El Placer de la bondad en la vida real

“Contentamiento es a los hombres hacer misericordia”. Proverbios 19:22.

Ben Maxson compartió una conversación que tuvo una vez con alguien mientras viajaba en avión. En ese momento, él era director del Departamento de Mayordomía de la Asociación General, y el interlocutor le preguntó acerca de su trabajo. Su respuesta fue:

— Soy un pastor, responsable del departamento de Mayordomía de nuestra iglesia.

Sorprendida, la persona continuó:

— ¿Qué significa eso?

— No es algo fácil de explicar para alguien que no está familiarizado con la Biblia — dijo Maxson— . Supongo que hay muchos cristianos en este avión, pero ¿son todos verdaderos cristianos?

La respuesta del interlocutor no se hizo esperar:

— No creo que todos sean verdaderos cristianos.

— Incluso las personas menos religiosas tienen una idea de lo que significa ser un verdadero cristiano — dijo Maxson— . Mi deber de tiempo completo es ayudar a las personas a practicar el cristianismo. Ser un mayordomo fiel, o un administrador, implica tomar en serio el mandamiento que Jesucristo dijo que era el más grande: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y gran mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39).

— Quizás alguien pregunte: “Pero aún así, ¿cómo se puede definir el amor? ¡Incluso en la Biblia el amor se expresa en muchas formas!” — dijo Maxson— . Puedes amar al dar ofrendas, puedes expresar amor al servir, incluso al escuchar. ¿Cuál es esa característica fundamental a través de la cual puedo transmitir amor, tanto a los cercanos como aquellos que podría encontrarme solo una vez en la vida? Encontraremos la respuesta en el cántico del amor, cuyo autor es el apóstol Pablo “El amor es...”, escribe el apóstol, “benigno” (1 Corintios 13: 4). A través de la bondad expresada hacia los demás, debemos también amarnos unos a otros (1 Juan 4:10, 11).

La amabilidad en las pequeñas cosas y en las grandes decisiones

Las Sagradas Escrituras hablan de la bondad de Dios. Dios espera que su bondad se haga visible, tangible. Solo hay una manera de hacerla realidad: a través de sus hijos. En el Antiguo Testamento tenemos un libro en el que la bondad está presente y visible. El libro de Rut es el único libro en la Biblia que lleva el nombre de una mujer que no es parte del pueblo de Israel.

Podemos retroceder en la historia, miles de años atrás, y familiarizarnos con las costumbres y leyes que han regido la vida social y religiosa de ese momento.

La acción comienza en Belén, se traslada a la tierra de Moab y finalmente termina en Belén. Debido a la sequía, la familia de Elimelec decide mudarse a la tierra de Moab por un tiempo. Noemí, la esposa de Elimelec, en solo diez años, entierra a su esposo, presencia el matrimonio y luego la muerte de sus dos hijos, y se queda con sus nueras, Orfa y Rut. ¡Muchas cosas pueden pasar en solo diez años! Noemí decide volver a casa, y las dos nueras la acompañan. Tres veces estas viudas se detienen y lloran. Es lo único que pueden hacer en esta situación. Noemí insiste tres veces a sus nueras para que regresen a sus hogares.

Orfa finalmente decide volver a casa con su gente y sus padres.

Estas jóvenes, Orfa y Rut, han cumplido sus obligaciones familiares y ahora son libres, no tienen ningún deber con Noemí.

Esta argumenta clara y lógicamente que no tiene forma de asegurarles un futuro.

Rut, por otro lado, se resiste. No quiere irse a casa y enuncia una de las declaraciones más hermosas de la Biblia: “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios, mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos” (Rut 1:16,17).

Estas palabras sencillas pero muy profundas se expresan en un lenguaje de pacto que muestra amor y fidelidad. Aquí está la esencia de la lealtad personal. El apego de Rut es voluntario, una elección libre sin esperar nada a cambio de Noemí. Con frecuencia en la Biblia encontramos la imagen de padres que aman a sus hijos, incluso a hijos espirituales, como en el caso de la relación entre Pablo y Timoteo (1 Timoteo 1:1-5). Son muchos los casos en que los niños expresan el apego a sus padres. Pero que una nuera muestre tal actitud es algo que rara vez se encuentra.

