Dios multiplica y satisface

Mateo 14:13-17

“Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades. Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces”.

Contexto
La alimentación de los cinco mil registrada en Mateo 14 fue un evento significativo en el comienzo del ministerio de Jesús, por muchas razones; exploraremos algunas de estas razones desde la perspectiva de la mayordomía cristiana.
En primer lugar, debemos señalar que Marcos, Lucas y Juan también incluyen esta historia en sus registros (Marcos 6:32-44; Lucas 9:10-17; Juan 6:1-13), y de esa manera enfatizan el valor de este milagro en el ministerio público de Jesús. El evangelio de Juan, por ejemplo, nos da el contexto y un detalle histórico importante que nos ayuda a entender por qué había una gran multitud presente en esta ocasión. “Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos” (Juan 6:4), y ya había grupos de personas en circulación. Elena White escribió: “La Pascua se acercaba, y de cerca y de lejos se reunían, para ver a Jesús, grupos de peregrinos que se dirigían a Jerusalén” (DTG, 332).

De esta multitud, el evangelio de Marcos notó que, cuando Jesús vio a la multitud, “tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor” (Marcos 6:34). Para Jesús, cualquier reunión de personas era una oportunidad para tocar sus corazones con los mensajes de Dios, y para elevar sus ojos a las cosas divinas. Además, Jesús siempre se preocupaba por el bienestar integral de las personas, y esto quedó claramente demostrado cuando les pidió a los discípulos que buscaran comida para la multitud. “Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: ‘El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer’. Jesús les dijo: ‘No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer’” (Mateo 14:15-16). Elena de White agregó: “El que enseñaba a la gente la manera de obtener paz y felicidad se preocupaba tanto de sus necesidades temporales como de las espirituales” (DTG, 333). El ministerio espiritual y la mayordomía cristiana son un servicio integral para las personas, y deben incluir provisiones para las necesidades físicas e inmediatas de las personas.

1. El niño en la multitud

Cuando los discípulos caminaban entre la multitud en respuesta al pedido de Jesús de encontrar comida para las personas, Andrés, el hermano de Simón Pedro, encontró un muchachito que estaba dispuesto a compartir su merienda (Juan 6:8-9). Es interesante destacar que solamente el evangelio de Juan menciona al “muchacho” entre la multitud; y esto es probablemente un reflejo del fuerte énfasis de Juan en las relaciones humanas, un tema que predomina en sus comentarios del ministerio de Jesús. Sin embargo, si bien este detalle se deja de lado en los otros tres evangelios, esto no disminuye el valor de la contribución del niño en la alimentación de los cinco mil o la importancia de su lugar en el relato. Al contrario, creemos que este es un punto muy importante en la historia.
La importancia de este detalle se puede entender mejor en el escenario cultural de esa época donde los niños no eran considerados miembros importantes de la comunidad. De hecho, vemos esto incluso en el relato bíblico donde el informe bíblico del número de personas se enfoca solamente en los hombres y deja afuera a mujeres y niños (Mateo 14:21). Pero en esta historia encontramos un principio poderoso de mayordomía cristiana para estos días: Dios usa personas comunes e insignificantes, incluso niños, como instrumentos de su gracia y Reino.
Tú puedes pensar que eres demasiado joven, o que no tienes suficiente experiencia para ser valioso para la causa de Dios, pero Dios tiene un lugar para ti en su servicio. Él está dispuesto a incluirte en su misión al mundo y a su comunidad, siempre y cuando estés dispuesto a ser su socio. Y como el David del Antiguo Testamento, Dios puede usarte para darle victoria a su pueblo; o como al niño de la multitud, puedes ser una bendición a muchos que están con hambre de Jesús: el Pan de vida.

