como pintarlo de otro color, tenía que consultárselo al dueño. Yo lo cuidaba como él quería, pero era realmente de él, y yo era solo un mayordomo de él. Eso es mayordomía cristiana.
En la época de Jesús, la mayordomía cristiana era un asunto común. Si un hombre tenía un esclavo que era un administrador capaz, él podría hacer que ese esclavo fuera el mayordomo de su casa. El mayordomo contrataría y despediría y supervisaría a otros esclavos. Él compraba todas las provisiones y se aseguraba de que todo estuviera bajo control para que el jefe de la casa no tuviera que preocuparse por esas cosas.
Un mayordomo, no dueño
En todo el tiempo, los mayordomos recuerdan que las cosas que él tiene no le pertenecen.
Él es el mayordomo, no el dueño. Este fue el plan original de Dios (Génesis 1).
Ser un buen mayordomo significa cuidar de su salud, proteger su fuerza, comer bien, hacer ejercicios, y dormir bien, porque su vida pertenece a Dios; él lo necesita.
El Señor lo necesita
La historia de Lucas 19 es como una alegoría para todo lo que tenemos y somos.
Jesús dijo: “Todo me pertenece, yo los creé. Si no puedes recordarlo, entonces debes obsequiarlo, porque tu salvación eterna vale más que correr ese riesgo”.
V. LA BUENA MAYORDOMÍA CRISTIANA
Cuando los discípulos estaban desatando el burrito, los dueños les preguntaron:
- “¿Por qué desatan el burrito?”.
- “El Señor lo necesita”, respondieron. Él respondió:
- “Está bien”.
ESO ES LA BUENA MAYORDOMÍA CRISTIANA
Observen el resultado:
Jesús montó el burrito y el pueblo exclamó: “¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las mayores alturas!” (Lucas 19:38).
¡Cuán feliz estaba el dueño! La multitud en pie vio al Rey de Israel montado entrando en la ciudad santa sobre su burrito, uno que él nunca había montado.
¡Cuán feliz estaba el dueño-mayordomo!
Dios es glorificado por nuestro intermedio.
Esto es lo que sucede siempre cuando usted y yo ejercemos una buena mayordomía cristiana. Todo es reconocido como de Dios. Y somos conocidos como mayordomos suyos.
Le damos lo que es suyo justamente. Y Dios es glorificado en el mundo.
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