La narración no muestra cómo Rut decidió tomar esa decisión cuando Noemí le dice repetidamente que no tiene nada que ofrecer. Parece haber sólo una respuesta: la bondad de Noemí.

A través de ella, Rut pudo comprender la bondad de Dios. Es por eso que puede decir las palabras: “Tu Dios será mi Dios”.

En hebreo, la palabra “hesed” tiene una fuerte connotación, muy rica en significado. Es difícil de traducir, y expresa muchos de los atributos de Dios. Esta palabra puede significar amor, misericordia, bondad, gracia, devoción, fidelidad y lealtad. Todas estas cualidades motivan a una persona a actuar para el beneficio de otro sin esperar nada a cambio. Noemí utiliza esta palabra en su forma activa, bajo la variante del verbo, al dirigirse a sus dos nueras: “Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo” (Rut 1:8), y con respecto a Booz “Sea él bendito de Jehová” (Rut 2:20).

Rut, a diferencia de Noemí, habla menos; pero con hechos demuestra lo que significa la bondad (hesed), como comenta el narrador: “mas Rut se quedó con ella” (Rut 1:14). Ella no predica sobre la bondad, muestra la bondad.

Amabilidad con los extraños, las viudas y los pobres

La llegada de Noemí con Rut a Belén no podía pasar desapercibida porque “toda la ciudad se conmovió por causa de ellas” (Rut 1:19). Todos los habitantes del pueblo tuvieron la oportunidad de conocer la dolorosa experiencia que atravesó esta familia. Noemí no solo había perdido a su marido, sino también a sus dos hijos. Una mujer viuda, sin familia que la mantuviera en ese momento, se encontraba en una situación miserable. La soledad, la falta de esperanza y el sufrimiento emocional fueron y siguen siendo algunos de los problemas más comunes. Nuestra imagen de Dios puede verse afectada cuando estamos abrumados por el dolor. Vemos esto en las palabras de Noemí: “El Todopoderoso me ha afligido” (Rut 1:21). Noemí es realista, ella propone un cambio de nombre: “llamadme Mara” (amargura). Pero recuerda, ella no muestra amargura, solo llama amargas a las circunstancias por las que ha pasado. Noemí continúa siendo Noemí (agradable), por eso Rut elige quedarse en su compañía.

Noemí no perdió la fe en aquel a quien David llamaría más tarde “Padre de huérfanos y defensor de viudas” (Salmos 68:5).

Rut, quizás un poco más optimista, no es solo una pobre viuda como Noemí. Es también una forastera. Doce veces aparece su nombre en esta narración y cinco veces se la llama Rut la moabita. Tal vez esta repetición sea para recordarnos que ella no es parte del pueblo elegido. Ella es una forastera. Pero Dios también ama a los forasteros, por lo que él ordenó a su pueblo que no recogiera todo del pueblo, sino que “para el pobre y para el extranjero lo dejarás” (Levítico 19:10).

Rut le pide permiso a Noemí para ir a recoger espigas del campo que esté dispuesto a mostrar bondad (hesed) (véase Rut 2:2). Esta vez, nos encontramos con el tercer personaje del libro de Rut, llamado Booz. De este relato, se desprende que Booz no es solo un hombre rico con cierto estatus social. Él trata a sus trabajadores con mucho respeto, y al saludarlos los bendice.

El saludo estuvo y está presente en todas las culturas, incluso cuando se expresa a través de diferentes palabras o gestos. El propósito del saludo es establecer relaciones, es lo primero que hacemos cuando conocemos a alguien. Al saludar decimos “Eres importante para mí”. Es la forma más simple en que podemos expresar amabilidad. Rut está abrumada por el aprecio de Booz, por la forma en que trató a Noemí, su suegra. “Y ella dijo: ‘Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas’” (Rut 2:13).

Qué extraordinario poder el que tienen las palabras adecuadas en el momento adecuado. Muchas personas que nos rodean no esperan mucho de nosotros, tal vez solo un saludo, un agradecimiento o apoyo. Con palabras sencillas podemos darles la bienvenida a nuestro mundo. Pero, si para nosotros siguen siendo los forasteros, la minoría, los pobres o cualquier otra cosa que pueda crear barreras o distancia, el mensaje de Jesús de su último sermón es para los demás, no para nosotros (Mateo 25:31-46).