2. Cinco panes y dos peces

En su comentario sobre este episodio, la profeta del Señor escribió: “Cristo no realizó nunca un milagro que no fuese para suplir una necesidad verdadera, y cada milagro era de un carácter destinado a conducir a la gente al árbol de la vida, cuyas hojas son para la sanidad de las naciones. El alimento sencillo que las manos de los discípulos hicieron circular, contenía numerosas lecciones. Era un menú humilde el que había sido provisto; los peces y los panes de cebada eran la comida diaria de los pescadores que vivían alrededor del mar de Galilea. Cristo podría haber extendido delante de la gente una comida opípara, pero los alimentos preparados solamente para satisfacer el apetito no habrían impartido una lección benéfica. Cristo enseñaba a los concurrentes que las provisiones naturales que Dios hizo para el hombre  habían sido pervertidas. Y nunca disfrutó nadie de lujosos festines preparados para satisfacer un gusto pervertido como esta gente disfrutó del descanso y de la comida sencilla que Jesús le proveyó tan lejos de las habitaciones de los hombres” (DTG, 334).
“Jesús no trataba de atraer a la gente a sí por la satisfacción de sus deseos de lujo. Para aquella vasta muchedumbre, cansada y hambrienta después del largo día de excitaciones, el sencillo menú era una garantía no sólo de su poder, sino de su tierno cuidado manifestado hacia ellos en las necesidades comunes de la vida. El Salvador no ha prometido a quienes le sigan los lujos del mundo; su alimento puede ser sencillo y aun escaso; su suerte puede hallarse limitada estrechamente por la pobreza; pero él ha empeñado su palabra de que su necesidad será suplida, y ha prometido lo que es mucho mejor que los bienes mundanales: el permanente consuelo de su propia presencia” (El Deseado de todas las gentes, p.334).
En la provisión de pan y peces de Dios para la multitud, vemos la importancia y el valor de vivir y comer de manera sencilla. La comida natural, como enseña la Biblia, es lo mejor para nuestra salud, pero también nos recuerda a Dios como Creador, y Dador de vida. En un nivel práctico, los alimentos naturales son más accesibles en muchas situaciones, y menos costosos. Como mayordomos de Dios, debemos resistir el deseo de gastar innecesariamente en cosas perecederas, y tratar de vivir con lo que podemos.

3. El Dios que multiplica y satisface

Antes de partir el pan y distribuir la comida, Jesús miró al cielo y dio las gracias (Mateo 14:19). Esta expresión de gratitud fue una manera de reconocer que solo Dios es la Fuente y el Dador de todas las bendiciones. Además, su oración es un importante recordatorio para la multitud de su dependencia de Dios. “Cuando Cristo alimentó a los cinco mil, la comida no estaba cerca. Aparentemente él no disponía de recursos. Allí estaba, en el desierto, con cinco mil hombres, además de las mujeres y los niños. [...] El que por ellos había ayunado cuarenta días en el desierto, no quería dejarlos volver hambrientos a sus casas. La providencia de Dios había colocado a Jesús donde se hallaba; y él dependía de su Padre celestial para obtener los medios para aliviar la necesidad” (DTG, 336).
Luego de la oración de acción de gracias, Jesús les dio la comida a sus discípulos quienes a su vez le dieron el pan y los peces a la multitud. “El acto de Cristo al suplir las necesidades temporales de una muchedumbre hambrienta, entraña una profunda lección espiritual para todos los que trabajan para él. Cristo recibía del Padre; él impartía a los discípulos; ellos impartían a la multitud; y las personas unas a otras. Así, todos los que están unidos a Cristo, recibirán de él el pan de vida, el alimento celestial, y lo impartirán a otros” (DTG, 337). 
En este milagro vemos al Dios de la Creación haciendo lo que siempre es capaz de hacer. Dios provee, multiplica y satisface la necesidad de sus criaturas.
Finalmente, cuando ya todos habían comido lo suficiente, la Biblia registra que los discípulos recogieron lo que había sobrado, que llegaba a doce canastas llenas de comida (Mateo 14:20). La mayordomía es el uso y manejo cuidadoso de los recursos de Dios, y no se debe desperdiciar nada. 

Resumen y Conclusiones
1. El ministerio cristiano debe buscar alcanzar y elevar a toda la persona, incluidas sus necesidades físicas.
2. Dios puede usar personas que no son tomadas en cuenta en su servicio.
3. Un estilo de vida sencillo y el uso de alimentos y productos naturales.
4. Dios es la fuente y el dador de todas las bendiciones, y merece nuestra alabanza y acción de gracias.
5. La mayordomía cristiana es el uso y manejo cuidadoso de los recursos de Dios, no se debe desperdiciar nada.
Como ese niño ¿Está usted dispuesto a entregar todo de sí al Señor, ser de bendición para los otros permitiendo que el poder de Dios obre en su vida?

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