Bajo sus alas

La Biblia utiliza muchas metáforas que nos ayudan a conocer las profundas verdades que nos son reveladas. Necesitamos imágenes familiares para ver lo que no podemos ver con el ojo físico. Comprendemos mejor la bondad de Dios cuando leemos en las Sagradas Escrituras que él es como una madre que no puede olvidar a su hijo (Isaías 49:15) o como una fortaleza, un “castillo” (Salmos 91:2).

Booz usa otra imagen en sus palabras de bienvenida hacia Rut: “Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte” (Rut 2:12). Dios mismo utiliza la metáfora de las alas de un pájaro que protege a sus pequeños (Éxo. 19: 4) con respecto a su pueblo. Booz le dice a Rut que las alas de la providencia, la misericordia y la bondad de Dios se han extendido sobre ella, una forastera.

Dios también explica por qué le hizo esto a la gente de Israel: no porque lo merecieran, sino porque en su plan, él quería que mostraran la misma bondad a todas las naciones. “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes” (Éxodo 19:6). Ellos mismos deberán convertirse en alas protectoras para los demás, como lo fue Booz. Elena de White declara “Todos los que, como Rahab la cananea, y Rut la moabita, se volvieran de la idolatría al culto del verdadero Dios, habían de unirse con el pueblo escogido. A medida que aumentara el número de los israelitas, éstos habían de ensanchar sus fronteras, hasta que su reino abarcara el mundo”.4

Las alas no son como el castillo, una imagen de seguridad construida con piedra. Las alas expresan lealtad y amor, pero también vulnerabilidad. Es por eso que la bondad de Dios se ve mejor no en la providencia de circunstancias de la vida a veces dolorosas, sino en el Gólgota. Aquí es donde todos podemos estar protegidos del mayor mal de este mundo: el pecado.

A lo largo del libro, el narrador se refiere directamente a Dios solo dos veces: al principio del libro de Rut, cuando dice que Dios “había visitado a su pueblo para darles pan” (Rut 1:6), y al final: “y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo” (Rut 4:13). Los teólogos llaman inclusión a esta técnica. Si se dice algo al principio de un informe y la misma idea vuelve a aparecer al final, significa que toda la narrativa está dominada por la misma verdad. En nuestro caso, la trama que domina el libro de Rut es que Dios provee pan y vida. Él es la fuente de todo lo que tenemos, incluso de nuestra existencia.

Noemí, Rut y Booz siempre expresan esta verdad en sus discursos. Por otro lado, no se quedan al nivel de las expresiones piadosas, revestidas de un lenguaje religioso. A través de su comportamiento, actitud y sacrificio, cada uno de ellos muestra al pueblo de Belén, a sus futuras generaciones, e incluso hoy en día, qué es la verdadera religión. Ellos nos dieron el verdadero cristianismo y nos mostraron lo que es un mayordomo: un administrador, alguien a quien un gran día Jesús dirá: “Bien hecho, buen siervo y fiel”.

La única forma en la que la gente puede ver la bondad de Dios es con el ejemplo de sus hijos. Las mujeres de la ciudad de Belén están convencidas de una cosa: que Rut ama verdaderamente a Noemí. Y luego de que Rut se casó con Booz y le dio a luz un hijo, le dijeron a Noemí: “...el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos” (Rut 4:15). Qué feliz debe estar Noemí sosteniendo el bebé en sus brazos. Ya no puede decir “Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías” (Rut 1:21).

¿Qué admiramos de Rut la moabita? Hay muchas cosas para admirar, pero quizás, ante todo, su elección, su valentía y su determinación. Rut sigue siendo un ejemplo de cómo se toman las grandes decisiones en la vida. Hablando humanamente, sin Rut no habría habido un Obed, un David; y el resto es historia. Y ¿qué puede ser más grande que estar lleno de bondad, que ser como Jesús?

Dios es un Dios de relación. ¿Hasta qué punto las relaciones son una prioridad en tu vida?

2. ¿Cómo puede el libro de Rut inspirarte a hacer cambios en tu actitud y comportamiento hacia tu familia, parientes, o incluso extraños?

3. ¿Qué podemos aprender de Rut sobre cómo tomar decisiones en la vida? 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El símbolo de honor

¿Melquisedec era Cristo?

El Plan de Dios para su salud